El Primer Regalo de Pablo Escobar a su Hijo (Juan Pablo Escobar)
In a Nutshell
Juan Pablo Escobar narra que su padre le regaló una moto y un Ferrari con dinero del narcotráfico, pero nunca pudo disfrutarlos por la persecución constante. El mensaje central es que lo mal habido no dura y no se puede disfrutar, por lo que considera a Pablo Escobar un caso de enorme talento desperdiciado en la criminalidad. Además, describe la lujosa vida en la Hacienda Nápoles, el poder económico de su padre y su propia decisión de rechazar la venganza tras la muerte de Pablo, eligiendo la paz y la legalidad.
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Juan Pablo Escobar recuerda que el primer regalo de su padre que puede evocar claramente fue una moto Suzuki de 50 centímetros cúbicos de color amarillo. Pablo Escobar le instaló rueditas laterales para que el niño mantuviera el equilibrio. Juan Pablo tenía cuatro años en ese momento. Recuerda que la vieron juntos en una vitrina en Bogotá mientras caminaban por la ciudad; el niño se emocionó tanto que lloró porque quería la moto y el lugar ya estaba cerrado. Su padre se la regaló y personalmente le enseñó a manejarla.
Al día siguiente le quitó las rueditas y lo sostuvo desde atrás mientras Juan Pablo conducía. Cuando el niño miró hacia atrás, su padre ya no estaba sujetando la moto y él cayó. Juan Pablo afirma que ese fue, sin duda, su primer regalo memorable.
Cuando Juan Pablo tenía 13 años, su padre le regaló un Ferrari Testa Rossa. El auto solo le duró tres días. Este episodio ilustra el mensaje central de la historia: lo mal habido no dura y no se puede disfrutar. Las series y películas suelen glorificar a los capos con chicas, mansiones y autos costosos, pero en la realidad no se puede disfrutar de nada de eso.
Pablo Escobar tuvo una colección de automóviles que nunca pudo manejar. Los compraba, los veía, se tomaba la foto y nunca más podía volver a tocarlos o manejarlos. Juan Pablo se preguntaba cuál era el sentido de comprar si no se podía disfrutar lo adquirido. No tenían libertad. Termina rodeado de millones de dólares en efectivo y muriendo de hambre, comiendo una sopa putrefacta porque era lo único disponible, a pesar de tener fortuna suficiente para comprar todos los supermercados de la ciudad.
Muchas personas se acercan a Juan Pablo y le dicen que quieren ser exitosos como su padre. Él responde que están equivocados: Pablo Escobar no es un caso de éxito, sino un caso de enorme talento desperdiciado en la criminalidad. Vivió 44 años y murió en la plenitud de su vida. Juan Pablo tiene ahora 49 años y se siente feliz de haber vivido más que su padre. Nunca soñó con tener canas o que se le cayera el pelo. A los 16 años había una recompensa de 4 millones de dólares por su cabeza.
Juan Pablo se dedica a honrar la vida de su padre a través de las experiencias que les dejó, para que nadie repita los mismos errores. Considera que estas lecciones tienen valor para la humanidad, especialmente para los jóvenes que ven televisión y piensan que todo es como se lo pintan. Las historias que se consumen en Netflix y en las películas hablan del valor extremo de lo material, del poder y de la lírica que envuelve al mundo de la mafia, pero la realidad es distinta.
Juan Pablo confirma que su padre le regalaba cosas con dinero mal habido y que tampoco podía disfrutarlas. Las motos que le regalaron terminaron quemadas, bombardeadas, decomisadas o robadas. El dinero de lo mal habido tiene una energía especial y se escapa de las manos. Por más que se traiga una montaña de dinero, no dura.
Juan Pablo confirma que en alguna ocasión llegó al colegio en helicóptero para no llegar tarde. Esto ocurría cuando estaban en la Hacienda Nápoles.
La Hacienda Nápoles no era su lugar de residencia permanente; vivían en Medellín. La hacienda era un lugar de recreo, de fines de semana y de vacaciones largas (diciembre y enero). Tenía 3.000 hectáreas de tierra en la zona del Magdalena Medio, entre Bogotá y Medellín.
Contaba con un zoológico de más de 100 especies importadas de todo el mundo: jirafas, cebras, hipopótamos, rinocerontes, elefantes y cualquier animal que se pudiera imaginar. Tenía 700 empleados, 10 casas a lo largo de las hectáreas, vehículos recreativos (motos, trimotos), aeroplanos ultralivianos, su propia estación de servicio de gasolina, un aeropuerto, helipuertos y canchas de fútbol y tenis. Había ropa nueva disponible para quien se olvidara de empacar.
Se hacían fiestas gigantescas en las que Juan Pablo a veces no conocía a los presentes y tenía que pedir permiso entre multitudes para llegar a su habitación. Era un lugar de derroche impresionante. Después de la muerte de Pablo Escobar, la hacienda quedó completamente destruida y la selva se apoderó de ella.
Hoy el lugar es paradójico: alberga una cárcel de máxima seguridad y también el mismo zoológico. Se llama Parque Temático Hacienda Nápoles y cuenta con un parque acuático, visita a los hipopótamos, recorrido por la historia de la finca, montañas rusas y cinco hoteles.
Juan Pablo era superfan de Michael Jackson toda su vida. En una ocasión le pidió a su padre que, en vez de traer los grupos folclóricos tradicionales de cada diciembre, trajeran al rey del pop. Pablo Escobar preguntó cuánto costaría y Juan Pablo respondió que no tenía idea: quizá 1, 3 o 10 millones de dólares. Su padre dijo que el dinero no era problema.
Pablo Escobar rápidamente pensó en invitar a Michael Jackson a quedarse unos días en la hacienda. Juan Pablo le advirtió que Michael Jackson también tenía su propio zoológico (Neverland) y que probablemente no lo deslumbraría con lo que había en Colombia. Pablo Escobar respondió que pagaría los 10 millones para que viniera y, cuando Michael quisiera irse, le cobraría 60 millones de dólares por retenerlo. Juan Pablo decidió no seguir presionando para que el evento ocurriera, ya que la idea de secuestrar a Michael Jackson le pareció inaceptable.
La guerra se intensificó y la persecución comenzó de nuevo. La hacienda era confiscada, las autoridades y la prensa anunciaban el decomiso definitivo, luego se retiraban y dos días después la familia volvía. Este juego sistemático duró años. Cuando surgió el tema de Michael Jackson, la hacienda ya no era un refugio seguro porque había comenzado una guerra con los paramilitares de la zona.
Existe una foto icónica de Juan Pablo y su padre frente a la Casa Blanca. Esta imagen muestra el beneplácito con el que se recibía a Pablo Escobar en sus años más prósperos como narcotraficante. Juan Pablo aclara que la percepción del narcotráfico hoy es totalmente distinta a la de aquella época. Hoy está demonizado y las autoridades están preparadas para combatirlo (escáneres, rayos X, perros). Antes no existía nada de eso y era muy fácil ser narcotraficante exitoso.
La familia hizo muchos viajes a Estados Unidos. Cuando Pablo Escobar fue acusado por el ministro, exhibió su visa para demostrar que no era narco. Él ya era político y sabía mentir a la perfección. La foto frente a la Casa Blanca surgió durante uno de esos paseos familiares. En esa misma ocasión visitaron la sede del FBI, donde Pablo Escobar entró con pasaporte falso. Juan Pablo considera que si él fuera Pablo Escobar no entraría a la sede del FBI con pasaporte falso.
Francisco Santos, ex vicepresidente de Colombia y miembro de la familia dueña del diario El Tiempo, fue secuestrado por más de seis meses por órdenes de Pablo Escobar para presionar al gobierno (probablemente el de Gaviria) y obtener decretos favorables, incluida la construcción de su propia cárcel. Pablo Escobar fue el único criminal en la historia de la humanidad que se construyó su propia cárcel.
Juan Pablo tiene los planos de esa cárcel y fotos de la construcción de las primeras hiladas de ladrillo. El día que visitó a su padre en la cárcel, se dio cuenta de que no era una cárcel, sino una finca donde solían ir de recreo y de escondite. Pablo Escobar le mostró por dónde planeaba escaparse. Se había entregado hacía un mes y medio.
Juan Pablo tenía aproximadamente 13 o 14 años en 1992 y estaba totalmente consciente de lo que su padre hacía. Pablo Escobar nunca le ocultó su actividad. Desde los siete años le abrió su corazón y le decía: "Esto es lo que yo hago". Veían la televisión y cuando salía un crimen Pablo decía: "Sí, ese fui yo", o "No, ese no fui yo".
Juan Pablo también aprendió cómo los medios construyen narrativas que no son verdaderas. Conoció la realidad de que nunca se debe dejar que la verdad arruine una buena nota. Hoy, estadísticamente, Pablo Escobar produce más noticias que cuando estaba vivo matando gente. Juan Pablo considera que no se le ha dejado morir porque es un negocio para todos, incluido él mismo, aunque siempre dentro de la legalidad.
Juan Pablo es arquitecto, diseñador industrial, productor audiovisual y escritor. Siempre se ha orientado hacia la legalidad absoluta porque su padre le mostró el camino que no debía recorrer y le quedó claro que no existe la mínima posibilidad de encontrar el éxito en la criminalidad.
El día que murió Pablo Escobar, Juan Pablo escuchó por última vez su voz: "Ahorita te llamo". Diez minutos después una periodista le confirmó que la policía había confirmado la muerte de su padre y le preguntó 20 veces qué iba a hacer ahora. Al responder por vigésima primera vez, Juan Pablo dijo airadamente que los iba a matar a todos.
Durante los 10 minutos posteriores a esa amenaza, vivió los momentos mental y espiritualmente más intensos de su vida. Se imaginó poniendo en práctica la venganza y se dio cuenta de toda la destrucción que causaría. Decidió que ese no era el mundo que quería para sí mismo. Llamó a los medios de comunicación y se retractó públicamente, diciendo que acababa de cometer un error y que amenazaba al país, pero que eso no era lo que quería.
Ese mismo día juró que haría lo que fuera por hacer la paz en su país. Se le recuerda más por la amenaza que por haber cumplido 33 años de portarse bien, pero él considera que tomó la mejor decisión en el último segundo. Reflexiona sobre el poder de las palabras: una declaración de 5 segundos puede terminar convertida en 30 años de exilio. Recomienda pensar antes de hablar porque se puede equivocar muy fácilmente.
Juan Pablo menciona que su padre podía llegar a ganar entre 50 y 80 millones de dólares en un fin de semana. Esta información proviene de su segundo libro, Pablo Escobar Infraganti, en el que entrevistó a los enemigos de su padre y a la persona que le cuidaba el dinero en Estados Unidos.
Esa persona le contó que en la época dorada iban a los bancos todas las semanas y el banco les prestaba todo su personal y máquinas contadoras de dinero. Siempre iban atrasados y nunca alcanzaban a contar todo el dinero que llegaba. Tuvieron que empezar a pesar el dinero en básculas porque era la única manera rápida de contar el caudal de efectivo.
Solo en Miami, Pablo Escobar podía meter entre 50 y 80 millones de dólares en un fin de semana vendiendo cocaína. No obligaba a nadie y se la quitaban de las manos. Había un déficit de narcos y más viciosos dispuestos a comprar que la cantidad de narcos que repartían la droga. No había peleas por esquinas porque había mercado para todos.
Pablo Escobar nunca pensó en ahorrar. Se autodefinía como "una máquina de hacer dinero". Una persona que se ve a sí misma de esa forma no se preocupa por guardar. Los socios de Pablo Escobar sí guardaban el dinero enterrado, compraban oro o diamantes, y en varias ocasiones los ratones comieron los dólares que estaban en las caletas.
Incluso durante la época de la cárcel de la Catedral, Pablo Escobar llegó a estar sin un peso, sin un dólar en su poder. Sin embargo, tenía mucha gente que creía en él y que le ponía dinero a disposición, por lo que nunca se preocupó por tener dinero.
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