La Perspectiva que Solo te Da Haber Estado al Borde de Perderlo Todo (Albert Espinosa)
In a Nutshell
Albert Espinosa, tras sobrevivir 10 años de cáncer infantil y múltiples pérdidas, aprendió que vivir significa aprender a perder y convertir esas pérdidas en ganancia. Su filosofía central es que “si crees se crea”, y que el humor, la perspectiva y la aceptación de la muerte permiten vivir con una sonrisa. Además, afirma que quienes han muerto siguen presentes como protectores, por lo que nunca estamos solos.
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Albert Espinosa afirma que una de las cosas que ha intentado enseñar al mundo es ponerle perspectiva a todo. Cuando tuvo cáncer a los 14 años y estuvo casi 10 años enfermo, aprendió a ver la vida de otra manera. Tuvo la gran suerte de tener una madre hospitalaria de San Juan de la Abadessa que le enseñó a ser valiente en la vida y en el amor, y le dio la frase que le ha condicionado todo: "Vivir es aprender a perder lo que ganaste".
A los 14 años, Espinosa aún no había perdido ni la pierna, pero se dio cuenta de que eso es vivir. Cuanto más se vive, más cosas se perderán, y cada persona puede elegir tomárselo de una manera o de otra. Si se vive poco, poco se perderá. Él respondió a su madre que quería vivir mucho, y ella le dijo que hiciera una lista de todo lo que tenía porque con los años lo tendría que tachar y prepararse para conseguir ese duelo y convertir esas pérdidas en ganancia. Espinosa ha hecho eso toda su vida.
Aprender a vivir es aprender a desprenderse de las cosas. Uno de los temas que tratará es cómo la relación que tenemos con la muerte desde adultos puede ser una relación difícil y muchas veces tabú, donde no entendemos nada, pero cuando somos niños es muy diferente.
Espinosa considera que ha tenido la gran suerte de haber sido un niño que tuvo cáncer. Dejó el colegio a los 13 años cuando jugaba en los alevines del Barça como portero. Su vida giró totalmente y se encontró en el hospital Valle Hebrón con 18 chicos que tenían el mismo sarcoma que la hija de Luis Enrique, un cáncer casi mortal. A todos les cortaron la pierna, pero tuvieron la suerte de encontrar a aquella madre hospitalaria que les dio un grito de guerra: "No sois cojos, sois cojonudos".
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