Superviviente de los Andes: 4,500 Metros de Altura y Sin Oxígeno (Gustavo Zerbino)
In a Nutshell
Gustavo Zerbino relata su supervivencia en la cordillera de los Andes a 4500 metros, donde el instinto de supervivencia superó el frío extremo (-40°C), la falta de oxígeno y el abandono, conectando con el potencial ilimitado humano al enfocarse en el aquí y ahora, un minuto a la vez. La mente, enemiga por su enfoque en pasado y futuro, fue vencida por la intuición primitiva, liderazgo basado en amor, contacto físico (red de abrazos para oxitocina) y una sociedad solidaria sin quejas ni egoísmo, logrando cero muertes por frío en 73 días. Claves: prohibir quejas, cocrear con fe y acción, transformar "yo" en "nosotros" para fuerza ilimitada, y gratitud por estar vivo.
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¿Qué sientes cuando el mundo te da por muerto, pero tú sigues vivo? Antes que el mundo nos dé por muerto, estábamos solos a 4500 m de altura en un glaciar de 3000 años, sin ropa, sin comida. A esa altura y frío, la mente actúa en cámara lenta, sangran los oídos y la nariz, te quieres levantar como si tuvieras una mochila de 80 kg en la espalda, aturdido como si te hubieran pegado con un palo en la cabeza, mirando el blanco infinito, una de las torturas más grandes que usaban los rusos en cuartos blancos sin límites, abandonado por el mundo.
En esa contradicción de soledad, abandono, impotencia, angustia y dolor en el lugar más profundo del infierno, te conectas con el potencial ilimitado del hombre, porque todo lo otro se acabó. Una persona que se quiere morir dice "No quiero morir, me quiero morir", pero la vida la tira al agua y nada. Inconscientemente, el cuerpo está programado para sobrevivir. La mente no quiere vivir porque se compra sus propios discursos.
Hay que entender que el tiempo real es una cosa y el tiempo psicológico es otra: 5 minutos esperando una ambulancia por un hijo que sangra o un padre con infarto son siglos. En la montaña, el tiempo te agobiaba hasta poder matarte, o si te hacías amigo del tiempo, eras parte de él. Rodeado de amigos que cantaban, saltaban y reían, ahora estatuas heladas usadas como banco, pared o mesa, solo estar vivo era motivo de gratitud, porque quien era como tú, con mucha vida, estaba muerto sin haber hecho nada, y tú estabas vivo sin haber hecho nada. Ahí empieza el azar, el destino. Tantas preguntas y respuestas que si no apagas la mente te vuelves loco.
El instinto de supervivencia dice "No mueras, pero tienes que creer hasta el final". La mente existe en dos momentos: el pasado (pérdidas, casa, cama, amigos, culpa) y el futuro (incertidumbre, miedo, angustia). La angustia es un dolor en el pecho por la certeza de que algo va a salir mal, como hoy tener la seguridad de que mañana te echan o tu mujer te deja. En un lugar donde nada está a favor, la mente dice "te vas a morir, no hay comida, no tienes ropa, te abandonaron", pero en el plano profundo del ser que quiere vivir, se da cuenta que la mente es su peor enemiga porque pide abandonar.
Ahí aparece la intuición, información del cerebro primitivo que permite sobrevivir automáticamente en piloto automático. Gustavo tuvo que ser médico tras estudiar 3 meses de medicina, psicología médica, biología celular y estadística con Roberto Canessa (quien hizo 6 meses de anatomía con cadáveres), atendiendo, operando, curando sin saber, pero aceptando no saber y poniéndose al servicio, sus manos se movían solas. Toda la información está adentro desde que el hombre existe, solo nos hicieron creer que no la sabemos. Sus hijos, sin haber estado en la cordillera, jugaban haciendo cosas que él hacía allí sin que se las contara. La educación condiciona, el miedo limita, los límites están en la mente.
En la cordillera de los Andes, no queríamos vivir un día más, sino un minuto más. En equipos de alto rendimiento (selecciones de fútbol, rugby, Los Pumas de Argentina, equipos profesionales) con 30 años de experiencia, el éxito es el manejo eficiente de la energía. Poníamos toda la energía en el aquí y ahora, en el metro cuadrado. Para no congelarnos, nos abrazábamos: yo con mi amigo enfrente, él con el otro, formando una red de abrazos que produce oxitocina (hormona del amor), según Marian Rojas. Nunca dejamos de estar en contacto físico.
Un cuerpo que se congelaba: dabas tus pies, yo sin zapatos los tenía en mis manos. Al sentir por sensibilidad de mis dedos que te congelabas, te frotaba los pies; la sangre llegaba a tus extremidades, volvía al cuerpo caliente, evitando congelarte el diafragma o corazón, transformándote en estatua. El liderazgo más grande se basa en amor y vocación de servicio, como un eco: para recibir amor, ponlo primero. Yo masajeaba tus pies porque mis manos se congelaban; si no morías, me masajeabas tú. Todo lo dado volvía.
En la cordillera, lugar inhóspito abandonado por el mundo en la civilización más avanzada, construimos una sociedad solidaria donde los bienes pertenecían a la comunidad. Único objetivo: vivir, no yo, todos. En 73 días y 73 noches a 4500 m, con -40° y -35°, no murió ni una sola persona de frío. Nadie perdió dedos de pies, manos, orejas o nariz por congelación (cualquier alpinista sabe que una noche las pierde). Pasaron cosas: cuando el yo se transforma en nosotros, la fuerza de equipos, familias y países es ilimitada.
Esa atención y concentración en la acción rompe el silencio: contar un cuento divertido, chiste, plan. Se hicieron lentes porque Gustavo quedó ciego (Fito hizo unos pidiendo ayuda). Coche Inciarte, gran relator, contaba cuentos maravillosos que sacaban del dolor, como estar en una obra de teatro. La cocreación, creer y crear es lo más importante. Para la transformación interior: primero querer (pasión, queríamos vivir), luego creer (fe), luego hacer lo necesario sin excusas. Lo que separa del objetivo es el tiempo; dar la mejor versión ahora, no guardarse nada.
Cuando te vacías dando y el de enfrente también, entras en otra dimensión. En España, el deporte nacional es la queja 24 horas: de Pedro Sánchez, derecha, izquierda, Real, Barça, frío, calor, dulce, salado. El que se queja es parte del problema, el que agradece es parte de la solución. Única norma en la cordillera: prohibido quejarse, porque pincha el globo, pierde energía. Construíamos un ser que, pese a lo imposible, tomaba actitud y posición física de creer que se podía.
Si decías "Extraño mi madre", cagabas el plan, recordándome que yo también, perdiendo el objetivo; aparece carencia, queja, problema. La única imagen en la mente: lo que produce motivación, el motivo para tomar acción.
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