La Mentira que te Vendieron Sobre la IA y los Puestos de Trabajo (Gustavo Entrala)
In a Nutshell
La IA no está eliminando empleos, pero sí transforma el mercado laboral hacia roles que integran competencias de inteligencia artificial, con mayor demanda y salarios superiores. Los trabajos humanos son más complejos y relacionales de lo que predicen los tecnólogos de Silicon Valley, por lo que la IA no puede reemplazar funciones de liderazgo, motivación ni decisiones estratégicas. El factor humano sigue siendo insustituible por su capacidad emocional y creativa, mientras que la IA destaca como herramienta pero falla por alucinaciones y falta de verdadera comprensión.
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Meta monitorizó a sus empleados con el software MCI para entrenar la IA y posteriormente despidió a 8000 personas a pesar de tener ingresos récord. Estos casos generan indignación y preguntas sobre por qué ocurren. Las noticias de grandes despidos en compañías que generan mucho dinero provienen principalmente de empresas de software y tecnológicas, que cuentan con ingenieros que dominan la IA. En estas organizaciones resulta más fácil percibir menor necesidad de personal de operaciones, organización y comunicación, que son los perfiles que suelen verse afectados.
A nivel micro, existen casos reales donde los CEOs justifican los despidos argumentando que la IA realiza el trabajo de esas personas. Sin embargo, a nivel macro, 16 estudios realizados este año a nivel mundial sobre el impacto de la IA en el empleo concluyen que no existe evidencia de que la IA esté causando pérdida de empleo en este momento.
Lo que sí está ocurriendo es un cambio en el mercado de trabajo que prioriza cada vez más empleos que asuman competencias con inteligencia artificial. Las personas formadas en IA están ganando un 50% más que el resto. Los trabajos no desaparecen de la noche a la mañana, sino que se modifican y mutan. El futuro requiere no darle la espalda a una tecnología que va a estar integrada en nosotros, incluso dentro de nuestras células o nuestra identidad, más allá de dispositivos wearables.
Los mensajes de alerta sobre la desaparición del trabajo provienen de personas de Silicon Valley que, aunque son inteligentísimos y tienen mucho dinero, no conocen la realidad social del mundo ni cómo son realmente los empleos. Cuando afirman que la IA va a eliminar el 60% de los empleos en derecho o finanzas, no se les debe hacer caso porque analizan lo que piensan que hace una persona financiera y concluyen que la IA ya puede hacerlo todo, pero los trabajos humanos son más caóticos y no tan parametrizables.
Un director de operaciones o una persona en un equipo va mucho más allá de la producción: es fuente de relaciones, tiene autoridad, agencia, toma decisiones y da dirección estratégica. La IA actual no puede motivar equipos ni tomar decisiones estratégicas.
Para una hija de 7 a 10 años que pide usar ChatGPT, la recomendación es que aprenda a hacer buenas preguntas más que a gestionar soluciones a problemas. La IA es un instrumento, y una persona con curiosidad que se hace muchas preguntas y mejora continuamente su forma de trabajar va a interactuar mejor con la IA que alguien sin curiosidad ni interés en mejorar.
Se utiliza el ejemplo de la guitarra: si se presta una guitarra de 10.000 euros a alguien sin habilidad, suena mal; pero si Paco de Lucía toca una guitarra de 50 euros, el resultado es extraordinario. Existe el instrumento, pero la persona que lo usa marca la diferencia. No se recomienda dar acceso abierto a ChatGPT a niños, aunque se van a inventar herramientas educativas y tutores particulares basados en IA.
Muchas personas utilizan la IA como compañero, psicólogo, amigo o pareja. Alan Turing, matemático que participó en la guerra descifrando códigos nazis y precursor de la computación y la IA, diseñó el "juego de la imitación": dos entidades (una máquina y una persona) interactúan con un juez que debe determinar cuál es cuál. El momento en que el juez no diferencia entre persona y máquina sería el logro de la inteligencia artificial.
Enamorarse de una máquina se puede entender psicológicamente, pero ocurre porque la máquina está simulando una relación, no porque tenga un alma amable. Para cuestiones íntimas, personales, de relaciones o médicas, resulta preferible acudir a una persona, amigo, terapeuta o sacerdote antes que a una máquina.
ChatGPT se utiliza más para preguntas personales, mientras que Claude se usa más para temas profesionales. Ambos sistemas guardan en memoria las interacciones, lo que a veces permite respuestas acertadas pero otras veces genera confusiones. Un ejemplo: durante un día soleado de primavera en Madrid, ChatGPT preguntó si seguía de bajón, recordando una conversación de dos semanas antes sobre cómo la falta de luz afecta el estado de ánimo.
Se puede preguntar cualquier cosa a ChatGPT sin coste ni vergüenza, pero con el tiempo se espera que se valore más la relación humana. Un buen amigo ayuda de verdad cuestionando las tonterías, mientras que ChatGPT puede problematizar la vida para mantener el engagement.
El gran fallo que nadie arregla es el factor de alucinación: la IA, cuando no sabe algo, se lo inventa, igual que hacen los humanos. La IA se ha entrenado con todo el conocimiento de internet y libros, pero no ha absorbido la literalidad, sino que ha razonado relaciones entre conceptos. Cuando se le pregunta un dato histórico concreto, puede no tenerlo en memoria y generar información falsa, lo que sigue justificando la supervisión humana.
La IA no siente culpa, no tiene alegría, no goza de las cosas, no se sorprende. Aunque simule estas experiencias, el ser humano seguirá trabajando con máquinas y el genio humano no va a desaparecer. En creatividad, no se ha visto nada verdaderamente creativo generado por IA; se han visto cosas interesantes hechas por humanos con IA, pero la IA no sabe calibrar si algo toca el corazón o la fibra porque no tiene corazón. Esto genera esperanza en que el factor humano seguirá siendo insustituible.
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