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Vaca Muerta y cobre: el boom que Australia ya vivió

Club de Inversores October 20, 20268m
In a Nutshell

El boom de recursos en Australia tardó 7-10 años en impactar toda la economía, con empleo indirecto multiplicando por tres los puestos directos de extracción. Argentina enfrenta dos olas sucesivas de energía y cobre, pero el derrame no es automático: requiere crédito doméstico para transformar el resto de la economía en empresas, viviendas e infraestructura. El peso se apreciará y algunos sectores perderán competitividad, por lo que el éxito depende de reconstruir el financiamiento interno para convertir la riqueza del subsuelo en desarrollo productivo nacional.

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En este vídeo vamos a comparar lo que pasó en Australia hace 20 años con lo que está pasando en Argentina hoy. La comparación puede ayudarnos a entender cuánto puede tardar un boom de recursos naturales en llegar al resto de la economía, que es una de las grandes preguntas de hoy. Australia ya pasó por algo muy parecido. Primero creció la minería. Después aparecieron proveedores, empleo indirecto, mejores salarios y finalmente el impacto se extendió al resto del país. Después vamos a llevar todo esto a Argentina, a Vaca Muerta, al cobre, el litio, oro, plata, migración interna y sobre todo una pregunta que puede terminar siendo decisiva.

¿Tenemos suficiente crédito para financiar la transformación del resto de la economía? Porque tener petróleo y cobre es una cosa, pero la clave es lograr que esa riqueza termine creando empresas, viviendas, infraestructura y mejores salarios en todo el país.

El gran boom australiano empezó alrededor del 2003-2004 cuando China aceleró su urbanización y empezó a demandar cantidades enormes de hierro, carbón, gas y otros minerales. Pero lo más importante vino después. La inversión minera pasó de alrededor del 2% del PBI a cerca del 8% en el 2013. Y el stock de capital minero casi se triplicó.

Entonces tenemos una primera lección clara para Argentina y es que el efecto no empieza cuando sale la primera tonelada de cobre, empieza años antes cuando se construye la mina, rutas, líneas eléctricas, campamentos, transporte, maquinaria, ingeniería, software, seguros, servicios.

En 2011-2012, el empleo directamente vinculado a la extracción representaba aproximadamente el 3,25% del empleo australiano. Pero si sumabas construcción, transporte, manufactura, servicios profesionales y todas las actividades que abastecían a la economía de recursos, entonces llegabas al 9,75%. Es decir, por cada empleo directamente relacionado con la extracción había aproximadamente otros dos alrededor de esa actividad.

No existe una fecha exacta en la que Australia pueda decir acá llegó a todo el país. Pero sin embargo, la cronología permite hacer una estimación razonable. El boom arranca en 2003-2004. Durante los primeros años el impacto se concentra sobre todo en la parte oeste de Australia, en lo que es Western Australia y Queensland. Hacia el 2011-2012, unos 8 años después, la economía ligada a los recursos ya explicaba casi uno de cada 10 empleos en todo el país.

Como regla general de trabajo, estaría bien pensar en dos o tres años para ver el impacto fuerte en las regiones productoras. Cuatro a seis años para que se expanda a proveedores y aproximadamente siete a 10 años para que llegue, digamos a toda la economía.

Pero lo interesante es que el boom no beneficia a todos por igual. La entrada de dólares, los mejores términos de intercambio y los salarios más altos tienden a hacer que se aprecie la moneda local en términos reales. En Australia, el propio Banco Central estimó que hacia el 2013 el tipo de cambio real era alrededor de 44% más alto de lo que habría sido sin el boom. Esto para los que hablan de dólar atrasado.

Por supuesto, eso aumentó el poder adquisitivo de los australianos. Pero hizo más difícil competir para actividades expuestas a importaciones. La manufactura, por ejemplo, produjo alrededor de 5% menos de lo que había producido sin el boom. Aunque también el propio Banco Central advierte que su pérdida de peso venía desde mucho antes y no puede atribuirse solamente a la minería.

Si el peso argentino se aprecia, van a haber actividades que se van a ver perjudicadas. Eso es un hecho. Argentina ya está entrando en ese proceso. Pero a distintas velocidades. Vaca Muerta definitivamente está más adelantada. En julio de este año, Argentina produjo alrededor de 916,000 barriles diarios de petróleo. Y Vaca Muerta explicó unos 640,000.

En minería, las exportaciones alcanzaron unos 6,000 millones de dólares en el año pasado. Atención, porque principalmente oro, después litio y plata. Y todavía falta el cambio más grande, que es el cobre. Las proyecciones oficiales contemplan un salto fuerte hacia el final de esta década y más de 12.000 millones de dólares de exportaciones de cobre hacia el 2035. Por supuesto, si todos los proyectos previstos se concretan.

Podríamos tener entonces dos olas, primero energía, después minería y en especial cobre. Si entran muchos más dólares, es obvio que el peso va a apreciarse en términos reales y algunas empresas que hoy sobreviven con determinados costos en dólares, pueden dejar de ser competitivas.

El crédito no puede mantener para siempre una actividad improductiva, pero sí puede financiar su transformación. Porque una pyme que necesita automatizarse, comprar maquinaria o transformarse quizás en proveedor de minería, necesita crédito de inversión. Una familia que se muda a Neuquén, necesita una hipoteca. Una constructora que tiene que levantar viviendas en San Juan, necesita financiamiento. Y una empresa que gana un contrato con una minera, necesita capital de trabajo antes de cobrar.

Por eso se resume la idea del siguiente modo, el capital internacional va a financiar a la mina o al yacimiento. El crédito doméstico tiene que financiar la adaptación del resto de la economía.

Entonces existe el derrame. Australia muestra que sí existen efectos enormes fuera de la mina, pero no son automáticos. No llegan a todos al mismo tiempo y algunos sectores pierden durante la transición. La experiencia australiana sugiere que el efecto nacional no debe medirse en meses, sino en una ventana de aproximadamente 7 a 10 años.

Argentina puede estar hoy al comienzo de algo parecido. Vaca Muerta ya avanzó, no está en cero. El cobre recién empieza la etapa de inversión. Y el resto de la economía va a tener que ir adaptándose a esto, sobre todo si el peso se mantiene apreciado.

Por eso la pregunta central de la próxima década no es solamente cuánto petróleo o cobre vamos a sacar. La pregunta clave es si Argentina va a reconstruir suficientemente rápido el crédito interno para convertir esa riqueza en empresas más productivas, nuevas viviendas, infraestructura y mejores salarios. Porque una cosa es tener riqueza debajo de la tierra, otra es lograr que esa riqueza transforme todo lo que está arriba.

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