Ex-Banquero Privado: Cómo Proteger tu Dinero de la Próxima Corrección en Bolsa
In a Nutshell
El mercado estadounidense presenta valoraciones exigentes y expectativas de beneficios muy elevadas, especialmente por el fuerte Capex en tecnología (600-700.000 millones), lo que genera un riesgo asimétrico: si no se cumplen las previsiones, puede haber una corrección del 20-30%. El Ibex está caro tras tres años buenos y el capital debería rotar hacia sectores "quality" más baratos. No hay burbuja como en 2000 o 2008, pero conviene ser cauteloso, mantener oro por debajo del 10% y rebalancear cuando un activo suba mucho.
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Las expectativas de ganancias son muy elevadas. Si se cumplen esas expectativas, el mercado aguanta, pero para los inversores que se quieran incorporar ahora, la rentabilidad-riesgo va a ser muy intensiva. Se habla de 600.000-700.000 millones en inversiones de Capex para el año que viene.
El Ibex lleva 3 años bastante buenos. Las posibilidades de decepcionar a día de hoy son mayores que las de sorprender positivamente. El mercado está caro. En cuanto a invertir en renta fija con gestores o fondos, lo primero que se fijan es en el papel que se otorga al oro en las carteras conservadoras.
El oro ha cogido un rol de activo especulativo con el que no están cómodos. El negocio de los mercados financieros no va de tener razón, va de ganar dinero. Si tu estudio y análisis es estupendo pero el mercado no te lo está comprando, no hay que ser cabezón.
Ignasi Vega es banquero privado y ha sido responsable de la sección de wealth durante muchos años de algunos de los principales bancos internacionales, asesorando a clientes de mucho patrimonio en cómo orientar sus finanzas y gestionar su dinero.
Hace un año se empezaba a ver cierto componente burbujoso en el mercado americano, aunque no se estaba en una burbuja. Ha pasado un año, las valoraciones han crecido, también los beneficios, incluso con ampliación de márgenes robustos. El mercado se está volviendo más exigente con las valoraciones.
Algunos resultados de las compañías más ligadas a los sectores comentados han sido muy buenos, pero las valoraciones no han corrido mucho. No se han transformado en subidas muy agresivas como en ejercicios anteriores. Esto marca que no se está en una burbuja como las del pasado.
Las expectativas son muy elevadas. Si se cumplen, el mercado aguanta y sigue creciendo las valoraciones. Si no se cumplen esas expectativas tan exigentes, puede haber una corrección. Para inversores que quieran incorporarse ahora, la rentabilidad-riesgo obliga a ser más cauteloso que hace un año.
Se habla de la "burbuja de beneficios" (earning bubble). Los beneficios han crecido mucho, al ritmo de las expectativas, pero es sostenible que sigan creciendo tanto. Las siete magníficas hasta hace muy poco no eran intensivas en capital, y ahora empiezan a serlo.
Las inversiones en Capex van a cambiar los resultados de estas compañías. No se puede esperar lo mismo que se ha tenido hasta ahora. El flujo de caja libre va a ser diferente. Para un inversor que entre ahora en ese sector, puede ser menos recomendable o más dolorosa la inversión.
Estamos en una revolución. Nadie pone en duda el cambio de paradigma, similar a la era de las .com e internet. Una de las ventajas de ser viejo es que se recuerda aquello: fue un cambio de paradigma incuestionable, pero se generó una burbuja y se quedaron muchas cosas por el camino.
Se va a tener un cambio en la manera de trabajar y funcionar las empresas, no solo las tecnológicas. La certeza que se tiene es que las inversiones en Capex van a ser muy intensivas. Se habla de 600.000-700.000 millones para el año que viene. Eso es una barbaridad, cifras nunca vistas.
El flujo del capital fue hacia las siete magníficas estos años anteriores. Este año reciente no tanto. Las siete magníficas en relación a su PER contra el S&P 500 está en mínimos de la década. El capital parece que está fluyendo hacia los chips y la memoria.
Aún se va a seguir yendo hacia esa parte unos meses, pero la parte de memorias y semis empieza ya a estar un poco colapsada. La energía es un sector que tiene vientos de cola por esta temática. Para 2027 se espera un flujo de capital hacia sectores más aburridos, más convencionales, que se han quedado un poco atrás, donde las valoraciones no son tan exigentes.
Se habla de rotación entre growth y value. No tanto el value puro, que exige tanto el precio. Se habla más del quality, que es el antiguo GARP (Growth at a Reasonable Price). Crecimiento pero a precios razonables, sin pagar múltiplos muy altos. Se sentirán cómodos en ese entorno los próximos trimestres, equilibrando un poco más los pesos, sin olvidar la tecnología.
Los factores que más gustan son las barreras de entrada (moats), que dan ventaja competitiva. Buenos crecimientos, que sean recurrentes y sostenidos en el tiempo. Negocios que se entiendan fácilmente y se puedan explicar a los inversores. Se busca vía ETFs, fondos o inversiones directas si se da el caso.
La salud puede ser un sector interesante. Hay sectores relacionados con la tecnología como la biotecnología y la tecnología médica que se han quedado muy rezagados este año y no se ve un motivo claro. Amenazas del software por la IA, pero se han dado justificaciones que parecen más excusas que razones reales.
En ciclos bajistas o cuando empieza a acabar un ciclo alcista, los activos no cíclicos acostumbran a servir de refugio. Entre 2000 y 2008 hubo dos burbujas distintas.
En 2000 se pinchó el sector tecnológico con altísimas expectativas sobre compañías que realmente aún no ganaban dinero, solo tenían ingresos. Fue muy focalizado en tecnología. En 2008 se venía de un sobreapalancamiento del sistema por exceso de crédito y apalancamiento bancario, especialmente de banca de inversión, lo que hizo que el colapso fuera más sistémico.
En los primeros compases después de la quiebra de Lehman, realmente no había casi refugio. El refugio era irte a la renta fija. Los bonos de buenas compañías de sectores no cíclicos como utilities, con visibilidad de beneficios muy elevada, estaban en yields muy atractivos por el estrés crediticio.
Las valoraciones del 2000 en el sector tecnológico eran mucho más altas. Se hablaba de PERs medios de 35-80 en Nasdaq o en las compañías más importantes. Ahora no se está ahí ni muchísimo menos. Se está en PERs muy exigentes, pero ni mucho menos en esas valoraciones.
En 2008 se tenía un coeficiente de apalancamiento altísimo en los bancos, especialmente en banca de inversión, pero también en banca comercial. Las entidades supervisoras hicieron sus deberes con Basilea y normas posteriores, y hoy por la parte bancaria no se puede ver un apalancamiento de ese nivel.
No se está en una burbuja porque no se espera una corrección de 50-60% como en 2000 o 2008. Pero sí puede haber una corrección del 20-30%. Dentro de una tendencia alcista de largo plazo, una corrección del 20% no debería preocupar. Pero que entre ahora y que la tenga, ya se puede contar milongas.
Se leyó el libro de Steve Schwarzman "What It Takes". Cuenta cómo estuvo a punto de hacer uno de los mayores deals inmobiliarios en España en 2007-2008. Llegó a Madrid y un analista le dijo que estaban construyendo en todo el este y sur de España más pisos que jubilados hay en toda Alemania, Irlanda y Reino Unido. Cancelaron el deal y no se lo comieron por muy poco.
En 2007, en el banco suizo VS, que fue un poco el canario en la mina de la crisis subprime, se tuvo que hacer una provisión muy fuerte por la crisis subprime americana, de 100.000 millones de dólares, y le costó la cabeza al CEO del banco. Los clientes eran entorno español, muchos del sector inmobiliario, que seguían vendiendo promociones.
El sector inmobiliario español comenzó a mostrar señales de advertencia cuando aún se encontraba en fase de ascenso. En ese momento, el sector continuaba experimentando crecimientos, especialmente en España donde el auge duró algo más que en otros mercados. Los avisos sobre el exceso de apalancamiento y la sobreconstrucción resultaban complejos de transmitir, ya que el sector estaba reportando beneficios a múltiples actores.
En esa época existían numerosas entidades de ahorro locales y regionales que ya no existen actualmente. Estas cajas de ahorro eran muy activas en el mercado inmobiliario, actuando prácticamente como promotores: se aliaban con empresas constructoras, financiaban el suelo y en ocasiones se asociaban directamente con las promotoras.
El argumento principal que se utilizaba para justificar la construcción masiva era que España se convertiría en "la Florida de Europa", recibiendo jubilados de países como Alemania, Dinamarca, Bélgica y Francia. Sin embargo, un informe elaborado por servicios de estudio con personal cualificado demostró que incluso si el 70-80% de todos los mayores de 65 años de Europa vinieran a España, no se vendería todo lo proyectado.
Afortunadamente, no se construyó todo lo proyectado, ya que muchas iniciativas quedaron en el camino o a medio hacer. En ese momento era muy difícil argumentar contra el auge inmobiliario, especialmente cuando cualquier persona podía reservar un piso y tres meses después recibir ofertas al doble del precio pagado.
La quiebra de Lehman Brothers ocurrió hace 18 años, en septiembre. Aquellos que vivieron la crisis recuerdan perfectamente ese día, similar a cómo se recuerda dónde se estaba cuando cayeron las Torres Gemelas. Ya venían señales preocupantes antes y durante el verano, pero la quiebra de Lehman marcó el punto de no retorno.
Hasta ese momento existía la esperanza de que la situación pudiera reconducirse, pero en ese punto se hizo evidente que era necesario un "reset" completo del sistema. Steven Schwarzman, fundador de Blackstone, mencionó que en esos momentos se temió realmente por la quiebra del sistema financiero total.
La crisis se agravó porque coincidió con la quiebra de varios bancos y porque los reguladores obligaron a marcar a mercado los portfolios de bonos y fondos en el momento en que esos activos no valían nada. Si se hubiera mantenido la posición durante 2-3 años, muchos de esos portafolios habrían recuperado valor. Posteriormente, el regulador y la Fed intervinieron con las reservas bancarias e iniciaron el primer "quantitative easing".
Actualmente, el sistema financiero está lejos de alcanzar niveles de apalancamiento similares a los de entonces. La deuda del sector privado se ha trasladado al sector estatal, lo que representa un cambio estructural significativo.
Kevin Warsh fue nombrado gobernador más joven de la Reserva Federal en 2007, durante el huracán financiero. En 2011, cuando la Fed inició el segundo paquete de estímulos del "quantitative easing", abandonó su puesto argumentando que ya no era necesario "dopar" los mercados cuando se estaban recuperando.
Su nombramiento como presidente de la Fed sorprendió por su reputación de "halcón". Hasta ahora ha mantenido un perfil bajo, marcando claramente su posición hawkish pero sin exageraciones. Se espera que durante las próximas reuniones hasta las "midterms" de noviembre mantenga una postura prudente y neutral.
La injerencia política sobre entidades como la Reserva Federal o el BCE resulta incómoda. La confrontación entre Trump y Powell durante el segundo mandato de Trump no ha sido positiva para el sistema ni para la credibilidad de la Fed. Con Warsh se espera una mejora en la independencia de la institución.
Warsh probablemente valorará bajar tipos si la inflación está controlada o no subirlos innecesariamente. El mercado laboral estadounidense sigue siendo robusto y la tasa de empleo sana, aunque flexible y capaz de cambiar rápidamente en ambas direcciones.
Los bancos centrales enfrentan el reto de reducir balances en un entorno donde los mercados se han acostumbrado a los estímulos. Esta situación proviene de una coyuntura extraordinaria iniciada hace años con el "quantitative easing", que fue necesario en su momento.
Es discutible si en 2011 era necesario otro paquete de estímulos o si la economía podía haber continuado por sí sola. El COVID pilló a los bancos centrales en medio del proceso de reducción de balances. En 2022, año difícil por las subidas de tipos, podría haberse sido más agresivo en la reducción, aunque esto conlleva efectos sobre la economía real.
La deuda estatal es la burbuja que requiere atención, aunque menos mediática que otras. Se lleva muchos años con esta tendencia: subiendo rápidamente y bajando muy poco. La crisis de 2020 obligó nuevamente a aumentar la deuda, complicando el panorama estructural.
Los banqueros centrales tienen margen limitado para tomar decisiones en este aspecto, ya que deben cumplir mandatos específicos y no tienen total libertad en este terreno.
El S&P 500 en los 41.000 puntos genera un efecto riqueza significativo porque el 60-70% de los americanos tiene patrimonio invertido en estos activos. Una caída del 30% en el S&P 500 genera mucho más impacto negativo que antes, cuando menos gente invertía en bolsa.
Combinado con los déficits estatales estadounidenses (que se mantienen en 6-7% sin reducir), el presidente de la Fed enfrenta un desafío considerable.
La salida a bolsa de SpaceX fue la más grande de la historia, superando a Saudi Aramco con más de un billón de dólares. Se lanzó con muy pocas acciones de "free float" (acciones que se negocian libremente), manteniendo el resto en manos de fundadores, empleados o personas que no pueden vender todavía. Se espera que el free float se amplíe hasta un 40% en aproximadamente un año.
Los índices como el Nasdaq la incluyeron proporcionalmente al free float disponible, ocupando menos del 1% en el ranking del índice pese a su valoración de un billón de dólares. El efecto inicial fue una subida del 20% en los primeros días, aunque posteriormente ha caído por debajo del precio de salida.
La inclusión rápida en índices contrasta con los periodos históricos más largos. Los "lockups" para empleados (periodos en que no pueden vender) resultan más cortos de lo habitual, que normalmente son de 6-12 meses. En la primera presentación de resultados oficial se empezará a desbloquear parte de las acciones.
Estos factores generaron incomodidad. La recomendación fue entrar con un precio de salida marcado, anticipando una euforia inicial por la oferta limitada y el impacto mediático elevado. Muchos inversores pensaron similarmente: entrar, obtener ganancias del 15-25% y salir.
Circularon especulaciones sobre posibles absorciones de Tesla e integración de empresas bajo el paraguas de SpaceX para "calentar" la salida. Estas expectativas generan proyecciones muy altas, pero se basan más en relato que en datos concretos.
La valoración de salida resultó muy exigente. SpaceX sirve como ejemplo para explicar estrategias de opciones útiles para cubrir posiciones que no se pueden vender inmediatamente.
Los ejecutivos de multinacionales frecuentemente tienen gran parte de su patrimonio ligada a la empresa sin poder vender durante 4 años. Los empleados de empresas que salen a bolsa enfrentan restricciones de venta durante un año.
La estrategia recomendada es un "collar": financiar la compra de puts vendiendo opciones call, limitando tanto el margen de pérdida como el de ganancia. Esto neutraliza la posición sin coste neto, ya que lo cobrado por vender calls financia las puts que marcan el límite de precio.
Esta estrategia permite garantizar un precio de venta futuro sin coste inicial, aunque limita la subida potencial. Desde la perspectiva de empleados que apostaron por startups como SpaceX, resulta razonable proteger el patrimonio ante la incertidumbre.
El Ibex 35 lleva tres años con buenos resultados, especialmente tras la gran crisis financiera cuando nadie quería saber nada del índice español. Los bancos estaban por los suelos y la mayoría de acciones del Ibex 35 también.
Los vientos de cola para el Ibex están empezando a agotarse. El sector bancario impulsó principalmente el índice, junto con el turismo y las hoteleras. Los bancos no trasladaron completamente las subidas de tipos al ahorrador, lo que permitió resultados muy sólidos en 2022, 2023 y 2024.
Los resultados de 2025 para la banca siguen siendo buenos, pero ya no muestran los crecimientos anteriores. Las posibilidades de decepcionar superan actualmente las de sorprender positivamente. El mercado está caro para entrar ahora.
Si se está invertido en el índice o en valores específicos, depende de cada caso particular. Para quienes entraron a tiempo, no resultaría incómodo tomar beneficios ahora, aunque no es una recomendación de inversión formal.
Los vientos de cola pueden seguir empujando durante algún tiempo, pero el "gap" de valoración con otros mercados se ha cerrado. Si hubiera más bajadas de tipos en Europa, la parte bancaria podría sufrir, aunque no necesariamente una corrección drástica.
La renta fija mueve más dinero en el mundo que la renta variable, aunque esta última resulta más atractiva mediáticamente. El informe SPIVA muestra que en renta variable el 90% y tantos por ciento de gestores no consigue batir sistemáticamente al índice, mientras que en renta fija la situación es diferente.
A la hora de invertir en renta fija con gestores o fondos, el primer criterio es que la idea del gestor en cuanto a tipo de activo y duración se parezca a la propia. Actualmente se está cómodo con duraciones cortas-medias porque en los vencimientos medios el carry compensa el riesgo de precio por sensibilidad a la curva.
Una vez hecha esta primera selección, destacan casas como MAN, que tiene gestores activos que consistentemente baten a sus índices. En renta fija, aproximadamente el 30% de los gestores baten de forma sistemática los índices. Esto se debe a que se puede jugar con dos variables: la duración y la calidad crediticia. Con una suficiente diversificación que proteja de posibles defaults, se pueden asumir decisiones algo más arriesgadas en calidad crediticia.
Otras casas que gustan incluyen Pinco, Invesco y Candriam, que tiene una parte de gestión de emergentes que funciona bien. Pinco ha sido históricamente uno de los mayores gestores de renta fija a nivel global, con gente que lleva muchos años y se mueve bien en entornos de cambios de tendencia de tipos y movimientos de curvas.
La renta fija es estructuralmente muy importante en las carteras. En perfiles conservadores y equilibrados, es la parte que da retornos consistentes. En gestión activa de renta fija se está cómodo con gestores que consistentemente baten al mercado y aportan alfa. El tema de los costes es relativo: si un gestor cuesta el triple que un ETF pero bate cada año al índice (descontado el coste), se gana su comisión.
2022 fue el peor año histórico para las carteras 60/40 porque venían de tipos al cero y los fondos indexados de renta fija tenían cupones muy bajos. En 2022 se paró bastante bien el golpe porque se movieron muy rápido a monetarios y duraciones muy cortas (ultra shorts de renta fija).
Lo que era evidente era que iba a haber inflación y que venían de un escenario de tipos muy laxo, por lo que los tipos iban a subir sí o sí. Les sorprendió la rapidez de la subida. En la parte de renta variable les golpeó quizá más de lo esperado, pero pasaron muy dignamente porque la renta fija no les afectó.
Los tipos en Europa subieron del cero a cuatro o seis en menos de un año, algo que no se había visto nunca con el euro. En el dólar fue la subida más agresiva en la historia. Vieron caídas en fondos de renta fija a largo plazo de 20%.
Se fueron con la parte de liquidez porque la perspectiva de beneficio en la parte de renta fija con poca duración era cero. Era imposible que el carry compensara lo que iba a caer en precio. Tenían la "munición" para cuando el mercado hubiera corregido poder atacar. Lo peor que puede pasar si no te mueves es que se te caiga la renta fija y la renta variable, pero empieces a ver valoraciones atractivas en ambas partes sin tener liquidez para comprar.
El binomio no compensaba: no pagaba el riesgo que se tomaba en renta fija si los tipos subían de manera fuerte, a no ser que estuvieras en duraciones superlargas. Los monetarios venían de años de estar en negativo y ahora se ha olvidado, pero venían de negativos. Era inteligente y prudente moverse a monetarios en ese momento.
Idealmente, si se ha trabajado una buena planificación patrimonial, se intenta que el desescalado sea gradual. El mercado condiciona: si te encuentras un 2022 y estabas bajando el riesgo pero te pilla con liquidez y hay activos muy atractivos por precio, tácticamente puedes hacer algún movimiento. Pero estratégicamente lo sensato es irlo haciendo gradualmente siguiendo el plan.
Es muy importante que el portfolio llegue al momento de la jubilación con la foto que se marcó hace 10, 15 o 20 años. Hay que ser muy disciplinado para que eventos extremos de volatilidad no alteren los portfolios justo cuando se deja de ingresar.
Si se han hecho bien los deberes con las herramientas de planificación patrimonial, hay que haber actualizado el nivel de gastos a un nivel de inflación (entre 2.5% y 3.5%). Se recomienda hacerlo al revés: calcular qué bolsa se va a necesitar para cubrir la diferencia entre la pensión y los gastos de hoy en día, con una esperanza de vida de 90 años. Una vez se tiene esa bolsa, se hacen números con los ingresos y portfolio actuales para determinar cuánto hay que ahorrar y qué rendimiento necesita proporcionar el portfolio cada año.
A veces te salen escenarios razonables, pero otras veces te dan sorpresas en positivo: gente con buen ahorro y portfolio que no tiene un estilo de vida exuberante y puede permitirse una cartera más tranquila. O al revés: a lo mejor se puede ser más ambicioso con el proyecto de jubilación.
Hay dos escenarios. Uno es querer llegar a la esperanza de vida y mantener el patrimonio, viviendo solo de los rendimientos. Se puede dar un poco más de volatilidad al patrimonio porque el objetivo es legado. Se pueden usar estrategias de dividendo con compañías "King Dividends" o aristócratas del dividendo que llevan años pagando dividendo igual o superior al año anterior. No necesariamente son dividendos muy altos, pero sí muy sólidos y constantes.
Si para cumplir el objetivo de ingresos necesitas irte comiendo el patrimonio, hay que ser más conservador porque tendrás que hacer ventas del portfolio y necesitarás que esa parte sea más inmune a las fluctuaciones de mercado. En renta fija no se harán cosas raras en calidad crediticia. Si no te vas a comer el patrimonio, sí se podrá jugar a más duración porque el bono fluctuará de precio pero seguirá dando la renta fija.
El oro se ha vuelto un activo que gusta como contrapunto a la deuda y la inflación monetaria. Sin embargo, ha cogido un rol de activo especulativo con el que no están cómodos. Tienen oro y plata, y en su momento redujeron pesos porque la plata corrió mucho. El boom que tuvo tenía un componente muy especulativo.
El oro no paga cupones ni dividendos, va simplemente a lo que haga el precio. Si el precio se queda estable sobre otros activos financieros o tangibles como el real estate (que sí generan rendimientos), no los tiene. Hay que tenerlo en las carteras, pero en su justa medida. Este comportamiento especulativo hizo que tuvieran que adaptar la consideración dentro de los portfolios.
Por encima de un 10% del oro en la cartera total, a largo plazo seguramente va a acabar restando más que sumando. Es muy importante tener los porcentajes claros en la cabeza porque a veces los activos corren mucho y es bueno tomar ganancias. Hay mucho sesgo de intentar que una posición se vaya a la luna y de no tocar la cartera por no pagar impuestos, cuando a veces te puede compensar rebalancear.
Si pagas impuestos es que has ganado. Si no vendes y el activo te corrige, al final vas a estar igual y vas a vender por debajo. Es importante tener la disciplina de volver al peso con el que se estaba cómodo cuando un activo tiene rallies importantes.
Cuesta mucho más cortar la pérdida que dejar correr el beneficio. Cuando vendes algo en pérdidas estás materializando una pérdida, mientras que si no lo vendes, "si no vendo no pierdo". Es una frase muy típica y cierta porque es así, hasta que...
Es verdad, hasta que no vendes no materializas la pérdida. Pero ahí a veces olvidamos el factor depende de qué nivel de pérdidas. Hay ciertos niveles de pérdidas que no se deben asumir. Si tienes 100 y pierdes un 50%, necesitas recuperar un 100% para volver donde estabas. Ganar un 100% no pasa muy a menudo.
Este negocio de los mercados financieros no va de tener razón, va de ganar dinero. Si tu estudio y análisis puede ser estupendo, pero si el mercado no te lo está comprando, no seas cabezón. Retírate y búscate otro activo. Una caída del 10% con una subida del 11% ya la recuperas. Una del 20% con una subida del 25% también. Una caída del 20% es un golpe duro, pero ganar un 25% con un activo en periodos de un año o año y medio es algo realizable y razonable.
Estamos programados para lo contrario. Cuando hay pánico son momentos de compra, y eso es lo que más le cuesta a la gente. Tienes los titulares negativos, las noticias, la guerra, desplome, crash bursátil, y eso es lo que vende a nivel mediático. Esos son los momentos de apostar por el mercado, por los activos buenos, porque el mercado no discrimina en esos momentos, sí cae todo. Aprovecha para comprar activos que te gusten en ese momento.
En momentos de euforia, cuando has ganado lo que te tocaba, es momento de vender. Si sigue subiendo, te habrás equivocado, pero todos los errores que tengamos sean así.
Ray Dalio dijo que cuando ves tu activo denominado en euros o dólares, pero está todavía en el mercado, eso no es riqueza real. El problema de los activos financieros es que cuando la gente quiere materializar esa ganancia, como justo haya una corrección grande del mercado, todo el mundo busca salirse a la vez y el precio que tú tenías referenciado no existe nunca más. La riqueza real en ese momento es la que no está invertida. La que está invertida fluctúa muchísimo de precio en ese momento porque oferta y demanda, en un momento de pánico puede haber mucha más oferta que demanda de la que cabría en una situación normal.
Entender ese concepto te quita un poco el miedo a materializar ganancias o incluso a materializar pérdidas y ponerlas en otros activos, porque te das cuenta que no es tuyo hasta que no tomas esa ganancia o esa pérdida. Hay que saber hacerlo a tiempo, porque al igual que no lo es la pérdida, tampoco lo es la ganancia.
Puede pasar un evento como el 11S y que realmente no puedas ni vender. No es un tema de oferta o demanda, es que no puedas ni vender. Hubo unas horas que no se pudo negociar y obviamente cuando se pudo negociar los precios estaban a distancia de los que estaban justo el día antes.
Psicológicamente el beneficio nos da confort y ya lo damos como por consolidado, en cambio nos da la sensación de que la pérdida mientras no la consolidemos no la tenemos. Este es uno de los sesgos más negativos para el inversor minorista, sobre todo cuando empiezas a invertir. Te cuesta mucho más dejar correr el beneficio que no cortar la pérdida rápido.
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