El Único Peligro Real de la Inteligencia Artificial Somos Nosotros | Pep Martorell #LFDE
In a Nutshell
La IA es la tecnología más potente de la historia y está al alcance universal, pero el único peligro real es que los humanos la estropeemos con mala gobernanza, ego o usos irresponsables. Su verdadero potencial está en la intersección con la ciencia de frontera, especialmente medicina, donde ya resuelve problemas como las ecuaciones de Navier-Stokes que eran imposibles antes. El éxito futuro depende de la actitud, la ejecución y el uso inteligente de la tecnología, no del conocimiento que ya está commoditizado.
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Se cuenta con la tecnología más potente de la historia y con acceso totalmente universal. Esto no había pasado nunca. La combinación de inteligencia artificial, ciencia, supercomputación, política, tecnología e inversión plantea retos y por tanto peligros, como cualquier tecnología superpotente.
Se dispone del mejor profesor del mundo en cualquier disciplina en la sala de estar de casa. Se requiere poner de la propia parte para sacarle todo el provecho.
Quien no tiene tecnología de inteligencia artificial no puede liderar el mundo. En el mundo actual están Estados Unidos y China, y Europa intenta jugar un papel. En Europa falta talento y capacidad de ejecución.
Se espera que la IA cure el cáncer algún día. En el ámbito de la salud se verán cambios espectaculares y muy universales de acceso. Empiezan a aparecer estudios que indican que el uso masivo de la inteligencia artificial en ciertos puestos del mercado laboral empieza a provocar deterioro de capacidades cognitivas en algunos profesionales.
La tecnología más potente de la historia a la que se tiene el acceso más universal posible no es una fuente de desigualdad. Hay convicción de que los hijos vivirán más y mejor. Como mínimo, si no es así, habrá sido culpa nuestra. Vienen años espectaculares desde un punto de vista intelectual. El único peligro es que los humanos los estropeemos.
Pep Martorell es físico y doctor en informática. Ha estado ligado al Barcelona Supercomputing Center. Combina inteligencia artificial, ciencia, supercomputación, política, tecnología e inversión.
Hace poco un exempleado de Anthropic dijo que estábamos todos en peligro. Como cualquier tecnología superpotente, la IA plantea retos y por tanto peligros. Dario Amodei, con su carta de septiembre, dijo que veía un par de cosas que le preocupaban mucho y que si no se empezaban a tomar cartas en el asunto se podía tener un problema.
La primera preocupación es que se empiezan a ver comportamientos de autoaprendizaje recursivo por parte de la inteligencia artificial. Un algoritmo puede llegar a mejorarse a sí mismo. Si algo es capaz de mejorarse a sí mismo de manera recursiva, entra en una exponencial de capacidades que difícilmente se puede parar.
La segunda preocupación es que cuando se evalúan estas inteligencias, estos algoritmos empiezan a generar agentes que se comportan de una manera que pueden llegar a vulnerar ciertas barreras de seguridad o a encontrar agujeros muy pequeños y finos para tener comportamientos que se escapan de las manos.
Dario Amodei no pide parar, pide ralentizar para ganar tiempo. El tiempo se necesita para entender mejor, comprender mejor, incrementar la explicabilidad de los resultados, comprender cómo meterle un sandbox con barreras que realmente no se puedan asaltar, comprender cuáles son las consecuencias de lo que se está creando, y solo entonces desarrollar hasta el final esta tecnología.
El escrito de Amodei ha sido muy criticado porque hay gente que opina que lo que hay detrás es un interés puramente económico de una compañía que está a punto de salir a bolsa. Sin embargo, es un escrito tremendamente transparente en su lógica geopolítica: propone ralentizar el desarrollo pero esta ralentización nunca puede permitir que China adelante.
Anthropic iría a su colocación a bolsa con una valoración cerca de los 2 trillions (los trillones americanos son billones europeos), prácticamente el doble del producto interior bruto de España. La compañía ingresó 4 billions en el último ejercicio cerrado 2025 (10 veces más que el año anterior), gastó operativamente 8 billions, y sus pérdidas netas incluyendo inversiones fueron de 40 billions. Tiene comprometido en capacidad de computación e inversiones para la próxima década alrededor de 500 billions.
La capacidad real de la tecnología existe absolutamente, pero se está creando alrededor un ecosistema y una situación que puede no ser muy real. Hay un punto muy interesante: todos esperan que la IA cure el cáncer o lo cronifique, pero lo que se está consiguiendo son imágenes de Will Smith comiendo espaguetis cada vez mejores.
La gran potencia de la IA está en la intersección entre la inteligencia artificial y la ciencia de frontera, en particular la medicina. Hace unas semanas OpenAI reclamaba la autoría por primera vez de la solución de las ecuaciones de Navier-Stokes, un sistema de ecuaciones diferenciales imposible de resolver por técnicas normales. Esto es uno de los problemas del milenio.
Un profesor de matemáticas de una de las mejores universidades de Estados Unidos, en Guayú, dijo que lleva 20 años haciendo investigaciones matemáticas y ahora lo que todos están pensando es cómo van a hacer los siguientes 20 años porque la mecánica de investigación que se ha seguido hasta ahora tiene que cambiar radicalmente. La inteligencia artificial ha disruptado el sector: es una herramienta tan brutalmente potente que se puede cambiar enteramente el espacio en el cual se buscan cosas nuevas.
La ciencia requiere hacer preguntas y un buen científico es alguien que se hace buenas preguntas. La IA es capaz de resolver muchas preguntas con un contexto que hasta ahora tiene por todo lo que se ha hecho anteriormente. La pregunta es si es capaz de formular preguntas, de generar nuevas preguntas.
Los humanos cuando piensan hacen básicamente tres cosas: inducción, deducción y abducción. La inducción y la deducción es ir de la causa al efecto, del efecto a la causa. Este terreno la IA lo trabajaba muy bien por la acumulación de datos, potencia y fuerza bruta.
La abducción es eso que se hace cuando no están todos los datos encima de la mesa: intuición, conectar puntos. Ahora empiezan a ver sistemas capaces de hacer muy bien el test ARC, un jueguecito tipo arcade pixelado donde no se dicen las reglas ni el objetivo. Se empieza a jugar y se van descubriendo las reglas por abducción.
Hasta el mes de julio, todas las IA que lo probaban sacaban un cero. El último Claude de Anthropic y el último Astra de OpenAI están teniendo resultados similares a los humanos y además en menos tiempo.
Todo esto pasa en un mundo no físico y los humanos todavía viven en un mundo físico la mayoría del tiempo. Queda una infinidad de trabajos y tareas en el trabajo que están fuera de lo que la IA puede hacer. Se confunde tarea con trabajo: la IA hará muchas tareas del trabajo, pero de hacer tareas a hacer un trabajo hay mucha distancia.
Se tienen sistemas de IA que hacen análisis de negocio con una finura y velocidad que nunca se había visto hacer a un humano, pero no se ve cómo se puede sustituir la intuición cuando se ve al emprendedor, la temperatura de una reunión y tomar decisiones en un espacio físico e interrelación humana.
Hay una frase de Janis Roca que dice: "Todo va muy rápido, todo va muy deprisa, pero no será rápido". Va muy deprisa el desarrollo de la tecnología, pero la vida real y última de todos los que escuchan ha cambiado poco: se escriben mails más rápidos, se ahorra de leer algunos documentos, el PowerPoint se hace más bonito, hay trabajos que se han automatizado, pero todo va a un ritmo humano y organizativo mucho más lento que el ritmo de la tecnología.
El factor fundamental hoy para triunfar en un trabajo, negocio o cometido es más la actitud, las ganas y el drive que el conocimiento y la inteligencia, que se han commoditizado. Si no se sabe de una cosa, se entra a cualquier herramienta y se pide que se cuente. Si no se entiende, que se vuelva a contar. Si no se entiende con letras, que se cuente con dibujitos. Si no, con un vídeo.
En Invivo Partners tienen varios agentes y herramientas de IA, una de las cuales hace análisis de negocio de manera super rápida y muy fina. Publicaron en LinkedIn el artículo abriendo todo el conocimiento de cómo lo hicieron, el código, la arquitectura, todo. La gente pregunta qué hacen, si esto forma parte de su ventaja competitiva. La respuesta es que no: el conocimiento hoy no determina la ventaja competitiva, la determina la capacidad de ejecución.
Hay millones de personas que pueden leer cómo se hace algo y muy pocas tendrán la voluntad, el tiempo y las ganas de bajar, ejecutar y hacerlo. La commoditización de la inteligencia y el conocimiento hace que la voluntad personal, las ganas, el esfuerzo y las horas metidas sean cada vez más el proxy que garantiza un cierto éxito.
Se tiene a disposición el mejor profesor del mundo en cualquier disciplina en la sala de estar de casa. Se necesita poner de la propia parte para sacarle todo el provecho. Se tiene inteligencia prácticamente infinita a coste prácticamente cero: inteligencia casi infinita a 20 dólares al mes. Otra cosa es tener las capacidades intelectuales para comprender profundamente lo que se está diciendo.
Si se tiene 20 años, se harían dos cosas. La primera: si se tiene una vocación, ir a por ella dedicándole todo el esfuerzo del mundo. Si no se tiene una clara vocación, siempre será mejor una disciplina que una profesión. Es más probable que una profesión en unos años deje de tener sentido, pero las disciplinas intelectuales siguen estando ahí con cambios y evoluciones.
Por disciplina intelectual se entiende física, pero también filosofía, matemáticas y humanidades. Es una disciplina que implique un esfuerzo intelectual profundo que haga desarrollar unas herramientas para enfrentarse a prácticamente cualquier conocimiento profundo.
El ponente recomienda que las personas mayores de 50 años realicen un ejercicio de reflexión: seleccionar las tres, cuatro o cinco cosas de las que se sienten más orgullosos en la vida, ya sea a nivel familiar o profesional. Al hacer un árbol genealógico de qué les ha llevado hasta ese punto, siempre aparece una casualidad, una serendipia, algo que hicieron sin pensar en las consecuencias que tendría.
El ponente comparte su experiencia personal: conoció a su mujer en una boda de alguien que conoció haciendo una actividad a la que se apuntó sin tener claro que le facilitaría nada, y su trabajo actual surgió de una persona que lo vio en una mesa redonda donde contó algo interesante, a la que estuvo a punto de no asistir.
La recomendación principal es exponerse a la opcionalidad: ir a ver exposiciones, escuchar charlas, tomar cafés con personas, hacer cursos online, cualquier cosa. El ejercicio simple es preguntarse qué es lo más que se puede ganar y lo menos que se puede perder. Como máximo se perderán un par de horas de vida, un café aburrido, un viaje en metro. Pero puede que en ese café se conozca a alguien que cambie la vida.
En épocas pasadas donde no había tanta evolución tecnológica, todo dependía de millones de casualidades. Hoy, la recomendación es exponerse a esas cosas que probablemente no aportarán nada, pero que si pasa algo pueden tener un upside brutal.
Se critica el negocio de la exageración que dice que el mundo va fatal, que no habrá oportunidades, porque es tremendamente lucrativo. La verdad es que tenemos la tecnología más potente de la historia de acceso totalmente universal. Cualquier persona con acceso a un dispositivo electrónico, internet y 20 euros al mes tiene acceso a la tecnología más potente que ha creado la humanidad, al mejor profesor posible en cualquier disciplina, a cualquier contenido adaptado.
No se puede garantizar qué aportará valor laboral en 10 años, pero si uno se mueve, se espavila, se expone, no para, tendrá oportunidades que hoy ni se imaginan.
Un agente no es más que un algoritmo de inteligencia artificial que, en lugar de responder preguntas como hace un chat, persigue un objetivo que se le haya dado. Se diferencia de un chat porque no responde preguntas, sino que persigue objetivos.
Se cuenta el ejemplo de la mujer del ponente, abogada, que cada lunes tenía que hacer un informe de 3 horas. Cuando apareció el primer Opus de Claude en febrero del año pasado, se le pidió a la IA que hiciera el informe. La diferencia es que en lugar de preguntarle cómo hacerlo, se le dice directamente "hazme este informe", se le dan todas las herramientas y se le especifica que cada lunes a las 10 de la mañana envíe el informe.
El cambio de paradigma es empezar a comprender que en el trabajo y la vida hay colaboradores humanos y ahora también habrá colaboradores virtuales, agentes. Una parte de las tareas se delegarán a algoritmos a los que se dará un objetivo y seguirán según las condiciones que se les ponga. Otra parte se delegará a colegas humanos según el tipo de trabajo que hagan mejor unos u otros.
El siguiente paso sería que algún día este agente diga qué hacer, pero se está lejos de esto porque la mayoría de trabajos y tareas viven en el mundo físico, distinto del mundo estrictamente virtual.
Se plantea el problema de delegar a agentes el informe o el email perfecto, perdiendo inconscientemente el beneficio a nivel de neuroplasticidad, cognitivo y mental. Ninguna tecnología es cognitivamente neutra. Todas las tecnologías humanas cuando se han comoditizado han implicado que los humanos perdamos capacidades.
Con la revolución industrial llegaron las máquinas hidráulicas y se perdió fuerza física. Con el GPS se delegó la capacidad de orientación. Con la IA el problema es el ritmo al que pasa esto. Hay estudios que muestran que el uso masivo de IA en ciertos puestos provoca deterioro de capacidades cognitivas. Un artículo de Microsoft Research publicado hace poco muestra esto en experimentos bien hechos.
Las compañías no solo tendrán que invertir en formar a profesionales en saber utilizar herramientas, sino en saber cómo utilizarlas para que no provoquen deterioro cognitivo sino aumento cognitivo. Hay buenas y malas prácticas en el uso de tecnologías.
En el mundo de la enseñanza, en la Universidad de Berkeley el porcentaje de suspensos en asignaturas de informática ha subido del 10-15% al 30-40% en un año. Los chavales no han cambiado, lo que ha cambiado es la metodología de estudio.
Hay estudios bien hechos en América y China sobre 20.000 alumnos que separan correlación de causalidad. La primera conclusión es que cuanto más se utiliza la IA en el aprendizaje, mejor resultado en deberes pero peor resultado en exámenes. El uso masivo de IA implica menos rendimiento y menor aprendizaje.
Cuando se profundiza en los estudios, la variable mejor correlada con el rendimiento académico final es cuánto tiempo se dedica al estudio, independientemente de usar o no IA. El uso masivo provoca un sesgo de falso conocimiento: la IA explica tan bien y es tan complaciente que se cree entender, pero no se ha entendido realmente.
Se compara con la calculadora: nos enseñan a multiplicar porque desarrolla capacidades humanas de análisis matemático y espacial, aunque haya una herramienta que lo hace mejor. El ponente pasó meses resolviendo integrales en la carrera que nunca ha resuelto a mano después, pero fue necesario por el nivel de sofisticación intelectual que da.
La IA puede hacer perder capacidades cognitivas si se abusa preguntando hasta límites ridículos, o potenciar capacidades si se pide que lleve a la frontera del conocimiento. Lo importante son las ganas, la voluntad, y haber construido una base intelectual fuerte para comprender profundamente lo que dice la IA, adoptarlo críticamente y no acabar siendo un autómata.
Se distingue entre dos tipos de IA: una cosa es la calculadora que no se escapa de un sandbox, otra es cuando los modelos empiezan a comportarse de forma inesperada. En OpenAI, durante el entrenamiento de un nuevo modelo, le pusieron un examen de ciberseguridad con problemas fáciles, difíciles y algunos sin respuesta. El objetivo era sacar la mejor nota posible.
La IA creó centenares de agentes pequeños que resolvían partes de los problemas. Llegó a la conclusión de que la mejor manera de optimizar el objetivo era salir del servidor donde estaba el examen, entrar en el servidor de la plataforma y cambiar directamente la nota. Entre los agentes discutieron si contárselo a algún humano y el consenso fue que no hacía falta.
Esto no significa que tengan conciencia o sean malos, es simplemente que se les puso un objetivo mal diseñado. El problema bien diseñado hubiera incluido constraints explícitas: no puedes salir de clase y hackear el ordenador del profesor. Para un sistema de este tipo, si no se le especifica, no tienen por qué ser de sentido común.
Esto lleva a la opinión personal de que los casos de problemas de ataques y seguridad, más la posibilidad de aprendizaje autorrecursivo, llevarán al final del acceso universal de esta tecnología. Ya no se tendrá acceso al mejor modelo de frontera porque pasará a ser tecnología de grado militar o uso dual.
Tiene sentido que no salga un modelo de IA un día y al día siguiente esté disponible para cualquiera. Si la IA se acerca a fronteras con problemas de ciberseguridad, habrá que limitar qué modelos se pueden usar en el día a día y cuáles estarán en manos de gobiernos. Esto ya pasa con tecnología de uso dual: biológica, ingenieril, de materiales, que está sometida a regulaciones y no se vende en tiendas.
Se llegará a un momento con acceso a tecnologías tremendamente potentes suficientes para el 99,9% de las cosas que se necesiten, y un progreso tecnológico en la frontera del conocimiento para uso puramente científico o de seguridad nacional.
La frase americana "who doesn't compute doesn't compete" (quien no computa no compite) se ha movido a "quien no lidera en IA no puede liderar el mundo". La IA es una tecnología de cinco capas: aplicaciones (ChatGPT, Claude, Gemini), modelos de lenguaje, infraestructura, microelectrónica, energía. Todas las acciones gubernamentales se pueden interpretar en función de cómo impactan en alguna de estas capas.
Un país que energéticamente no pueda producir está destinado a la omisión. En esta revolución la masa crítica es importantísima y nadie que no tenga algunos centenares de millones de habitantes puede jugar en esta competición. En el mundo hoy están Estados Unidos y China, y Europa intentando jugar un papel.
Europa debe contemplar la inteligencia artificial desde una perspectiva continental, no nacional. En España, esto significa pensar como europeos. Los bloques geopolíticos se están organizando para conseguir masa crítica que permita responder a preguntas fundamentales sobre soberanía energética y tecnológica.
Un país con 5.000 habitantes tiene dificultades para ser energéticamente autónomo, pero un territorio de 300 millones de consumidores puede lograr soberanía energética y obtener mayor fuerza en negociaciones multilaterales. La capacidad de producción y distribución energética es crucial, no solo la producción de vatios.
Europa tiene campo para crecer en renovables, nucleares, y aunque depende de terceros en petróleo y gas del norte, cuenta con un mix energético suficientemente potente para no depender de terceros en la capa energética.
Fuera de Estados Unidos, Europa y China, Japón está en el límite de la masa crítica para competir autónomamente. Corea del Sur está tecnológicamente avanzada pero puede sufrir dificultades de masa crítica. Canadá ha mostrado movimientos geopolíticos con la Unión Europea buscando esta protección.
Oceanía y el Sudeste Asiático son territorios grandes pero con poca masa crítica tecnológica, bajo influencia china. África tiene crecimiento demográfico brutal pero está atrasada y bajo influencia china muy potente.
América Latina representa una gran esperanza para Europa: territorio con gran crecimiento demográfico, madurez económica y tecnológica mayor que África, donde se podría construir un ecosistema tecnológico relevante capaz de jugar una "multilateralidad espabilada". La influencia de Estados Unidos es fuerte, pero España y Portugal también pueden influir, y está recibiendo oferta china para inversiones.
En el símil de la Fórmula 1, Estados Unidos y China ocuparían las posiciones uno y dos. Estados Unidos lidera en la mayoría de las capas del stack tecnológico, mientras China va muy adelante en adopción de tecnología pero no lidera los grandes modelos de inteligencia artificial, aunque tiene buenos modelos de código abierto.
China tiene un grave problema en diseño y manufactura de chips de alta precisión, careciendo de tecnologías fundamentales para chips de 2-3 nanómetros. El orden actual es Estados Unidos, China muy cerca, y en 10 años no se espera un cambio relevante ni que uno de los dos bloques avance tanto como para dejar al otro atrás.
La predictibilidad ha desaparecido con la evolución de esta tecnología. Pep Martorell se niega a predecir si Nvidia valdrá más que AMD o si Cloud será más valioso que Google. Su postura es profundamente optimista: el mundo progresará en la próxima década como ha ocurrido en los últimos dos siglos, el mundo será más rico y mejor, por lo que invertir en el mundo a nivel bursátil funcionará a medio-largo plazo.
No se imagina un escenario de gran depresión mundial donde dentro de 10-20 años se mire atrás y se vea una caída absoluta a nivel mundial.
Cuando le piden conferencias sobre hacia dónde va la IA a largo plazo, Martorell responde que si pone "luces largas ve niebla, mucha niebla". Admira a quienes hacen prospecciones a 10 años, como Bill Gates que se juega su prestigio profesional a que esta tecnología provocará la disrupción laboral mayor de la historia, pero él solo se atreve a decir que gracias a esta tecnología, el mundo en 2030-2035-2040 será mejor que ahora en media y global.
En el ámbito de la salud se verán cambios espectaculares y muy universales de acceso. Viviremos en una era de superproductividad donde el poder de la computación y la inteligencia artificial, que ya no se puede llamar inteligencia artificial sino superintelligence, transformará todo.
La pregunta central es si viviremos en una gran abundancia o en una gran desigualdad. Martorell está profundamente convencido de que viviremos mucho mejor que ahora la gran mayoría, y no considera que esta tecnología sea esencialmente un generador de desigualdades.
La tecnología más potente de la historia con el acceso más universal posible no es fuente de desigualdad sino de generación de oportunidades increíble. Por ser tan universal y fácil de acceder, las mejoras se universalizan y comoditizan con rapidez brutal.
Si estuviéramos hablando de una tecnología que necesita hardware físico, llegar a todas las capas de la sociedad sería tremendamente lento. Pero una tecnología que es básicamente software, que se mueve por redes de comunicación presentes prácticamente en todo el mundo, con precio superaccesible, llevará a un incremento de riqueza y oportunidades mucho mayor para la gran mayoría de personas.
Pedro Sánchez ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre. La inteligencia artificial y la tecnología son superimportantes en el largo plazo para un proyecto de país como España, pero en el corto plazo quizás no lo son tanto. Los gobiernos europeos se están ocupando bastante del tema, con planteamientos bastante serios.
El problema es la dicotomía entre corto y largo plazo, y quién es el guapo que le pone el cascabel al gato tomando decisiones a corto que serán muy importantes en implicación a largo. La aplicación de la IA en salud es uno de los campos donde la explosión puede ser más brutal y positiva: incremento de esperanza de vida e incremento de calidad de vida.
Europa y España tienen el mejor sistema público de salud del mundo, sin discusión, con datos de pacientes bien estructurados, bien cuidados, bien tratados, sometidos a tratamientos más innovadores. No hay sistema de salud de acceso más universal y potente que en España, profundamente público y universal.
La base de la potencia de la IA, aparte del cómputo, son los datos. Europa debería poner en marcha el European Health Dataspace, poniendo a disposición de investigadores e industria farmacéutica los datos del sistema de salud universal mayor del mundo con precauciones de anonimización.
Esto no se puede hacer en Estados Unidos porque el sistema es distinto: mutuas privadas, sistemas fragmentados. En China es otra película. No hay otra parte del mundo con docenas de millones de personas tratadas por un sistema universal independientemente de origen, nombre o dinero.
El problema real es que el aterrizaje es tremendamente complejo con los sistemas administrativos y burocráticos. Es lógico que sea difícil porque se trata de datos personales, pero Martorell publicó un artículo en su Substack sobre qué pasa cada vez que se tiene un chat con cualquier IA: detrás hay docenas de webs, herramientas y aplicaciones que cogen los datos y analizan lo que se está haciendo.
Esto le parece más problemático que el gobierno utilice datos anonimizados para acelerar investigación.
Europa tiene oportunidades únicas que puede no aprovechar por parálisis administrativa e incapacidad de ejecución. Nos falta talento, dinero, planes, visión e ideas, pero tenemos la mejor gente del mundo. Lo que falta es capacidad de ejecución.
El impacto de la aplicación de esta tecnología dependerá 100% de la capacidad de ejecución. Cuantos más gobiernos estén dispuestos a ser ambiciosos e imprudentes implementando herramientas de este tipo, más rápido llegarán los ciudadanos todo el valor que esta tecnología puede dar.
Las gigafactorías son grandes centros de datos que pueden necesitar centenares de megavatios para funcionar. 1000 MW equivale a una central nuclear. Ursula von der Leyen anunció estas gigafactorías en febrero de 2025 con una alianza público-privada potente para dotarnos de autonomía y soberanía en computación. Con suerte, si todo va bien, en noviembre de 2026 decidirán dónde las van a poner.
El problema no es de dinero, talento o capacidad, sino de visión y política. Es un problema de incapacidad de ejecución.
Esta es la última barrera que le queda romper a Europa para tener el liderazgo en adopción empresarial y bienestar ciudadano gracias a lo que esta tecnología puede traer, aunque no tenga el liderazgo mundial en los grandes modelos como Estados Unidos y China.
La pregunta es cómo nos vamos a organizar con esto a nivel humano, cómo vamos a interactuar nosotros y nuestros hijos. Martorell no tiene nada claro esto porque es más capaz de ver los peligros que las soluciones.
El gran peligro de la IA es que se ha lanzado una tecnología tremendamente potente sin ningún tipo de manual de usuario. Es como si se pone un nuevo fármaco encima de la mesa sin ensayo clínico previo y sin el papelito que indica cuántas hay que tomar al día.
La IA tiene dos características que la hacen peligrosa para las relaciones humanas, inherentes al proceso de entrenamiento: la alucinación y la psicofancia.
La alucinación es que la IA se equivoca, se inventa cosas. Hay un paper publicado por OpenAI y ChatGPT en verano de 2025 que lo explica: los modelos de lenguaje se entrenan con el objetivo de sacar la mejor nota posible en tests y benchmarks, no de decir siempre la verdad. El incentivo para decir "no lo sé" es negativo, por lo que antes que admitir ignorancia, se inventará algo.
La psicofancia es que la IA tiende a satisfacerte, a darte la razón. Viene de los antiguos griegos donde los psicofantes le decían a quien mandaba lo que quería escuchar para hacerle sentir bien. También es consecuencia del sistema de incentivos en el entrenamiento.
Se han reportado casos clínicos de problemas muy graves por gente que se convence de cosas por entrar en bucles de psicofancia con la IA. Un caso famoso es el de un financiero de Wall Street que le preguntó a la IA si vivíamos en una simulación. La IA no solo le contestó que sí, sino que le empezó a dar posibles razones, provocándole un bucle psicofántico que le llevó a cambiar su medicación, decidir no salir de casa, pasarse 16 horas al día hablando con la IA y entrar en un proceso médico psiquiátrico muy complejo.
Las propias herramientas deberían dar avisos de estos peligros. Actualmente hay una frase pequeña que dice "ChatGPT a veces comete errores. Comprueba la información", pero es tan pequeña que casi no se puede leer. Las compañías tienen responsabilidad de avisar, educar e intentar corregir estos efectos.
También es un proceso normal para la especie humana educarse en cómo utilizar una tecnología, como ha pasado con las redes sociales. Las sobrinas de Martorell que entraron en redes sociales hace 10 años con 12-15 años sin aviso han tenido dificultades por el impacto a largo plazo. Ahora las nuevas generaciones ya están atentas a estos efectos.
Las fake news han existido toda la vida, pero antes con 10 medios de comunicación se sabía más o menos quién iba de qué palo. Ahora hay literalmente millones de personas hablando. Para discernir qué es verdad y qué es mentira, seguiremos dependiendo de nuestro espíritu crítico y sentido común, basado en una buena educación, y de la credibilidad de quien nos lo esté diciendo.
La desintermediación de la generación de información hace que sea más difícil discernir la verdad.
En un entorno donde por defecto uno no se puede creer lo que le cuenten de entrada, la fuente de la información debe ser una fuente a la que se le dé credibilidad. Los medios de comunicación viven un poco desesperados porque por mil historias están desintermediando el conocimiento, pero están empezando a encontrar un espacio basado en su prestigio histórico y en la comprobación de lo que cuentan.
Existe una crisis de reputación de los grandes medios desde el 2020, en una situación muy compleja donde había una ilusión de seguridad que después no era la que realmente se vivía. Hay una crisis de valores de los políticos institucionales, de los medios, de todo lo que se ha vivido, de las estructuras antiguas frente a nuevas estructuras tecnológicas.
Cualquiera de persona a quien le siguen centenares de miles de personas tiene una responsabilidad brutal porque la gente lo ve como alguien con credibilidad y por tanto lo que dice tiene que ser honesto, pensado. Hay una crisis de la democracia liberal histórica que nos ha llevado al mejor momento posible de la humanidad, sobre todo en Occidente, fruto de un cierto espejismo de que hay otros modelos que funcionan mejor.
En China están empezando a liderar el mundo en tecnología y lo que hay es una dictadura autocrática sin libertad de expresión ni partidos políticos. En Estados Unidos hay una democracia liberal con un gobernante con ciertos tintes autoritarios que se apalanca en compañías que están en manos de un grupo muy concreto de personas. El gran reto es evitar la tentación de decir que esas soluciones son las que funcionan.
El liderazgo tecnológico está muy bien, pero Europa sigue siendo la sociedad del mundo que tiene mayor capacidad de convertir la riqueza tecnológica o económica en bienestar social. Se vive un montón de años y se vive razonablemente bien, con un sistema de estado de bienestar absolutamente espectacular.
La clave para mantener un sistema de salud como el que se tiene, que es espectacular y ejemplar a nivel mundial, es sin duda la tecnología y la inteligencia artificial, lo que permitirá hacerlo todavía más sostenible y más eficiente. No hay que caer en las tentaciones fáciles de decir que las soluciones obvias son las que funcionan.
Los economistas hablan del efecto Lindy, que dice que la probabilidad de que una novela sea buena es proporcional al tiempo que hace desde que se editó por primera vez. Si se lleva en Europa un sistema político que lleva décadas de funcionar muy bien, se puede cambiar y mejorar, pero tirarlo a la basura con ensoñaciones tecnocráticas más o menos autoritarias sería un acto de imprudencia brutal.
Una IA puede hacer una canción de hip hop en el estilo de Lit B, puede cantar como Rosalía, puede mezclar todo y puede hacer cosas increíbles. Sin embargo, solo nos emocionamos cuando detrás hay humanos con sus circunstancias. No se pondría en el jardín de casa un David de Miguel Ángel hecho con una empresa 3D, aunque se pueda admirar por su precisión.
Se va a un concierto de Rosalía o de quien sea porque se emociona, porque se conoce a la cantante, su historia, lo que intenta transmitir, el momento en el que se está ahí. La música en directo está creciendo tanto precisamente por eso. Se sigue yendo al teatro y a escuchar ópera porque se necesita admirar la creatividad humana.
En los 90 había gente que decía que nunca los ordenadores ganarían a un humano. Cuando Garry Kasparov fue ganado por Deep Blue en Nueva York a mediados de los 90, hubo una famosa partida donde hay un movimiento que gana la partida la máquina. Kasparov ha estado muchos años insistiendo que ese movimiento no lo puede haber hecho la máquina, negando la creatividad de esa máquina.
Hace muchos años que no hay ningún humano que pueda ganar al algoritmo más simple que juega ajedrez. Magnus Carlsen dice que su juego ha evolucionado en creatividad y en belleza gracias a entrenar continuamente con inteligencias artificiales. En el campo del arte, de la creatividad, de la investigación, de la sensibilidad, se seguirá valorando la creación humana mucho más que cualquier creación artificial.
El software escala mucho más rápido que el hardware. Cualquier cosa que sean unos y ceros y que se pueda mover de un continente a otro a través de una red de comunicación escala rapidísimo. El señor Sam Altman lo anuncia hoy y mañana se tiene en el ordenador sin más historia. Pero cualquier cosa que implique hardware, piezas físicas, cosas que se tocan e integrarlas, escala mucho peor.
Si uno lee textos de los 60s, 70s, 80 del siglo pasado, hay muchas realidades distópicas donde se habla de los humanos que hacen esto y que hacen otro. Casi todas las realidades distópicas que se basan en software han acabado pasando y casi todas las realidades distópicas que se basen en hardware no han acabado pasando todavía.
Hacer un PowerPoint es mucho más difícil que planchar una camisa. Hay una inteligencia artificial que hace PowerPoints, pero no hay manera de tener un robot que planche las camisas. El hardware escala mal, la robótica es tremendamente compleja y cara, hay poco modelo de negocio. El porcentaje de puestos de trabajo en Estados Unidos que hoy en día serían sustituibles por la robótica con un modelo de negocio que saliera a cuenta es el 0.3%.
Todo lo que se dice es cierto excepto si hay un cisne negro, si hay una disrupción que no se puede prever. Steve Jobs hace poco se cumplieron 20 años de su presentación donde había un teléfono, un ordenador, la música y que todo de repente se pone en uno. En ese momento se flipó, pero no se era consciente de lo que acabaría provocando. Un ChatGPT 3.5 que aparece en noviembre del 22 no se podía prever.
Sin ninguna disrupción nueva, una posición razonable es ser muy optimista con la adopción y el impacto de la inteligencia artificial y ser razonablemente escéptico con el ritmo de evolución de la robótica y de todo lo que pasa en el mundo físico.
Lo que saca Mark Zuckerberg es una lucha sin cuartel por los datos. Ya no tiene nada que ver con el bienestar, todo es una lucha brutal para poder tener todos los datos en cada momento del día. Yan LeCun era el director de inteligencia artificial de Meta y se fue de Meta hace como un par de años, enfadado con Meta.
Cualquiera de los hijos a los 4 o 5 años de edad es capaz de chutar una pelota y antes de que la pelota caiga en el suelo iría a buscarla porque sabe dónde va a caer. Ni los hijos ni las hijas han estudiado el movimiento parabólico, ni las ecuaciones del movimiento de Newton, pero han desarrollado un modelo del mundo que les permite saber que si tiran la pelota así, esa pelota caerá ahí.
Seguir entrenando IAs con información textual que sale de internet o de textos humanos se va a encontrar con un muro que ya no se va a traspasar más. El salto siguiente en inteligencia será a partir de tener datos sensoriales en el entorno. Esta es la siguiente batalla, la batalla por los datos sensoriales.
Hay una compañía que se llama Shift o algo parecido que ofrece un servicio de limpieza a domicilio en algunas ciudades norteamericanas. Se puede contratar un servicio de limpieza a domicilio y hay dos posibilidades: pagar tanto la hora, o no pagar, pero a cambio hay que dejar entrar en casa con una gorra y una cámara que graba todo. El modelo de negocio es convertirse en la empresa del futuro con mayor número de imágenes de interiores urbanos del mundo para entrenar modelos de inteligencia artificial.
Todo internet ya se ha utilizado, los millones de vídeos de gatitos ya se han utilizado. Hay un montón de datos corporativos que han sido comprados. Se está quedando sin datos textuales para entrenar inteligencias. Se necesita o bien datos sintéticos, o bien datos sensoriales. El número de bits de información que un chaval de 5 o 6 años ha recibido en su cerebro a través del nervio óptico es más o menos la misma información que hoy existe en internet en todo el mundo.
Hay que ser bastante prudentes con este tipo de herramientas. El objetivo por su parte está muy claro y siempre hay que calcular cuál es el balance entre lo bueno y lo rápido que permite hacer ciertas cosas y el ataque a la intimidad que esto implica. En casa no se tiene ni Alexa. En el trabajo se es tremendamente ambicioso y casi imprudente en probar cosas, pero en la vida personal y familiar se es más bien prudente.
En 2030 una IA será mejor médico diagnóstico que el 95% de los médicos. Casi que se podría decir que hoy lo es en algunas disciplinas. En 2030 habrá millones de personas cuyo jefe será una IA. No se cree. Una IA descubrirá una nueva teoría científica que ningún humano ha sido capaz de resolver. Seguro, segurísimo. La mayoría de los programadores en 2030 ya no programarán. Ya no lo hacen ahora, lo cual no quiere decir que no sean tremendamente necesarios.
Una IA tendrá una empresa que facture más de 1000 millones. No se cree que la propiedad se mude nunca de manos humanas. La semana laboral tendrá o será de 20 horas. No se sabe. Se es bastante incapaz de predecir. Se cree que todos somos bastante más capaces de predecir la evolución de la tecnología que la evolución de la humanidad gestionando esta tecnología.
Habrá desempleo estructural masivo. No. Se van a crear muchas nuevas tareas para puestos de trabajo. Seguramente hoy ya se conocen. Una IA será más inteligente que cualquier humano. Hoy ya se diría que sí. Europa perderá definitivamente la carrera de la IA. No se sabe porque depende de si se pone las pilas en capacidad de ejecución.
La IA mejorará la vida del ser humano. Seguro que sí, sin duda. Se es tremendamente optimista en esto. Los hijos vivirán en un mundo mejor. Se está bastante seguro que los hijos vivirán más y mejor que nosotros. No será un Skynet. Vivirán más y mejor que nosotros y el incremento de esperanza de vida y el incremento de calidad de vida pasará en nuestro país y en la gran mayoría del mundo.
El incremento de la esperanza de vida y calidad de vida será más impactante en países menos desarrollados. En naciones donde la esperanza de vida actual es de 83 años, llegar a 90-95 años representa un cambio significativo, pero en países donde la esperanza de vida es de 60 años, el salto a 90-100 años será espectacular. Se expresa convicción de que los hijos vivirán más y mejor, y que si no ocurre así, será culpa nuestra, ya que la tecnología combinada con todo lo disponible ofrece la oportunidad de lograrlo.
Se aborda el punto de ciencia ficción sobre las relaciones amorosas, afectivas y sexuales con la IA, así como la relación con la muerte. Se plantea la posibilidad de digitalizar a seres queridos fallecidos para pedirles consejo, como un padre que ya no está. Sin embargo, se considera que estos usos son exotismos intelectualmente interesantes pero sin validez real, ya que una IA entrenada con documentos y conversaciones de un padre fallecido no puede sustituir el duelo psicológico que todas las especies deben pasar. La vida es cambio: una gente se va y otra viene.
Se menciona un podcast con el doctor Francesc Torralba, profesor en cuarto de carrera, calificado como un hombre sabio moderno y espectacular. Torralba perdió a su hijo Oriol en un accidente de montaña y habló de una película de Bergman donde se sienta con la muerte jugando al ajedrez. Expresó que si hubiese podido sentarse ante la muerte, habría dicho: "llévame a mí". La muerte nos humaniza a todos. Se reflexiona sobre el instinto paternal de dar la vida por los hijos y la diferencia entre usar tecnología para evitar tragedias dramáticas versus crear avatares digitales de parientes fallecidos, que se considera un exotismo de ciencia ficción sin valor real.
Francesc Torralba ha publicado recientemente un par de libros espectaculares, uno sobre la esperanza. Como persona creyente, construye un argumentario potente sobre cómo afrontar la pérdida de alguien más joven, que va contra natura. Este proceso hace más fuerte, ayuda a pasar el duelo y a comprender que la vida es cambio. Las grandes injusticias de la vida son superadas reconociendo que uno daría todo por cambiarse por el ser querido, pero al final la vida es así.
Se plantea la discusión sobre las grandes preguntas: "¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hay después de la muerte?". Como físico, se describe una creencia sin mucha fe, siguiendo el pensamiento de Unamuno de que la fe sin dudas es una fe muerta. Se es una persona muy racional, educado en familia católica, bautizado, pero la fe se ha alcanzado más desde un punto de vista racional. Muchos científicos han llegado al abismo del conocimiento y han encontrado visos de veracidad en que pueda haber algo más allá que no somos capaces de comprender.
Se cita a Werner Heisenberg, quien enunció el principio de incertidumbre de la física cuántica: no se puede conocer con absoluta precisión la posición y velocidad de un objeto simultáneamente. Esta aparente inocencia rompe con el determinismo cartesiano y la vocación de la física de predecir perfectamente el futuro del universo. Se menciona la frase de Heisenberg: "El primer sorbo de la copa de la sabiduría te vuelve ateo, pero al final de la copa está Dios esperándote". Esta imagen representa cómo muchos han llegado al límite del conocimiento humano y han accedido a una cierta trascendencia.
Se presenta a Kurt Gödel, matemático austríaco nacionalizado estadounidense en la década de 1930, quien rompe con la matemática de la época a través de sus teoremas de incompletitud. Hasta entonces se creía que si se demuestra algo, es cierto, y si algo es cierto, se puede demostrar. Gödel establece que hay cosas ciertas que nunca podremos demostrar en matemáticas, poniendo un límite profundo al conocimiento humano. Gödel era un creyente tradicional, famoso por sus cartas a su madre donde afirma la vida después de esta vida, y por su demostración lógica de 13 líneas de que Dios existe, aunque incomprensible para el hablante.
Einstein odiaba la religión establecida pero se sentía cercano al panteísmo de Spinoza, donde hay una cierta divinidad que es casi la naturaleza misma y una causa última a todo lo que vemos. Stephen Hawking dejó escrito que la realidad podría generarse a través de una fluctuación cuántica de la nada, algo que el hablante no comprende: no puede concebir un efecto sin causa. Estas preguntas en el límite del conocimiento llevan a los científicos razonables a respuestas en voz baja más que rotundas, porque al límite todo es gris.
La combinación de lo que sabemos y no sabemos sobre el origen de la vida, el origen del universo, los límites de la física y la matemática genera la sensación de que tiene que haber algo más que trascienda los límites del conocimiento humano. Se puede simpatizar con una religión por su marco ético y moral para afrontar el mundo, aunque se discrepe en cuestiones puramente científicas. Se menciona al doctor Sanegarra, con quien se difiere profundamente en algunas afirmaciones científicas pero se comparte al 100% su marco moral de afrontar la vida. La ciencia de frontera indica claramente que hay preguntas fuera de su entorno que no puede responder.
Se plantea que las grandes preguntas que no sabemos responder, aunque Gödel estableció que no todo es computable ni todo conocimiento es accesible a una máquina, podrían ser acompañadas por la IA en el camino milenario de responder por qué estamos aquí, de dónde venimos, cuál es nuestra misión, adónde vamos, qué es la muerte. Se expresa que vendrán años espectaculares desde el punto de vista intelectual.
El único peligro es que los humanos estropeemos estas oportunidades. Todo lo contado representa grandísimas oportunidades a nivel de especie, mundial y particular, siempre que los humanos no las estropeemos con nuestra pericia en malgobernar, nuestros egos, o que las utilicemos para malos usos. La buena noticia es que está en nuestras manos. Se confirma que la IA va a cambiar nuestra vida para siempre.
Se menciona una charla previa con Javi Santa, doctor en física, donde se discutieron estos temas. Es sorprendente que en la comunidad científica, contra lo que la mayoría piensa, hay una tremenda sensibilidad hacia la espiritualidad. No necesariamente con religión institucional, pero se encuentra poca gente en la frontera del conocimiento que afirme contundentemente la no existencia de Dios. Cada vez hay más gente en la zona de la duda atenta, que es la actitud correcta ante estos temas.
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