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Los beneficios y los riesgos que nadie te explica del GLP-1

Dr. Carlos JaramilloSeptember 10, 202614m
In a Nutshell

El riesgo real del GLP-1 no es perder peso, sino perder músculo y recuperarlo como grasa al suspenderlo, lo que deja un cuerpo más frágil a igual peso. La diferencia la marcan cuatro acciones: priorizar 100 g de proteína diarios, entrenar fuerza dos o tres veces por semana, subir la dosis solo lo necesario y medir fuerza (prueba de 30 segundos levantándose de una silla) en vez de solo la báscula.

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Dos mujeres del mismo grupo de WhatsApp empezaron el mismo medicamento el mismo mes, 48 y 52 años. Las dos venían de 20 años de dietas. Las dos se pusieron la primera dosis un jueves de enero. Con la misma mezcla de vergüenza, frustración, esperanza que tiene casi todo el mundo cuando se pone la inyección. Un año después las dos habían bajado prácticamente lo mismo: 17 kg. Mismo medicamento, misma dosis, casi el mismo número, todo igualitico. Sin embargo, hoy están en dos cuerpos completamente diferentes. Una de ellas se levanta del piso sin apoyarse en el sofá cuando juega con su nieto sin ningún problema. La otra tiene que rodar de lado, poner una rodilla, empujarse con las dos manos.

Quédate porque lo que separó a esas dos mujeres no se ve en la báscula. Hay un dato, uno solo, que explica por qué el verdadero riesgo de estos medicamentos no está en el año que los usas, sino en el año siguiente.

Hay algo que casi nadie lo está pensando y es que de un lado están los que demonizan completamente estos medicamentos, que si es trampa, que hay que hacerlo solamente por la vía natural. A la obesidad la tratamos como lo que hay que tratarla y es que hay que tratarla como algo completamente integral porque es que tiene demasiados factores que lo involucran. Cuando venimos a tratarla de una manera completamente lineal, ese es el peor tratamiento de la historia de la medicina. Hoy sabemos que además protegen el corazón, eso no está en discusión.

Del otro lado hay algo igual de grave lo que casi nadie habla y es la receta sin un plan. La consulta de 7 minutos donde lo único que hacen es subirte la dosis. Te dicen, "Nos vemos en 3 meses." Y nadie te preguntó qué estás comiendo ni que midió algo diferente o no te midieron nada distinto a simplemente pesarte. La clínica que te vende el vial para que tú te lo pongas y te lo facilitan por WhatsApp o la persona que confunde tratar la obesidad con bajarle al número de la báscula. Son dos cosas muy distintas.

Cuando tú bajas de peso, tu cuerpo no solamente baja grasa, baja un paquete completo. En el estudio más grande que se hizo con semaglutida, a un grupo de participantes le hicieron un escáner corporal antes y después para ver exactamente qué era lo que había sucedido. Y de cada 10 kg perdidos, cerca de cuatro no eran grasa, era lo que se llama masa magra. Masa magra es músculo, agua, tejido conectivo del tejido que sostiene, que mantiene el sostén en el cuerpo.

Eso pasa con cualquier pérdida de peso, con cualquiera. No es que sea un veneno exclusivo que solamente pasa con la inyección. Eso pasa con hacer dieta, keto a lo loco, eso pasa después de ayunar, eso pasa con cualquier tratamiento. Al final del estudio, la proporción de músculo del cuerpo era mejor que al principio porque se perdió mucha más grasa que músculo.

Hay personas que pierden 30 kg. Y si esos 30 kg llegan a perder 5 o 6 kg de músculo, eso es un montón de músculo. Quién se está poniendo estas inyecciones son hombres y mujeres de 40, 50 años, de 60, que ya venían perdiendo músculo calladitos por la edad, por la falta de estímulo, por la caída de los estrógenos, por la caída de la testosterona y que llegaron a este tratamiento con menos reservas de la que creen. A los 25, de pronto tú puedes darte el lujo de perder algo de masa muscular. A los 50, a los 60, eso ya te empieza a representar un problema grave que te va a dejar con un grave problema de debilidad, además del gravísimo problema metabólico y neuroendocrino que te puede ir empeorando.

El músculo es un órgano endocrino. Perder músculo es bajarle el techo a tu vida sin darte cuenta.

A la gente del estudio que se nombró la siguieron después que el medicamento se acabó. Un año después de dejar de ponérselo, habían recuperado unas dos terceras partes del peso que habían bajado y las mejoras de la presión arterial, del azúcar, del colesterol, todo fueron volviendo exactamente a lo mismo. Pero lo que casi nadie les contó fue lo siguiente: cuando bajas bajas grasa y músculo. Cuando subes de vuelta tú no subes grasa y músculo, subes grasa. Puedes terminar el ciclo completo exactamente en el mismo peso en el que empezaste, el mismo número, la misma cifra en la báscula, con un cuerpo que hoy está peor, menos motor, más carga. La báscula te dice que estás igual, pero tu cuerpo sabe que no estás igual.

Muchas mujeres o muchos hombres ya repitieron ese ciclo dos o tres veces con dietas. Cada vuelta las dejó un poco más frágiles en el mismo peso y ese es el verdadero efecto secundario, no las náuseas de la primera semana, sino eso.

La diferencia entre las dos mujeres cabe en cuatro cosas:

Una de ellas hizo lo que casi todo el mundo hace por primera vez cuando no siente hambre: si no tengo hambre no como. Terminaba el día con un café, una arepa y una sopa, 800 calorías sin querer pues estar buscando que su cuerpo estuviera en un estado casi como de desnutrición, pero sin estarle dando a lo que su cuerpo realmente necesita y lo que le va a garantizar estar bien. Eso el cuerpo lo va a empezar a entender como una hambruna y eso empieza a hacer si el cuerpo no tiene aminoácidos para mandarle al cerebro, para el sistema inmune, para todo, va a ir a sacar de donde de donde tiene. La otra puso la proteína de primero y es que siempre, aunque dijera, "Tengo poquita hambre", pum, empiezo por la proteína, el huevo, el pollo, la carne, el pescado, los frijoles y después empezaba a ver cómo se comían los vegetales. Entonces, unos 25, 40 g por comida, arrancando en el desayuno, que es cuando el medicamento está como generando menos efecto. En una mujer de 70 kg, más o menos 100 g de proteína es lo que debe consumir. No es una cifra de gimnasio, es la cifra de la que hablan los estudios cuando quieres que lo que se vaya sea la grasa y no el músculo. Y los días en que el estómago no le daba, pues tomaba de pronto un poco de proteína líquida.

Caminar no cuenta. Caminar es maravilloso para tu corazón, para tu cabeza, para tu azúcar, para soltar un poco como liberarte un poquito. Pero caminar no le dice a tu cuerpo, "Conserva este músculo, yo lo estoy usando." Eso solamente lo dice cuando haces carga. Carga dos a tres veces por semana, algo que te cueste. Mancuernas, bandas, máquinas o tu propio peso. Empujar, alzar, cargar cosas, pararte de una silla 10 veces cada hora durante el día. Ella pudo haber empezado con botellas de agua en la sala viendo un video y cargando botellas de agua tres veces por semana. No tuvo que pagar un gimnasio. Cuando tú entrenas fuerza, mientras bajas de peso, le estás dando a tu cuerpo una razón concreta para no tocar el músculo.

Hay una idea rarísima dando vueltas de que hay que llegar rápido a la dosis máxima y la dosis correcta es la más baja que a ti te sirva. Casi todos los efectos molestos, las náuseas, el vómito, el reflujo, el estreñimiento, la pérdida del interés por las cosas que te gustaban, todo eso vienen de subir el fármaco demasiado rápido. Si vomitas, si no comes, si no hay proteína, pues entonces se te va terminando el músculo y al final todo termina interconectado con un montón de cosas. Puedes quedarte tres meses en una dosis intermedia porque estabas cómoda. Cuando te la subieron un poquitico, vuelves a esa misma dosis. Bajar más despacio también te protege de lo otro que trae la caída rápida, que va desde que se te caiga el pelo hasta que puedas perder la vesícula y puedas tener algún problema.

Una se pesaba todos los días y no se midió nada más durante 12 meses, un año. La otra hizo tres cosas ridículamente simples: se midió la cintura con 1 m de costurera, se hizo medir la composición corporal dos veces en el año con un examen que se llama un dexam y se cronometró levantándose de una silla.

Vas y te sientas en una silla, que no tenga pollazos, con los brazos cruzados aquí en el pecho enfrente tuyo y pones un cronómetro de 30 segundos. Párate y siéntate completo tantas veces como puedas, sin usar las manos, y anotas el número y repítelo cada mes mientras estés en ese proceso de bajar de peso haciendo todo el resto. Si tu peso está bajando y ese número se mantiene o sube, vas por el camino que es. Estás perdiendo lo que sobraba. Si tu peso baja y ese número empieza a caer, tu cuerpo te está avisando con meses de anticipación que se está yendo lo que no debería irse. Eso tu báscula no te lo va a decir jamás.

Tres cosas por las que tienes que ir a consulta sin esperar a la cita de control:

  • Un dolor muy fuerte en la boca del estómago que se va la espalda y no cede
  • Vómito que no para y no te deja tomar líquido
  • Dolor arriba y a la derecha del abdomen después de comer

Nada de eso lo tienes que aguantar en casa y nada de eso significa que tengas que suspender el medicamento, que lo cambies por tu cuenta. Eso significa que te vas a ir inmediatamente para el médico.

La mujer que se levanta del piso sin apoyarse no tuvo más disciplina que la otra, tuvo mejor información. Este medicamento te abre una ventana y es que por primera vez el hambre va a estar callada y tú puedes construir sin estar peleando contra nada. Esa ventana es un regalo enorme, pero es una ventana, no es una casa. Lo que construyas mientras esté abierta es lo que te va a quedar cuando esa puerta se cierre. Deja de preguntarte cuánto bajaste esta semana y pregúntate otra cosa: de todo lo que estoy perdiendo, ¿será que estoy perdiendo lo correcto y estoy haciendo todo lo que tengo que hacer? 30 segunditos en una silla te lo responden.

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