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Albert Rivera: Lo que Había Detrás de la Oferta que Pudo Convertirle en Vicepresidente

Uri SabatJune 9, 202621m
In a Nutshell

Albert Rivera rechazó dos veces ser vicepresidente con Rajoy y nunca pactó con Sánchez porque defendía principios liberales y la unidad de España que chocaban con los socios independentistas y de extrema izquierda. Explica que no entrar en el Gobierno le evitó votar rescates polémicos y asumir riesgos judiciales que hoy afectan a ministros de Sánchez. Señala que el bipartidismo y poderes económicos lo destruyeron por convertirse en amenaza real, y critica la corrupción actual donde un expresidente está imputado y el PSOE mantiene el poder sin presupuestos ni dignidad.

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En dos ocasiones, durante el período en que Ciudadanos apoyó a Mariano Rajoy para evitar terceras elecciones, el presidente le ofreció a Albert Rivera ser vicepresidente del Gobierno e incorporar a su equipo. Rivera rechazó la propuesta porque consideraba incompatible defender públicamente casos como Gürtel, Kitchen y Bárcenas mientras formaba parte del Ejecutivo. Decidió apoyar desde fuera y Ciudadanos creció con esa fórmula.

Tras la moción de censura, Pedro Sánchez negoció con Podemos, Bildu, Puigdemont y Esquerra. Rivera rechazó cualquier pacto porque defendía políticas liberales en lo económico y la unidad de España, principios opuestos a los de esos socios. Sánchez nunca le propuso entrar en el Gobierno; al contrario, mantuvieron enfrentamientos parlamentarios constantes.

Rivera advirtió en un discurso que luego se viralizó que Sánchez acabaría pactando con esos grupos y aplicaría determinadas políticas en los años siguientes. En ese momento, muchos le pedían que entregara sus votos a Sánchez porque "no iba a pasar nada". Rivera mantuvo que no confiaba en el presidente.

Los miembros del Consejo de Ministros que aprobaron medidas como el rescate de Plus Ultra enfrentan problemas judiciales. Rivera considera que haber entrado habría supuesto votar esas políticas y asumir riesgos legales que hoy no tiene.

En los medios se generó artificialmente la idea de que Rivera podía prestar sus escaños a Sánchez como "tonto útil", impulsada por empresas y medios con intereses en que el acuerdo se produjera. Rivera rechazó ser artífice de un gobierno que contradecía sus principios.

Rivera tenía 39 años cuando se produjo la situación de mayor poder de Ciudadanos. Hoy afirma que con los malos hay que ser malo (matemática de negativos) y con los buenos hay que ser buenos. Cree que se debe decir la verdad a los ciudadanos aunque duela electoralmente.

Reconoce que entonces era demasiado ingenuo y frontal. Hoy sería más cínico con los poderes económicos que presionaban para que apoyara a Sánchez. Menciona presiones sobre publicidad institucional y concesiones públicas. Considera que hay que jugar con más dureza cuando te amenazan con "machacarte" si no haces lo que piden.

Tras ganar en Cataluña y gobernar en Andalucía con Juanma Moreno, las encuestas situaban a Ciudadanos por encima del PP en algunos momentos. Rivera percibe que entonces dejó de ser "el chaval de Barcelona" para convertirse en una amenaza real para el bipartidismo. Presidentes autonómicos le transmitieron que sus votantes se estaban yendo a Ciudadanos.

Quedaron a 150.000 votos de superar al PP en España, ganaron en Madrid y Málaga, y fueron segunda fuerza en varios territorios. Rivera cita a Loquillo: "los barrios no se amenazan, se matan". Considera que al enseñar las cartas se volvieron vulnerables y "algunos estuvieron encantados de matarnos".

Rivera considera a Zapatero el autor intelectual del actual Gobierno de Sánchez: el que une a independentistas, Podemos y PSOE para crear una mayoría de hierro. Zapatero ha actuado como negociador oficial de presupuestos con Puigdemont en nombre del Gobierno.

Rivera lo define como un político cínico, no como el idealista que algunos presentan. Señala que su apoyo al régimen venezolano y a China respondía a intereses económicos personales, incluyendo contratos y comercio con petróleo embargado.

Antes de viajar a Venezuela para intervenir en la Asamblea Nacional como diputado invitado, Zapatero pidió reunirse con Rivera en casa del ministro de Exteriores José Manuel García-Margallo. Le solicitó que cancelara el viaje porque "entorpecería" acciones importantes que iba a realizar allí, sin dar detalles.

Rivera se negó a cancelar porque tenía compromisos con la oposición venezolana, entre ellos visitar a Leopoldo López en prisión. La conversación se tensó. Zapatero le exigió cancelar el viaje "como expresidente". Rivera le ofreció verse con Delcy Rodríguez o Maduro si era por tema institucional, pero Zapatero rechazó la opción. Rivera le recriminó que lo trataban bien en Miraflores porque apoyaba la dictadura.

Rivera considera muy grave que un expresidente español esté imputado por blanqueo de capitales y que el candidato del PSOE y el hermano del presidente estén sentados en el banquillo. También menciona la redada de 12 horas en la sede del partido de gobierno.

Recuerda la frase de Julio Anguita: antes que de izquierdas y derechas hay que defender la democracia y la dignidad; preferiría votar a un honrado de derechas que a un corrupto de izquierdas. Considera que la ciudadanía se está acostumbrando demasiado rápido a la corrupción.

Solo Pedro Sánchez puede convocar elecciones; ni el Rey ni el Parlamento tienen esa capacidad salvo que se active una moción de censura. Rivera no ve incentivos para que Sánchez las convoque estando rodeado de casos de corrupción que afectan a su mujer, su hermano, dos secretarios generales y Zapatero.

Afirma que Sánchez no responde a lógicas anteriores de dignidad o moralidad. Compara la situación con jugar al fútbol metiendo goles con la mano: no tiene mérito saltarse las reglas.

La regla de no tener presupuestos, no aprobar leyes, estar rodeado de corrupción y no marcharse nunca no constituye un fenómeno para Rivera. Considera que un fenómeno es alguien brillante que desarrolla un proyecto de país, independientemente de la ideología que defienda. Es capaz de reconocer cuando alguien ha hecho una buena ley, ha sacado adelante un buen proyecto o gestiona bien el país.

Sostenerte en el poder a cualquier precio para mí no es un atributo.

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