Cómo activar tu GLP-1 con tu alimentación
In a Nutshell
Tu cuerpo produce GLP-1 de forma natural, la misma hormona que imitan Ozempic y Wegovy. La proteína, la fibra y las grasas saludables activan las células L del intestino, mientras que el orden de comer (proteína y verdura primero) y los alimentos fermentables como legumbres generan una segunda ola de saciedad horas después. Comer ultraprocesados o carbohidratos refinados solos evita que esta señal llegue al final del intestino, por eso aparece el hambre a media mañana.
These notes were generated by AI and may contain inaccuracies.
Son las 9 de la mañana, acabas de desayunar, vas a ir a lavar los platos y la taza, miras el teléfono y se te va a ir toda la mañana haciendo diferentes cosas. Pero dentro de ti, en ese momento, está empezando una secuencia que va a decidir si a las 11 de la mañana estás tranquila o estás abriendo de nuevo la nevera sin saber por qué.
En tu intestino hay un botón que hace exactamente lo mismo que hacen los medicamentos de los que todo el mundo habla en este momento. Ese botón es tuyo. Ese botón es gratis y lo puedes presionar tres veces al día. Casi todo el mundo lo presiona una sola vez, o lo presiona muy débil o lo presiona muy temprano. Existe una segunda oportunidad de presionarlo varias horas después de haber comido. Esa segunda vez no dura minutos, dura toda la tarde.
Al minuto cero, la comida entra a tu estómago y casi de inmediato, en cuestión de 10, 15 minutos, unas células que están sembradas por dentro de tu intestino, se llaman las células L, empiezan a soltar una hormona. Esa hormona se llama GLP-1, péptido similar al glucagón tipo 1. Es exactamente la misma señal que imita Ozempic, el Wegovy, el Mounjaro. Todos esos medicamentos son copias de esto que tú estás fabricando ahora mismo.
¿Qué hace tu GLP-1? Hace tres cosas que son hermosísimas. Le pone el freno de mano a tu estómago para que la comida se quede un poquito más de tiempo, un poquito más ahí, y tú te sientas lleno. También le avisa al páncreas que suelte insulina justo cuando hay presencia de carbohidratos, azúcares, ni antes ni después, que es lo que le pasa a muchas personas y mucha gente se confunde, mucha que dice, "Mire, si la insulina fuera mala en exceso, porque este medicamento hace que se libere insulina porque lo vuelve más eficiente, más preciso, no como pasa con quien tiene resistencia a la insulina que está disparando insulina todo el tiempo y sube". Envía una señal por el nervio vago hasta tu cerebro con un mensaje de una sola línea y es, "Ya está bien, puedes parar de comer".
Al minuto dos, tu GLP-1, esa hormona preciosa que acabas de fabricar, dura aproximadamente 1 o 2 minutos y después desaparece. Hay una enzima, una proteína que anda por ahí patrullando en la sangre, cuya única función es cortar esa hormona en pedazos apenas aparece. Cuando transcurre 1-2 minutos y se acabó.
Los científicos que crearon estos medicamentos no inventaron una hormona nueva. Ellos cogieron la tuya y le cambiaron una pieza para que esa enzima no la pueda cortar. Le quitaron, por decirlo así, el timer, el temporizador. Por eso la tuya dura 2 minutos y una inyección dura una semana.
Tu saciedad no se puede acumular. No hay un superalimento que te la deje cargada. No existe una cápsula que te lo guarde. Hay un botón que se presiona en cada comida y que se presiona bien o se presiona mal.
En el minuto 30, las células L, las que fabrican el GLP-1, no están repartidas así, pues parejo, están concentradas al final en el último tramo del intestino delgado, casi llegando al colon, o sea, lejos. Tu comida tiene que hacer un viaje para llegar hasta ellas.
Cuando tu comida llega al final del intestino delgado pasa algo que la fisiología bautizó con un nombre hermosísimo y es el freno ileal: tu cuerpo detecta que todavía queda comida allá abajo, frena todo el sistema de arriba. Es tu cuerpo diciendo, "Espere, espere, espere, espere. Ay, de sobra, no necesitas más".
Piensa en un desayuno de pan blanco con mermelada y con jugo de naranja. Eso se digiere y se asimila así, todo en el primer tramo, en los primeros centímetros, en los primeros metros del intestino delgado, nunca llega a la última porción, nunca toca el freno. Tu intestino de allá abajo ni se entera que tú desayunaste y esa es la razón de que te dé hambre a las 11.
Cuando un grupo de personas les meten a un laboratorio y les dan comida ultraprocesada, todo pesado, todo medido, la misma cantidad de calorías, la misma grasa, la misma proteína, terminan comiendo cerca de 500 calorías de más al día y sus hormonas de saciedad se comportan distinto. Misma cantidad de comida en el papel, distinta conversación con el cuerpo, comida diseñada para desaparecer antes de que tu cuerpo pueda opinar.
La proteína es el estímulo más fuerte que existe para que tus células L se activen. Huevo, pescado, pollo, carne, lentejas, garbanzos. Por eso un desayuno con proteína te sostiene hasta el mediodía y uno de puro carbohidrato te deja tirado a las 10 de la mañana.
La fibra que se vuelve como un gel. La de la avena. La fibra de verdad. La de las leguminosas. La de la linaza, la del aguacate. Esa fibra convierte tu comida en algo espeso que viaja despacio y llega entero hasta el final. Llega hasta el botón.
La grasa buena también, un buen aceite de oliva, un puñado de nueces. La grasa, mira, es de las cosas que más frenan el vaciado del estómago.
Lo amargo, la rúgula, la chicoria, el radiquio, el cacao puro, buen aceite de oliva, ese que pica un poquito en la garganta. Tú tienes receptores de amargo en el intestino, receptores que se relacionan más con la vesícula, no solamente en la lengua. Y ese sabor participa en esta conversación. La comida moderna, la comida ultraprocesada le quitó el amargo a todo y con eso nos quitó una señal.
Cuando comemos primero proteína y verdura y dejamos para el final el arroz, la papa, el pan o el postre o la fruta, eso cambia la respuesta de tu cuerpo a esa misma comida. No estás comiendo menos, estás comiendo en el orden que tu cuerpo sabe leer.
La segunda oportunidad empieza como 3 a 4 horas después de que comiste y puede durar el resto del día. La fibra que tus bacterias pueden fermentar. La digieres tú, llega intacta hasta el colon. Ahí abajo tus bacterias se la comen y a cambio fabrican unas pequeñas moléculas y esas moléculas hacen algo extraordinario. Vienen y le tocan la puerta a las células L ahí mismo donde viven y las hacen soltar más GLP-1 pero durante horas.
Hubo un grupo grande de investigadores que se puso a diseñar una molécula cuyo único trabajo era llevar una de esas sustancias hasta el colon para probar si de verdad esto pasaba y se lo dieron a personas durante meses y les subió la hormona de la saciedad. Comieron menos y no subieron de peso como el grupo que no lo recibió. Todo eso alimentando bacterias, alimentando a tu microbiota.
Nada de esto es tan potente como el medicamento. El fármaco sube esa señal muchísimo y lo sostiene durante una semana. Tu comida la sube de una forma más suave, varias veces al día. Quien te diga que un té o una cápsula reemplaza la inyección, te está mintiendo.
Si tú necesitas el medicamento por tu condición, eso lo decides con tu médico, eso no lo decido yo, ni lo decides con un video. Es necesario, yo no lo voy a cuestionar, pero mira lo que es también muy necesario, que tú le devuelvas a tu cuerpo la maestría para aprender a hacerlo.
Si tú estás usando el medicamento, todo eso lo va a hacer trabajar mejor. Y si no lo estás usando, tú tienes esto dentro de ti, es tuyo.
Si hoy casi no comes fibra, pues no te vas a comer un plato de frijoles mañana. Te vas a inflamar y vas a decir, "Uy, doctor, yo hice eso y me cayó super mal". Vas subiendo poco a poco con agua. Dale dos o tres semanas a tu microbiota para irse acomodando.
Si tienes dolor abdominal fuerte, si has perdido peso sin buscarlo, si hay sangrado gastrointestinal, ojo, eso no se maneja con comida, eso es una cuestión para ir a tener una consulta.
Durante 7 días mete algo fermentable en una comida al día. Media taza de frijoles, de lentejas, de garbanzos, avena de verdad. Y en tus comidas siempre buena cantidad de proteína, grasas y fibra.
Fíjate en las 4 de la tarde, esa hora en la que normalmente todo el mundo anda picando algo dulce y no sabe de dónde salió esas ganas. Fíjate si esa hora se siente distinta.
Durante años te dijeron que tu hambre era un defecto, que tenías que aguantar, que no tenías fuerza de voluntad, que tú no te podías controlar. Y resulta que tu hambre es una conversación, una conversación que se apagó porque la comida moderna dejó de darle información, no porque tú dejaras de escuchar.
Tú no tienes que comprar tu saciedad, tienes que llegar hasta ella.
Keep Dr. Carlos Jaramillo in your library
Save the videos and channels worth coming back to, and find them again in one place.





