Qué Pasa por la Cabeza de un Hombre Inocente cuando le Condenan a Muerte (Joaquín José Martínez)
In a Nutshell
Joaquín José Martínez, condenado inocentemente a muerte en Florida en 1997, describe el terror mental de saber "me van a matar por algo que no hice", perdiendo fe y esperanza mientras presenciaba ejecuciones brutales en silla eléctrica, como la de Tiny Demps con llamas bajo la capucha. Las noches previas a las ejecuciones revelan humanidad: llantos, rezos y últimas cenas ignoradas por nervios, con avisos de 30 días y esperas vanas por clemencia. En el corredor, pasa de persona a número (124396), enfrenta palizas sistemáticas, violencia en duchas y pensamientos suicidas mitigados con medicamentos.
These notes were generated by AI and may contain inaccuracies.
Lo peor de procesar en la mente es el pensamiento: "Me han condenado a muerte por algo que no he hecho. Me van a matar por algo que no he hecho." No sabe lo que es ser culpable en el corredor de la muerte, pero sí lo que es ser inocente ahí dentro. El único pensamiento era ese. Llegó un momento en que daba igual lo que pensaran los demás; lo importante era lo que sabía por dentro: "Madre mía, es que me van a matar." Inicialmente perdió toda esperanza y fe. Educado en una escuela católica con principios, se sintió abandonado por todos y traicionado por el sistema que había apoyado toda su vida. Mientras estás ahí, ejecutan a otras personas.
Llegó al corredor de la muerte en 1997 en Florida, Estados Unidos. El único método de ejecución era la silla eléctrica. Tres meses antes habían ejecutado a dos compañeros que no conoció; las ejecuciones fueron extremas, sufrieron y gritaron. En el caso de Tiny Demps, le salió una llama por debajo de la capucha. Al entrar, la Corte Suprema de Florida debatía si continuar con la silla eléctrica o pasar a inyección letal por esas ejecuciones fallidas. Decidieron hacer pruebas a la silla todos los miércoles por la mañana a las 7. Veían la lámpara parpadear, apagarse y encenderse, como en las películas. Posteriormente, la Corte Suprema decidió continuar con la silla eléctrica y empezaron a ejecutar compañeros que había conocido en los primeros meses, vistos en salas de visita.
Lo que se ve en la tele sobre ejecuciones no es real. La noche anterior, los más jóvenes lloran; hay emociones en el corredor, no son inhumanos ni monstruos. Los mayores rezan. La última cena es una invención parcial. El día antes de la ejecución a las 7 de la mañana, a las 5 de la tarde cenas tras recibir visitas de familiares por media hora para despedirte. Te traen el plato de última cena, pero muchos ni lo prueban, como la mañana antes de un examen importante en el colegio cuando no podías desayunar por nervios. Los medios hablan de la última cena y últimas palabras como humanización, pero es un proceso inhumano. Te comunican 30 días antes: "Vas a morir tal día, a tal hora." Ves el reloj esperando una llamada milagrosa del gobernador o Corte Suprema, pero no llegó nunca durante su tiempo condenado; ejecutaron a todos con sentencia firme.
Al principio estuvo perdido e intentó tomar medicamentos para dormir y hacer frente. Casi todos en el corredor usaban medicamentos para dormir o vivir el día a día. Pensó que se volvía loco. Recordaba cómo al final de instancias, compañeros cogían una toalla enrollada y gritaban, pero no podías gritar porque te abrían la celda y te pegaban. Pasas de ser persona a un número: 124396. Si te equivocas al decirlo, te pegan y llevan al hueco. Tenía un compañero Mohamed en la primera celda de 13; rezaba a Alá y los guardias esperaban la hora de rezo para pedir el DC number. A la segunda vez abrían, le pegaban fuerte.
El primer día fue el peor: lo llevaron a las duchas con agua a presión fuerte para "limpiarlo". Mientras, le pegaron con jabón metido en un calcetín en la espalda para no marcar, luego le dieron jabón para lavarse y el calcetín empapado. Antes de cerrar la celda: "Esto pasará siempre que te comportes mal; si te comportas bien, no volverá." No fue de los elegidos para palizas constantes, pero vio las de muchos compañeros.
Keep Uri Sabat in your library
Save the videos and channels worth coming back to, and find them again in one place.





