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Antonio Pampliega: 299 días secuestrado por Al Qaeda en Siria #LFDE

Uri SabatMay 24, 20262h 40m
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Antonio Pampliega: 299 días secuestrado por Al Qaeda en Siria0:00Trabajo en zonas de conflicto y documentación de horrores0:30El momento del secuestro y pensamientos durante el cautiverio1:00Emoción al hablar de la familia y el secuestro1:31La crudeza de la guerra y la capacidad humana de adaptación3:30Primer muerto documentado y evolución emocional5:00Cambio tras ser padre6:35Investigación sobre mafias y narcotráfico en España9:02Mocromafia y su expansión en Europa10:31Asesinato de Peter de Vries12:30Situación en Suecia y España13:31Características de Mocromafia y métodos de tortura15:01Daños colaterales y zonas de riesgo16:30Vuelcos y el caso de Maradona17:30Impunidad y medios insuficientes19:31Situación en Cataluña y uso de menores22:30Riesgos personales y zonas más peligrosas24:02Impunidad y el sistema judicial español27:34Uso de menores en el crimen organizado28:33Reportaje con la unidad de fugitivos de la Policía Nacional29:01Percepciones de inseguridad en Europa31:03Puntos calientes de criminalidad en Europa32:00Medidas de seguridad antiterrorista en España34:02Polarización mundial y el movimiento MAGA34:30Grupos de odio en Estados Unidos35:00La Segunda Enmienda y la libertad de expresión35:31Atentado en Charlottesville38:00El problema estructural del racismo en Estados Unidos38:31Procesos de radicalización40:00Ataque racista reciente41:01Reportaje "La América del odio"42:02Relación entre MAGA y la extrema derecha43:00El problema con la inmigración hispana43:30Acceso al Ku Klux Klan45:02La cena con el Klan47:03Vendaje de ojos y traslado47:31Negativa de saludo49:00Exclusión durante la comida49:31El concepto de White Power50:32Historia del Klan51:00El ritual de la cruz52:01Ideología del Klan52:32Perfil de los miembros54:00Adoctrinamiento infantil55:02Iniciación de un nuevo miembro55:30Vinculación permanente con el clan55:44Momento surrealista con la vecina56:00Reuniones del clan57:01Trabajo en América Latina57:31Experiencia en Honduras en 201358:30Toque de queda autoimpuesto59:30Primer contacto con la violencia1:00:00Renuncia al contrato1:01:02Escuadrones de la muerte1:01:30Caso de impunidad del 95%1:02:00Seguridad en centros comerciales1:02:30Violencia contra taxistas1:03:31Modelo Bukele en 20241:04:30Transformación de las pandillas1:05:30Opinión sobre el modelo Bukele1:06:30Deseo de Bukele como presidente regional1:07:00Comparación con Nicaragua1:07:30Juan Orlando y vínculos con el narcotráfico1:08:02Hipocresía política1:08:32Ambiente bélico en Honduras1:09:31Diferencia entre Alepo y Tegucigalpa1:10:00Contexto de Alepo1:11:31El infierno en la tierra1:12:00Cadáveres que marcaron puntos1:13:00Rescate de los Cascos Blancos1:13:3183 muertos ejecutados1:14:31Respuesta del régimen1:17:01Búsqueda de familiares1:17:30Los olores de la guerra1:19:31Estadísticas de muertes documentadas1:20:30El límite de mostrar la crudeza1:21:02Ética fotográfica en zonas de conflicto1:21:59El dilema entre documentar y ayudar1:23:00La importancia de documentar según el personal médico1:25:00Decisiones sobre qué fotografiar1:27:00Pérdidas de compañeros y la decisión de cubrir guerras1:28:30Condiciones económicas de los periodistas de guerra1:30:30Derechos de autor y relación con las agencias1:34:00Diferencias entre periodistas de primera y segunda1:39:30El secuestro de 299 días1:44:30El momento del secuestro1:47:10Decir la verdad durante el secuestro1:48:30La llegada a la primera ubicación1:49:01El objetivo del secuestro1:50:31El miedo constante a la muerte1:51:02Condiciones de la primera casa1:52:30La segunda casa: condiciones empeoradas1:53:32El trato y las actividades en la segunda casa1:54:31La complicación del secuestro por el exmilitar español1:56:31La separación y el empeoramiento del secuestro1:59:32La decisión de entrar en Siria y el arrepentimiento2:03:01El intento de suicidio2:03:30La deshumanización y el trato como animal2:06:31Perfiles de los secuestradores2:08:30El día de la liberación2:12:01Traslado a la frontera y liberación2:12:29Miedo a la ejecución2:13:31Encuentro con el jefe yihadista2:14:00Instrucciones para cruzar la frontera2:14:31Cruce de la frontera y contacto con autoridades turcas2:15:31Regreso a España2:16:01Llamada a la familia2:16:31Muerte del tío José Antonio2:17:31Regreso al hospital y fiesta familiar2:18:01Estado físico al ser liberado2:19:02Problemas neurológicos tras la liberación2:19:31Diagnóstico neurológico2:20:31Liberación de tensión acumulada2:21:30Medicación y seguimiento neurológico2:22:32Falta de atención a la salud mental2:23:31Publicación del libro y viaje a Afganistán2:24:01Programa de televisión y abandono de la terapia2:25:31Crisis durante la pandemia2:26:00Problemas de convivencia y consulta psiquiátrica2:26:31Abandono de la terapia psiquiátrica2:27:30Ira y pérdida de control2:28:30Intento de suicidio en Marruecos2:29:00Búsqueda de tratamiento y barreras económicas2:30:01Asociación SIRA y el psiquiatra Pedro2:30:31Pérdida del primer año de su hija2:31:30Problema de salud mental en España2:32:00Coste de la atención privada y denuncia pública2:32:31Falta de recursos y anécdota en el Congreso2:33:30Protocolos de suicidio en centros educativos2:34:02Valentía y necesidad de visibilizar2:35:01Tabú del suicidio y comparación con otros temas2:35:31Argumento a favor de hablar del suicidio2:36:00Reflexión sobre el intento de suicidio2:36:30Dificultad de empatizar con el suicidio2:37:31Superación del trauma y visibilidad pública2:38:34Documentación del proceso personal2:39:00Cierre del podcast2:39:30Agradecimientos y planes futuros2:40:01
In a Nutshell

Antonio Pampliega sobrevivió 299 días secuestrado por Al Qaeda en Siria, tras ser traicionado por un traductor y un conductor. Durante el cautiverio fue torturado, aislado, deshumanizado y llegó a intentar suicidarse; tras la liberación sufrió estrés postraumático grave, un intento de suicidio en 2023 y una crisis de salud mental que lo llevó a perder casi un año con su familia. El testimonio expone la crudeza del periodismo de guerra, el auge de la Mocromafia en España y la falta de recursos de salud mental en el país.

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Antonio Pampliega ha trabajado extensamente en zonas de conflicto y tenía asumido que en algún momento podría ser asesinado o secuestrado. Esto ocurrió con los tres periodistas españoles secuestrados en Siria, rehenes de Al Qaeda. Ha estado a punto de morir varias veces y ha sido secuestrado por Al Qaeda. Documentó 83 cadáveres ejecutados en Alepo sin derramar una lágrima. El ser humano puede acostumbrarse a cualquier tipo de cosa, incluso a las más duras.

Pampliega ha trabajado en México en temas de narcotráfico, en Centroamérica con las maras y actualmente en España documentando el trabajo de las mafias. Expresó su esperanza de que cualquier represalia futura sea contra él y no contra su hija o su mujer. Fue secuestrado durante 299 días en Siria. El secuestro ocurrió de forma rápida: entre cinco o seis hombres armados, vestidos de yihadista, abrieron la parte trasera del vehículo y se bajaron.

En el momento del secuestro, Pampliega pensó que los iban a matar, pero no en ese instante, sino durante los 299 días. Fue separado de sus compañeros y el secuestro cambió. Pensó en quitarse del medio y llegó a intentarlo. Recuerda que todo el camino hasta que se detuvo la furgoneta iba rezando en voz baja. Hablaba mucho con Dios y le pedía que fuera rápido y que no le doliera, porque uno de sus mayores miedos era cómo lo iban a matar.

Pampliega se emociona hablando de este tema, especialmente de su familia. El secuestro y su trabajo pueden contarse, pero hablar de su familia duele porque tiene una herida que él mismo les ha causado. Fue traicionado, encerrado, amenazado y separado de sus compañeros. Lleva casi 19 años dedicándose al periodismo, que considera su pasión. Quería ser periodista y contar historias de gente, y con el tiempo se convirtió en corresponsal de guerra.

El ser humano es capaz de hacer cosas increíbles pero también crudezas muy duras. Psicológicamente, el ser humano puede acostumbrarse a cualquier infierno: carestías, bombardeos, pérdida de padres o hijos, ver cosas que ningún ser humano debería ver. El cerebro se acostumbra a esa crudeza y la normaliza, aunque esto deja una mella y tiene consecuencias en forma de estrés y trauma. Cuando se somete al cuerpo humano y especialmente a la cabeza a tanto estrés durante tanto tiempo, se acostumbra y normaliza, convirtiéndose en un problema.

En 2010, en Afganistán, documentó su primer muerto: un niño de 12-13 años, pastor en la zona de Helmand, controlada por los talibanes. Iba en un empotramiento con los americanos en un Medevac (helicóptero de evacuación médica). El muchacho había pisado una mina antipersona, perdió las dos piernas y se desangró delante de él sin llegar al hospital. Tenía 28 años y lloró mientras le hacía fotos.

Cinco años después, en Alepo, documentó 83 cadáveres ejecutados: civiles sacados de una cárcel y ejecutados de un tiro en la cabeza. Había dos menores de edad lanzados a un río durante varios días para que la corriente los llevara a la zona de los rebeldes. Todos estaban maniatados y con la cabeza deformada. No derramó ni una lágrima.

Actualmente tiene una hija de 5 años llamada Ariana. Ahora duda si sería capaz de documentar el cadáver de un niño o entrar a un hospital y ver aquel drama. En septiembre de 2012, durante los bombardeos sobre Alepo, trabajaba en un hospital cuando llegó un bebé de 6 meses carbonizado. Le dieron un minuto para tomar dos fotos, las hizo, las descargó y las envió a la agencia sin llorar.

Años después, presentando un libro en la Universidad de Salamanca, proyectó esa misma foto en pantalla grande y lloró porque era padre y vio a su hija en aquella niña. Ahora su sentimiento al aproximarse a las víctimas es pensar que está documentando a su hija, lo cual duele mucho.

Pampliega está documentando el trabajo de las mafias y organizaciones criminales en el sur de España con el tema de la droga: hachís, cocaína y marihuana. España es un punto estratégico para la entrada de drogas a Europa. Marruecos está a menos de 15 km y es el primer productor de hachís. El puerto de Algeciras es el cuarto o quinto de entrada de cocaína de Europa. Existe un problema importante en la Costa del Sol.

En el norte de Europa, especialmente Países Bajos y Bélgica, opera la Mocromafia, nacida hace aproximadamente dos décadas. Está formada por segundas y terceras generaciones de magrebíes, principalmente argelinos y marroquíes, que han creado una organización criminal para manejar el tráfico de cocaína. Anteriormente el negocio estaba en manos de albaneses, kosovares y serbios, pero esta gente se ha hecho cargo mediante violencia extrema.

Para mantener el poder implementan miedo mediante amenazas de muerte, incluso al primer ministro de Países Bajos y a la heredera de la corona holandesa, Amalia, quien tuvo que huir y estudiar un año escondida en Madrid porque estaba amenazada de muerte. También ponen diana a la prensa.

Peter de Vries, uno de los periodistas holandeses más importantes en el tema de narcotráfico, fue asesinado. Le dieron un toque pero no se amedrentó. A la salida de una entrevista de televisión en Ámsterdam le dispararon cuatro tiros. Pampliega realizó un programa para Cuatro llamado "Territorio Pampliega" sobre Mocromafia y visitaron el lugar del asesinato y Ámsterdam. Intentaron hablar con sus compañeros pero nadie quiso hablar, ni siquiera su viuda, porque estaban asustados. Solo accedió el presidente del Colegio de Periodistas de Países Bajos.

Suecia tiene un problema muy importante con Mocromafia y mafias derivadas del narcotráfico. En España, hace unos años hubo un intento de asesinato al político catalán Alejo Vidal-Quadras, al que dispararon en la calle. El pistolero tenía vinculación con Mocromafia. Se dijo que era el régimen de Irán, pero el sicario era de Mocromafia, que actúa como freelance. Los pistoleros solían venir de Latinoamérica (México y Colombia), se les pagaba el billete, mataban y se iban. En los años 2020 se crearon oficinas de cobro de mafias mexicanas y colombianas que se establecieron en España. Mocromafia también tiene miembros viviendo en España.

Mocromafia es una organización parecida a la Cosa Nostra o la 'Ndrangheta, con miembros magrebíes de segunda y tercera generación nacidos en Europa. Viven en guetos, sin oportunidades ni respaldo de los gobiernos, y han formado este grupo organizado. Es uno de los grupos más violentos y se ha expandido comiéndose a otras organizaciones mediante violencia extrema.

En un reportaje para Cuatro encontraron un contenedor forrado que contenía un potro de tortura como en la película "Hostel". Torturaban personas en la Costa del Sol (Mijas, Marbella, Nueva Andalucía). Hay casos registrados de asesinatos por sicarios y de personas torturadas antes de ser asesinadas.

Se han producido tiroteos en discotecas de Marbella y Puerto Banús. Guardia Civil y Policía Nacional calculan que hay unas 100 organizaciones criminales internacionales en España que colaboran entre sí: uno mete el hachís, otro pone la barca, otro descarga, otro guarda y otro transporta. Un gramo de cocaína cuesta 60 euros. Un contenedor de 7.000 kg sin cortar representa millones de euros.

Existe una práctica llamada "vuelcos": robar la mercancía a otra organización criminal. Robar una lancha puede costar 1-2 millones de euros, pero robar cocaína puede valer cientos de millones. Hace unos años, un hombre apodado Maradona (por el futbolista) dio un vuelco a otra organización robándole la mercancía. Le quemaron el gimnasio y su chiringuito en la playa, pero no devolvió la mercancía. La Policía Nacional le advirtió que le iban a matar. El día de la comunión de su hijo en Marbella, dos sicarios fueron enviados. El objetivo era el niño, pero mataron al padre a bocajarro en el coche.

En Nueva Andalucía y Mijas se han registrado al menos 15 asesinatos por sicariato en los últimos años. El gobierno, independientemente del signo político, no está haciendo lo necesario para combatir el narcotráfico. Los guardias civiles y policías nacionales tienen chalecos antibalas que solo paran balas de 9 mm, no el calibre 7,62 de los Kalashnikov. Las lanchas de los narcos son más rápidas que las de la policía y la Guardia Civil. Hay entre tres y cinco helicópteros vigilando el Estrecho, insuficientes.

Los narcos fondean con todas las lanchas en medio del mar cuando hay mal tiempo y se les puede ver desde Málaga. En Chiclana hay numerosas gasolineras low cost en una franja de 1-1,5 km cuyo objetivo principal no es abastecer coches sino narcolanchas. Como no hay personal, las personas que suministran gasolina con garrafas llenan los depósitos y lo llevan a la costa.

En Cataluña, los Mossos d'Esquadra interceptaron a un hombre con un coche de alta cilindrada y fusiles de asalto. Ha habido tiroteos en Hospitalet. En Madrid, en la estación de autobuses de Méndez Álvaro, detuvieron a un joven de 16-17 años con dos chalecos antibalas y tres subfusiles de asalto. Venía de Marbella y era hijo de inmigrantes europeos. Ahora usan menores de edad porque el castigo penal es menor si los detienen en España.

Pampliega vive en Málaga, al lado de las zonas de actividad criminal. Ha pensado en las represalias posibles. No es valentía, sino poner las cartas encima de la mesa y no vivir en un mundo de Disney. Las consecuencias son estas, y se han asesinado a otros compañeros en otros países para silenciar este tipo de denuncias. En zonas de guerra sabía que los sirios, afganos o iraquíes no irían a su casa, pero ahora vive al lado.

Las zonas más peligrosas son: el sur de España (Costa del Sol e incluyendo Huelva con la entrada por el Guadalquivir), Alicante y Barcelona. Las organizaciones criminales vienen a España por la impunidad legal, el buen tiempo (250 días de sol), la red de comunicaciones y puertos como Valencia, Barcelona y Algeciras.

España cuenta con un sistema de prisión preventiva que permite mantener a una persona vinculada al narcotráfico en la cárcel durante 18 meses o 2 años mientras espera el juicio. Sin embargo, una vez cumplido ese período sin que haya sentencia, la persona debe ser puesta en libertad. El problema radica en que después resulta muy difícil volver a localizar a estos individuos. Se han dado casos donde se han detenido a grandes capos de la mocromafia y posteriormente han sido liberados, resultando casi imposible dar con ellos de nuevo.

Las organizaciones criminales como la Mocro están recurriendo cada vez más a menores de edad para cometer delitos, ya que la legislación española es mucho más laxa con ellos. Existe además lo que se podría llamar una industria del sicariato, donde personas llegan desde otros países específicamente para cometer asesinatos.

En un reportaje realizado para Cuatro titulado "Territorio Pampliega" con la unidad de fugitivos de la Policía Nacional, se documentó la detención de un señor vinculado a una organización criminal en México. Este individuo llevaba entre 15 y 20 años viviendo en España, tenía un trabajo normal y fue detenido al entrar a trabajar en su turno. Los policías indicaron que nunca habían visto un expediente como el de ese señor. El individuo había huido de un juicio en México, tomó un avión hacia España, no se presentó al juicio y permaneció 15 años en busca y captura hasta que la policía mexicana lo reclamó. En el momento de su detención en Madrid, trabajaba normalmente, tenía familia con dos hijos y se había comprado un piso. Fue detenido en la puerta de su lugar de trabajo en Leganés, en Madrid. El personal de seguridad del edificio intentó defenderlo, pero los agentes mostraron sus placas y procedieron con la detención.

En Barcelona se han vivido situaciones de peligrosidad, incluyendo la necesidad de entrar en discotecas con arcos de seguridad debido a la posibilidad de que las personas lleven machetes o pistolas. En Ibiza, el personal de un hotel advirtió sobre una mafia procedente de los Balcanes conocida como "panteras". En Marsella, se ha presenciado intentos de robo sin ningún tipo de escrúpulo frente a menores.

Marsella representa el punto más caliente en Europa en cuanto a criminalidad organizada, aunque no se trata específicamente de la Mocro. Muchas de las organizaciones criminales pertenecen a magrebíes de segunda y tercera generación que han creado guetos desde donde operan el narcotráfico. En Bélgica y Ámsterdam existen pequeños guetos, siendo Molenbeek en Bruselas un ejemplo destacado. Desde Molenbeek han salido muchos yihadistas para luchar con Estado Islámico en Siria e Irak. París es también un sitio complejo, especialmente en diferentes áreas, aunque la inseguridad percibida allí se debe más al yihadismo y los lobos solitarios vinculados a Al Qaeda y Estado Islámico que a la criminalidad organizada.

Tras los atentados, tanto en las Ramblas de Barcelona como en la Puerta del Sol de Madrid se han instalado pivotes y bloques de cemento para impedir que vehículos puedan tomar velocidad y acceder a zonas peatonales. Estas medidas han cambiado la forma de vivir en las ciudades.

Se vive en un mundo polarizado donde la ideología y el fanatismo generan inseguridad. Respecto al movimiento MAGA en Estados Unidos, este se encuentra actualmente dividido con voces que ya no están tan unidas como antes.

Se han documentado diversos grupos de supremacía blanca en Estados Unidos, incluyendo el Ku Klux Klan y los Proud Boys. Estos últimos son un grupo relativamente nuevo formado principalmente por jóvenes universitarios que se manifiestan contra movimientos de derechos humanos y movimientos negros. Representan una especie de escisión del Klan, abrazando la misma ideología de odio contra el diferente pero sin el mismo historial de muertos que el Klan, que tiene al menos 4.000 muertos en toda su historia.

Estos grupos se acogen a la Segunda Enmienda de la Constitución estadounidense, que protege la libertad de expresión, hasta el punto de que en una localidad llamada Ulises se encontró a un señor que tenía en su casa un espantapájaros con la cara de Adolf Hitler al que llamaba "espantajudíos", y en su ventana tenía pintado el símbolo de las SS junto con varias banderas con esvásticas. Este individuo poseía un arsenal con varios rifles semiautomáticos AR-15 y pistolas, y tenía seis o siete hijos.

En Charlottesville, un miembro de los Proud Boys atropelló y mató a una manifestante antifascista al coger un coche durante una manifestación.

El problema de Estados Unidos con la extrema derecha no comienza con Donald Trump, sino que viene de mucho antes. Ejemplos incluyen el enfrentamiento de Waco donde murieron entre 40 y 50 personas. La combinación de racismo, armas y religión constituye una mezcla explosiva que ha dejado una historia de muchos muertos. La figura de Trump ha dado un impulso a estos grupos que en las últimas décadas habían perdido apoyo y operaban de forma más clandestina, con entre 10.000 y 15.000 afiliados en el caso del Klan.

La radicalización en estos grupos puede producirse a través de vínculos personales, ya sea por un amigo o familiar que ya pertenezca al clan. Actualmente, internet se ha convertido en un vehículo principal de radicalización, con youtubers e instagramers que difunden discursos que los jóvenes estadounidenses abrazan fácilmente. Una vez abrazada la ideología, solo es necesario buscar contacto para integrarse en la organización. Los Proud Boys son más accesibles porque están en las redes sociales, mientras que el Klan es más complicado por ser más cerrado.

El día de la grabación se produjo un ataque racista en San Diego donde dos jóvenes de 17 y 19 años entraron armados en una mezquita, causaron varios muertos y posteriormente se suicidaron. La madre de uno de ellos encontró una carta de despedida de contenido racista.

En un reportaje titulado "La América del odio" para el programa Pasaporte Pampliega, se documentó una manifestación de los Proud Boys en Filadelfia. La policía les acordonó para proteger su derecho a manifestarse, pero al terminar se produjeron enfrentamientos con antifascistas. Uno de los Proud Boys fue agredido y el agresor fue detenido. Los manifestantes tuvieron que salir escoltados.

El movimiento MAGA aglutina desde la derecha hasta la extrema derecha, incluyendo grupos racistas. Muchos de estos grupos han votado por Donald Trump aunque algunos ahora se sientan decepcionados con su política.

Para estos grupos, los hispanos suponen un problema especial porque después del inglés, el español tiende a convertirse en el segundo idioma oficial. En ciudades como Nueva York es posible desenvolverse sin hablar inglés debido a la gran población hispana. Cuando se les confronta con el hecho de que ellos mismos son descendientes de inmigrantes irlandeses o italianos, responden que los verdaderos americanos son ellos y que las tribus nativas vienen de Canadá.

El acceso al Klan se obtuvo a través de un productor local llamado Anthony Karen, quien llevaba más de una década documentando grupos de odio en Alabama, Kentucky e Indiana. Cada célula del Klan se llama capítulo y tiene su propio jefe. Para acceder al ritual, primero fue necesario cenar con los capos, incluyendo al jefe supremo llamado Derrick, su guardaespaldas y la mujer del jefe. Durante la cena se observó que iban armados con revólveres y cartucheras. El estado de Kentucky permite llevar armas de fuego en la calle.

Durante la cena, Anthony preguntó al jefe Derrick si se comería un filete sabiendo que posiblemente lo había preparado un negro o hispano. Derrick respondió que sí, porque esa persona estaba trabajando para él, pero que nunca sería su amigo.

Tras ganar la confianza del grupo, los llevaron de madrugada vendados de ojos desde Kentucky hasta Indiana. El equipo se redujo a dos personas: Javi, el cámara, y el propio Pampliega. Normalmente el equipo incluye cuatro personas, pero el Klan exigió un equipo mínimo. Se eliminó al cámara Carlos Medori, hispanoargentino de aspecto rubio con ojos azules, porque no querían hispanos grabando. Javi es del País Vasco y Pampliega es madrileño.

Solo dos veces en su carrera le han negado la mano a Pampliega: una vez con un miembro de Estado Islámico en 2013 en la ciudad de Deir ez-Zor, y otra con un miembro del Klan al quitarle la venda de los ojos, alegando que era "medio blanco" por la mezcla con árabes que tienen los españoles.

Durante la grabación, que coincidió con Acción de Gracias, el jefe Derrick estableció que lo único que no podían hacer era sentarse con ellos en la mesa debido a su condición de "medio blancos" y por no compartir sus ideas. Los hicieron comer en una terraza exterior.

El grito de White Power representa el mantra del Klan, cuya importancia radica en su deseo de que América vuelva a ser blanca y defenderla de quienes según ellos vienen a quitarles el trabajo, mezclarse y eliminarlos. Se ven a sí mismos como la última línea de defensa de los valores de América.

En 1925-1930, el Klan organizó una manifestación en el Capitolio de Washington que congregó a casi un millón de personas vestidas con túnicas y antorchas. Han llegado a tener muchísimo poder, aunque hoy se consideran algo anacrónico. Sin embargo, siguen existiendo miembros del Klan en altas esferas como políticos, jueces y policías.

El ritual más sagrado consiste en la iluminación de la cruz, que no se quema sino que se prende para dar luz a la oscuridad que se cierne sobre el mundo y Estados Unidos. Pampliega fue la primera televisión española en grabar este ritual en casi 130 años de historia del Klan. No se permite decir que están quemando la cruz, sino que la están iluminando.

La ideología es de extrema derecha con consignas nazis, aunque en este capítulo no se observaron esvásticas ni banderas nazis, sino banderas confederadas de la Guerra Civil estadounidense. Cada capítulo tiene un nombre, en este caso "El Imperio Invisible". Derrick era el "mago imperial" y su traje tenía tres rayas verdes que lo diferenciaban de sus discípulos. El guardaespaldas vestía completamente de negro con una cruz roja en la frente.

Los miembros del Klan son personas normales y corrientes: agricultores, zapateros, dependientes de grandes almacenes que por la noche se ponen el traje del Klan. Si no fuera por las insignias y parches, parecerían estadounidenses normales. Este capítulo en particular integraba a mujeres en los rituales, aunque en otros capítulos las mujeres tienen funciones de sirvientas y no participan en las ceremonias masculinas. También había niños presentes, aunque no participaban en la ceremonia.

Los niños presentes, de entre 5 y 6 años, ya estaban siendo adoctrinados con el odio desde pequeños, lo que representa uno de los vehículos de acceso al Klan.

Durante la grabación se presenció la iniciación de un nuevo miembro del Klan. Le pusieron una espada en los hombros como si fuera un caballero, le dieron la mano, le dieron la bienvenida y gritaron "White Power".

El muchacho firmó un contrato de compromiso con el clan utilizando su propia sangre. Tras hacerse un corte, firmó el documento que establece una vinculación permanente con el clan. Una vez que se entra, no se puede salir, similar a las maras latinoamericanas o al narcotráfico.

Uno de los momentos más surrealistas ocurrió cuando la vecina llegó con una carta que el cartero había dejado. Los miembros del clan estaban grabando vestidos con sus rifles y uno de ellos tuvo que bajar a recibirla con una R15 en la mano y quitarse la máscara. La señora parecía acostumbrada, ya que era algo que hacían todos los meses.

Los miembros del clan pueden hacer reuniones en su jardín e iluminan una cruz todos los meses. Esto genera una sensación de extrañeza sobre cómo se permite esta situación.

Pampliega ha trabajado en México haciendo reportajes sobre narcotráfico, en Colombia centrándose en sicariato en Medellín donde entrevistó a varios sicarios incluyendo un hombre mayor, un joven de 18-20 años y una mujer. También ha estado en Venezuela dos veces cubriendo secuestros, en Perú en la zona de Madre de Dios donde hay deforestación, mafias y narcotráfico, y en Centroamérica, especialmente en Honduras cubriendo bandas criminales y maras.

En 2013 vivió tres meses en Honduras trabajando en un periódico local. En ese momento Honduras junto con El Salvador tenía uno de los índices de muertos per cápita más altos del mundo. Todos los fines de semana había no menos de 40 víctimas por violencia entre pandillas.

Vivía en Tegucigalpa en la parte alta de la capital pagando 200 dólares de alquiler. A las 6 de la tarde la gente se iba a casa y no salía nadie, creando un toque de queda autoimpuesto porque las pandillas cazan por la noche.

Al salir del aeropuerto, un camión con bidones de agua pasó con dos hombres armados con escopetas recortadas. Su amigo Alberto le explicó que asaltan todo, desde agua hasta bancos y taxistas, y que mucha gente no respeta las señales de tráfico para evitar ser atracados.

Después de tres meses renunció al contrato y regresó a España porque no podía salir a la calle. Tenía dos años firmados y la situación era insana debido a la peligrosidad y el control de las bandas.

Además de las dos grandes pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18, existían escuadrones de la muerte, grupos paramilitares pertenecientes a la policía o al ejército que hacían controles aleatorios por la noche. Si eras pandillero te detenían, si eras persona normal te robaban y te asesinaban.

En un control paramilitar detuvieron a dos jóvenes, les pidieron documentación e intentaron robarles, acabando por matarlos. El conductor era hijo de una de las juezas más importantes del país. Los detenidos escaparon debido al 95% de impunidad existente en Honduras.

Al salir de los centros comerciales había seguridad que pedía un taxi, fotografiaba la matrícula y el número de taxi por si pasaba algo. Pampliega cogía taxis colectivos que paraban hasta cuatro personas.

Los taxistas son las personas más vulnerables. Todos los puntos tienen un presidente que debe pagar el "impuesto revolucionario" a tres pandillas diferentes semanalmente. Si no pagan, los matan. En un caso, el presidente de un punto llegó tarde a pagar y lo mataron como mensaje de que "a las pandillas no se les hace esperar".

En 2024 Honduras ha implementado el modelo Bukele de mano dura. Las fuerzas de seguridad pueden entrar en casas sin orden judicial, pegar patadas a puertas y arrasar con todo. La Mara Salvatrucha se ha reinventado dejando de extorsionar tiendas y autobuses para blanquear dinero de la droga, ya que Honduras es un punto de entrada de cocaína desde Colombia hacia México y Estados Unidos.

Las pandillas han dejado de tatuarse en la cara, sus miembros tienen educación superior e incluso universitaria. Blanquean dinero, crean empresas y compran edificios porque es menos peligroso, menos visible y genera más ganancias.

Pampliega está a favor del modelo Bukele pero con muchos peros. Cuando se entra en una barriada hay gente que no tiene que ver con el narcotráfico ni las pandillas, y no se puede arrasar con todos. Hay daños colaterales inevitables.

Los hondureños expresan que les gustaría que Bukele fuera presidente de Centroamérica porque ha pacificado el país. Aunque imperfecto, ahora se puede salir a la calle sin que pase nada.

Pampliega viajó de Honduras a Nicaragua, dos países separados por 200 kilómetros pero completamente diferentes. En Nicaragua podía moverse de noche con su cámara como turista porque hay una dictadura de los Ortega con mano dura, mientras que en Honduras bajo Juan Orlando no había orden ni concierto.

Juan Orlando, presidente de Honduras, tenía vínculos con la mafia y el narcotráfico. Fue encarcelado en Estados Unidos, acusado de vínculos con narcotraficantes y condenado a cadena perpetua, pero Trump lo soltó.

El ministro de presidencia de Honduras criticaba a Bukele por ser de derecha extrema y violar derechos humanos, pero confesó que iban a construir una megacárcel en una isla como la de Bukele, similar a Alcatraz.

Aunque no hay bombardeos por artillería o aviación, existe un ambiente bélico y peligroso. La violencia es invisible y se entiende que a uno no le va a pasar nada, hasta que pasa.

En Alepo el contexto de guerra te mantiene en situación, mientras que en Tegucigalpa te relajas porque la violencia es invisible. Pampliega contrató un chófer que le daba solo 5 minutos en el mercado y siempre iba detrás agarrando a quien se acercaba.

Alepo es la segunda ciudad más importante de Siria y motor económico del país. En verano de 2012 los rebeldes lanzaron una ofensiva para hacerse con la ciudad, dividiéndola en dos. La batalla fue la más cruda de la guerra de Siria (2011-2023), comparable a Sarajevo en los Balcanes.

Se bombardeaban frentes de combate pero también indiscriminadamente panaderías, colegios, mercados y hospitales. El hospital de Archifa fue hundido hasta los cimientos, matando a 16 personas incluyendo personal médico. No había ambulancias porque eran objetivos principales. Había francotiradores por todas partes y cadáveres putrefactos en las calles.

Un soldado muerto en las primeras semanas marcaba un punto de francotiradores y no se recogía. Una niña con abrigo rosa y dos cadáveres más yacían en la calle porque intentaron ayudarla y también fueron alcanzados.

Pampliega tiene un vídeo de los Cascos Blancos sacando a una niña de unos 3 años de los escombros, enterrada con cascotes. Tardaron varias horas en desescombrar. Otra historia es la de un señor que salió a comprar pan y al volver su edificio de seis plantas había desaparecido con toda su familia dentro.

El 28 o 29 de enero de 2013, último día en Alepo, Pampliega estaba con el fotógrafo José Manuel López y el traductor Joseph. Les informaron de un cadáver en el río Bustán Alcer Caser. Encontraron 83 cadáveres que habían sido maniatados, arrodillados, ejecutados con tiros en la cabeza y tirados al río.

Las personas habían cruzado al lado del régimen para pasar checkpoints. El régimen les tomaba datos y muchos eran secuestrados y metidos en cárceles. Tras perder un barrio en una ofensiva rebelde, el régimen sacó personas de las cárceles, las ejecutó y las tiró al río para que llegaran a zona rebelde.

Las víctimas fueron colocadas en el patio de un colegio. En tres días se juntaron más de 8.000 personas buscando familiares desaparecidos. Una señora mayor se detuvo ante un cadáver pero no pudo identificarlo con certeza.

Pampliega menciona tres olores característicos: basura de las neveras en casas abandonadas, pólvora de disparos y explosiones, y sangre metálica en mercados después de matanzas. En hospitales cerrados el olor metálico de la sangre se impregna en el cuerpo y la ropa.

Pampliega ha documentado aproximadamente 4-5 muertes de soldados y alrededor de 800 de civiles en su carrera profesional.

Es complicado marcar el límite entre mostrar la verdadera crudeza de la guerra y preservar la dignidad de las víctimas. En España, cuando ETA asesinaba, las portadas de periódicos mostraban imágenes explícitas.

Un amigo fotógrafo, Ricardo García Vilanova, enseñó a Antonio Pampliega un principio ético: "No hago una fotografía a nadie que no me la pudiesen hacer a mí y enseñar a mi madre, porque mi madre, yo puedo ser víctima y mi madre me puede ver." Esta regla establece que no se publican imágenes que no se mostrarían a la propia familia. La fotografía de una niña carbonizada que mencionó al principio nunca se publicó porque es impublicable, aunque la conserva en su disco duro.

En una charla en Tarragona, en el Hospital del Infant con motivo del aniversario de la radio local, Pampliega mostró esa fotografía de la niña para que el público no olvidara las consecuencias reales de una guerra: no solo gente combatiendo o huyendo, sino la realidad del sufrimiento.

Tras un bombardeo en Alepo, un médico enfermero joven y harto de la situación sacó tres piernas amputadas —dos de niños y una de adulto— y las enseñó como si fuera una corrida de toros, pidiendo que se fotografiaran para mostrar "Alepo, ¿qué?". Pampliega tiene esa foto pero jamás la envió a la agencia. En cambio, sí mandó la de la niña, aunque no la compraron.

En el hospital de Arsifa, durante las primeras semanas de septiembre y octubre con bombardeos intensos, llegó un momento en que tenían tantas fotografías que dejaron las cámaras para intentar ayudar. Pampliega sabe hacer un torniquete y poco más, pero no es paramédico y no puede salvar vidas. En una ocasión estuvieron sujetando a un muchacho de unos 15 años mientras le cosían la cara por una brecha de metralla de lado a lado.

Zac, compañero de Pampliega que ha cubierto muchos frentes de combate, se emocionaba viendo sufrir a los niños. Tiene un vídeo de él acariciando la cabeza de un adolescente con camiseta del Milan que lloraba. Zac dejó de cubrir hospitales y cementerios porque no soportaba el drama. El jefe del hospital de Arsifa, un tipo "supermajo" cuya mujer también era enfermera, les dijo que si no hacían fotos se fueran: "Estáis aquí para hacer fotografías." Les explicó: "Si no lo documentáis, no existe. Lo que no existe no duele. Y lo que no duele no importa." Los médicos creían en la prensa y les pedían que documentaran.

Pampliega ha hecho fotografías que le dan vergüenza, pero se las han pedido. En Albueda, provincia de Homs, siendo el único periodista del mundo allí, le pidieron fotografiar a un adolescente asesinado con un disparo en el corazón. Lo fotografió en un colegio mientras los médicos rezaban con él. Apareció el hermano mayor, de unos 40 años con aspecto de combatiente, que besaba el cadáver. Pampliega estaba apartado haciendo fotos; el hombre se levantó, lo miró, Pampliega se llevó la mano al corazón pidiendo perdón y bajó la cámara.

Después de 45 días trabajando en Siria, Pampliega decidió que no podía más con ese tipo de imágenes. Reflexiona sobre el momento en que dejas de hacer fotos y ayudas. En Al Qusair, cerca de Albueda, un cohete mató a una niña haciéndole un agujero en la cabeza del tamaño de una pelota de golf. Tiene la fotografía de la madre dándole un beso en la frente vendada, preparada para el cementerio, y el hermano herido al lado. La madre no dijo nada. Cuando la llevaban al cementerio, la madre empezó a gritar. Pampliega sostiene que si alguien dice "No hagas una foto", se respeta y no se hace. Si no haces la foto, puedes irte, quedarte a observar y escribir la crónica, o ayudar físicamente.

Pampliega ha visto por televisión cómo perdían la vida amigos y compañeros, pero en el terreno vivió en diciembre de 2012 cómo una granada de mano hirió a Roberto Fraile en la pierna izquierda; le hicieron un torniquete y le dieron 40 puntos de sutura. En abril de 2021, Fraile fue asesinado junto con David Beriní en Burkina Faso. Otro gran amigo perdido fue James Foley, asesinado el 18 de agosto de 2014, primer periodista estadounidense decapitado por Estado Islámico.

También le secuestraron amigos: Ricardo García Vilanova, Javier Espinosa y Marc Marginedas estuvieron cinco o seis meses en manos de Estado Islámico en Siria y recuperaron la libertad. Compartieron celda con James Foley y Steven Sotloff, que luego fueron asesinados. Algunos traductores suyos también han sido asesinados.

Al cubrir zonas de guerra, lo primero es mentalizarse de que "nos puede pasar". La pregunta clave es: "¿Estás dispuesto a dar tu vida por tu trabajo?" Si la respuesta es no, la guerra no es tu sitio. Si es sí, vas adelante con todas las consecuencias.

Este trabajo no se puede hacer por dinero. Los medios españoles pagan muy mal: desde 0 € "para tu promoción personal" hasta 120 € por un reportaje que puede llevar días. No se cobra por día, sino por crónica o reportaje publicado. Por una portada con exclusiva mundial en Alepo con 83 muertos, le pagaron 150 €; por portada y página interior con fotografía, 300 €. El mismo periódico había pagado 10.000 € por una foto falsa de Chávez intubado en Cuba, que costó 250.000 € al tener que reimprimir toda la tirada.

Las consecuencias de no pagar dignamente son que no se puede llevar escolta armada, es más fácil ser secuestrado, no hay seguros de vida, y si quedas inválido, "tú te las apañas". Cuando fueron secuestrados, un medio con el que habían trabajado años eliminó todas sus noticias para no tener vinculación con ellos. Pampliega lo comprobó meses después al buscar documentación para su libro Cowboys en el infierno.

Cuando se trabaja con una agencia de noticias, todo el material gráfico o textual pertenece a ellos y se pierden los derechos de autor. Las fotografías publicadas con France Press o vídeos para AP pertenecen a la agencia de por vida. Si se necesitan para un podcast o libro, hay que pedir permiso y poner créditos. A veces cobran entre 400 y 500 € por foto. Si la foto gana un premio, normalmente el autor se lleva la dotación económica.

Manu Bravo, uno de sus mejores amigos, ganó un Pulitzer con su trabajo en Siria para AP; la dotación económica es de 1.000 €, aunque el prestigio abre puertas. Pampliega tiene varios premios internacionales importantes pero no le han abierto puertas laborales. Reconoce ser crítico consigo mismo y plantea que quizá no sea un buen periodista, aunque también considera que los grandes grupos de comunicación explotan a los freelancers.

En una ofensiva en Tuz Khurmatu, norte de Irak, en zona kurda, cubrieron con López el asedio de Estado Islámico durante tres meses. Vendieron el material a France Press. Cuando llegaron equipos de BBC con tres equipos (inglés, árabe, persa), coches blindados y seguridad, un traductor se sorprendió de que ellos hubieran llegado en taxi por 200 dólares sin traductor y sin seguridad. El tipo los llamó "low cost journalistes".

Cuando trabajó en televisión con Pasaporte Pampliega, se dio cuenta de que hay periodistas de primera y de segunda no por calidad periodística sino por el dinero que el medio puede poner. En el Congo, alquilar una avioneta de Goma a los Kivus costaba 10.000 dólares ida y vuelta; con ese dinero se podía cubrir una guerra durante tres años. Un fixer o traductor en la ofensiva de Mosul contra Estado Islámico costaba mínimo 700 dólares al día.

Los freelancers acceden a zonas donde llevan años trabajando y tienen contactos, como Alepo. Fueron los únicos dos periodistas del mundo que accedieron a un túnel excavado por los rebeldes bajo la ciudad hasta zona del régimen; lo llenaron de explosivo y lo reventaron. Tienen imágenes de cómo picaban con martillos neumáticos con altavoces de música a todo volumen para no ser escuchados, y tres días después grabaron la explosión desde una azotea. Vendieron el material a CNN.

Pampliega, López y Ángel entraron en Siria en 2014 para hacer un documental gráfico de unos 60 minutos sobre los Cascos Blancos en Alepo y luego continuar a Yemen. El país estaba blindado por presencia de grupos yihadistas. Su traductor habitual, Jusf, había abandonado el país con su familia a Turquía. Contrataron a un nuevo traductor con el que nunca habían trabajado, aunque se seguían por redes sociales y había trabajado con otros compañeros en la frontera. Tanto él como el conductor los vendieron a una facción islamista.

El conductor, Hamsa, en un momento sacó la cabeza por la ventanilla al tomar una curva y marcó el coche. Al girar la curva apareció una furgoneta que los interceptó. Bajaron entre cinco o seis hombres armados vestidos de yihadista con kalashnikovs gritando. Pampliega, sentado en el medio de los asientos traseros, lo vio todo como a cámara lenta.

Y entonces yo que estaba en el medio de los asientos traseros, lo veía todo como a cámara lenta. Es, no me lo puedo creer. Me está pasando a mí, nos está pasando a nosotros. En un momento donde ya se asesinaba a los periodistas y a los secuestrados. Nuestro gran miedo era acabar con manos en manos de Estado Islámico porque lo que hacía era propaganda. Yo busqué las insignias, no llevaban nada y entonces empezaron a sacar primero al conductor, después al traductor, luego a López, luego a Ángel y el último en salir fui yo.

Nos metieron en una furgoneta y arrancaron. De ahí nos llevaron a una especie de nave abandonada en la ciudad, a las afueras de la ciudad de Alepo, donde ya nos fueron bajando y ahí pues nos dimos cuenta que era una unidad militar jihadista, había muchos vehículos, muchos hombres. Nos quitaron todas las cosas de valor que llevábamos, pues desde el reloj, yo siempre llevo siete pulseras porque soy muy supersticioso cuando trabajo, las pulseras, la cartera, las cámaras, todo lo que llevásemos, los pasaportes, nos hicieron cuatro preguntas, quiénes éramos, qué estábamos haciendo, a qué nos dedicábamos y nos metieron una en una celda.

Dijisteis la verdad. Sí, yo siempre, nosotros durante todo el secuestro dijimos la verdad. Yo creo que eso de resistirse, como he visto en las películas o dar tu número de placa o de lo que sea y tu nombre, creo que es absurdo. El objetivo en un secuestro es sobrevivir o aguantar el máximo tiempo. Uno, para que te liberen, dos, para que te rescaten. Si te pones de buenas con ellas, lo que te ahorras son palizas, vejaciones, malos tratos. Es que no tiene ningún sentido resistirse y también al ser un secuestro durante mucho tiempo, si empiezas a mentir, cuando llevas 4 meses, ya no te has acordado de lo que has empezado a mentir antes, pero ellos sí que se acuerdan porque lo van apuntando todo. Entonces, como te pillen en una de esas, se enfades no tiene exactamente, no tiene ningún sentido. Entonces, desde el principio dijimos toda la verdad, lo que estábamos haciendo, nos metieron en una celda.

Primero entra Usama y se sienta en el suelo, se acerca Ángel y le dice, "Diles quién somos." que el día anterior, la noche anterior, habíamos estado haciendo una entrevista con una con un general o un jefe de una unidad militar de Alepo, que estamos bajo su custodia, etcétera, etcétera. El tipo nos dijo que no, que no era el momento de hablar y al rato entra el conductor. El conductor entraba riéndose. Entonces, claro, esto ya es un signo que te preocupa porque nosotros podemos valer algo, ya sea dinero, ya sea para hacer propaganda, pero tenemos una finalidad. Un sirio no tiene ninguna finalidad. Son un estorbo. Normalmente lo que hacen es ejecutarlos y quitárselos del medio, pero si tú entras riéndote, la cosa está complicada. Y además se sentó a nuestro lado, al lado de López y Mía, y se lleva el pulgar al cuello haciendo el gesto de la decapitación. Entonces ahí ya llegamos a la conclusión de que ese señor estaba con Chavao con el traductor porque eran amigos.

Una de las cosas que le dijimos a Usama cuando pasamos la frontera era que por favor no subiese fotos nuestras a su Facebook y el tipo dijo, "No os preocupéis." El mismo día ya teníamos tres fotos nuestras. Luego nos enteramos posterior y porque nosotros no teníamos acceso a internet porque no había. Nos enteramos cuando nos dieron la libertad que el tipo había subido sus fotografías nuestras y así contacto con el conductor y el conductor luego nos hizo una en su casa comiendo para ponernos precio.

¿Qué es lo que buscaban de vosotros? Un rescate, no sabía. Realmente no lo sé. O sea, lo que entiendo es que el contexto era el que era, no había periodistas y los que había se secuestraban. Entonces, podrían ser desde dinero hasta propaganda, hasta también mandar un mensaje a otros compañeros de si venís os va a pasar esto.

Entonces, ¿qué pensabas tú en ese momento? Que nos iban a matar, pero no en ese momento, eh, en los 299 días. Sí. A ver, o sea, tú cada día te levantabas diciendo, "Hoy es el último día de mi vida." Sí. No sé si era hoy es el último día de. Pero sí que lo llevamos lo llevamos crudo. Claro. O sea, tienes que entender, Uri, cuál es el contexto en el que estás. Pues como te he dicho antes, he perdido varios amigos. Allí lo asesinaron. Entonces, tienes que dejar de vivir en los mundos de Yupi y decir, "Aquí se mata." que en este momento este grupo no nos mate, no quiere decir que no nos venda otro más grande. Y hay dos grandes, Alcaeda y Estado Islámico. ¿Quién tiene pasta? Estado Islámico tiene mucha más pasta. Que nos pueden vender a Alcaeda. Vale, Alcaeda en ese momento no asesinaba a sus secuestrados, pero en un momento dado nos puede vender a estos. ¿Por qué? Pues o por dinero o directamente intercambio de prisioneros.

Nosotros teníamos un valor para ellos a nivel propaganda, que eso no tiene precios. Imagínate ejecutar a la vez a tres periodistas españoles decapitados, o sea, portada en todas partes. Exactamente. En todos los informativos vamos a ser portada. Entonces para ellos que yo no tenía ningún tipo de, o sea, éramos incalculables a nivel propaganda, a nivel de valor.

¿Cómo era tu día a día? ¿Dónde dormías? ¿Qué comías? Depende, porque al ser un secuestro muy largo pasamos por diferentes casas y diferentes momentos. Mira, la primera casa era una especie de casa mata, una especie de chal que tenía tres habitaciones, dos de dos dormitorios de pues dos habitaciones y un salón. Luego tenía una cocinita pequeña y un baño y luego alrededor pues tenía como una especie de jardincito con árboles frutales. Nuestro día a día era sin salir del salón. La verdad es que estaba muy bien porque teníamos tres sofás, uno para cada uno de nosotros. Teníamos una tele gigante a la cual podíamos utilizar. De hecho, veíamos películas, veíamos noticias, luego las nos la quitaron, pero bueno, los primeros días teníamos información y bueno, por lo menos pasábamos, ostras, horas sin aburrirnos y salíamos solamente al baño.

De esa primera casa nos llevaron a una segunda. Ya las condiciones empeoran un poco. ¿Por qué? Porque en lo que nos meten es en un sótano y dentro de ese sótano en una habitación que era el tamaño, para que te hagas una idea, era de tres colchones de 80 de lado a lado y solamente teníamos una franja central muy pequeñita, pues que sería 14 o 15 pasos para poder caminar con todas las puertas cerradas porque era un antiguo baño. Un baño porque la casa en la que estábamos tenía una piscina climatizada porque era de gente de alto standing de al final al régimen que obviamente habían huido con la guerra, entonces la habían ocupado y nos tenían ahí. Igual podíamos salir al baño solamente pues cuando necesitásemos, no nos podíamos mover de ahí, hacía muchísimo calor porque era verano. Bueno, el trato tampoco era malo.

¿Te podías duchar? Nos duchábamos pues yo creo que una vez a la semana o incluso más. Sí. Claro, cuando podíamos y cuando obviamente nos dejaban comer, pues nos daban de comer, no nos daban de comer mal, pero claro, tienes que tener en cuenta que somos tres, entonces hay que repartir la comida entre los tres. Pues por ejemplo, por las mañanas nos daban los quesitos estos del caserío, pues no sé si nos daban seis, dos para cada uno y luego un poquito de pan. Nos daban también yogur. Alguna vez nos daban arroz. No, no pasamos hambre. Luego sí, luego sí pasé hambre. Nos manteníamos, obviamente nos daban lo justo para poder sobrevivir y de comer teníamos eso.

Después el trato con ellos no era malo, eran tres personas normales y corrientes, de hecho dos eran de chavales mucho muy jóvenes. Y luego había uno, el tercero, que era como el jefe, y este su obsesión era convertirnos al Islam. Llegó una mañana y nos preguntó si queríamos ver una película y le dijimos, obviamente, sí, sí, queremos ver lo que sea. Y la película era en su teléfono móvil, que se había descargado por YouTube un vídeo de un antiguo, pues imagino que sea sacerdote católico que se había convertido al Islam, iba por Estados Unidos convirtiendo a personas al Islam. Y claro, como era en inglés para que lo entendiésemos y nosotros, ah, qué bueno. Pues estuvimos una hora viendo aquello que era, o sea, propaganda totalmente.

¿Nos pegaron en este momento? No, en esto, en este momento no. O sea, los tres primeros meses fueron más o menos relativamente bien. Luego nos puso otra película y le dijimos, "Oye, mira, ya está, esto no hace falta." Le pedimos cosas para leer, para escribir. Nos trajeron unos folios donde pudimos dibujar un ajedrez para jugar con los envoltorios de los quesitos. La revista que nos trajeron. Pidimos un libro. A ver, yo que sé. Pues creo que López pidió, creo pidió Harry Potter o Moby Dick, o sea, una cosa de López. En serio, tronco. Sí. ¿Qué más da? Pues nos trajeron una revista que habían sacado de internet de Alcaeda, que el título de la portada era cómo cocinar una bomba en la cocina de tu madre. Pero, ¿qué dices? Sí, la puedes la tienes en internet. Yo, de hecho, me la acabé descargando. ¿Qué habían hecho? Nos dieron eso porque la habían impreso para ellos y habían quitado las páginas centrales donde estaba el meollo de la revista, que era cómo cocinar una bomba en la cocina de tu madre. Entonces, lo que era era propaganda, hablaba mucho de Afganistán, de la YJ, pero bueno, yo que sé, como no teníamos otra cosa, pues lo leíamos.

Y de esa casa nos mandaron luego una tercera. En esa segunda casa tuvimos un problema, en este caso yo, porque apareció una persona que es la que complica el secuestro. Era un antiguo exmilitar español al que yo le hice una entrevista para Franz Press porque había ido en la Navidad del 12 de 2012 a dar instrucción militar a antiguos combatientes sirios. Entonces el tipo fue para un español que se había radicalizado, ¿no? No se había radicalizado, era un exmilitar español que decidió por mutuo propio ir a Siria para dar formación militar a los sirios y luego no sé si tendría algún tipo de chanchullo con ellos, pero no era jihadista, simplemente era lo que se conoce como mercenario, porque cobraba por eso. Él dice que no es mercenario. Bueno, pues ya está. Lo que sea.

¿Qué ocurre? Que estamos en 2012. Él siguió en contacto con todas las personas que dio formación militar, tenía sus mails, sus WhatsApp y cuando nosotros desaparecimos y se hizo público el secuestro, él empezó a mandar WhatsApp a todos sus contactos y le mandaron una fotografía con nuestros tres pasaportes preguntando, "¿Son estos?" Y él dijo, "Sí, vale, ya no se había localizado." En vez de hablar con el gobierno, que es lo que tenía que haber hecho, y ponerlo en su conocimiento, el tipo les mandó una carta como prueba de vida para demostrar que seguíamos vivos. Adjuntó una carta que la cual la tengo con su acreditación del Ministerio de Defensa como militar en la reserva. Su rango de alférez, el vestido de militar y el encabezamiento era, "Hola, Antonio, me llamo X, soy tu mejor amigo. Por favor, contéstame a estas dos preguntas." Y las dos preguntas pues eran normales.

¿Qué ocurre? Que la primera pregunta era, "¿Cómo se llamaba tu amiga de Valencia, que es la que nos presenta, en qué trabaja? ¿En qué y a qué se dedica?" ¿Qué dices? Sí. Entonces, nuestra amiga en común se llama Elena, es enfermera y trabaja en la Fe de Valencia. Claro, esto lo tienes que poner en inglés. Elena, pues con h. Hospital, pues es igual. La fe lo mismo. Pero el problema está en enfermera. En enfermera en inglés es nurse, ¿verdad? Nurs. El grupo que nos tiene secuestrados o que nosotros creíamos que nos tenían secuestrados era Alcaeda. En Siria no se llama Alcaeda, se llama Jabhat al-Nusra. Entonces ellos lo que acaban de entender es que un militar español que se presenta como mi mejor amigo solamente pregunta por mí, me hace una prueba de vida dándome dos preguntas donde una de ellas le puedo mandar un mensaje encriptado diciendo qué grupo terrorista nos tiene secuestrados. Nurse Nusra. Entonces ellos entienden que lo que tienen delante ya no es un periodista, es alguien del servicio de inteligencia español, el CNI. Es un soldado, es un mercenario, pero no es un periodista.

Entonces, en este momento el secuestro cambia totalmente para mí me convierto en la pieza más valiosa para ellos. Los interrogatorios ya solamente vienen conmigo y en un momento dado, en octubre del 15, a mí me separan de mis compañeros y los últimos 7 meses, que son 200 y pico días, 202, 203, los paso yo solo en una celda de aislamiento y ahí ya el secuestro cambia, donde hay malos tratos, hay vejaciones, hay insultos, hay incluso una representación teatral de una ejecución, entraban con espadas y o sea, lo que viene siendo un secuestro. Sí. Entraban con espadas. Sí, entraban con espadas. Me querían cortar las manos porque ellos lo que querían es que yo les diera una información que obviamente no tenía, que era con qué grupos había tenido trato, qué tipo de armamento les había dado y con qué personas me había entrevistado. No tenía esa información porque obviamente soy periodista, no soy ni espía ni nada.

Entonces, claro, o es por las buenas o es por las malas. Entonces, te empiezan a apretar, apretar, apretar para que confieses. Es lo que te decía cuando hablamos del secuestro. Pues no tiene ningún sentido mentirles. Tienes que ir de frente con ellos y decirle, "Yo sé todo esto." Cuando nos pedían las contraseñas de las redes sociales, de los correos, toma para ti. No te tengo por qué mentir porque lo que no quiero es llegar a ese extremo. O sea, yo no quiero que según entres en mi celda lo primero que hagas es darme de hostias para que intente confesar o no me des de comer, no me dejes salir al baño. No quiero que hagas esas cosas. Quiero que me trates más o menos decentemente para aguantar, que es el objetivo de un secuestro. Aguantar para llegar al final.

Esta gente estaba empeñada en que yo trabajaba para el gobierno español y que era un espía. Y dentro de esa impotencia, ¿sí? ¿Dónde te llevó tu mente? La mente te juega malas pasadas, sobre todo porque es mucho tiempo, sobre todo porque es mucho tiempo y solo, que yo creo que para mí ha sido lo peor del secuestro. Ni siquiera las amenazas de muerte, las palizas. Para mí lo peor es estar solo, porque hasta ese momento nosotros que éramos tres nos apoyábamos y hablábamos mucho. Claro. Entonces, bueno, pues te pueden amenazar, pero dices, "Bueno, luego estoy con mis compañeros. Ellos al principio me servían mucho de apoyo." Me decían, "No, no te preocupes, no pasa nada." Pero claro, cuando te quitas ese apoyo, que son mis dos compañeros, Ángel y López, la cabeza empieza a jugar malas pasadas y ahí es donde empiezas a pensar, "Me van a matar todos los días." Pero además empiezas a pensar en mis padres, mis hermanos, cómo estaban mis compañeros, que tampoco sabía nada de ellos.

Un sentimiento de culpa muy grande porque no teníamos que haber entrado. Unas semanas antes de que nosotros entráramos secuestraron a un japonés, Junpei Asuda, periodista. Estuvo tres años secuestrado Junpei. ¿Qué dices, tío? Sí, más o menos en la misma zona donde estábamos pues nosotros estuvo años. Sí. Y tiene tres años de secuestro. De hecho, unas semanas después de nuestra liberación, le hicieron una fotografía, yo creo que la puedes encontrar en internet, arrodillado, vestido de naranja, con dos jihadistas al lado. Entonces, claro, y Junpei tenía, por ejemplo, esposa y hijos. Nosotros no teníamos que haber entrado en Siria, pero bueno, nos pasamos de listos, eh, como habíamos entrado muchas veces y nunca nos había pasado nada, pues digamos que tampoco hicimos mucho caso a las señales.

Te la jugaste demasiado. Nos la jugamos demasiado. Sí. Cruzamos una línea de no retorno. Pero bueno, el año anterior López y yo habíamos estado en una zona dominada por Estado Islámico. Habíamos entrado y salido. Habíamos estado un mes y medio. El año anterior, en 2013, Ángel, López y yo trabajábamos en zona bajo dominio de Estado Islámico. No nos pasó nada durante un mes. Entonces, claro, has entrado tantas veces, te lo has jugado tanto que siempre ha salido bien. ¿Qué ocurre? Que un día no te sale mal, que te sale mal y ese día pues luego vas con las consecuencias que eran pues estas llevadas al extremo porque en mi caso a mí se me separó de mis dos compañeros y para mí eso fue muy duro.

¿Pensaste en algún momento en quitarte del medio? Sí, sí que lo pensé y no solamente lo pensé sino lo hice, lo llegué a hacer. Lo hice enero del 16, no sé si entre el 8 y el 12 más o menos. ¿Por qué? Porque llegué a perder la esperanza. Yo pensaba que me iba a mi casa, entonces me iba marcando las metas. Del 28 de noviembre, que es el cumple de mi hermano, me iba a mi casa 24, 25 de diciembre, que es Navidad para año nuevo, para Reyes. Entonces, te das cuenta de que esto se alarga mucho más y empiezas a vuelves a darle muchas vueltas a la cabeza y dices, "Me van a matar." Y antes de que lo hagan ellos, ya lo hago yo.

¿Qué ocurre? Que una de las veces que yo voy al baño, ellos habían dejado una cuchilla de afeitar durante varios días. ¿Por qué? Los musulmanes, pero sobre todo los que son jihadistas, salafistas, llevan al extremo unas cosas que pone el Corán, que es el bigote va rasurado. De hecho, a mí me lo llegaron a rasurar también. Y el vello púbico y las axilas también van rasurados. Entonces tenían la cuchilla ahí para cuando fueran al baño se cortaban el vello. La cogí, le partí el cabezal, saqué las tres cuchillas, pero no para defenderme de ellos, porque no tiene sentido. Ellos iban armados, yo tenía esa, sino para conseguir fuerzas o el valor necesario para quitarme de medio, porque lo que no quería es que mi hermana, que tenía 17 años cuando a mí me secuestran, o mi madre fuera la última imagen que tenían.

Y para enero, ya te digo, entre 8 y el 10, ahora mismo no sé exactamente la fecha exacta, yo me empecé a cortar las venas. De hecho, tengo los cortes en la muñeca. No terminé. A ver. Sí, si te. No, no pasa nada. Entonces, bueno, pues te empezaste a cortar las venas. Sí, pero no terminé. No terminé porque no sé si me faltó valor, si me detuvo algo, si pensé en mi madre, si pensé, digo, "¿Qué estás haciendo el tonto?" O sea, esta gente de momento no ha matado a nadie. Aguanta. Y decide dejarlo. Como ellos no tenían trato conmigo porque no entraban para hablar con nada y era invierno, yo tenía una chaqueta y entonces iba así para que no me vieran los cortes. Se curaron solos y ya está. Gracias a Dios no se infectó, que se podía haber infectado. Podíamos haber tenido también por esa parte un problemón, pero no pasó. Pero sí, sí que, o sea, la mente te jugaba muy malas pasadas porque piensas muchas cosas.

Lo malo que yo tenía y que sigo teniendo es que tengo muy buena memoria y durante todo momento sabía en qué fecha estaba tanto de secuestro, pero sobre todo fecha real. Pues eso, lo que te he dicho, cumpleaños, Navidad y sabes el tiempo que vas secuestrado. Es como una losa. Es una losa. Claro. ¿Podías dormir o tu mente? Dormía muy mal. Dormía muy mal y de vez en cuando ellos me veían que estaba durmiendo, pegaban golpes a la puerta para despertarme. Claro, intentan machacarte lo máximo posible e intentan sobre todo también uno, te alimentan mal para que no tengas energía. Te rompen el sueño para que estés extremadamente cansado.

Y en mi caso me llegaron a deshumanizar a tal límite que me cambiaron el nombre y me empezaron a llamar Walit. No sé qué significa, pero dejaron de llamarme Antonio y me llamaban Walit. Entonces, claro, esto sí que empieza a ser ya una losa. Si no te ven como una persona y me empezaban a tratar como si fuera su perro. Por ejemplo, cuando venían a mi celda, me tenía que sentar en el suelo, mirar a la pared, taparme la cabeza con un gorro y me levantaba cuando hacían así, como si fuera un perro. Les tenía que extender la mano y me llevaban al baño para que limpiase el plato de la comida, se lo preparase y luego para que hiciera mis necesidades solamente dos veces al día, por la mañana y por la noche. O sea, era su perro. Me trataban así, me pegaban patadas. Entonces, al final yo me sentía como su perro y se lo llegué a poner. Ya cuando estás desesperado y estás harto de ellos, les escribí en con caracteres latinos, pero en árabe Ana leis kalb. En árabe significa no soy un perro y se lo puse en la pared para que fuera lo primero que vieran cuando entraran en mi celda. Pues le sentó bastante mal, que no me estaban tratando tan mal, que me daban de comer, me dejaban ir al baño. Digo, hombre, no sé. Y me pegaron porque les estaba insultando.

¿Qué opinas de la gente que te secuestró? ¿Qué tiene en la cabeza esa gente? ¿Cómo son? Pues mira, a ver, ha pasado 10 años de la liberación, 11 del secuestro y he tenido mucho tiempo para analizarlos. Lo que pienso que eran gente normal y corriente, pero la guerra les jodió la vida. Sobre todo porque en la casa número tres, que te ha hablado menos de ella, sí que tuvimos acceso a los secuestradores. Estos iban sin capucha, podíamos hablar con ellos, nos prepararon la comida, incluso nos llegaron a comprar un ajedrez, pero sobre todo la cercanía a ellos. Ellos nos preguntaban mucho qué estábamos haciendo, quiénes éramos y teníamos familia y nosotros hicimos lo mismo. Todos habían perdido a alguien. De hecho, el jefe de ellos, que tenía 34 años, yo tenía en ese momento 33, parecía mi padre. Barba blanca, el pelo blanco, las gafas y cuando nos dijo, "No, tengo 34" y es no puede ser. Claro, nos lo dijo en árabe y yo los números y eso sí lo sé. Dijo, Arbata Latín, que son 34 y no puede ser. ¿Estás destrozado? Estás destrozado. Y nos dijo que perdió a sus dos hijas y a su mujer en un bombardeo. Se volvió loco completamente, se fue a Turquía, empezó a beber, se le puso el pelo blanco y en un momento pues se abrazó la fe y regresó a Siria. Se volvió a casar. Tenía otra vez una familia, pero se lanzó a los brazos de Alcaeda.

El más pequeño tenía 19 años. Acaba de ser padre de una niña de 6 meses. Tenía 6 meses su niña que se llama Sham. Igual había perdido a varios hermanos y este vamos era un fanático, nunca nos puso la mano encima, ¿eh? Pero era un fanático, o sea, se creía a pies juntillas lo que decía el Islam y bueno, en el Islam, en este caso el Corán y de una forma una interpretación radicalizada absoluta. Sí, sí. O sea, a nivel que como tuvimos mucho acceso a ellos, el tipo le preguntó al jefe cuando nos vio Ángel y a mí jugar al ajedrez qué estábamos haciendo, que qué era ese juego porque no lo conocía y le dijo, "No, se llama Jedrez." Y le dijo, "¿Puedo jugar o no? Porque los juegos de azar, sobre todo si van con apuestas, etcétera, etcétera, está prohibido." Y le dijo, "No, es un juego que se utiliza la cabeza." Y entonces el tipo empezó a jugar conmigo a través del teléfono, ¿vale? Se bajó una aplicación, una app, empezó ahí a saber las reglas y se puso a jugar conmigo. Pero la historia de este muchacho de su radicalización no es preguntar por si puedo jugar o no al ajedrez, sino que se bajó un juego de pues no sé si era como una especie de marcianitos, una cosa así en el teléfono, de gente medieval porque iban con espadas. Entonces aparecía una muñeca, una guerrera, le tapaba la cabeza con el dedo porque iba sin velo y jugaba tapándole la cabeza y yo decía, "No me lo puedo creer." Qué locura, tío. Hasta ese nivel.

Pero es que los que me tuvieron los últimos 7 meses, yo les escuchaba porque su habitación daba pared con pared con la mía y tenían una televisión y yo escuchaba que veían la televisión cuando venía la luz, obviamente las noticias y luego dibujos animados. Y yo les escuchaba recuerdo la canción del Rey León de Hakuna Matata. Entonces yo me puse a cantarla y me vieron a escuchar y la cantaron conmigo. Se era una cosa surrealista. Luego al final del secuestro, para el 12 13 de abril, me pusieron una televisión y me di cuenta de por qué veían dibujos, porque teníamos muchos canales, era una parabólica, pero las películas de Hollywood las mujeres salen sin velo y no veían eso. Veían dibujos animados que salen mujeres y son dibujos. O sea, ese es el nivel.

¿Qué día te liberan? Sí. El 7 de mayo de 2016. ¿Cómo recuerdas ese día? Pues con mucho miedo, con mucho cague. Entraron de madrugada en mi celda después del primer rezo, o sea, no sé si eran las 4 o 5 de la mañana. Entran dos de ellos, vestidos de negro con el verdugo y uno de ellos tenía el logotipo de Estado Islámico en la cabeza.

Los secuestradores no eran Al Qaeda sino Estado Islámico. Entraron con ropa nueva y zapatillas deportivas. Sacaron a Antonio al baño para que se vistiera y al regresar le colocaron una capucha y esposas para sacarlo a la calle. Uno de ellos, el que llevaba el logotipo, le dijo al oído "Don't forget us, no nos olvides". Lo metieron en una furgoneta con la cabeza entre las piernas y uno le encañonó con una pistola en las costillas. Durante todo el trayecto rezó en voz baja pidiendo que fuera rápido y que no le doliera, ya que uno de sus mayores miedos era cómo le iban a matar.

Antonio pensó que iban a grabar un vídeo de ejecución porque los secuestradores llevaban los logotipos de Estado Islámico. Era un "machaque psicológico hasta el final". Sabían que lo iban a liberar en la frontera pero le hicieron creer que lo iban a ejecutar. La furgoneta se detuvo en la frontera, lo bajaron y caminó varios pasos con la capucha. Al quitársela vio a sus dos compañeros arrodillados y vestidos de calle por primera vez en siete meses.

Ángel pidió a sus secuestradores poder darse un abrazo. Apareció un señor vestido de blanco que era el jefe de toda la operación, rodeado de al menos 30 soldados armados con RPGs. El tipo llevaba un puñal al pecho. Antonio pensó que era "el Matarife" y que iban a degollarlo allí. El hombre se acercó, le preguntó si era Antonio, le quitó las esposas y se las quitó también a sus compañeros.

El jefe explicó en árabe, traducido después, que estaban a un kilómetro de la frontera con Siria. Tenían que caminar y al otro lado estaría la gendarmería turca para recogerlos. Antonio pensó que les dispararían por la espalda, pero no fue así. Les habían comprado ropa nueva pero hasta el final les hicieron creer que iban a ser ejecutados. Antonio señala que "es muy psicológico el secuestro".

No saben por qué los liberaron después de 299 días y no 400 o 100. Un 7 de mayo, tras 299 días de cautiverio, los llevaron a la frontera. Tuvieron que cruzar caminando. Hablaron con un militar turco en una garita que no hablaba inglés. Le dijeron "TV, televisión" y el militar llamó a un capitán que sí hablaba inglés. Los recogió, les contó quiénes eran y que los estaban liberando. Pasaron uno a uno, tuvieron que enseñar que no llevaban explosivos, se levantaron la ropa y los cachearon.

Los llevaron a una comisaría de policía donde los interrogaron entre tres y cuatro horas. Llamaron a la embajada de España en Ankara y el gobierno español envió un avión Falcon para llevarlos a España. Nadie sabía que los estaban liberando, ni siquiera sus familias. Tuvieron que llamar ellos mismos a casa para dar la noticia.

Usaron teléfonos fijos normales con retardo en la señal. Antonio escuchaba a su madre pero ella no lo escuchaba a él. Las conversaciones se cruzaban. Cuando consiguieron hablar, los dos lloraron. Antonio le repetía a su madre que lo sentía porque durante los últimos 200 días que estuvo solo llegó a pensar que su madre se había muerto. Su madre tiene un problema del corazón y él pensó que había fallecido al recibir la noticia del secuestro.

Tardaron tres semanas en contarle que su tío José Antonio había muerto de cáncer de páncreas en noviembre de 2015. Cuando el tío supo que era inminente, le dijo a su tía Silvia y a sus primas Carlota y Cristina que no podría despedirse de "Toño". Antonio se emociona al hablar de esto porque se da cuenta de que a él le quitaron la libertad pero la vida siguió fuera. Le emociona especialmente hablar de su familia porque "tiene una herida que se la he hecho yo. Ellos no eligieron mi profesión. Yo sí".

Los primeros días de libertad los pasó en el Hospital de la Princesa en Madrid por los golpes recibidos. Cuando le dieron el alta, organizaron una fiesta en casa con todos los primos y tíos. Faltaba su tío José Antonio. Preguntó dónde estaba y su tía dijo que no le gustaban las reuniones familiares. Tres semanas después le contaron lo que había pasado.

Antonio estaba muy delgado. Siempre ha tenido sobrepeso pero salió con entre 50 y 60 kilos. Tiene fotos de ese momento, incluso una en el hospital con el camisón y la corona del Burger King. Las enfermeras le dijeron que estaba bien físicamente y que si quería comer otra cosa que no fuera la comida del hospital. Le pidió a su hermana una hamburguesa del Burger King y le hicieron una foto con la corona.

Antonio afirma que su cabeza tenía problemas psicológicos y neurológicos. Los tres primeros días y noches los pasó en el Hospital de la Princesa. El 8 de mayo, estando en casa tomando un yogur o flan en la cocina con su hermana, hermano y madre, despertó en el salón, que está a unos 30 pasos de distancia. Dos policías locales de su pueblo se abalanzaron sobre él, intentó gritar y se le salió la mandíbula. Lo metieron en una ambulancia y lo llevaron al hospital. Estaba consciente pero nadie entendía qué le pasaba.

Lo ingresaron en la planta número siete del Hospital de la Princesa y le hicieron pruebas neurológicas, incluyendo un TAC. Al principio pensaron que había tenido un ataque de epilepsia porque su madre dijo que había convulsionado y echado espuma por la boca. No son epilépticos ni tienen antecedentes familiares. Los doctores descubrieron que su cabeza no colapsó todo el cerebro como en un ataque de epilepsia, sino que "se apagó el cerebro e irse reiniciando punto por punto".

Lo que pasó fue que su cuerpo liberó toda la tensión acumulada porque entendió que ya podía relajarse y no estar a la defensiva. Antonio estuvo en "survival mode" durante los 299 días de secuestro. En esos 10 meses no se puso malo ni un solo día a pesar del frío intenso. Solo tuvo alguna diarrea ocasional porque el cuerpo se pone en alerta total. En cambio, cuando su hija coge un resfriado en el cole, él pasa tres días en la cama.

Le dijeron que lo que había tenido era un ataque de estrés. Le hablaron de un experimento con ratas sometidas a estrés muy alto que convulsionaban, sacaban toda la tensión y recuperaban su vida normal. Durante seis meses estuvo medicándose para ataques de epilepsia. Le dijeron que no iba a tener más problemas y que no volvió a pasar nunca más. Todo fue producto del estrés y del cortisol por pensar cada día que iba a morir. Físicamente pesaba 50 kilos y mentalmente estaba "reventado".

Tuvo consecuencias psicológicas y psíquicas que tuvo que sobrellevar. En 2016 en España no se prestaba mucha atención a la salud mental. Nunca se ha prestado atención, ahora un poco más pero nunca suficiente. Después de ser secuestrado por Al Qaeda, Antonio nunca fue a hablar con ningún especialista. Sus compañeros tampoco, al menos que él sepa. Empezó a ir a terapia al año siguiente, en octubre de 2017.

En mayo de 2017 publicó el libro "En la oscuridad" sobre el secuestro. Todos los días hacía entrevistas reviviendo lo mismo y su cabeza empezó a jugarle malas pasadas. En noviembre tenía programado un viaje a Afganistán donde los talibanes estaban activos y había un problema grande de secuestros. Empezó a tener miedo de que lo volvieran a secuestrar. Se puso en manos de Lourdes, psicóloga madrileña especialista en estrés postraumático que trabajaba en el SUMMA. Ella le dio las pautas para poder volver a ejercer su profesión sin estar acojonado. Funcionó y estuvo un mes en Afganistán, y después ha estado dos veces más, incluyendo Venezuela.

Le ofrecieron un programa en televisión en Cuatro llamado "Pasaporte Pampliega" y tuvo que dejar la terapia porque no podía estar viajando y cuidándose la cabeza al mismo tiempo. En 2018 grabaron 13 países en 8 meses. Dejó de lado la terapia y eso pasó factura después, especialmente durante la pandemia. No por vivir encerrado, que para él estaba "chupado", sino a posteriori.

Durante la pandemia se le cortaron los ingresos, no tenía trabajo, y eso fue una piedra más. Empezó a revivir cosas del pasado. Llegó un momento en que se volvió una persona con la que no se podía convivir. En ese momento su mujer María y él habían sido padres. Todo vino de golpe. Estaba desubicado porque llevaba como un año sin poder salir de España, no tenía trabajo y no sabía qué hacer. Su vida había cambiado y ya no podía volver a ser freelance porque era como una crisis de identidad.

Se dio cuenta de que sus ahorros estaban destinados a una personita que dependía de él y nadie le ofrecía trabajo. Se volvió insoportable e irascible. Su mujer le dijo que lo que había que hacer era ponerse en manos de un psiquiatra. Al principio se negó pero aceptó ir, aunque dijo que no quería medicación. Obviamente salió de allí medicado. La medicación empezó a funcionar pero el psiquiatra no. El señor se enteró de quién era, buscó en Google las cosas que le contaba y empezó a hablarle de si creía que iban a entrar en guerra con Rusia porque Rusia acababa de invadir Ucrania.

Cada vez que iba a terapia hablaban de ese tipo de cosas y Antonio pensó que no le servía para nada. Dejó de ir pero siguió tomando medicación, que era Temerol o algo similar, no "Tranquim". No estaba bien ajustada y no le funcionaba. Su cabeza le volvió a jugar una mala pasada. Ponía todo de su parte pero se daba cuenta de que estaba haciendo daño a sus padres, hermanos, mujer e hija porque era una persona insoportable e irascible con la que no se podía convivir.

Es bastante común en personas con estrés postraumático que, tras estar sometidas durante mucho tiempo a mucha violencia, tengan ira, rompan cosas y peguen gritos. Pierden el control y no saben recuperarlo, tardan días en calmarse. Llegó un momento en que la medicación ni siquiera le funcionaba para eso. Cuando ves que estás haciendo daño a muchas personas y que has dado un paso importante poniéndote en manos de un psiquiatra para intentar mejorar y no mejoras, ¿qué es lo que tienes que hacer?

Antonio intentó quitarse la vida con una sobredosis de sus pastillas para la medicación. En julio de 2023, durante unas vacaciones en Marruecos con su mujer, estuvo un día en coma en un hospital de Marrakech. Tuvo mucha suerte porque salió con vida y sin ningún tipo de daño neuronal. Pasó cuatro días en el hotel mirando al techo porque tenía una sobredosis y no murió "porque era mi día". Al regresar a España, su mujer dijo que así no se podía vivir. La niña tenía dos años para tres y no podían seguir así.

Decidieron buscar clínicas para ingresarlo pero costaban no menos de 5.000 o 6.000 euros por semana. No podían pagar eso. Intentaron hacerlo a través de la Seguridad Social pero le daban cita con un psiquiatra para mayo, 10 meses después. Empezaron a hablar con otras clínicas pero no lo ingresaban. Un psiquiatra en Madrid por 15 minutos cuesta 150 euros y un psicólogo 80 euros. Necesitaba medicación y tampoco podía pagar 150 euros por consulta.

Decidió ponerse en manos de una asociación de una ONG que se llama SIRA, que junto con su mujer le han salvado la vida. Conoció a Pedro, su psiquiatra, al cual "adora". Pedro es especialista en estrés postraumático, violencia, malos tratos y tortura. Le dio las herramientas y la medicación para poder ser una persona normal. Esto lleva tiempo. No se fue de su casa un mes. Estuvo casi un año viviendo en Madrid con sus padres. Su mujer y su hija subían regularmente para verlo y demostrarle que no lo habían abandonado, simplemente que tenía que ponerse bien para poder volver a casa.

Tardó casi un año en volver a su casa. Se perdió casi el primer año escolar de su hija. No la llevó el primer día a clase ni la recogía. Hacían muchas videollamadas gracias a Dios porque había videollamadas y pudo hablar con ellas todos los días. Se mandaban fotos. "Hostia, es muy duro, hombre. He perdido un año de mi vida, de la vida de mi hija y de mi mujer, porque yo no estaba bien, porque nadie me dio las herramientas para poder manejar todo el estrés postraumático que yo tengo, no solamente del secuestro, sino todas las cosas que he visto".

Antonio agradece que se hable de esto porque es una persona pública y cree que se tiene que hablar claramente de que en España hay un problema con los intentos de suicidio entre personas jóvenes. Posiblemente después de los accidentes mortales de coches sea la segunda causa de mortalidad más alta de España. Hay que ponerlo encima de la mesa. No puede ser que una persona con dos intentos de suicidio, uno en el secuestro y otro en verano de 2023, le dieran cita para el 7 de mayo de 2024, 10 meses después. "Joder, no habrá días que me lo han dado para el día de la liberación".

Si quieres pagarlo cuesta un dineral. Necesitaba ingresarse en una clínica para que le regularan la medicación y tuviera un psiquiatra para él. "Después de lo que has vivido, me parece totalmente normal". Hay que hablarlo y ponerlo encima de la mesa. La gente que esté viendo este documental que ponga cara y nombre y apellidos a una persona que está diciendo públicamente que se ha intentado quitar la vida porque su cabeza le pasó una mala pasada. Ahora mismo uno de sus caballos de batalla es que se luche por la salud mental de este país.

No puede ser que Rejón saliera en el Congreso a defender la salud mental y que otro diputado del PP se riese. "¿Qué es lo gracioso? Es que no lo entiendo". Lo gracioso es que no hay psiquiatras o que tenemos un psiquiatra para cada 100.000 españoles. Da muchas charlas en colegios donde habla de violencia y guerra. La última fotografía que pone es la de su mujer, su hija y él. Les cuenta lo mismo que está contando en la entrevista, que intentó quitarse la vida.

Se ha dado cuenta de que en todos los colegios e institutos que ha visitado hay no menos de 10 protocolos de suicidio abiertos por instituto. Ha ido a unos pocos en unas pocas provincias y se da cuenta de que "tenemos un problemón". No solo por bullying, por cualquier cosa. "Vamos a atacar de raíz el problema". Realmente ese es el problema que tenemos con nuestros jóvenes y personas de nuestra edad que somos un poco más mayores. Por eso hay que contarlo, no pasa nada. "Yo soy el rostro de esto".

Antonio es el rostro de esto pero vamos a luchar por esto y vamos a defender la vida de las personas porque cree que no se está haciendo. Uri le dice que es un tío muy valiente por explicar esto y por meterse donde se mete. Antonio responde que "es necesario". Uri está muy impresionado de todo lo que le ha dicho. Comenta que es lo mismo que su trabajo: si no se ve, no se sabe que existe. Durante muchos años el secuestro ha sido un tabú en este país, no se ha hablado. El suicidio ha sido tabú.

Últimamente sí se habla del suicidio. Siempre te decían que la excusa era que si hablamos de suicidio va a haber muchas personas que vayan a hacer lo mismo porque es como una especie de llamada para el resto. Antonio dice que le compro esa excusa pero pregunta por qué todas las semanas hablamos de asesinatos de violencia de género. Hoy han matado una mujer. ¿Por qué hablamos de las manadas? ¿Esto no es un llamamiento para que otras personas hagan lo mismo? A lo mejor un hombre que está viendo esto en su casa mata a su mujer porque ha visto una noticia.

Los pirómanos cuando queman montes les gusta verlo en su casa porque se pone. No tienen respuesta. Hay que contarlo, hay que denunciarlo. Uri comenta que nunca lo ha dicho en el podcast pero que quiere compartir que él ha vivido el suicidio en primera persona en su familia, una persona de su familia lo consumó. Es algo que nos puede tocar a cualquiera y que no entiendes.

Antonio señala que una de las cosas que se dio cuenta cuando intentó quitarse la vida es que descansaría, que era lo que quería su cabeza, "quitarme de medio y ya está". Pero luego se da cuenta cuando reflexiona, sobre todo con la ayuda de Pedro, de todas las preguntas que dejas en el aire a esas personas: los porqués, el por qué, por qué, y sobre todo el sentimiento de culpa: "no lo vi, ¿cómo no lo hemos visto?". Eso es un tormento para los padres, hermanos o en este caso su mujer, que tuvo que llevarlo al hospital en un país donde no hablaba ni inglés, ni francés, ni árabe.

Tuvo que llamar a su hermano que vive en Alemania. Su hermano habló con la gente del hotel y con el doctor diciéndole que había tenido una sobredosis y que no estaba borracho. Su mujer se quedó en la cama pensando que si salía iba a quedar muy tocado a nivel neuronal. Todos los porqués es lo que decimos porque no lo entiendes. Porque solamente lo entendemos las personas que llegamos a ese límite. Y por más que te lo explique, "tu cabeza no funciona como la mía y tú tienes a lo mejor unas herramientas que no son las mías". El empatizar con eso, el pensar que no hay otra solución, pero estás en su cabeza y en su cabeza no hay otra solución.

Después de vivir experiencias traumáticas, no se sabe cómo gestionar las herramientas para solucionarlo. Es difícil pensar que alguien ha podido hacer algo así y cómo se puede salir adelante después. Cuando se ha hablado de esto en otros podcasts, muchas personas han empezado a escribir por Instagram, incluyendo personas que se han intentado quitar la vida, y dan las gracias por salir a contarlo. Por eso se sigue contando, porque se ayuda o se cree que se ayuda.

Al documentar cosas y procesos muy fuertes en la vida, se está documentando el propio proceso. Es un proceso que afecta a muchas más personas de las que se piensa. Por eso hay que contarlo, hay que normalizarlo, pero sobre todo hay que atajarlo. Eso ya no depende de nosotros, depende de las personas que nos gobiernan, por eso se las vota.

Se lleva 2 horas y 45 minutos de conversación. Se tiene que cortar porque hay una cita próxima, pero eso no quiere decir que no se vaya a volver. Ha sido el podcast más largo de la historia del canal. Ha sido un placer. Quedan preguntas por hacer, pero no se han hecho ninguna de estas porque al final es tan fácil y tan agradecido poder sentarse con una persona que tiene unas vivencias tan increíbles, que tiene una capacidad de comunicación tan increíble, vocabulario y presencia, que da sentido a que se haya hecho todo esto, que se haya tomado el tiempo de venir y que se pueda sacar un podcast así.

Ha sido un placer. Se ha costado cuadrarlo, pero gracias a Micaela, que es la que se ha encargado de picar piedra, se ha podido sentar. Se espera, si parece bien, en el futuro seguir y retomar esta cosa. Sería un placer. Gracias por el tiempo y por la valentía. Ha sido un placer conocerte y esta es tu casa.

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