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Salvador Distefano nos cuenta el negocio de los tambos y cómo está recuperando rentabilidad.

Club de Inversores April 22, 20269m
In a Nutshell

Salvador Distefano destaca el boom en tambos lecheros gracias a tecnología como ordeñe robotizado y genética avanzada, donde escalas de 600-1000 vacas generan alta rentabilidad, impulsado por tasas positivas que priorizan productividad sobre especulación financiera. Explica la transformación del campo con galpones de cerdos que usan maíz local, ahorrando costos de transporte post-subsidios, y enfatiza el rol de profesionales como veterinarios e ingenieros agrónomos, junto al bienestar animal en instalaciones modernas. Con tasas reales positivas, el agro pasa de negocios financieros a productivos, rotando cultivos y buscando inversores con know-how.

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Si el incentivo del precio es tan alto, alguien va a tomar la decisión de irse a vivir al medio del campo a hacer ganadería. Hay un boom en tambos: calecita, la vaca va solita, se va y se ordeña sola, se sube una calecita, van andando allí, se van sacando. El tambo es un negocio que evolucionó notablemente. Todos los negocios con mucho agregado de valor, cuando bajan la inflación, la tasa de rentabilidad sube muy fuerte. Hoy hacer leche es buen negocio, pero hay que hacerlo en escala. Un tambero con 200 vacas dice que está loco, pero con 600, 1000 vacas gana buena guita. Esos tipos le están poniendo tecnología.

Se trabaja con semen sexado y genética. Hay vacas que dan muchos litros por vaca. En el remate de Mortero, una vaca con genética increíble se pagó una fortuna; se lo mandó al presidente. En abril va a Mortero a dar una charla sobre tambo, donde se rematan vacas. Comés y las vacas están alrededor de la cena. Cuando das la charla, la gente cena, las vacas se suben al escenario con reflector y se rematan. Es un espectáculo dantesco, la gente se vuelve loca, son todos tamberos. Te dicen el nombre de la vaca, el remate con sombrerito y música; es una festividad increíble. La vida interna del campo es impresionante.

Para vivirlo, se fue de casa 400 km. Fui a Peguajó, hice 450 km de ida, 450 de vuelta con lluvia y cinco huelladas. Esa es la vida del campo. Se encontró con gente maravillosa: amigo Tom Hermano, amigo de Singenta, gente de Peguajó. Pide disculpas a los que no son de Peguajó, no pudo quedarse más porque tenía el reportaje. Es una vida tremenda.

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