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Cómo saber si tienes Dependencia Emocional ¡Hazte estas 3 Preguntas!

Tengo un PlanJune 26, 202613m
In a Nutshell

Las relaciones sanas son horizontales, con equidad y libre elección, pero el miedo a la intimidad lleva a crear dependencias (ansiosa, evitativa o dominante) que desequilibran el vínculo. La dependencia se manifiesta en conductas de superinversión, distancia emocional o control, y genera sufrimiento constante cuando la pareja no funciona como figura de apego reguladora. El principal indicador para salir es el dolor mantenido: si la relación duele de forma continua, hay que reconstruir y buscar relaciones horizontales.

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En las relaciones verticales una parte tiene el poder y la otra no. Una provee y la otra es provista. Una toma las decisiones, incluso la de que la relación siga, y la otra no. Se ejemplifica con la figura del juez y el reo, donde el reo preferiría no estar ahí. El cuidador (mamá) y el bebé recién nacido es un caso natural de relación vertical, ya que toda la decisión recae en la madre. Si se horizontalizan demasiado pronto las relaciones con los niños se genera parentalización: los niños se convierten en sus propios padres o en padres de sus padres.

La relación horizontal es la contraria: ambos tienen el mismo poder, ambos cuidan y son cuidados alternando, ambos proveen y son provistos. Existe equidad y, sobre todo, ambos eligen estar y seguir en la relación. Según el sociólogo Anthony Giddens, es el único lugar donde se da verdadera intimidad basada en la voluntariedad. Esta es la relación de pareja ideal.

La relación horizontal despierta cinco grandes miedos:

  • Miedo a no ser correspondido
  • Miedo a la pérdida
  • Miedo a la traición o engaño
  • Miedo a la ridiculización

La relación vertical no despierta estos miedos porque se tiene el poder, aunque este pueda ejercerse tanto desde arriba como desde abajo.

Existe una necesidad biológica de vincularse e intimar. Cuando no se tolera la relación horizontal, se desequilibra la relación para poder acercarse sin que el miedo se dispare. Se identifican tres grandes tipos de dependencia:

  • Dependencia simple: la persona es la que depende
  • Contradependencia: se actúa como si no importara nada (equivalente al apego evitativo)
  • Dominante: se necesita tener control sobre la otra persona

Tanto el polo ansioso como el evitativo y el dominante son dependencias porque ninguna permite estar en la posición horizontal. En teoría los adultos deberían haber llegado a la relación horizontal, pero en la práctica las consultas de psicología están llenas porque esta posición da mucho miedo al dejarnos expuestos.

En la dependencia ansiosa o simple se realizan conductas para evitar ser abandonados: ser la pareja perfecta, cuidar excesivamente, elegir el regalo perfecto, necesitar mucho contacto. Se invierte mucho en la relación por miedo a que si no se pone suficiente, se va a ser dejado. Esta superinversión hace que no se preste atención a si el otro invierte o no, e incluso puede hacer que el otro invierta menos.

En la contradependencia se mantiene el poder alejándose y suprimiendo emociones. Se invierte menos, se llama menos y se mantiene la distancia para no sufrir daño. Estas dos posiciones (ansiosa y evitativa) forman pareja fácilmente, atrayéndose como un imán.

En la dependencia dominante se necesita controlar: decidir por el otro, menospreciar («estás guapa pero...»), minar la autoestima del otro para elevarse uno mismo. Cuando hay muchos elementos dominantes la relación se vuelve tóxica y hay que ayudar a romperla, reconstruirse y formar relaciones más sanas.

El nivel de sufrimiento es clave: una relación sana puede tener dolor y conflicto puntuales, pero no puede ser dolorosa de forma constante. Si no se piensa en la pareja cuando se necesita contar algo, o si se tiene un problema y no se quiere hablar con ella, son indicadores de que algo no funciona.

Una buena pareja es una figura de apego que corregula: cuando uno se desregula, conectar con ella ayuda a regularse. Si no se quiere conectar, no está cumpliendo esa función.

Cuando no hay respuesta se puede pensar "está lo suyo y pasa de mí". Puede tratarse de un rasgo evitativo o de un momento evitativo, pero también puede indicar que realmente no hay interés. Hay que distinguir entre una omisión normal (por ejemplo, la persona está trabajando) y la interpretación personal de "pasa de mí". Cuando se activa esta sensación, se pregunta qué se siente y se explora cuándo se sintió así antes en la vida, lo que puede conectar con heridas de abandono.

Esta frase indica que se está poniendo la propia importancia en manos de otra persona. Aunque puede doler que no se corresponda, no debería generar la sensación de no ser importante. Es una manifestación clara de apego ansioso-dependiente.

No siempre el otro es narcisista o psicópata; a veces la relación simplemente está muy deteriorada. El indicador principal es el nivel de sufrimiento mantenido. Una relación sana puede incluir dolor y conflicto dentro de márgenes, pero no puede ser una fuente constante de dolor.

El apego es totalmente biológico. En adultos se reconocen patrones ansioso y evitativo que corresponden a las dependencias descritas.

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