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Así fue mi Infancia con Padres Japoneses (3 Enseñanzas que me cambiaron la Vida)

Tengo un PlanJune 23, 202610m
In a Nutshell

Alejandro, hijo de padre japonés y madre japonesa, creció entre la disciplina estricta de sus padres y la cultura mexicana más relajada. Destaca que México tiene creatividad natural para resolver problemas sobre la marcha, pero le falta disciplina japonesa para planificar y perseverar. Su mayor enseñanza es que el esfuerzo extremo y la preparación meticulosa, incluso superando dislexia y autismo, son lo que determinan el éxito profesional.

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Alejandro comparte que su madre nació y se educó en Japón, mientras que su padre, de ascendencia japonesa, nació en San Luis Potosí. Sus abuelos querían que el padre se casara con una japonesa, por lo que lo enviaron a Japón para entrevistarse con varias mujeres. El proceso se describe como un sistema de matchmaking (casamenteros), donde se proporciona información sobre las cualidades positivas y negativas de cada persona, similar a un currículum.

Explica que, a diferencia del matrimonio por amor común en la cultura latina, este sistema permite conocer de antemano las fortalezas y debilidades de la pareja. Su padre se entrevistó con diez mujeres y su madre fue la séptima; hubo química entre ellos. Cuando ambas partes desean volver a verse, el compromiso es serio y equivale casi a un pedido de mano.

Alejandro recuerda que la cultura japonesa prioriza el trabajo sobre la diversión. Como inmigrantes en México, sus padres trabajaban constantemente. Relata que en preparatoria, cuando le pidió permiso a su abuela para ir al cine con amigos, ella respondió: "Okay, sí, vete al cine con tus amigos mientras todo el mundo está trabajando". Esto lo hacía sentir culpable y revisaba constantemente el reloj durante la película.

Señala que los japoneses realmente no saben divertirse, a diferencia de los mexicanos que son muy fiesteros. Los cumpleaños no se celebraban de la misma manera; antes de los teléfonos celulares, muchos compañeros lo llamaban para felicitarlo, pero su madre preguntaba: "¿Por qué te hablan tanto tus amigos el día de hoy?". La respuesta era que era su cumpleaños, y ella iba a comprar un pastel, aunque en la cultura japonesa este tipo de celebraciones no son tan comunes, posiblemente por temas de armonía social y no salirse de las reglas establecidas.

Destaca que la disciplina es una fortaleza de la cultura japonesa. En contraste, México es un país muy creativo debido a su entorno sin cuatro estaciones marcadas: todo el año está verde, hay frutas y verduras disponibles, y el ganado engorda sin mayor esfuerzo. Esto elimina la necesidad de planificar a mediano y largo plazo como ocurre en climas con estaciones definidas.

Como resultado, los mexicanos viven el presente de manera intensa. Este entorno favorece la creatividad porque no hay la misma presión de subsistencia estacional.

Menciona el concurso mundial de robótica donde participan universidades de todo el mundo. Entre los tres primeros lugares siempre hay dos países: Japón y China. Sin embargo, México también ha destacado consistentemente. El presidente de la asociación de Mecatrónica en México, Jorge Orosco (compañero de secundaria de Alejandro), ha llevado a México a ganar bicampeonatos mundiales.

Cuando Alejandro le preguntó por qué México siempre destaca, Orosco respondió: "Ay, Alejandro, no seas malinchista. Los mexicanos somos unos cabrones". Explica que europeos y asiáticos planean todo con perfección milimétrica; cuando ocurre algo imprevisto durante la competencia, se quedan congelados. Los mexicanos, al no planificar con tanta rigidez, anticipan que algo puede salir mal y resuelven sobre la marcha.

Da ejemplos cotidianos: en un restaurante, si se hace una broma al mesero, este responde con otra broma; en un Uber, el conductor responde con humor. Los mexicanos son creativos, chistosos, usan apodos y bromas constantemente.

Alejandro se considera mexicano porque vivió mucho tiempo la cultura japonesa pero no se adaptó completamente a ella. Prefiere tomar lo bueno de la cultura japonesa. Considera que lo único que le falta a México es la disciplina; combinando disciplina con mejora continua, se lograría un gran avance.

Alejandro confirma ser autista y disléxico. Durante el embarazo de su madre, ella contrajo tuberculosis y solo pudo recibir vitaminas y proteínas. Él es el más bajo de su familia y no habló hasta los cinco años. Repitió el tercer grado de primaria porque tenía dificultades para leer, aunque destacaba en matemáticas debido a su razonamiento diferente.

Al repetir el año, se enfocó en matemáticas y participó en olimpiadas de matemáticas, lo que le hizo gustar del éxito. Para combatir su dislexia y autismo, se encerraba en el clóset con un foco y, en lugar de leer, tomaba "fotos" mentales de las páginas de los libros. Este método le permitía absorber el contenido, aunque le tomaba cuatro o cinco horas más que a otros estudiantes.

De esta experiencia aprendió que "entre más te esfuerces, te prepares, mejor te va a ir en la vida". Se preparó intensamente, estudió en Berkeley (entonces la tercera mejor universidad del mundo) y ha tenido éxito profesional. En sus conferencias, usa diapositivas a razón de una por minuto porque se prepara meticulosamente y se estresa más que otros oradores. Para una conferencia de hora y media necesita 90 diapositivas; para una hora, 60.

Alejandro responde a la pregunta sobre qué hacer para ayudar a un hijo autista o con dislexia a mejorar y evitar que sea un obstáculo para relacionarse o desarrollarse profesionalmente.

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