¿Es el comienzo de una nueva década perdida? Invertir en máximos…
In a Nutshell
El vídeo concluye que el mercado actual no es una burbuja como en 1929 o 2000: el SP500 ha subido menos, impulsado por beneficios reales y no por expansión de múltiplos, y el top 10 aporta casi lo mismo que pesa en el índice. Las Magníficas 7 tienen valoraciones razonables (PER medio ~28) y crecen beneficios muy por encima del resto. Invertir en máximos históricos es rentable a largo plazo y la mayor amenaza real es la inflación que erosiona el poder adquisitivo de no invertir.
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El SP500 y el Nasdaq están rompiendo barreras de máximos históricos con mucha fuerza, en un momento en el que la crisis de Ormud aún no está solucionada y los precios de la energía siguen disparados. El optimismo entre los CEO de las grandes empresas tecnológicas ha llevado a comparaciones entre los bailecitos de Jens, CEO de Nvidia, con los que hacía el CEO de Microsoft en el año 2000 antes del inicio de la década perdida. Las concentraciones del top 10 de empresas tanto en el SP500 como en el NASDAQ, junto con las valoraciones de las empresas tecnológicas, están llevando a algunos inversores a plantearse si podemos estar ante el inicio de una gran burbuja y una posterior década perdida como la que vimos en 1929 y en el 2000 con el pinchazo de las punto com.
Para analizar si es sostenible las valoraciones de las empresas, si es sana la concentración que hay y si todo esto nos puede llevar a una burbuja, es necesario entender cómo se formaron y cómo se comportaron los índices en los momentos de las burbujas de 1929 y del año 2000. En 1929 el mercado subió en solo 5 años un 250% y en el año 2000 también subió curiosamente en torno a un 250%. De esa subida y revalorización del SP500 del 250%, solo un 30% fueron subida de beneficios reales en las empresas. El precio de las empresas subió ocho veces más de lo que subieron los beneficios de esas empresas. Estas subidas se produjeron artificialmente por lo que se conoce como expansión de múltiplos, que significa que los inversores están dispuestos a pagar un PE ratio o price to earning ratio más alto en un modo eufórico, asumiendo que los beneficios futuros de esas empresas van a crecer mucho más de lo que lo están haciendo ahora.
Si se compara con el año 2026, el SP500 solo ha subido un 100% en los últimos 5 años. De esa subida del 100%, por ejemplo, el año pasado un 79% de la subida se debió al aumento de beneficios de la empresa. El precio de las empresas subió, pero prácticamente a la misma proporción lo hicieron los beneficios que esa empresa generaba. Los inversores estaban pagando prácticamente lo mismo por las mismas empresas, solo que al ganar más se paga más por esas empresas. En los 5 años anteriores al punto com y al 1929, la subida fue totalmente vertical, mientras que en 2026 se tuvo una corrección bastante agresiva en el 2022, sobre todo en el Nasdaq y también en el SP500 donde se cerró el año con un 18% y llegó a estar bastante más negativo durante ese periodo.
Comparando el estallido o la formación de burbujas anteriores con el mercado tecnológico americano, se observa que los mercados alcistas previos al estallido de las burbujas, tanto en el sector financiero de Japón como en el sector europeo en el 2000 y como en el sector tecnológico en el 2000 americano, fueron mucho más agresivos y mucho más verticales. La duración en días del mercado alcista actual está por debajo de la media y está lejos del mercado alcista que se vio del 2009 al 2020 o del mercado alcista que se vio de 1987 al 2000. Lo que se está viendo es normalidad del mercado en un mercado alcista estructural donde la devaluación de la divisa genera estos mercados alcistas que siempre son mucho más largos que los bajistas.
Los márgenes de beneficio de las empresas del SP500 estaban en torno al 8% en el 2002 contra un 14% que están hoy en día. En el año 2000 hubo mucha narrativa de disrupción tecnológica, pero solamente eran los comienzos de la digitalización y el mundo del internet. Los resultados han ido viniendo paulatinamente a lo largo de las dos décadas que llevamos de milenio, lo que ha hecho que algunas empresas, principalmente las grandes del índice y las grandes tecnológicas, hayan aumentado mucho sus beneficios y su margen de beneficio. El top 10 de empresas del SP500 representa un 39,8% del total del índice. De cada 100 euros que van a las empresas del SP500, 40 van a las 10 primeras y los 60 restantes se reparten proporcionalmente al peso que tienen en las otras 490 siguientes.
Los índices están precisamente diseñados para funcionar así y por eso tienen esta magia y esta rentabilidad. La capitalización del top 10 es del 39,8%, pero las ganancias que le generan al índice estas empresas son del 35,4%. Prácticamente pesan lo mismo que aportan económicamente. Si se compara al 2000 cuando estalló la burbuja, el top 10 pesaba un 27-28% y apenas en el 2002 y en el 2000 traían un 17% de beneficios. En ese momento pesaban prácticamente el doble de lo que aportaban y ahora aportan prácticamente lo mismo de lo que pesan. Los índices están concentrados, pero está precisamente jugando a favor de los inversores.
Desde el año 2021 hasta el 2026, el crecimiento de las ganancias de las Magníficas 7 contra las 493 empresas restantes del índice muestra que en todos los años, excepto en el 2022 que hubo la corrección de las empresas tecnológicas, las empresas de las Magníficas 7 han crecido sus resultados y sus beneficios a un ritmo infinitamente superior que a las del resto del índice. Lo único que marca si una empresa a largo plazo sube o no en bolsa es el crecimiento de sus beneficios.
Los PER de las Magníficas 7 son: Alphabet en 28, Apple en 34, Microsoft en 30, Nvidia en 45, Meta en 22 y Amazon en 35. Si se piensa que van a seguir creciendo al 30-35% este ritmo de beneficios, cada año que pasa el PER va bajando si no hay expansión de múltiplos y por tanto la valoración se va haciendo más realista a largo plazo. Esto ha funcionado en los últimos 10 años porque las empresas han sido capaz de seguir manteniendo ese ritmo de creación de beneficios. Comparando con los PER que había en el 2000, el PER medio de las empresas del top 7 de las Magníficas 7 está en torno a 28 veces beneficios, mientras que las empresas del 2000 tenían General Electric en un 45, Microsoft en un 60, Intel en un 45, Cisco en un 200, Oracle en un 75 y Lucent en un 40 de PER. Incluso comparando el top de aquella época con el top de ahora, siguen saliendo mucho más inflados los números del 2000.
Las empresas de hoy tienen mucha menos deuda. Todos los años tienen caja neta y si se mira el total de sus activos menos sus pasivos, siguen siendo totalmente rentables. Se financian porque les interesa a los tipos de interés actuales la deuda, no descapitalizarse y hacer inversiones a futuro que les van a retornar más beneficio del coste financiero de esa deuda. La duda que aparece sobre las empresas tecnológicas es que mientras que en los años del 2010 al 2025 habían sido empresas muy ligeras en capital donde para añadir beneficio a sus balances no necesitaban hacer grandes inversiones, con el tema de la inteligencia artificial sí que están invirtiendo más en lo que se conoce como CAPEX, que básicamente es inversión para desarrollar el negocio en infraestructuras, centros de datos, etcétera.
La inversión en CAPEX parece que les está saliendo rentable por cómo están aumentando los beneficios por acción. Se puede ver cómo evolucionan año a año y cómo es algo que este ritmo de crecimiento de ingresos no se había visto nunca, excepto al salir en recesiones donde los beneficios se suelen disparar. Que haya un poco más de incertidumbre en cuanto a si ahora van a tener que gastar más estas empresas y sus beneficios a lo mejor no van a ser tan grandes, no quiere decir que haya que perder el norte y no entender que estamos en un mercado que es sano, que obviamente hay empresas más caras, pero son de altísima calidad y que aun así estamos viendo ratios normales de crecimiento en línea a lo que se ha visto en otros momentos de la historia que no son ni el 2000 ni el 1929.
Este año hasta el 2 de abril el retorno del SP500 fue de un -7% y ahora ha subido bastante de ese punto hasta ahora, cerca de un veintitantos% y se ha colocado en un 11% arriba. Los inversores en el punto de abril, donde estaba en el -7%, se pensaban que la fiesta ya había acabado. En cambio ahora hay quien dice que vamos a entrar en una fase de burbuja que va a crecer exponencialmente. Lo que uno ve con estos cambios de narrativas es que el inversor lo que tiene que tener es la mente fría y tener una estrategia a largo plazo y no dejarse guiar por las narrativas. Si el año pasado, cuando en marzo o abril con las aranceles de Trump en el Liberation Day cayó todo un 30%, se hubiera vendido todo asustado de que entrábamos en una década perdida, el año al final acabó bastante positivo.
La verdadera década perdida es la inflación oficial, que todos sabemos que es mucho más baja de la real en Estados Unidos desde el año 2020, ya es del 4% anual. Esto sin tener bien en cuenta el coste de la vivienda, el coste real de los alimentos, etcétera. Un 4% anual quiere decir que en 6 años se ha perdido cerca del 30 a 35% de poder adquisitivo. Si no se invierte por miedo a un crash, se hubiera perdido un 30 o 35% de todo el poder adquisitivo solo desde el año 2020, lo que sí que daría una década perdida en 10 años. Desde el 2004 hasta el 2024, el precio de los alimentos en España se ha multiplicado por dos, es decir, que en cada década los costes de los alimentos suben un 50%. Década perdida no es poner el dinero a invertir y que se tenga la inmensa mala suerte que ha pasado dos, tres veces en la historia de que no haya retornos. Década perdida es que no se entienda el concepto de que ahorrar en euros en la cuenta corriente va a hacer perder todo el poder adquisitivo a largo plazo.
Invertir en máximos no debería dar miedo. Los mercados suben un 71% de los años que están cotizando el SP500. Esto quiere decir que por definición muchas de las veces se va a estar invirtiendo en máximos históricos. GP Morgan estudió en los últimos 40 años qué había pasado, si era más rentable invertir cuando no está en máximos o sí cuando está en máximos y vio que por poquito, pero era incluso más rentable invertir cuando el mercado estaba en máximos históricos. Incluso aunque se tuviera la malísima suerte de empezar a invertir en lo que fue el año 2000 y se comieran el 2000 y el 2008, que fueron las dos correcciones más recientes del 40%, 10.000 euros que se hubieran invertido a inicios del año 2000 se hubieran convertido en 70.000 sin poner ni un solo euro más del bolsillo.
Si se hubiera puesto una inversión recurrente de 300 euros al mes, esta cantidad hubiera crecido hasta 635.000 euros de los cuales se aportaron solamente 104.000 euros con un ratio anual de interés compuesto del 7% anual, incluso comiéndose dos de las peores caídas del SP500 en su historia. La deuda que tenían las empresas llegó a 20 veces el portafolio que tenían las empresas en el 2008 y en el 1990 y 2000 también estaba bastante alta, mientras que esta vez está en mínimos históricos prácticamente. La deuda que tienen los estados está en absolutos máximos históricos, incluso superando la deuda de los estados que utilizó Estados Unidos para financiar la Segunda Guerra Mundial.
La única manera que tienen de rebajar ese ratio de deuda sobre PIB es disparar la inflación, porque si bajan el valor de la moneda, van a recaudar más impuestos, van a poder hacer frente a la deuda y van a pagarla devaluando la divisa. Con lo que se ha visto de la inflación del 4% anual, es muy probable que siga así. Si se tiene miedo a que se entre y haya caídas en el mercado porque el SP500 está caro, hay que entender que hay alternativas y que de hecho un buen inversor entiende que la diversificación es el único almuerzo gratis, porque permite, ajustando el riesgo y la volatilidad, conseguir muy buenos retornos.
Hoy en día, el price to earning ratio de Europa es de 17,49, de Japón de 20 y de emergentes de 18,48. El del SP500 está más o menos en 24. Aparte de diversificar en otras regiones del mundo como se hace invirtiendo en el MSCI, también se puede invertir en otros activos. El oro en momentos de estrés financiero se disparó en un 40% en la gran recesión del 2008, también se disparó en el 911 y subió en el COVID. Si se diversifica y se tienen distintos activos en cartera, se puede conseguir que incluso en momentos malos del mercado, la cartera o no baje o no baje tanto en función de la composición de activos que se tenga.
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