Conseguiste Todo lo que Querías y Aun Así No Eres Feliz (Lama Rinchen)
In a Nutshell
A pesar de tener máxima comodidad material, superior a la de los reyes antiguos, seguimos insatisfechos porque nuestras necesidades infinitas (conexión, gozo, paz) no se sacian con lo finito y condicional del exterior, generando un vacío existencial que impulsa un despertar de conciencia. Las grandes preguntas universales —quién soy, qué hago aquí, qué hay tras la muerte— requieren buscar respuestas internas mediante la meditación, que entrena la mente en cuatro pilares: equilibrio atencional (clave por sus beneficios rápidos en concentración y estado de ánimo), altruismo, virtud y sabiduría. Cambiar el foco del exterior al interior, practicando meditación pragmática como en el budismo tibetano Sakya, permite encontrar propósito genuino y felicidad duradera.
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¿Por qué cuando vivimos en la máxima comodidad estamos aún buscando la felicidad? Nunca hemos tenido más. Estamos viviendo mejor que los reyes de la antigüedad y sin embargo seguimos insatisfechos. La razón es simple: todo lo que está a nuestra disposición es limitado, finito, y nuestra naturaleza es infinita. No es suficiente para satisfacer. Esa intuición viene de lo más profundo de nuestro ser. Queremos conexión, gozo, dicha, paz, seguridad, y por mucho que conquistemos ahí afuera, no aporta esa satisfacción total; es parcial y condicional, fluye y cambia con el tiempo.
Hoy en día, especialmente la juventud percibe este vacío existencial, carece de propósito y todo lo lindo que ofrece la vida, en vez de disfrutarlo, se convierte en una pesadilla. Estamos en una etapa muy interesante con un despertar de conciencia que empezó con la pandemia para muchos, donde su modelo de vida colapsó, hubo mucha incertidumbre y se preguntaron: ¿quién debo ser? ¿Cuál debe ser mi vida? Ahí empezó una búsqueda genuina para encontrar sentido en esta vida e investigar nuevos modelos de felicidad.
Hay grandes preguntas que todos tenemos, sea la edad, religión o etnia que sea: ¿quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hay después de la muerte?. Intentar buscar las respuestas produce angustia por no conocerlas, y estamos siempre buscando como un caballo o burro que intenta comerse la zanahoria pero nunca lo logra.
¿Cuál es el camino? ¿Abandonarnos y dejar que todo fluya o seguir buscando?
Debemos seguir buscando y explorando. Es una curiosidad sana: empezar a los 13 años yendo a la biblioteca, leyendo libros sobre el karma, la muerte, qué pasa después de la muerte. Con la edad nos hacemos más conservadores, queremos ir a lo seguro y no arriesgar. Es bueno viajar, conocer diferentes filosofías y propuestas, abrirnos a desarrollar una vida muy diferente a nuestros vecinos o antepasados, ser quién queremos ser genuinamente. Eso entronca con conocernos, saber cuál es nuestro propósito, lo que resuena con nosotros.
En esta charla hablaremos de cambiar el foco de afuera hacia dentro para encontrar las respuestas dentro en lugar de buscarlas fuera y estar perdidos. Hablaremos de la quietud y la meditación.
Recientemente, tras una operación, hablando con médicos y gente, todos hablan de la quietud. Tuve la suerte de estar con el Dr. Mario Alonso Puig, quien hablaba de la quietud desde un punto de vista bioquímico: la meditación es buena para nuestras células.
La meditación es uno de los grandes recursos disponibles para la humanidad, raramente aprovechado. No es nada místico, es simplemente ejercitar y entrenar nuestra mente. Si descuidamos nuestra realidad interna, estamos a la merced del devenir: lo que pasa fuera dicta lo que sentimos dentro.
La meditación abarca todo entrenamiento consciente para mejorar nuestra condición humana y se simplifica en cuatro familias de desarrollo:
- Entrenamiento mental: lograr más equilibrio atencional, una mente más estable y lúcida. Es el más importante porque abre camino más rápido con un bucle de retroalimentación acelerado; se experimenta mejora en días o semanas, animando a continuar.
- Desarrollo del altruismo: pasar de estar obsesivamente enfocados en nuestras necesidades a considerar el bien y felicidad de otros con amor y pasión.
- Desarrollo de la virtud: generosidad, paciencia, entusiasmo, voluntad, autoestima.
- Sabiduría: percepción cada vez más clara, transparente y precisa de quiénes somos y la realidad que habitamos, la naturaleza de los fenómenos.
El equilibrio atencional es más importante porque las técnicas tienen recompensa rápida, como en el gimnasio: ves tu bíceps crecer, puedes correr sin perder el aliento. En meditación pasa lo mismo: mejoras en facultades cognitivas, estado de ánimo, memoria, concentración, elección de qué atiendes, piensas o sientes, más imaginación y creatividad. No es necesario métricos; lo notas directamente.
A los 18 años me conecté con un grupo que meditaba por curiosidad intelectual, para ver qué filosofía planteaban, su modelo de karma, reencarnación. Probé diferentes técnicas y me decanté por el budismo tibetano, perteneciendo a la tradición Sakya (Tierra Clara). Me atrajo que no solo es profunda, sino muy pragmática: el objetivo es que funcione, lograr mejora dependiendo de cuánto invertimos. Todos empezamos en diferentes sitios según nuestra trayectoria, pero todos podemos avanzar.
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