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Cómo Reprogramar tu Cerebro Para Tomarte Menos en Serio y Vivir Mejor (Ana Ibáñez)

Uri SabatJune 19, 202617m
In a Nutshell

Reprogramar el cerebro requiere reducir la presión y adoptar una actitud de juego en lugar de perfeccionismo, lo que mejora el rendimiento al aumentar el flujo sanguíneo y reducir el estrés acumulado. Las frecuencias high beta del estrés deben limitarse entrenando frecuencias alfa mediante actividades que generan calma, como paseos en bicicleta, para evitar el agotamiento y mejorar el descanso real medido por la energía matutina. Además, el estado de flow surge al soltar el control en actividades automatizadas y disfrutadas, permitiendo transformarse en máquinas de energía que eligen conscientemente optimismo y compasión ante entornos negativos.

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Un problema común es otorgarse demasiada importancia y responsabilidad, lo que genera una carga pesada. Esto equivale a tener un foco constante pidiendo ser el mejor posible. La primera recomendación es cambiar esta mentalidad: pensar en "voy a jugar" con el propio talento. En el caso de la comunicación, esto significa indagar y sacar lo mejor de la persona frente a uno, permitiéndose ser más irreverente y rebelde dentro del ámbito profesional.

Cuando se introduce más juego y diversión, el cerebro recibe más riego sanguíneo en todas las áreas, lo que mejora el rendimiento. Las mejores versiones de uno mismo aparecen cuando se reduce la presión y se adopta una actitud de "no pasa nada".

Cuando se tiene mucha presión (terminar un libro, promoción, ser padre de niñas pequeñas, grabar semanalmente), el cerebro tiende a meterse en un túnel donde solo se ve esa carga. Esto hace que el mundo se vuelva más pequeño y se dejen de lado actividades que antes se realizaban. Esta situación genera "basurilla cerebral": estrés que el sistema no logra limpiar porque falta conexión con descanso y disfrute más allá de las vacaciones.

Biológicamente, se puede acumular demasiado cortisol. A nivel de frecuencias cerebrales, las frecuencias high beta del estrés permanecen demasiado tiempo activas, dificultando que el sistema se apague. Esto suele traducirse en peor calidad de sueño: aunque se duerman las mismas horas, uno se despierta cansado y con sensación de "la vida se hace un uf". La energía con la que uno se despierta por la mañana es el indicador real de si se está descansando suficientemente.

Cuando el estrés se vuelve continuo, se percibe como parte de la programación normal y parece imposible de romper, pero debe romperse. El evento que obliga a parar es el "grito" del cerebro diciendo "ya no puedo más". Personas con mucha vitalidad necesitan este aviso porque de otro modo siguen adelante sin parar.

El entrenamiento cerebral de frecuencias consiste en colocar electrodos que leen las frecuencias cerebrales y la electricidad. Se realizan ejercicios visuales para que el cerebro organice mejor sus patrones: bajar las frecuencias asociadas al estrés y aumentar las de la calma. Funciona de forma directa, comparable a trabajar un músculo con pesas.

Las frecuencias high beta se activan en situaciones de estrés agudo (perder un tren, un avión). Permiten respuesta muscular rápida, chute de adrenalina, corte de digestión y aceleración del corazón y respiración. Son útiles puntualmente pero no deben permanecer activas todo el tiempo porque impiden el descanso.

Las frecuencias beta están asociadas a la concentración. Entrenarlas ayuda a concentrarse y a permanecer en el presente en lugar de saltar constantemente.

Las frecuencias alfa se asocian a la calma y se adquieren frecuentemente mediante meditación. Se pueden entrenar tanto con electrodos como mediante actividades que ya han demostrado al cerebro que generan estas frecuencias (paseos en bicicleta, escuchar música, etc.).

La receta para generar más frecuencias alfa es realizar aquellas actividades que en el pasado ya han producido calma (dar paseos en bicicleta es un ejemplo efectivo). No es necesario forzar la meditación si resulta demasiado difícil al principio; mejor utilizar la "autopista más directa" que ya funciona.

En el libro "Sorprende a tu mente" hay un capítulo dedicado a la concentración que explica ejercicios para generar "burbujas de concentración" mediante rituales con música y olores que ayudan al cerebro a producir frecuencias beta.

En "Neurociencia para la vida real" se abordan preguntas concretas sobre cómo concentrarse cuando no se puede y, especialmente, cómo desenfocarse. Un cerebro que no se desenfoca permanece trabajando constantemente.

El estado de flow se caracteriza por la pérdida de la perspectiva espacio-temporal: el tiempo parece no pasar. Ocurre en actividades que se disfrutan porque involucran un talento o habilidad en la que uno es bueno, que ya ha sido automatizada por la repetición y que genera sensación de seguridad para dejarse llevar.

Cuando el sistema se suelta y deja el control, comienza la "magia" cerebral. En este estado se observan más frecuencias alfa y frecuencias Z, relacionadas con la comodidad cerebral y con sentirse en la propia esencia.

Ejemplos: cocinar, hacer alfarería, mantener una buena conversación o conducir un podcast pueden generar flow cuando se está en sintonía con la otra persona y todo fluye de forma natural, como un baile.

El corazón y el cerebro son los dos órganos más electromagnéticos del cuerpo; el corazón genera un campo 5000 veces mayor que el cerebro. Esta electricidad se mide mediante electrocardiograma (rápido) y electroencefalograma (más sensible). Los campos electromagnéticos no se quedan dentro de uno mismo, sino que influyen en los de las demás personas.

La sincronización que ocurre en una buena conversación es real y medible: se trata de una interacción entre sistemas. La energía de las personas que nos rodean (compañeros enfadados, ambientes cargados) afecta directamente cómo nos sentimos. También existe una relación directa entre la energía que uno decide generar y mantener.

Se puede elegir entre ser víctima de los entornos energéticos o ser director de la energía que se quiere tener en el propio sistema. Tras una enfermedad, se puede decidir conscientemente qué energía recorrerá el propio sistema: más optimista, constructiva, amorosa, orientada a soluciones, menos dramática, más ligera, alegre y divertida.

Cuando llega energía negativa de otra persona, la respuesta es mirar hacia esa persona ("¿qué mal se debe sentir para emanar esa energía?") en lugar de hacia uno mismo. El sufrimiento ajeno genera compasión. Esto permite transformar la energía recibida en lugar de absorberla, actuando como "máquinas de transformación de energía". Esta capacidad existe en todas las personas; solo hay que saber que se posee para utilizarla.

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