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Tuve Cáncer infantil y fue mi Mayor SUERTE: La Perspectiva que te Hará Vivir Mejor (Albert Espinosa)

Uri SabatJuly 29, 20261h 2m
Topics77
La perspectiva que da el cáncer infantil0:00El valor de la perspectiva0:32El podcast y el encuentro1:31La madre hospitalaria y sus enseñanzas2:30La relación con la muerte desde la perspectiva infantil4:00Los deseos y las vidas compartidas5:00Visitas actuales y el Hilton de la muerte6:00La experiencia en el Hilton de la muerte7:00El tratamiento experimental en San Francisco8:00La muerte como parte de la vida9:00El humor como salvación10:32Los efectos del tratamiento y las premoniciones11:00Las predicciones cumplidas12:00El libro "Nunca estuviste solo"13:00La pérdida de memoria y la novela14:00La mente poderosa y los médicos15:30El éxito entre dos fracasos17:00El niño Ian y las perspectivas de vida18:00Nunca preguntes por qué19:00El bautizo de odio20:00Confiar en los desconocidos21:00Las tres cimas de la vida21:30La frase sobre estar preparado22:30Los premios extras de vivir intensamente23:00Vivir la vida desde la energía infantil23:30La amistad con Álvaro24:00El pacto sobre la muerte24:30La muerte de Álvaro25:00Enseñanzas sobre la muerte y el duelo26:38La importancia del oído en la muerte27:00Acompañar al difunto sin prisa27:31La intimidad en el momento de la pérdida28:00Las libretas de su padre28:31El regalo del cojín29:31El proceso de duelo y la transformación30:00Entender mejor al padre tras su muerte30:30La frase de su padre31:01La perspectiva de los niños con cáncer31:30Las esclavirtudes32:00La felicidad de los niños enfermos33:00Los traumas de la infancia33:32Las almas de su madre34:01El bullying como lacra principal34:31El caso de Izan35:31El incidente en Nueva York36:00La correspondencia con la señora37:00Ser boleador contra el bullying37:31La tarjeta del padre38:01Las siete almas y la ayuda mutua38:31La asignatura pendiente39:31El bullying en restaurantes40:33Amar tu caos41:00La amputación de la pierna41:30La fiesta de despedida a la pierna42:00El último baile43:00El duelo antes de la amputación43:33La relación con el dolor44:02El cerebro y el dolor45:01La libreta de sinónimos45:32El miedo a las inyecciones46:00Los gritos en el hospital47:00La acusación de pederastia47:32El honor como almohada de plumas48:32La integridad del médico49:00Los protectores y detractores50:00La película El sexto sentido50:30La fórmula del éxito51:01La fórmula del "solo"52:03La atmósfera ideal de creación53:00La causa del fracaso en la universidad53:30Atmósfera ideal de creación53:43La fórmula del éxito en la creación55:31Proceso de construcción narrativa56:30Conexión con Marta Kauffman57:30El ejercicio de Marta Kauffman58:30Simplicidad en la escritura1:00:01Creación de personajes1:01:00
In a Nutshell

Albert Espinosa sobrevivió a un cáncer infantil que duró casi 10 años y perdió la pierna, lo que le enseñó a vivir con una perspectiva radical sobre la muerte y la pérdida. Su madre hospitalaria le transmitió lecciones clave: "vivir es aprender a perder lo que ganaste", nunca preguntar "por qué", y que el dolor se puede redefinir con palabras precisas para que el cerebro lo gestione mejor. El mensaje central es que la cercanía con la muerte permite valorar la vida intensamente, convertir el dolor en aprendizaje y entender que "si crees, se crea".

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Albert Espinosa explica que tuvo cáncer a los 14 años y estuvo casi 10 años enfermo. La muerte estaba muy presente, lo que le permitió ver la vida de otra manera. Una de las cosas que ha intentado enseñar al mundo es ponerle perspectiva a todo.

Vivir es aprender a perder lo que ganaste.

Su madre hospitalaria le dio esta frase que le ha condicionado toda la vida. A los 14 años, aún sin haber perdido la pierna, se dio cuenta de que eso es vivir. Cuanto más se vive, más cosas se pierden, y se puede elegir tomárselo de una manera o de otra.

La vida se ve en otras perspectivas. Mientras que en un mes tranquilo los hospitales infantiles oncológicos están llenos. Albert menciona que recibió 23.000 emails en una sola noche después de decir en El Hormiguero que si hay un niño que sufre bullying que le escriba.

Albert expresa que el podcast es muy especial para él porque quiere hablar de muchas cosas para que la gente entienda cómo se tiene que vivir mejor. Destaca la importancia de reencontrarse y poder hablar de la vida.

La madre hospitalaria era de San Juan de Espino y le enseñó a ser valiente en la vida y en el amor. Le dio la frase fundamental: "Vivir es aprender a perder lo que ganaste". Le dijo que hiciera una lista de todo lo que tiene porque con los años lo tendría que tachar.

Aprender a vivir es aprender a desprenderse de las cosas.

Albert tuvo la gran suerte de haber sido un niño que tuvo cáncer. Dejó el colegio a los 13 años cuando jugaba en los alevines del Barça como portero. Se encontró en el hospital Valle Hebrón con 18 chavales que tenían el mismo sarcoma que la hija de Luis Enrique, un cáncer casi mortal.

Todos perdieron la pierna, pero encontraron a la madre hospitalaria que les dio un grito de guerra: "No sois cojos, sois cojonudos". La muerte estaba muy presente.

Cuando morían niños, Albert le preguntaba a su madre hospitalaria qué podía hacer, y ella le decía que dividiera las vidas de los que perdían entre ellos para que se multiplicaran dentro. En aquellos 10 años le tocaron 3,7 vidas más la suya: 4,7 vidas en total.

Cada niño dejaba 10 o 12 deseos, y a Albert le tocaron 150 deseos de los que ha cumplido 149 y le queda uno.

Albert conoce a 50 o 60 niños actualmente porque los padres le escriben. Muchos mueren pero le dejan una fuerza increíble. Aconseja que cuando alguien tenga tristeza o depresión, vaya a una sala oncológica de niños para que le entren ganas de vivir.

A los 15 años tuvo cáncer de hígado con una tasa de supervivencia del 99,99% de imposibilidad. Le enviaron a Menorca a un hospital de paliativos precioso con cine, pistas de tenis, ping pong y acceso al mar. Los niños lo llamaban el Hilton de la muerte.

La media de estancia eran 23 días. Los niños llegaban, morían, y tenían un crematorio donde los quemaban y lanzaban al cielo de Menorca con colores y fuegos artificiales elegidos por ellos. Albert vio ser lanzado a 72 niños durante su estancia.

Cuando llevaba 20 días, repartió sus deseos y puso los colores del Barça para que lo lanzaran con él. A los 30 días no murió, a los 50 días los niños le decían que le iban a echar del Hilton de la muerte.

A los 73 días su médico le dijo: "Lamentablemente tu cáncer va muy lento". Albert respondió: "Hostia, lamentablemente no". Le dijeron que había un tratamiento alternativo para el osteosarcoma en San Francisco.

Le dijeron que elegirían cinco niños del mundo y que podía ser uno de los elegidos. Fue uno de los elegidos y recibió un tratamiento alternativo muy fuerte que no se había probado ni en cobayas ni en ratas. Eran los primeros cinco chavales en recibirlo: murieron cuatro y quedó solo él.

Nada es imposible en esta vida.

Su lema es: "Si crees se crea". El creer y el crear están una letra de distancia.

Albert cree que la felicidad que intenta tener cada día y la forma de hablar con niños que sabe que morirán forma parte de la vida. Si nadie muriera sería una putada, pero como el spoiler es que todos morimos, hay una forma feliz de tomársela.

Si puedes vivir con una sonrisa porque vivir sin ella.

El humor es fundamental. La madre hospitalaria decía que los miedos son dudas no resueltas. Desde pequeño le enseñó a no tener miedo ni tener miedo de enseñar. Albert menciona que tiene su muñón y cuando va con pantalones cortos por la calle la gente hace ver que no ve la pierna, pero dos segundos después se giran a mirarle, y él siempre se gira y los pilla.

El humor siempre te salvará.

El tratamiento de San Francisco tenía efectos secundarios. Le dieron 300 radiografías y 400 TACs. En San Francisco le dijeron que se le cambiaría la forma del cerebro y tendría premoniciones y sensación de ver protectores, gente que se ha ido y está cerca.

A los 15 años pensaba ser Spiderman, pero lo que le dijeron es que tendría premoniciones y ver protectores. Siempre ha creído que tiene la suerte de ver protectores y hacer premoniciones.

En 2019 escribió un libro que se llamaba "Lo mejor de ir a volver" donde decía que ganaría el siguiente mundial el 22 Messi metiendo tres goles en la final, como así fue. Messi le escribió preguntándole cómo lo sabía.

En otro libro decía que en 3 años llegaría una pandemia y llevarían todos tapabocas y nunca se sabría el origen si era animal o algo.

En el último libro "Nunca estuviste solo" habla de personas que han muerto pero siguen a tu lado. Menciona que ve a una mujer que cree que es la madre de Jordi en el programa Colapso, y Jordi le contó una anécdota de que cruzaba la Diagonal y sintió que alguien le tiraba para atrás, vino una bicicleta y no le mató, sintiendo el perfume de su madre.

Tardó casi 30-35 años en admitir que ve protectores porque es algo que cuesta mucho explicar. Decidió escribir una novela, un thriller sobre esto.

Cuando te curas de un cáncer pierdes la memoria a largo plazo porque te dan un tratamiento tan fuerte que no recuerda nada que supere los 5 años. Si la gente le quiere, tiene que estar con él.

Nunca estuviste solo. Ni cuando estás solo.

Es una de las novelas que más le ha gustado escribir. Ve a un señor joven que imagina que es el padre o abuelo del entrevistador, pero hace 6 meses. Le repite algo de un instrumento musical.

La mente es tan poderosa para que sucedan las cosas. Tuvo la gran suerte de tropezarse con médicos buenísimos que le dedicaron mucho tiempo, pero también con médicos que tenían coraza pero el cáncer les llevó a ser pacientes con él.

Recuerda un neurólogo de 58 años que le habló de los misterios del cerebro. Le dijo que obviamente el problema no es que no utilicemos el 10% del cerebro, sino que no utilizamos el 2% de las emociones que podíamos utilizar con los otros humanos.

El neurólogo le dijo que el éxito es lo que está entre dos fracasos. Cuando tengas un fracaso, ten seguro que si ha sido muy sonado después vendrá un gran éxito.

Muchos le preguntan cómo nació Pulseras Rojas. La película que había hecho antes no funcionó en taquilla. Después le llamaron y le dijeron si quería hacer una serie sobre su vida. Ya les había dicho cinco veces que no, pero les dijo que sí y nació Pulseras Rojas.

La mejor cosa que le ha pasado este año fue conocer a un niño que se llamaba Ian, que tenía 6 años y llevaba desde los dos luchando contra el cáncer. Durante los 5 meses que lo conoció le dio tanta energía, tanto amor, tanta fuerza y se fue, pero sabe que es un protector suyo que le sigue cuidando.

Cada vez que le llama una madre o un padre y le dice que su hijo tiene muy pocas posibilidades pero le ha visto y para ellos es como el caso raro que se salvó, quieren verle. Le dan tanto ellos como la familia.

La madre hospitalaria le dio el truco: nunca preguntes por qué en esta vida. Cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas. El por qué siempre lleva a la tristeza y a la depresión.

El universo te ha querido, te ha cambiado las preguntas.

Le regaló otra frase: en la vida puedes tener la tranquilidad o la razón. Ella eligió la tranquilidad porque la razón ya sabía que la tenía.

Antonio Mercero, el creador de Verano Azul, le dijo a los 24 años: "¿Aún no te han bautizado de odio?" El bautizo de odio es cuando alguien que has querido mucho te ha hecho tanto daño que te hace desconfiar del mundo. Alguien que te ha traicionado.

Mercero le dijo que el día que le bauticen de odio, puede decidir seguir en ese recuerdo preguntando por qué confió en aquella persona y le hizo tanto daño, o realmente aprenderlo como una lección que le ayudará a elegir más a las personas.

Mercero siempre le decía que confiara en los desconocidos, que ha sido uno de sus grandes mandamientos, y a los que ha creído, pero otra cosa es vigilar quién entra en tu vida, porque quizá no podrás sacarlo nunca más.

En el libro habla de la gente joven de ahora que lo tiene todo en la vida, que tiene el don de poder ver protectores, pero que se quiere ir de este mundo. Le han escrito tanta gente joven diciendo que ya lo han hecho todo, ya lo han probado todo, ya lo han visitado todo y no tienen ganas de vivir.

La madre hospitalaria decía que en la vida hay tres cimas:

  • La primera cima es lo que crees que estás predestinado a hacer, que lo harás muy bien, que seguramente llegarás al éxito y cuando lo consigas dirás "No me ha llenado"
  • La segunda cima será lo contrario a lo que buscas, si era recibir, obtener, es dar y ofrecer. Cuando llegues al final dirás "Me siento mejor, pero no es lo mío"
  • La tercera cima es la más importante, y no la conocerás hasta que conozcas a esa persona que cambiará tu mundo

La madre hospitalaria le decía una frase: "Algún día dirás a alguien, estoy preparado para todo menos para ti". Y lo dirá muchas veces en esta vida.

Nunca hay que olvidar que hay que seguir jugando en esta vida porque las personas más importantes no las has conocido. Albert sabe que las cuatro o cinco personas más importantes de su vida todavía no las ha conocido, y sabe que las tropezará un día cualquiera haciendo un acto como coger un avión o entrar en un hotel.

Si vives y juegas intensamente obtendrás unos premios extras, que son esas personas. Ha confiado mucho en ello.

El concepto de ver la vida desde el niño, remontarse a los 12-13 años y vivir la vida desde esa energía de descubrir, de jugar, siempre es algo positivo.

En su caso, esos 12-13 años están marcados por vivir en un hospital, jugar en un hospital, vivir la muerte de su mejor amigo en un pacto que tienen con él, y velarle durante toda una noche cuando tiene 13-14 años.

Su amistad con Álvaro lo forja todo. Si había un niño que se tenía que haber curado era Álvaro. Era el líder del grupo, tenía 15 años, era inteligente, guapo, listo, era brutal, era para todos el cabecilla, sería el Ye de Pulseras Rojas.

El cáncer es antihorario. Si te sale en una pierna, luego te saldrá en el pulmón, luego aquí. No te van radiografiando, sino que te radiografían antihorariamente.

Cuando eres un niño en un hospital, lo peor es morir entre las 12 y las 7 de la mañana porque te bajan a la morgue, bajan tu cadáver, despiertan a toda la planta con los carritos y luego te bajan a la morgue y avisan a tu padre y a tu madre a partir de las 8 de la mañana.

Hacían pactos: si muero entre las 12 y las 6 de la mañana, tú te quedas conmigo, me hablas, te cercioras de que esté muerto, pero no avisas a las enfermeras ni a nadie.

Con Álvaro hizo esa promesa. Estaban viendo un programa de humor, Crónicas Marcianas, y de repente él no se rió y supo que Álvaro había muerto a las 12:15. Tenía 14-15 años y le dijo: "Solo son las 12:15, Álvaro, déjame que avise". Pero igualmente lo hubieran bajado a la morgue, así que se cercioró de que estaba muerto y se quedó con él.

Álvaro le dijo: "Háblame, cuéntame tus miedos, los sueños que tienes en esta vida". Fue precioso porque estuvo con él junto a él en la cama, le estuvo hablando. Es la persona que mejor le ha escuchado y sabe que le dirá que estaba muerto, pero le escuchaba de una forma superlinda, era como si le entendiera. Tardó mucho en enfriarse, que es algo que le ha marcado siempre.

A las 8 de la mañana llamó al médico principal, quien afirmó que el niño había muerto a las 7:15, pero él pensaba que no sabían nada. Los padres de Álvaro pudieron velarlo al lado de la cama, y esta experiencia le enseñó que si aprendes a morir, aprendes a vivir. También le enseñó a abrirse a otra persona, aunque estuviera muerta.

Con los años ha conocido a gente que se dedica a embalsamar muertos, quienes siempre miran los ojos antes de embalsamar y preguntan qué canción les gusta para ponerla. Esta gente le enseñó que lo que tarda más en irse en una persona muerta, casi 20 horas, es el oído. Cuando le dijeron eso, entendió que Álvaro le había escuchado.

Gente de ambulancias que va a buscar muertos le contó que si se muere alguien no hace falta llamar al minuto que se ha muerto. En España hay la sensación de llamar inmediatamente para que vengan a buscar, pero esta gente enseña a quedarse con el difunto una hora, dos, tres, lavarlo si se quiere, vestirlo, cantarle, besarle, lo que se necesite. Cuando alguien tiene una pérdida y pregunta qué hacer, responde: "Tranquilo, estate con él un rato, cógele de la mano."

Es bello porque es tuyo y sigue estando ahí y sigue oyendo. La intimidad que se crea en ese momento es muy especial. Recordó las 5 horas con Mario cuando hablaba de Álvaro.

Su padre también era ingeniero industrial. Cuando él se puso enfermo, su padre hizo libretas de todo lo que le pasaba: la fiebre que tenía, lo que tardaba en recuperarse de cada quimio. Era un hombre muy ordenado. Cuando se estaba muriendo, pidió una máquina de triturar y dijo que le había dejado un regalo para su madre.

El regalo fue un cojín para dormir, una almohada, y dentro había triturado todas las libretas de aquellos años donde estaban todas sus preocupaciones y preguntas. Había una carta que decía: "Quiero que duermas siempre tranquilo sobre mis preocupaciones trituradas y que de alguna manera mis preocupaciones trituradas absorban tus miedos." Ese cojín se lo lleva a todos los sitios.

Perder un padre es muy duro porque no es algo imaginable, pero pasa algo extraordinario. Quien pierde ahora una madre o un padre necesita 18 meses para empezar a levantar cabeza, y esa es la medida del duelo como mínimo. Luego pasa algo extraordinario: te vas convirtiendo en tu padre, acabas entendiendo todo lo que hacía y todas sus motivaciones, y poco a poco acabas haciéndolas tú. Acabas heredando algo bellísimo: la personalidad de una persona o la forma como resolvía el mundo.

Con los años, más de 10 años después de la muerte de su padre, ha obtenido mucha felicidad porque de repente le ha entendido mucho mejor. Los que han tenido una relación conflictiva con su padre, al final pierden al mejor contrincante, al que más se preocupaba, al que intentaba sentarte y explicarte cosas, y eso le da mucho valor a la vida.

Su padre decía una frase cuando no estaba de acuerdo con algo: "No hemos luchado tanto para esto." Aquella frase marcó su vida. A veces cuando alguien le dice algo, piensa qué pensaría su padre, y se pregunta si haría esto o no, y se dice: "No hemos luchado tanto para hacer esta tontería y perder la vida."

Los niños con cáncer valoran la vida 100,000 veces más que otros porque saben que han tenido una gran suerte. Hay una frase que dice que cuando te pasa eso te da igual las opiniones de los demás. Cualquier problema que puedas tener, alguien en una habitación de un hospital daría lo que fuese por tener ese problema que tienes tú. Relativizas y pones en perspectiva realmente las cosas importantes de verdad.

Muchos van muy rápido en esta vida para olvidar que pueden ponerse enfermos. Su madre hospitalaria le llamaba las "esclavirtudes": todo el mundo tiene una virtud que si no la sabes utilizar con las personas se acaba convirtiendo en tu esclavirtud, como si fuera una esclavitud. La esclavirtud ha de saber utilizarla en esta vida. Hay gente que tiene muchas virtudes, entre ellas ir rápido, no emocionarse con nada, y en realidad se acaba convirtiendo en su esclavirtud. No se puede parar.

Mucha gente le pregunta cómo puede ver niños enfermos si él fue un niño enfermo y sabe que se van a morir, pero piensa que tienen una felicidad tan grande y tan máxima que te regalan mucho más de lo que la gente se imagina. Tuvo la suerte de hacer una conferencia al primer equipo del Barça para motivarles, y cuando acabó había una sensación diferente respecto a muchos temas en sus ojos.

Hay unos miedos que son traumas de la infancia: te pasaron cosas en la infancia, intentas olvidarlas o que desaparezcan. Su madre hospitalaria decía que el alma en realidad no la componen siete almas de siete personas diferentes de este mundo. A veces te despertarás triste un domingo a las 10 de la mañana y dices que no tienes ningún tema para estar triste, pero es porque un trozo de esos siete de alma de este mundo, hay una persona que está sufriendo.

Su madre decía que tenía alma de siete personas y también decía que ella tenía almas de ciervo y tenía almas de narcisos de la planta. Cuando murió la enterraron en Málaga, y el sepulturero le dijo que tenía que ver algo increíble: en medio de la sepultura había crecido un narciso. Hay gente que pensaría que llegó una semilla, pero él cree que tenía alma de Narciso.

Para él, la lacra más grande del mundo es el bullying, que sigue practicando día a día la gente. Cuando te intenta acelerar en una autopista y te hace luces, eso es una forma de bullying. Hay gente que no puede dejar de practicarlo. El día que fue al Hormiguero dijo que si hay un niño que sufre bullying que le escriba un mail, y aquella noche recibió 23,000 mails de niños que todos acababan diciendo: "Ven a mi cole y mata al que me hace bullying."

Izan, el niño que tenía 6 años y cáncer, sufría bullying porque hablaba un poco mal, porque no había ido al cole, porque no tenía pelo, porque andaba diferente. No puede haber crueldad tan grande, pero en realidad diariamente está. Pones las noticias y ves gente burlándose de otra gente. Para él es el bullying.

La única vez que acabó en un calabozo fue en Nueva York. Había una señora de 97-98 años en silla de ruedas que llevaba una bola de nieve de Ciudadano Kane, y había un segurata que le decía que superaba la cantidad de agua que se puede pasar, que tenía que facturarlo todo. Junto con la señora se enfrentaron a aquel hombre y le dijeron que esto era puramente bullying porque existen las normas, pero existe algo que no tiene un sentido: la humanidad. Cualquier norma te la puedes levantar por humanidad. Acabaron la señora de 95 años y él en un calabozo en Nueva York.

Lo más bonito fue que todavía se escriben, y ella está a punto de cumplir 103 años. Lo más bello fue cuando llegó el capitán de Nueva York, un señor con galones, y cuando vio a los dos reos se partió de risa. No se lo podía creer que hubieran detenido a un niño, a un chaval sin pierna, y a una señora en silla de ruedas. La pérdida de aquel vuelo ganó en conocer a una persona como aquella mujer.

Ante el bullying hay que ser boleador, como en el tenis: antes de que la pelota toque el suelo, has de bolear. Es algo que le ha metido en muchos problemas, pero le encanta poder luchar por la gente que no puede. Muchas veces por la calle ves un niño y ves tres que le están haciendo la otra banqueta, le están insultando, y sabes que ahí hay un bullying. Puedes hacer dos cosas: no es mi problema, no conozco el contexto, o parar y con palabras, nunca con violencia, explicar y decirle al niño: "Oye, ¿me ayudas en mí porque soy un desconocido, busca al adulto de tu familia que te va a poder ayudar? A veces tu tío, a veces es un amigo, un padre de alguien."

Una de las cosas más bonitas que recuerda es que con la quimioterapia se le ponía un ojo morado y fue al cole un día que hacía tiempo que no iba. Hubo un padre de un niño que vio el ojo morado y le dio una tarjeta y le dijo: "Si tu padre te pega, llámame." Le pareció el hecho más precioso. No le explicó que era por la quimioterapia porque sintió que un adulto le había dado su contacto para intentar ayudarle porque pensaba que estaba sufriendo violencia.

No hay que tener ningún miedo porque tienes siete almas dentro, y cuanto más ayudes a otra persona, más te ayudarás también a ti mismo. Sobre todo si podemos cambiar eso. Ha ido a tantos colegios que cuando acaba conociendo al niño, luego conoce a los padres y dice: "Hostia, entiendo porque este es un mini cabrón, porque he conocido los cabrones grandes." Muchas veces tiene que ver por cómo un padre o una madre han educado en unos valores a un hijo que a veces son: tú no te dejes pisar, tú intentas ser el mejor, y a veces esas formas de odiar a las personas se heredan por una forma cultural que tienen de ver el mundo.

Esa debería ser la asignatura pendiente de todo el mundo, no solo de profesores o del gobierno, sino todo el mundo puede conseguirlo. Hace una cosa: cuando alguien le intenta ir a la velocidad con el coche, si puedes ir a 120 a 160, le hace luces de la forma que sabe que le haría una cámara de fotos en una autopista. Dos ráfagas y una, cuando tú lo ves sientes que ha sido como un se acojonan al momento, frenan, miran hacia atrás, piensan: "Hostia, hay un coche." Ese instante de miedo para él es bello, porque cree que al final si todos lo hiciéramos, les entraría un miedo tremendo.

Muchas veces ha ido a personas y les dice: "Tú con 70 o 66 años sigues cometiendo bullying en este caso en un restaurante con un camarero, pero esto es puramente bullying." Cree que la mayoría silenciosa, los que no hemos sufrido bullying ni lo hemos practicado, tenemos el poder, el superpoder de cambiar este universo, porque si no existiera el bullying, todo el mundo sería más feliz.

Su madre decía: "Ama tu caos, ama tu diferencia, ama lo que te hace único." Él le preguntó qué era su caos, y ella dijo: "Lo que tú eres. Aquello que no podrás cambiar nunca en la vida, ese es tu caos. Tienes que amarlo." Cree que la gente amaría mejor su caos si no existiese el bullying diario.

Vamos a hablar de un tema muy importante: el dolor. Cómo convives con el dolor. Cuando te cortan la pierna, a él se la cortaron el día de San Jordi, el 23 de abril, su cumpleaños. Es un día bello porque la gente se regala libros. Fue del año 83. Él tenía 12 años. Cuando te cortas la pierna, ese día todo el mundo se regala rosas aquí en Barcelona, libros, y no sintió que era un día cualquiera para perder la pierna. Sintió como mucha felicidad alrededor suyo.

Una de las cosas que le enseñó el celador que le llevaba al hospital. Su médico le dijo en la noche anterior: "Haz una fiesta de despedida a la pierna, invita a gente que tenga que ver con la pierna." Y él, además, recordemos que siendo futbolista, en su caso era como perder su herramienta de trabajo, era un dolor inmenso. Aquella fiesta de despedida le dijo que invitara a gente que tuviera algo que ver con la pierna. Invitó a un portero de fútbol al que cuando jugaba delantero le había metido 40 goles. En realidad había metido uno, pero los enfermos de cáncer se dejan decir de todo. Invitó a una chica con la que había dicho "piececillos bajo la mesa."

Recuerda que el último baile a dos piernas lo hizo con la enfermera. Él no tenía música y su compañero de habitación, que en aquel tiempo era un adulto de 48 años que él pensaba que era un viejo y ahora se ha dado cuenta que era jovencísimo, puso una canción de Antonio Machín que era "Espérame en el cielo," que era como perfecta para perder una pierna. Hizo aquel último baile y todo el mundo le había avisado que tendría el fantasma cuando te cortas la pierna: tu cuerpo no lo sabe, con lo cual sigue enviando señales musculares y tienes un dolor tremendo.

Tuvo suerte porque aquel hombre sabio, aquel médico increíble, le enseñó a hacer el duelo antes de aquel momento. Entonces no solo se fue la pierna, sino también se fue el fantasma. Nunca notó aquel dolor. Recuerda que vinieron luego los médicos y le dijeron: "¿Quieres dar la pierna a la ciencia? Enterrarla." La dio a la ciencia. No sabe por qué. Dos días después la ciencia la devolvió, no la quiso, no era un tumor tan interesante. La enterró y ahí en Monuiga hay una lápida donde está su pierna, espera de su cuerpo. Siempre dice que es de los pocos que puede decir que tiene un pie en el cementerio, pero es de los pocos que se despierta con el pie derecho.

Lo que aprendió en aquel tiempo, porque te pinchaban tanto, te hacían tantas putadas, te abrían, es que es el dolor. Fue a la persona más inteligente que conocía, que era su madre hospitalaria, y le dijo: "¿Qué es el dolor? Porque yo siento dolor cuando me pinchan." Y de repente le dijo: "Si no quieres sentir dolor, has de entender una cosa: el dolor no existe." Él le dijo: "No, pero el dolor existe." Ella le dice: "No, la palabra dolor no existe. Nunca más en tu vida digas, tengo dolor. Tienes que decir, noto un escozor muy fuerte, noto un pellizco muy fuerte."

Le preguntó por qué, y ella le dijo: "Porque tu cerebro escucha, no para de escuchar. Cuando escucha dolor se activan un montón de cosas. Cuando escucha pellizco, escucha calentamiento, se activan otras cosas en tu cuerpo, pero el dolor tu cerebro lo acentúa." Le enseñó otra cosa básica: que tu cerebro escucha muy poco, es muy vago, pero lee muy bien. Entonces le dio una libreta que le llama la libreta de sinónimos del dolor. Dice: "Aquí tienes que apuntarle a tu cerebro qué sientes, pero tienes que ser muy certero."

Entonces él decía: "Siento como pinchazos terribles en el hígado que me producen como un fuerte hinchazón," y todo eso lo escribía. Tiene su libreta del dolor y notaba como poco a poco su cerebro, que es muy inteligente, iba buscando cómo aliviarle, le iba aliviando. Su relación con el dolor ha sido nunca decir dolor y siempre encontrar sinónimos.

Una de las cosas que más temía, porque fueron casi 97 tandas de quimioterapia, es que tiene unas venas terribles, las sigue teniendo. Una vez vino una enfermera y le pinchó 32 veces. Él pensaba que la 33 le regalarían una cubertería o algo, porque es increíble. Y no acertaba, no acertaba nunca. No tenía, le pinchaban en el pie o en el dedo del pie. Su madre le espetó: "Eso es porque te da mucho miedo y tienes mucho dolor. Has de pensar que es una caricia entre el hierro y la piel." A partir de ese momento la encontraban a la primera porque él notaba que sentiría una caricia al ponérsele la inyección.

Una de las cosas que aprendes mucho en el hospital es encontrar sinónimos. Otra cosa difícil en un hospital eran los gritos, que es algo terrible. Un hospital cruje de dolor por los gritos de las siete plantas. Comienzas a sentir lamentos o gritos a veces y traspasan. Recuerda que un MIR que empezaba, que bueno, nos quería mucho a los chavales, venía a jugar a Parchís con nosotros. La novia le dejó, obviamente, porque se pasaba el fin de semana. A ese MIR le ha dedicado parte de ese libro, que luego se convirtió en un médico muy famoso.

Un niño le acusó de pederastia. Un niño que murió le acusó y lo echaron del hospital. Con los años lo encontró un día y él tenía la visión del niño, de aquel hombre tan cariñoso que venía y nos ayudaba, y chocó mucho con la idea porque vino la policía, nos entrevistó a todos los niños: "¿Qué te hacía este médico?" Él no se sentaba en la cama y no se hablaba. Era muy cariñoso, realmente te cogía de la mano, pero todo era, diría que humanidad y amor visto por él. El niño que le había acusado, que dijo que le había pasado todo esto, en realidad estaba muerto. Lo contaron los padres cuando el niño murió. Entonces nunca supieron, nunca pudieron hablar con él.

Cuando lo encontró, le preguntó: "¿Por qué no te defendiste?" Él había cambiado de profesión, había pasado de médico a cuidar faros en lugar de personas, los arreglaba. Le preguntó: "¿Por qué? ¿Por qué no te defendiste?" Le dijo una frase de Carigran, que le gustó mucho: "El honor es como una almohada llena de plumas que si alguien lo pone en duda es como si tiraras todas esas plumas al viento. Luego, aunque tengas la razón, no hay quien recoja las plumas." No hay gente que no se lo creerá. Ya murió aquel doctor y un día le pidió contar la historia en este libro, contar esa sensación de cómo alguien nunca luchó.

Pero como al final la persona que le había acusado, que era el hermano del niño, un día dijo que se lo había inventado todo por la rabia de perder a su hermano y de que aquel médico no lo hubiera podido curar. Para él fue un impacto muy grande que le produjo aquella sensación de alguien que sabiendo que es inocente no lucha. Pero simplemente un día le preguntó: "Pero, ¿por qué no luchas aparte de por las plumas que no puedes recoger?" Y le dijo: "¿Por qué no voy a luchar contra una familia que ha perdido a su hijo? Porque yo no lo pude curar." Era un hombre tan íntegro, por decirlo de alguna manera, tan bueno, que realmente escribir "Nunca estuviste solo" ha sido algo fascinante.

Uno de sus sueños es si alguien pudiera contactar con aquel niño, si alguien tuviera el poder de contactar con los que se fueron. Ha conocido tantas personas que tienen dones que no los puedes entender. Hace poco, antes de que empezara el mundial, dijo: "Ganará el mundial una selección pequeña, una selección que no ha ganado el mundial." Cada día le escribe gente, le dice: "¿Ha pasado Paraguay?" o "Ahora ha pasado Marruecos." No, sí, sí, sí, obviamente puede pasar. Pero también ha conocido gente que ve protectores, que es los que te cuidan, las buenas personas, pero también ha conocido niños que les dieron cáncer, que ven detractores, es decir, personas que se te enganchan y te hacen daño y te hacen el mal.

Cuando vio "El protegido," la película de Shyamalan, que le encantó y tuvo la suerte de conocer al director, le preguntó: "¿Cómo conseguiste el sexto sentido?" Un día tomando un café en Barcelona que vino, le dijo: "¿Cómo has conseguido? ¿Cuál es el éxito para conseguir el sexto sentido si tu película anterior fue un fracaso y nunca te había funcionado?" Le dijo algo muy bello: "Mira, tú mírate las ocho películas de los directores que solo han hecho una película y han tenido un éxito. Y verás que hay ocho cosas en común."

Las ocho cosas en común las detectó una noche viendo aquellas ocho películas en bucle y supo cómo tenía que hacer el sexto sentido. Le preguntó cuáles eran esas ocho cosas, y le dijo: "No, siempre has de hacer tú el trabajo. Tú piénsatelo, encuentra esas ocho películas de directores que con su primera película consiguieron el éxito y entenderás por qué." Lo ha hecho. Una es obvia: tienes que tener un niño en la película. Todas las grandes éxitos de película, pero hay muchas más que si la gente las observa y no son muy la fórmula del éxito del cine para empezar a conseguir un éxito es observar.

Esas películas sí que ha encontrado. Hay una fórmula del éxito de cine que es clarísima, que le llama la fórmula "solo": si tú encuentras un solo en una película, tienes un éxito. Por ejemplo, en Náufrago, solo en una isla; El marciano, solo en Marte; Solo en casa, que ya lleva hasta el título; pero de repente está en casa y le cuenta una historia y dice: "Hostia, esto es un solo, podría ser buenísima." Hasta ET es un solo, es un solo raro, pero es un extraterrestre que lo dejan solo en el planeta Tierra. Y acaba la fórmula del solo ante el peligro. Hay muchas, pero para él es una fórmula increíble. Entonces, a veces busca ese solo y no deja de hasta poderlo filmar.

La creatividad, la historia perfecta, el "let it be." Cómo sabes cuando tú haces pulseras barmellas, cuando escribes algo, tú ya dices: "Esto es la hostia o no." No, nunca lo sé. No, pero te diré por qué. No es que pulseras barmillas cuando lo escribió, que le pasa algo muy curioso: los grandes éxitos que ha tenido los ha escrito a mano. Una época estaba muy obsesionado sobre cuál es tu atmósfera ideal de creación. Es ingeniero industrial, con lo cual no ejerció de ingeniero, pero sí ingeniería industrial es una carrera donde Mr. Bean es ingeniero industrial, Donald Sacerla es ingeniero industrial, Pompeu Fabra, Gabriel Celaya. Es una carrera que en realidad tiene cálculo, álgebra, pero acaban saliendo artistas.

Una cosa que le obsesionaba cuando hizo ingeniería industrial, bueno, le obsesionaban muchas cosas: cuál era la causa de fracaso en la universidad. Entonces, el proyecto de

El proyecto de final de carrera consistió en seguir a 500 chavales que empezaban el primer curso para identificar la causa del fracaso escolar. En este contexto, resultaba fundamental determinar cuál es la atmósfera ideal de creación. Al consultar con diferentes artistas sobre este concepto, un compositor con premios Oscar explicó que su atmósfera ideal era el ruido de sus siete hijos peleándose en un despacho pequeño de casa. Cuando tuvo éxito y se mudó a un apartamento más grande, dejó de componer. Con el tiempo, se descubrió que la atmósfera ideal de creación es el agua, ya sea al lado de un lago, mar, río o en una bañera.

Cuando se escribió Pulseras rojas en Menorca, el hospital de paliativos se había convertido en un hotel junto al mar, y allí se escribió toda la primera temporada de forma seguida. La madre hospitalaria del autor, que había tenido muchos trabajos, aconsejó que si algún día se dedicaba a escribir, buscara cuatro personas que no se dedicaran a escribir, pero que tuvieran confianza como seres humanos, y les pasara los escritos.

La fórmula del éxito consiste en encontrar la atmósfera ideal de creación y las personas que juzguen el trabajo, que no sean de la propia industria. Si se es músico, que no sean músicos; si se es escritor, que no sean escritores, sino que tengan una calidad humana extraordinaria. Estos cuatro lectores se guardan con mucho celo, incluso cuando la editorial pide acceder a ellos.

En el proceso de la historia, es fundamental tener muy claro de dónde se parte y a dónde se quiere llegar, o construir mientras se va viendo el personaje. Una de las cosas que funciona es tener un final antes de empezar. Nunca se comienza sin tener un final, basándose en la idea de que "finales que merecen una historia". El libro Nunca estuviste solo habla de la frase en latín "Dukin Altum", que significa remar hacia delante, pase lo que pase en esta vida. El final del libro concluye con la frase: "uno está destinado a ser lo que debe ser".

Años más tarde se conoció a Marta Kauffman, quien creó un ejercicio para elegir guionistas. La historia fue rocambolesca porque Pulseras rojas llegó a un festival en Corea. Marta Kauffman se bajó de las escaleras, se tropezó y se rompió la tibia y el peroné. En Corea le pusieron todas las series entre las diez Pulseras rojas. En Estados Unidos, Steven Spielberg la fue a buscar al aeropuerto y la curaron. Estaban juntos cuando no existía Netflix, así que tuvieron que elegir una serie al azar de las 80 que había. Vieron Pulseras rojas, rieron, lloraron y llamaron a Barcelona para comprar la serie. Meses más tarde, estando en Atlanta con Spielberg y Marta Kauffman, se le preguntó sobre el ejercicio que había hecho en Nueva York.

El ejercicio consistía en escribir tres páginas sobre dos personas con dos perros que debían conseguir el contacto de la otra. Los criterios de evaluación eran:

  • Los que no ponían nombres a las personas ni a los perros eran descartados, porque el nombre dice mucho de ti
  • Los que situaban una escena en un banco sin aprovechar las características del parque específico que conocían eran eliminados
  • Los que no aprovechaban el movimiento, como que un perro se escapara y el otro lo siguiera, eran descartados
  • Los que no reflejaban el clima real (ni sol radiante ni truenos) también eran quitados
  • Los que no utilizaban algo que realmente hubieran usado para conseguir el contacto de otra persona eran eliminados

Todo tiene que ver con simplificar. Cuando se tenía 19 años se decidió aprender un idioma y se pensó por qué no enseñar lenguaje de signos. Se hizo durante un año lenguaje de signos solo para atenderlo. Lo primero que se aprende en un curso de lenguaje de signos es que te van a poner un nombre de sordo. En aquel tiempo se había caído de una moto y tenía una cicatriz, y ese era su nombre de sordo.

Cuando se crea un personaje, tiene su nombre, un adjetivo que guste y que define el personaje, y su nombre de sordo. Los sordos buscan tu peculiaridad física. Se aconseja a todo el mundo simplicidad al escribir guiones.

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