Cómo piensan realmente los empresarios argentinos | Juan Carlos de Pablo
In a Nutshell
Los empresarios argentinos se adaptan rápidamente a las crisis y aprovechan oportunidades como el superávit comercial de 11.000 millones de dólares y el auge del litio. El dólar y las restricciones cambiarias siguen siendo un desafío, pero la acumulación de reservas del Central responde más a la bonanza exportadora que al cepo. La economía argentina no se resuelve solo con aritmética del tipo de cambio, sino con decisiones estratégicas que equilibren oferta, demanda y estabilidad a largo plazo.
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No hay que explicarle al empresario cómo son las cosas. Juan Carlos de Pablo recuerda las memorias de Franco Mai, padre de Mauricio, cuando hablaba de lo que significaba tener una empresa de construcción: "Mi organización construye las obras que tengo" y "Yo me paso el día buscando las nuevas obras". Un empresario está alerta y cambia.
Cuando apareció Menem, hubo dos grupos empresariales que tuvieron que rearmar la cosa: el grupo Techint y el grupo Arco. Ambos, acostumbrados a vender localmente, se pudieron vender en el mundo. Hoy Arco está en el mundo y el grupo Techint también está en el mundo.
No hay muchas fantasías que explicarle a los empresarios. No hay que explicarle nada, no hay que tener lástima ni cosas parecidas. Adam Smith, en "La riqueza de las naciones", dice que es imposible que se junten a tomar el té una tarde cinco empresarios de un mismo producto y que de ahí no salga un acuerdo para cargar a los demandantes. Pero el sistema competitivo sirve para que todas esas ganas que tienen los empresarios no las puedan llevar a la práctica.
Los empresarios no son angelitos, son seres humanos que quieren ganar, tienen las dudas, tienen esto. Javier Tizado del grupo Techint le dijo a Juan Carlos de Pablo: "Mira, Juan Carlos, si el capitalismo requiriera que los empresarios fueran tan inteligentes como Albert Einstein y tan buenos como la madre Teresa, tenemos cagado, ¿no es así?".
En la práctica se está viviendo un mayor ajuste, cambio y adecuación porque el empresario se da cuenta que como seguía haciendo las cosas no va. Los argentinos estamos acostumbrados a eso, tenemos una capacidad de adaptación fenomenal.
El dólar es uno de los monotemas de Argentina. No se va a discutir si está caro o barato, ya que es una discusión que no tiene mucha utilidad. La duda es cuánto de las restricciones que todavía quedan en pie, sobre todo las restricciones para la compra de las empresas y algo del giro de dividendos anteriores, puede estar afectando en el precio.
Todavía se escucha gente que dice que se levantaron muchas restricciones, pero en realidad todavía no tenemos un precio. La brecha es muy chiquita y la facilidad con la cual alguna empresa que puede eludir las restricciones es fácil. Esto suena más a declaración de colegas que al tipo que está al pie del cañón.
El año pasado Argentina tuvo 11.000 millones de dólares de superávit comercial. Si el primero de enero se hubiera hecho una encuesta preguntando cuántos creían que se iba a tener ese superávit comercial, si alguien hubiera dicho 18.000 millones, se le hubiera dicho que eso iba para 30.000 millones. Argentina está acostumbrada durante décadas a la restricción externa.
Ahora la cosa es al revés, producto de inversiones y circunstancias: el litio, la cosecha récord. Se está aprovechando la circunstancia con un contenido político importante.
Caputo hizo una declaración donde dijo: "Miren, somos amigos de Trump, Wall Streeter, pero si no los precisamos el año que viene, mejor. En 2025 vinieron por nosotros, resistimos. La tentación por las dudas estamos juntando bolsa de arena". Esta es una cosa elemental.
Cambiar el dólar es aritmética. La economía es otra cosa. La economía usa la aritmética, pero también la geometría, la psicología, la historia y otras cosas. Hay que entender qué es lo que está pasando desde el punto de vista de la oferta y de la demanda.
Uno puede decir frenemos Vaca Muerta o frenemos algo. La otra es distribuir de manera equilibrada en los papeles. Es fácil hacerlo. Este tipo de cosas no se le encargaría a este gobierno o algún gobierno de la Argentina que rediseñe la regla de juego para equilibrar la geografía y los sectores.
Imaginando el escenario de dólar sostenido, más que de dólar sostenido, de precio de petróleo sostenido, incluso de precios agrícolas sostenidos que empiezan a subir, eso también podría facilitar la acumulación de dólares del Central. La duda es hasta dónde esa acumulación es más consecuencia del cepo o más consecuencia de la bonanza exportadora.
El Central no acumula porque hay cepo, acumula porque hay exportaciones. Si se pone el número que se quiera a la demanda de divisas sin poner el número que se quiera a nivel de importaciones, se va a dar una pelota de dólares. En vez de 30.000 millones, se puede poner 25.000 o 20.000 y se va a dar una pelota.
Estamos delante de un fenómeno nuevo, transitorio o permanente. No hay cómo saberlo, pero por las dudas parece bastante prudente que se va a entrar en esta condición y se va a comprar. Si no se comprara, tendríamos el dólar a cualquier número.
Cualquier persona que tiene problemas a raíz de que el tipo de cambio es este y que sabe que el dólar no va a estar a 4 ni a 6 ni cosas por el estilo, tiene que agarrar un momentito. Algunas de las cosas tienen que ver con uno adentro de la empresa y las otras tienen que ver con el gobierno nacional, gobiernos provinciales, gobierno municipal, los jueces, los sindicatos y no sé cuántas cosas más.
Es muy importante que se tenga bien y altura. Hay que ir a la fuente. No hay la forma de decir que si el dólar estuviera a 100.000 pesos o a 6.000 todos los problemas se solucionarían. Eso es aritmética. Es más, se tendrían otros problemas en la vida que no contemplan.
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