Lo que Hay Detrás del Caso Bretón que los Medios No Pudieron Contar del Todo (Manu Marlasca)
In a Nutshell
José Bretón representa la insignificancia absoluta del mal cotidiano: un fracasado que sedó y quemó a sus hijos sin arrepentirse nunca. El sistema penal español prioriza al delincuente, permitiendo que criminales como Miguel Carcaño salgan en libertad sin entregar el cadáver, mientras las víctimas quedan sin cierre ni poder real. Las víctimas no pueden legislar y el periodismo solo cuenta historias sin reparar el daño.
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José Bretón representó durante mucho tiempo el paradigma del mal, la maldad y la crueldad. El caso consistió en que Bretón adormeció a sus dos hijos pequeños, Ruth y José, los quemó en una hoguera improvisada y redujo sus cuerpos a cenizas. El ponente señala que es importante imaginar todos los momentos en los que Bretón pudo haberse arrepentido y parar: recogió a los niños, pasó una noche con ellos, decidió sedarlos, los trasladó hasta la hoguera, prendió fuego, y aun así mantuvo la historia de que los había perdido en el parque Cruz Conde.
Bretón llamó a su mujer simulando desesperación y en el juicio mantuvo la versión de que los niños se habían perdido. El ponente cubrió el caso de principio a fin y menciona que en su última novela habla de la poca trascendencia y vacuidad de estos individuos.
José Bretón tenía el aspecto de alguien completamente intrascendente. No todo el mundo es atractivo, pero una persona puede tener cierta gracia, carisma o atractivo en la voz; Bretón era la insignificancia absoluta en su aspecto, en su voz y en su manera de hablar. Era un fracasado en todo lo que se había propuesto: fracasado en su matrimonio, fracasado en su profesión y fracasado en su paso por el ejército. Si no hubiese cometido los crímenes, sería alguien absolutamente intrascendente en su paso por la vida. Esto es común a muchos asesinos que pasan a la historia únicamente por el crimen que cometen.
El ponente describe la foto de Bretón con un rostro totalmente anodino y menciona que su voz en el juicio era atiplada, aguda, que provocaba una sensación desagradable. Estuvo muy cerca de él durante el juicio y no dejaba de observar sus manos pensando en cómo esas manos trasladaron a los niños y prendieron la hoguera.
El juicio fue muy interesante porque el profesor Echevarría dio una exhibición determinando que los huesos de la hoguera, muy pocos y muy pequeños, correspondían a los niños. Los peritos hablaron del fuego y de la temperatura que alcanzó la hoguera; el fuego se vio desde los puntos de observación del INFOCA (Instituto Andaluz para la Prevención de Incendios) y el humo era visible desde varios kilómetros.
La madre de José Bretón fue llamada a declarar. En el sistema penal español, los familiares directos (padre, madre, hijos, hermanos) no tienen por qué declarar contra su propio hijo, hermano o padre. Cuando la madre entró en la sala, el presidente del tribunal le preguntó si sabía que tenía derecho a no declarar; ella respondió que no lo sabía y el tribunal le indicó que podía irse.
Antes de marcharse, la madre cruzó la sala, se acercó a Bretón (que estaba sentado entre dos policías), le agarró la cara y le plantó dos besos. El ponente reflexiona que hasta el peor de los criminales tiene alguien que lo quiere, mencionando ejemplos como Jeffrey Dahmer, John Wayne Gacy y Charles Manson, con quien llegaron a casarse.
Existe un fenómeno llamado hibristofilia, que es la atracción por personas condenadas por delitos graves. El término se creó y estudió por primera vez en Estados Unidos, donde en los corredores de la muerte de las cárceles norteamericanas hay legiones de fans de criminales que han cometido crímenes atroces. En España ha habido casos puntuales de hibristofilia.
José Rabadán, conocido como el asesino de la katana, siendo menor de edad mató a su padre, a su madre y a su hermana pequeña en Murcia. Era un chico con cierto atractivo físico. En prisión en Sangonera (Murcia) recibió muchas cartas de fans. Una de ellas provenía de dos chicas llamadas Raquel e Iria de San Fernando (Cádiz), quienes en las cartas le decían que "tú has logrado lo que muchos soñamos hacer, lo has conseguido, has cumplido tu objetivo". Poco después, estas dos menores asesinaron a su compañera de clase Clara García Casado y fueron condenadas.
Miguel Carcaño es el autor confeso de la muerte de Marta del Castillo, una chica de 16 o 17 años. Han pasado 16 o 17 años desde los hechos y no se ha encontrado ningún resto de Marta del Castillo. El cadáver no se sabe dónde está. Carcaño confesó la autoría del crimen, pero nadie ha podido arrancarle información sobre la ubicación de los restos.
La familia (padre Antonio, madre Eva y un abuelo) sigue sin poder cerrar el duelo porque nunca lo han podido abrir realmente. Sin un lugar físico (urna con cenizas, tumba o certeza de dónde está la hija), el duelo no se cierra. Esta es una de las grandes heridas del sistema penal español.
Ha habido crímenes en los que la policía entregó a las familias incluso un trozo minúsculo de pulmón encontrado en el mar para que pudieran tener algo. Judicialmente, Miguel Carcaño saldrá de prisión en aproximadamente 4 años porque habrá cumplido su deuda con la sociedad según el Código Penal.
El Código Penal está para dar reproche a conductas delictivas; una vez cumplido lo que establece, la persona se convierte en un hombre libre. Conceptualmente, un criminal que ha ocultado el cadáver de un hijo puede salir de prisión como hombre libre.
El ponente distingue entre víctimas del terrorismo y víctimas de delitos comunes. El Estado ha blindado suficientemente a las víctimas del terrorismo, pero ser víctima de un delincuente común es lo peor que se puede ser en España porque no hay equilibrio.
La prisión permanente revisable se introdujo en el Código Penal hace unos años. Revisable significa que a los 20 años alguien decidirá si la persona puede salir. Se contará con las víctimas para esa decisión; por ejemplo, se preguntará a la madre de Gabriel Cruz si Ana Julia Quezada merece salir o no.
El asesino de John Lennon lleva una docena de vistas en las que Yoko Ono ha dicho sistemáticamente que no puede salir porque las cadenas perpetuas también son revisables allí, y ha pedido que no salga nunca de prisión.
Las víctimas tienen derecho a cualquier reacción porque son víctimas, y hay que contar con ellas, pero las víctimas no pueden legislar porque cualquier castigo les parecería poco para quien haya dañado a alguien de su familia.
El ponente menciona el libro Salir de la noche de Calabresi, periodista italiano cuyo padre (comisario de policía) fue asesinado en los años de plomo italianos. Calabresi reflexiona que un asesino cumple con la justicia en un momento dado, pero nunca deja de ser un asesino: "Ya has cumplido. Pero tío, eres un asesino, métete en un agujero. No intentes hacer política, no intentes ser el más popular del pueblo porque eres un asesino".
La operación Cándida se refiere al caso del pederasta de Ciudad Lineal, Ángel Antonio Ortiz. En varios barrios de Madrid se corrió la voz de que un tipo se llevaba niñas a plena luz del día sin violencia, las tenía secuestradas durante 12 horas, les hacía todo tipo de aberraciones y luego las devolvía tras ducharlas y bañarlas para eliminar rastros.
Los policías que participaron en la investigación se dejaron literalmente la vida; pararon sus vidas para dar caza al criminal. Un policía contó que durante la investigación no podía bañar a su hija porque veía a las víctimas. Cuando se enteraron de un nuevo salto (una niña china), varios policías fueron al hospital La Paz a verla y, tras ver las lesiones, se conjuraron para detener sus vidas hasta atrapar al agresor.
El ponente escribió el libro Cazar al monstruo dedicado a esa operación. Grabó muchas horas con los policías para que le contaran cómo les afectó la investigación.
El ponente conserva el vídeo de cómo las niñas declararon ante la jueza y reconocieron al pederasta en una rueda de reconocimiento. Una de las niñas, especialmente inteligente, recordaba detalles como el dibujo del edificio al que la llevaron y los números de homologación de la ventanilla del coche. Era la principal aliada de la investigación.
Cuando llegó el momento de recordar la agresión, la niña se rompió y empezó a llorar. La madre le dijo una frase que el ponente no olvidará: "Cuéntalo una vez más y nunca más lo vas a tener que contar". La jueza del caso convirtió su despacho en un parque infantil con gominolas y globos para que las niñas declararan sintiéndose a gusto, y les dejó su sillón.
La instrucción no dejó ninguna duda y el agresor está en prisión desde el año 2014.
El ponente afirma que puede dormir porque se dedica a contar historias, no tiene la responsabilidad de atrapar a los criminales ni de reparar el dolor como policías, fiscales o jueces. Hay que ser profesional y marcar límites: "Hasta aquí es mi trabajo, hasta aquí lo voy a contar lo mejor que pueda". A veces es inevitable tener un nexo o lazos con las personas y tener mayor compromiso, pero al final solo se cuentan historias. El ponente trata de ser honrado con quienes le pagan, con las víctimas y con sus fuentes, pero se define como un contador de historias.
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