👉La historia de la familia Gonçalves: De vender caramelos al mercado financiero🚀
In a Nutshell
Ramiro padre construyó su riqueza desde cero con camiones y negocios, pero nunca logró “dejar la vaca atada” a sus hijos. Ramiro hijo valora no haber recibido herencia fácil porque eso lo obligó a generar su propia riqueza en el mercado financiero. El mensaje central es que la falta de facilidades heredadas obliga a desarrollar habilidades de reinversión y emprendimiento, mientras que la sobreprotección puede generar mediocridad.
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Ramiro padre expresa una frustración personal: quería dejar "la vaca atada" a sus hijos para que no tuvieran que renegar como él tuvo que hacerlo. Sin embargo, agradece no haberlo logrado porque vio que muchos amigos y conocidos que sí dejaron la vaca atada a sus hijos inteligentes terminaron perjudicándolos. En cambio, al no tener la vaca atada, Ramiro hijo tuvo que "ver qué mierda hacer con mi vida para poder generar riqueza". Compara esto con su propia experiencia a los 18 años cuando decía "Los 40 me quiero jubilar".
Ramiro padre proviene de una familia clase media tradicional: zapatilla flecha, pantalón cansa, escuela pública y poca plata. Su padre (el abuelo) era un negociante que comenzó vendiendo caramelos y pastillas en la cancha de Unión, luego churros en los tranvías, y llegó a tener la ludería más grande de Santa Fe, más grande que El Estambul en su momento. Posteriormente se reinventó con otros negocios. Ramiro hijo siempre quiso hacer plata a toda costa pero no sabía cómo.
Entre los 12 y 14 años, Ramiro padre trabajó los sábados de 12 a 4 de la mañana en una empresa de pasteles y churros en Santa Fe, colocándole azúcar a los churros. Se ganaba buena plata que usaba para comprar ropa y zapatillas. Paralelamente vendía telas en la calle porque le gustaba el comercio.
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