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¿Es la Mente Realmente tan Poderosa Como Creemos Para Combatir lo que Nos Pasa? (Albert Espinosa)

Uri SabatJuly 31, 202615m
In a Nutshell

Albert Espinosa sostiene que la mente transforma fracasos en oportunidades, como cuando el rechazo de una película le permitió crear Pulseras Rojas, y que la vida tiene tres cimas: el éxito personal, el servicio a otros y el encuentro con alguien que cambia todo. Las lecciones más valiosas provienen de su experiencia con el cáncer y la muerte: no preguntarse "por qué", elegir la tranquilidad sobre la razón, aprender a morir para aprender a vivir, y llevar consigo las preocupaciones trituradas de su padre como recordatorio de que no hemos luchado tanto para perder la vida en tonterías.

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Albert Espinosa reflexiona sobre la capacidad de la mente para influir en los acontecimientos. Considera que tuvo la suerte de encontrar médicos excelentes que le dedicaron mucho tiempo, y también médicos con coraza que el cáncer transformó en pacientes más comprensivos. Recuerda especialmente a un neurólogo de 58 años que le habló extensamente sobre los misterios del cerebro.

El neurólogo le explicó que el problema no es que no utilicemos el 10% del cerebro, sino que no empleamos el 2% de las emociones que podríamos compartir con otros humanos. Le contó que las drogas experimentales y la radioactividad que recibía provocarían muchos cambios en su cuerpo y cerebro durante mucho tiempo.

El neurólogo definió el éxito como "lo que está entre dos fracasos". Explicó que cuando se produce un fracaso muy sonado, seguramente vendrá después un gran éxito. Esta idea marcó profundamente a Espinosa, quien la aplicó cuando su película anterior no funcionó en taquilla y, gracias a esa experiencia, le ofrecieron crear la serie Pulseras Rojas.

Espinosa recuerda que la serie Pulseras Rojas no habría nacido sin ese fracaso previo. A través de la serie conoció a Spelven y se convirtió en la serie con más versiones. Esta experiencia reforzó su creencia de que cuando algo malo sucede, algo extraordinario está por venir.

Espinosa considera que conocer al niño Ian, de 6 años, que luchaba contra el cáncer desde los 2 años, fue lo mejor que le pasó ese año. Durante los 5 meses que lo conoció, Ian le transmitió tanta energía, amor y fuerza que, aunque el niño falleció, Espinosa siente que sigue siendo su protector.

Muchos padres y madres le llaman porque sus hijos tienen pocas posibilidades de supervivencia, pero quieren conocerlo como "el caso raro que se salvó". Para Espinosa, estas familias le dan tanto como él les da a ellas, porque le permiten ver la vida desde otras perspectivas.

La madre hospitalaria le dio dos consejos fundamentales. Primero: "Nunca preguntes por qué en esta vida". Explicó que cuando crees conocer todas las respuestas, el universo te cambia todas las preguntas. El "por qué" siempre lleva a la tristeza y la depresión, y es la primera pregunta que enseñan en el hospital a no hacerse.

Segundo consejo: "En la vida puedes tener la tranquilidad o la razón". La madre hospitalaria eligió la tranquilidad porque ya sabía que tenía la razón. Le enseñó que no era necesario pelear con la gente.

Antonio Mercero, creador de Verano Azul, le preguntó a los 24 años si ya le habían "bautizado de odio". El bautizo de odio ocurre cuando alguien en quien has confiado mucho te hace tanto daño que te hace desconfiar del mundo. Mercero le enseñó que, cuando ocurra, puedes decidir quedarte en ese recuerdo preguntando por qué confiaste, o aprenderlo como lección para elegir mejor a las personas.

Mercero le aconsejó: "Confía en los desconocidos" y "Vigila quién entras en tu vida, porque quizá no podrás sacarlo nunca más". Espinosa llama "personas amarillas" a las personas que quiere.

La madre hospitalaria describió tres cimas en la vida. La primera es lo que crees que estás predestinado a hacer, donde llegarás al éxito pero dirás "No me ha llenado". Entonces hay que bajar y buscar una segunda cima, que probablemente será lo contrario a lo que buscas: si era recibir, será dar y ofrecer.

La tercera cima es la más importante y no se conoce hasta encontrar a la persona que cambiará tu mundo. La frase clave es: "Algún día dirás a alguien: está preparado para todo menos para ti". Las personas más importantes de la vida aún no se han conocido, y hay que seguir jugando intensamente para obtener los premios extras que son esas personas.

Espinosa defiende la importancia de remontarse a los 12-13 años y vivir la vida desde esa energía de descubrir y jugar. En su caso, esos años estuvieron marcados por vivir en un hospital, jugar en un hospital y vivir la muerte de su mejor amigo Álvaro.

Álvaro era el líder del grupo, tenía 15 años, era inteligente, guapo y listo. Para Espinosa, era el que tenía que sobrevivir. El cáncer es antihorario: si sale en una pierna, luego sale en el pulmón, y así sucesivamente.

Los niños del hospital temían morir entre las 12 y las 7 de la mañana porque los bajaban a la morgue y despertaban a toda la planta con los carritos. Los padres eran avisados a partir de las 8 de la mañana. Hicieron pactos: si alguien moría entre las 12 y las 6 de la mañana, el otro se quedaría con él, se cercioraría de que estuviera muerto, pero no avisaría a las enfermeras para evitar el jaleo.

Álvaro murió a las 12:15 mientras veían Crónicas Marcianas. Espinosa se quedó con él toda la noche, le habló de sus miedos y sueños. Considera que Álvaro fue la persona que mejor le ha escuchado. Tardó mucho en enfriarse, algo que le marcó.

A las 8 de la mañana, el médico principal dijo que Álvaro había muerto a las 7:15. Los padres pudieron velarlo al lado de la cama. Espinosa aprendió que "si aprendes a morir, aprendes a vivir" y la importancia de abrirse a otra persona aunque estuviera muerta.

Los embalsamadores le enseñaron que el oído es lo que tarda más en irse en una persona muerta, casi 20 horas. Esto le hizo entender que Álvaro realmente le había escuchado.

Los trabajadores de ambulancias le aconsejaron que cuando alguien muere, no hace falta llamar inmediatamente. Recomiendan quedarse con el cuerpo una hora, dos, tres, lavarlo si se quiere, vestirlo, cantarle, besarle. Espinosa aplica este consejo cuando le llaman por una pérdida: "Estate con él un rato, cógelo de la mano".

El padre de Espinosa, también ingeniero industrial, llevaba libretas detalladas de todo lo que le pasaba durante la enfermedad: fiebre, tiempo de recuperación de cada quimio. Diez días antes de morir, pidió una máquina de triturar y dejó un regalo: un cojín para dormir con las libretas trituradas dentro.

La carta que acompañaba el regalo decía: "Quiero que duermas siempre tranquilo sobre mis preocupaciones trituradas y que de alguna manera mis preocupaciones trituradas absorban tus miedos". Espinosa lleva este cojín a todos los sitios.

Espinosa establece que se necesitan 18 meses como mínimo para empezar a levantar cabeza después de perder un padre o madre. Posteriormente ocurre algo extraordinario: te vas convirtiendo en tu padre, entiendes todo lo que hacía y sus motivaciones, y acabas heredando su forma de resolver el mundo.

El padre tenía una frase que marcó la vida de Espinosa: "No hemos luchado tanto para esto". Cuando alguien le propone algo, Espinosa se pregunta qué pensaría su padre y si le diría que no han luchado tanto para hacer esa tontería y perder la vida.

Los niños con cáncer valoran la vida 100.000 veces más que otros porque saben que han tenido una gran suerte.

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