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El Método que Usaron Para Sobrevivir Cuando el Mundo ya los Había Dado Por Muerto (Gustavo Zerbino)

Uri SabatMarch 31, 202617m
In a Nutshell

Gustavo Zerbino, sobreviviente del accidente aéreo de los Andes en 1972, relata cómo organizaron la supervivencia en soledad extrema: recolectando agua derretida de nieve, superando tabúes para consumir carne humana de los fallecidos y confiando en la intuición y fe para moverse constantemente contra el frío mortal. Destaca la decisión colectiva, incluso de los más reacios como Javier y Liliana Method, y la mentalidad de "estábamos muertos, solo nos podíamos salvar". Representa a los 16 vivos y 29 muertos, enfatizando lecciones de felicidad en adversidad, discernir lo esencial y criticando la sociedad actual desconectada por tecnología y fake news.

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Cuando te caes y chocás en un avión, esperás sirenas de ambulancias, bomberos, helicópteros; en media hora el mundo te va a socorrer. Pero cuando pasa una hora, dos horas, tres horas y no pasa nada, te das cuenta que estás solo en un lugar del universo donde nadie te va a hacer nada por ti. Ahí te tenés que organizar.

Lo primero, el hambre no existe, no se siente porque tu cuerpo te lo disimula, pero la sed es insoportable. Cuando había solo hielo, lo masticabas para que se derrita. Un hielo en la lengua se te pega, tenías que masticarlo y las encías se retraían. No había comida. Observando la nieve arriba de las chapas que se derretía más rápido, desarmamos asientos y con las chapas de adentro las poníamos hacia el sol, le tirábamos nieve, el agua corría y juntábamos el agua. Nos hidrataba momentáneamente, pero era agua pura sin sodio ni magnesio; así como la tomabas, la orinabas y la orina era color Coca-Cola. Te depredaba, perdías todo.

Tuvimos que decidir: o nos quedábamos mirándonos y muriéndonos, o asumíamos hacer algo extraordinario, poner energía. La única energía: comimos pasta de dientes, crema Ponce, masticamos cinturones, hierba mate con agua, nada te nutría. Vimos los cuerpos de amigos muertos. Fue durísimo. Hasta que no estuvimos todos de acuerdo, al principio era un sacrilegio. Hay que vencer tabúes psicológicos, religiosos, culturales. Es mi amigo, pero después te das cuenta que lo que hay ahí es una silla; tu amigo no está más ahí.

Los últimos fueron Javier Method y Liliana Method, tenían cuatro hijos que los esperaban y no querían comer. Fui con Javier, hermano de mi madrina Marta, y le dije: 'Mira, Javier, yo tengo nueve hermanos, no estoy en mi casa, mis hermanos comen más milanesa, alguno ya estará usando mi ropa. Me van a extrañar, pero la vida continúa. Pero vos tenés cuatro hijos que te están esperando. Si hay alguien que tiene que volver, sos vos y Liliana, por lo menos a ver si le pueden hacer algo por sus hijos.' Me miraron, dijeron 'Tenés razón', se abrazaron y decidieron sí. Ahí todos lo hicimos.

Es una decisión muy difícil, pero mucho más difícil la física. Ponés un cordero en el freezer, lo sacás y agarrás un cuchillo: es como mármol. Físicamente es muy difícil, y tu mente quiere pero tu mano no. Es todo un proceso. Al otro día se transforma en lo más natural de la vida, como perder la virginidad: antes, después ya está. Es una línea que cruzás. Gracias a Dios fue por el bien común.

Yo soy la voz de los que no tienen voz, de los que murieron. Este trípode acá porque represento todo el equipo. Cuando hablo, represento a los 16 que volvimos, pero los 29 que murieron físicamente siguen vivos en el testimonio de cómo entre todos construimos una manera de vivir mejor, ser felices y compartir lo poco que había; si no, había que crearlo y para crear hay que creer.

El que cree en Dios sabe que no somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Vivíamos en un clima hostil pero en paz, éramos plenamente felices porque era el último segundo que me quedaba. Dignificar la vida y ahorrar el propósito es, a pesar de todo, ser mi mejor versión. Por eso el mundo está sorprendido, no por lo que vivimos, sino cómo después somos como somos. ¿Cómo no nos traumamos?

El día que salió Parrado y Canessa, llegaron primero los caballos y arrieros que los helicópteros porque no le creyeron al arriero que hizo 160 km para avisar que había encontrado dos personas que no conocía; lo metieron preso porque no podían creer que 73 días después hubiera gente viva. Dijeron que debe estar borracho, que no lo escuchen la prensa porque van a hacer sufrir a las madres que están enterrando a su hijo y ahora le dicen que está vivo. ¿Cómo lo revalidamos después? Llegaron a pie y a caballo periodistas que cubrían a Salvador Allende, primer presidente electo democráticamente del mundo socialista en una época que cambió la generación: antes mandaban los padres, después los hijos; época del rock, liberación sexual. Mi generación cambió.

Para mí no es ni tragedia ni milagro. La vida es un milagro y la muerte es un misterio. En el medio está lo que venimos a aprender: discernir lo esencial de lo secundario, pero ser felices.

Me acuerdo cuando me sepultó la avalancha el 21 de octubre. Después de trepar la montaña, con botas Cascina de cuero, medida de nylon, pantalón de tela, una camisa, un blazer sin nada a 5400 metros de altura, vimos que estamos en el medio de la nada y me quedé ciego. Cuando me preguntaban qué había visto, habíamos visto 150 km de nieve para todos lados; no le podía mentir, dije estoy ciego. A los 6 días de estar sentados en el avión, habíamos perdido 15 kg en una noche por hipercatabolismo, golpeándonos, llorando, sin hablar, porque vieron cómo nos había destruido. Alpinistas entrenados dijeron que con equipo es muy difícil subir; ¿cómo lo hicieron sin equipo?

Parrado decía lo mismo: cómo hicieron. No teníamos opción. Nosotros estábamos muertos. Solo nos podíamos salvar. La diferencia: solo estamos vivos y nos podemos morir; allá estábamos muertos. Si no hacías nada, estabas muerto. Te quedabas quieto media hora y morías congelado. En la intemperie, quieto te congelás de afuera hacia adentro, te transformás en estatua de hielo. Para vivir había que moverse, golpearse, abrazarse todo el tiempo: edema, vasoconstricción, calor. Todo intuitivo.

Toda esa información: cuando te das cuenta que no hicimos nada, confiamos en la voz interior. La gente tiene que confiar más. Ves una persona y no te gusta, no sabés por qué; entrás en una casa y decís esta no me gusta. Confía en esa voz intuitiva. Nuestra intuición es sabia porque es el ser, es honesta, no está condicionada, no manipula, no miente. No es tener poderes, es una sensación que sale de las entrañas.

Todo iba en contra nuestra, nosotros teníamos que estar a favor. Si no hay nadie, vos tenés que estar a favor y eso es la fe. La fe es creer en lo que no se ve, no tiene nada que ver con la razón. La gana de vivir se contagia cuando ves a alguien destrozado que sigue luchando. El que tenía las patas rotas no podía caminar, yo me voy, no me quiero quedar acá. Lo tenías que agarrar: nosotros sacamos de acá. Él quería honrar la vida para ir a abrazar a su padre. Vos tenías las dos piernas bien, tenías que caminar.

Prendé la televisión: noticias malas, el que robó, mintió. Hoy no sabemos qué es verdad y mentira, fake news permanente. Gobernados por psicópatas. Construimos sociedad solidaria basando normas en el respeto. Hoy está la razón de la fuerza, volvimos a las cavernas, el que tiene el palo más grande manda. Es el péndulo dialéctico, consecuencia de mentiras permanentes. Va a terminar bien, creo en las nuevas generaciones que no se comen esas mentiras, miran con ladito para abajo, quieren disfrutar la vida y no están dispuestos a perder nada.

Esa es una historia que no conocemos porque no estábamos. Primero pánico: avión se cayó el 13 de octubre cuando salimos el 12. Semanas, días, meses de dolor e incertidumbre. Dos grupos: familias que lo aceptaron con resignación y otras como la madre de Roberto Canessa que decía 'No vengan con pésame porque mi hijo está vivo'. Mi madre igual: 'Acepto que lo más probable es que esté muerto, pero no acepto pésame'.

El 29 de octubre, día de la avalancha, se suspendió búsqueda a los 10 días. El 23 escuchamos en la radio: 'Última hora, se confirma avión Fuerza Aérea 571 dado por perdido, volvemos en 5 meses por cadáveres'. Esa noticia fue la mejor porque nos preparó para ser responsables. En Montevideo, madre de Marcelo Esteban Ferreira el 21 de octubre llamó padres: 'Tenemos que contratar helicóptero, ir a Chile'. Mi padre estaba, se levantó, fue al cuarto media hora; su hermana entró y lo encontró llorando en la cama: 'Decile que se vayan, mi hijo se murió'. Esa hora a las 4 de la tarde la avalancha. Su marido había muerto 5 años antes el mismo día en operación en Brasil/Argentina. Hay cosas sin explicación pero reales.

Teníamos gran conexión con el entorno: nos mirábamos y entendíamos, empatía, compasión. Hoy muchos sentidos apagados por tecnología que conecta con lejos pero desconecta del adentro. Los aparatos nos manejan en vez de nosotros manejarlos. Pensamos que somos creativos pero algoritmos nos manejan, somos previsibles. Como ovejas en fila, como en la película. Hay que ponerle límites.

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