La Biblia Como Manual de Manifestación que Nadie te Había Explicado (Jorge Muñoz)
In a Nutshell
La Biblia funciona como un manual de creación que enseña a pasar del modo reactivo al modo creador mediante la imaginación y la aplicación de leyes universales como la causa y el efecto. Las cuatro letras YHWH representan las fases de manifestación de la realidad, y el alma se entiende como un flujo de poder creativo que se desarrolla al imaginar y materializar ideas en lugar de reaccionar a los eventos. La clave está en visualizar metas grandes sin miedo y reconocer que Dios no es una entidad, sino una función de creación presente en todo.
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La Biblia oculta una tecnología del alma que puede aplicarse como fórmula del éxito de más de 3,000 años. No se trata necesariamente de creer en un Dios o ángeles, sino de descifrar un manual de instrucciones para la creación de la propia realidad. Toda la Biblia puede verse como un manual del pensamiento creador.
Existen dos modos de ver la realidad: reaccionar a ella convirtiéndose en víctima o persona que responde a los eventos en piloto automático, o bien utilizar el modo de pensamiento codificado en la Biblia que permite ser seres creadores.
Los cabalistas afirman que dentro del Génesis, en los primeros versículos, están todos los secretos de la creación. El Génesis no habla de cómo se creó el mundo hace unos 5,000 años, sino de cómo se crea la realidad actual. La Biblia está escrita en presente, no en pasado, y explica cómo convertirnos en seres capaces de crear algo que no vemos.
La creación del mundo por Dios representa crear algo que no existía antes. El ser humano se diferencia de los animales porque imagina en su mente un escenario y a partir de esa imaginación crea una nueva realidad. El éxito consiste en crear o llevar a cabo una idea y hacerla realidad.
La Biblia habla de dos modos de pensar: el modo de la serpiente (instintivo, de reacción) y el modo de creación.
La pregunta correcta no es si Dios existe, sino qué es Dios. Los cabalistas explican que Dios es el "aff", algo que no podemos medir ni entender porque para entenderlo tendríamos que comprender qué hubo antes del Big Bang. Dios no es lo que comúnmente pensamos.
La primera vez que Dios se muestra en la Biblia es cuando Moisés ve una zarza ardiendo con un fuego que no consumía. Dios se presenta diciendo "Yo soy el que soy", de donde surge el anagrama YHWH (Yotbabge o Jehová), que aparece más de 6,800 veces en la Biblia y es el protagonista absoluto.
"Yo soy el que soy" no es un nombre, es un verbo. Dios no es una cosa, es una función, una acción, un devenir. Todo lo que es, es Dios: esta mesa, el podcast, lo bueno y lo malo que ocurre.
La palabra "éxito" en inglés (success) viene del latín "sucedere". Todo lo que sucede es un éxito, es proceso de una manifestación o de unas leyes. Estas leyes no son morales: funcionan igual que un semáforo que deja pasar cuando está en verde sin importar si la persona es buena o mala.
Dios es un ser creador que creó al ser humano a su imagen y semejanza, dotándolo también de capacidad de crear. Toda la Biblia habla de cómo convertirnos en seres creadores de nuestra realidad.
Las cuatro letras YHWH (Yotbabge) son un anagrama que equivale a cuatro fases de la realidad. Isaac Newton tenía más documentos sobre Cábala, alquimia y Biblia que sobre ciencia. De sus escritos, el 40-45% eran sobre ciencia y el resto sobre metafísica. Su libro más marcado era la Biblia King James, con más de 240 anotaciones sobre YHWH, que Newton leía como investigador, no como creyente.
En la antigua Grecia, los pitagóricos decían que toda la realidad se estructura en cuatro elementos: fuego, aire, agua, tierra. Tenían una fórmula secreta llamada tetractis, con forma de triángulo, que según ellos se utilizó para construir las pirámides y Pitágoras aprendió de Egipto.
En Sumeria y Babilonia, la esfinge representa cuatro animales en uno (cara de mujer, cuerpo de león, alas de ángel, cola de serpiente o cuernos de toro), guardando los secretos de la creación. Las cuatro letras YHWH equivalen a los cuatro elementos.
El ser humano es el único ser en el que conviven cuatro elementos o densidades que los cabalistas llaman mundos o dimensiones. La primera dimensión es espiritual, relacionada con la creatividad.
En hebreo, alma es "nefesya", que no es un nombre sino un verbo. El alma no es una cosa, es un devenir, un fluido, un flujo de creación, un poder. No todos los seres humanos tenemos la misma cantidad de alma; la cantidad de alma equivale a la capacidad de crear.
Un maestro cabalista explicó que muchas personas parecen personas pero no lo son porque tienen muy poca alma. Cuando se trabaja en empleos que no gustan y se reacciona a la realidad sin crear, se deja de utilizar el poder divino de crear una nueva realidad.
El primer paso es imaginar algo diferente. Imaginar es gratis. La imagen mental debe ser lo más grande posible; el primer error es imaginar algo pequeño por temor a frustrarse, usando diminutivos como "casita" o "cochecito".
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