👉La historia de la familia Gonçalves: De vender caramelos al mercado financiero🚀
In a Nutshell
Ramiro padre construyó su riqueza desde cero con camiones y negocios, pero nunca logró “dejar la vaca atada” a sus hijos. Ramiro hijo valora no haber recibido herencia fácil porque eso lo obligó a generar su propia riqueza en el mercado financiero. El mensaje central es que la falta de facilidades heredadas obliga a desarrollar habilidades de reinversión y emprendimiento, mientras que la sobreprotección puede generar mediocridad.
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Ramiro padre expresa una frustración personal: quería dejar "la vaca atada" a sus hijos para que no tuvieran que renegar como él tuvo que hacerlo. Sin embargo, agradece no haberlo logrado porque vio que muchos amigos y conocidos que sí dejaron la vaca atada a sus hijos inteligentes terminaron perjudicándolos. En cambio, al no tener la vaca atada, Ramiro hijo tuvo que "ver qué mierda hacer con mi vida para poder generar riqueza". Compara esto con su propia experiencia a los 18 años cuando decía "Los 40 me quiero jubilar".
Ramiro padre proviene de una familia clase media tradicional: zapatilla flecha, pantalón cansa, escuela pública y poca plata. Su padre (el abuelo) era un negociante que comenzó vendiendo caramelos y pastillas en la cancha de Unión, luego churros en los tranvías, y llegó a tener la ludería más grande de Santa Fe, más grande que El Estambul en su momento. Posteriormente se reinventó con otros negocios. Ramiro hijo siempre quiso hacer plata a toda costa pero no sabía cómo.
Entre los 12 y 14 años, Ramiro padre trabajó los sábados de 12 a 4 de la mañana en una empresa de pasteles y churros en Santa Fe, colocándole azúcar a los churros. Se ganaba buena plata que usaba para comprar ropa y zapatillas. Paralelamente vendía telas en la calle porque le gustaba el comercio.
En 1983, con 18 años, hubo una gran inundación en el litoral argentino. Su padre estaba trabajando con el camión en Resistencia cuando le dio un ataque de presión alta. Ramiro pidió permiso al director de la escuela y viajó. Se abrazaron en la estación de horno y él le dijo a su padre que no lo abandonaría. El padre compró un camión Ford 700 con los pesos ahorrados durante la inundación y se lo regaló a Ramiro, mientras él tenía un Ford 7000. Los otros hermanos recibieron camiones 0 km de valor equivalente. El abuelo tenía miedo de morir y dejar a Ramiro (el hijo menor) desprotegido.
Ramiro padre propuso pagarle el camión mediante un plan óvalo de 250 cuotas al 2% mensual. En la cuota 35-37 el padre le dijo que el camión estaba pago y que juntara la plata para él. Le advirtió: "No te compres moto". Entre los 19 y 21 años, Ramiro padre ahorró y quiso comprar un auto. El padre se negó a prestarle para un auto pero sí le prestaría para comprar otro camión y tener dos, con la posibilidad de contratar un chofer. El abuelo siempre priorizó la mentalidad emprendedora.
El abuelo ya tenía dos galpones (uno en Los Polos, otro en La Perla) y algunos departamentos. No terminó la secundaria; llegó hasta tercer grado en la escuela. Aparecieron avisos en La Nación de dos camiones idénticos en Chivilcoy. Viajaron en colectivo. El vendedor preguntó cuánta plata traían; al ver que tenían para uno, les ofreció los dos. El abuelo dudó porque "mamá me va a matar", pero compraron ambos. Pagaron seis cuotas. Luego compraron tres más (Mario compró uno), llegando a cinco camiones volcadores.
Con Alfonsín llegó una crisis muy grande; no había trabajo para los volcadores. Llevaban arena a San Justo, Crespo y Vera y compraban leña para vender en las panaderías de Santa Fe. Estuvieron seis o siete meses con dos camioncitos trabajando. Cuando tenía tres volcadores, compró una Kawasaki 1300 y la vendió el mismo día de la boda civil de su hermano por 10.000 australes (equivalente en dólares). El abuelo le recomendó vender australes, comprar dólares y ponerlos en plazo fijo. Ramiro fue de vacaciones a Brasil; al volver, el ministro Sourrouille devaluó fuertemente y con esa plata solo podía comprar una "Siambretta sin motor".
Primer negocio fallido: Cuando Cavallo era ministro y se podía importar y exportar libremente, trajeron seis semirremolques de Flujado desde Brasil. No los pudieron vender porque Randón financiaba en 40-60 cuotas y ellos no podían competir. Tuvieron que malvenderlos sin perder plata y cambiarlos por camiones.
Segundo negocio fallido: Abrieron Expr. Brigadier, un transporte de paquetería entre Rosario, Buenos Aires y Santa Fe. Duró 6-12 meses. Los paquetes demoraban y la gente prefería transportes conocidos que llegaban más rápido. No tuvieron capacidad para hacer funcionar el negocio.
Tercer negocio fallido: Vender harina a Bolivia vía Orán-Villa Aguas Blancas. Hicieron tres o cuatro viajes. El primero perdió; el segundo tuvo que hacer tres viajes de vuelta para recuperar la inversión.
Ramiro padre trabajó de los 19-20 hasta los 50 años. Nunca pensó en buscar trabajo dependiente cuando los negocios fallaban. Conoció gente inteligente que le abrió la cabeza sobre cómo vender y fijar precios.
En la crisis de Fueloy de 2007 (no había gas natural), conseguía el combustible y lo vendía más caro que la nafta de avión, ganando mucha plata. Luego vinieron tres años malos. Tenía una empresa con 11 camiones y un galpón, pero no quería vender ni cerrar. Perdió en promedio entre $3.000 y $5.000 por mes los últimos dos años con tal de seguir trabajando.
Ramiro hijo recuerda que cuando tenía 12-13 años (hace 20 años), su padre ganaba buena plata pero la invertía en departamentos y galpones. En casa no se iban a Disney ni vivían en country como los amigos, porque el padre priorizaba la reinversión. A los 50 años dejó de trabajar y tenía estructura para vivir sin hacerlo, mientras los padres de sus amigos seguían trabajando con 60+ años.
La idea provino del abuelo Mario y de ver gente que se fundió por despilfarrar, viajar y aparentar. Distingue entre empleados públicos "becados" (diputados, senadores, concejales, ministros, poder judicial) con sueldos millonarios y los que tenían que trabajar y reinventarse continuamente. Pasó del gas carbónico al Fueloy, luego al arroz, y antes vendía ladrillos en Paraná y San Carlos comprándolos y vendiéndolos en Santa Fe durante cinco años.
Agradece a su exesposa Patricia por empujarlo a "tener algo" y hacer negocios. Ramiro hijo aprendió a no gastar la plata sino a invertirla, influenciado por lo que veía en casa. Su familia venía del rubro inmobiliario (hacer galpones y departamentos), mientras que él se inclinó por el mercado financiero por haber estudiado Licenciatura en Economía.
Ramiro padre quería dejar una estación de servicio para que sus hijos (Ramiro, Camila y Valentín) estuvieran al frente sin tener que renegar. A los 50 años sintió que no se supo reinventar más. Entre los 20 y 50 años compró y vendió 30-40 autos, pero no ganó plata significativa. Siempre repetía "yo te voy a dejar la vaca atada".
Ramiro hijo agradece no haber recibido la vaca atada porque eso lo obligó a generar riqueza. Si a los 20 años le hubieran dado departamento, auto y trabajo público, la mediocridad lo habría atrapado. A los 18 años ya decía "a los 40 me quiero jubilar" porque quería abundancia.
Si volviera a nacer, Ramiro padre haría lo mismo: tendría camiones de nuevo. Sueña con camiones, con los ruidos de los motores, con los tumbo y choques. Una psicóloga le dijo que "lárguelo, déjelo ir" respecto a su padre, pero no puede. Compartieron muchísimos negocios. Su hijo observa que lo que no le permitió seguir creciendo fue la dificultad para delegar: estaba muy metido en lo operativo (10-12 empleados) y terminaba engrasando camiones él mismo. Nunca encontró a nadie con suficiente responsabilidad para delegar y estar tranquilo.
Tuvo muchos accidentes con los camiones (vuelcos, derrames). El derrame del producto era carísimo de limpiar y la aseguradora lo pagaba, pero las primas subían. A los 50 no se supo reinventar. Intentó miles de cosas al cerrar el transporte pero todo le parecía que no. Tiene miedo porque vio dos ejemplos de personas que terminaron "totalmente secos" y sus hijos los mantienen. Para empezar un negocio nuevo a los 61 años se necesita plata (vender dos o tres departamentos), pero en Argentina el dólar puede pasar de 15.500 a 50.000 en cinco años, como le pasó en calle Artiga donde gastó $198.200 en cuatro departamentos que luego valían menos.
Ramiro padre se siente apoyado por sus hijos. A veces siente que tiene todo y no tiene nada. El podcast termina con el agradecimiento y la invitación a suscribirse.
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