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Estamos Educando a Nuestros Hijos Para Que No Piensen Por Sí Mismos (Sans Segarra)

Uri SabatSeptember 19, 202625m
In a Nutshell

Estamos educando a los niños para que desarrollen el ego mediante máquinas y hábitos automáticos que los desconectan de su supraconciencia, la verdadera identidad eterna que forma parte de la conciencia primera. Esta desconexión favorece el control de los poderes fácticos, que prefieren un rebaño sin autocrítica ni capacidad de cuestionar, mientras que la supraconciencia —accesible por meditación y autoconocimiento— es la única vía para salvar la humanidad y el planeta.

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La tecnología permite clonar personas fallecidas mediante la voz y crear avatares virtuales, y en el futuro podría desarrollarse robots que representen a seres queridos para pedirles consejo. Esta realidad forma parte del transhumanismo y posthumanismo.

Somos cuerpo, mente y espíritu. Los algoritmos pueden condicionar dinámicas determinadas y realizar cálculos matemáticos a velocidades que el cerebro humano no alcanza. La tecnología permite tener todo el conocimiento de la humanidad en el bolsillo, lo cual es maravilloso, pero no tiene vivencia subjetiva, espíritu ni supraconciencia.

La auténtica identidad de cada persona es eterna, holística con la primera, y no puede actuarse sobre ella. Es la auténtica realidad. La máquina nunca tendrá vivencia subjetiva ni podrá suplir a un ser querido como un padre, ya que nunca tendrá la experiencia, sabiduría y vivencias acumuladas en la supraconciencia que se separa en el momento de la muerte y va al plano astral.

Hemos construido armamento capaz de destruir la civilización y el planeta, pero no hemos evolucionado hacia una sociedad capaz de vivir en coherencia respetando los derechos humanos firmados en 1948 en París según el esquema de Eleanor Roosevelt. La Declaración de Derechos Humanos establece que todo ser humano tiene derecho a la felicidad, salud e igualdad de oportunidades.

Hemos conseguido gran avance tecnológico pero no hemos evolucionado como sociedad humana. Estamos perdiendo la humanidad, dando el poder a la máquina y atrofiando las cualidades humanas: capacidad creativa e intelectiva. Nunca podremos actuar sobre la supraconciencia que es perfecta, pero estamos atrofiando nuestra mente, cuya identidad es el ego.

El materialismo total es peligroso porque gente mala puede poner algoritmos que digan "Cárgate todos los seres humanos" y las máquinas lo ejecutarán. Quien organiza los algoritmos es el ser humano, la mente humana con capacidad creativa. La máquina no crea, gestiona datos, pero quien crea es el ser humano.

Nacemos solos y morimos solos. Hay gran soledad en el momento de la muerte, aunque se esté rodeado de seres queridos. La muerte es lo más democrático que hay: llega y te vas, nadie se escapa.

Hay que educar a nuestros hijos desarrollando al niño en su integridad: cuerpo, mente y espíritu. Esto se hace convenciendo, explicando, hablando mucho con los niños. La principal alarma es el amor, el abrazo, la caricia, el beso. Necesitan contacto y hablar.

En Canadá y Estados Unidos están saliendo leyes que prohibirán las máquinas de manera descontrolada, siendo posible solo a partir de los 14 años. Hay que enseñar el uso de máquinas como asignatura con horas determinadas dentro del programa de estudios, pero no dejar el ordenador todo el día.

Educar es desarrollar todo en el niño y se hace estructurando el carácter. El carácter es la manera de pensar, ser y actuar del ser humano. Se estructura con una serie de hábitos. Un hábito es una respuesta automática ante un estímulo que después de un periodo de aprendizaje queda almacenada en el subconsciente y sale automáticamente sin consumo de energía cerebral.

A partir de los 35-40 años más del 90% de nuestros actos son hábitos. Los hábitos se adquieren en el claustro materno los últimos meses y los primeros años de vida del niño hasta los 8, 9, 10 años.

Estamos inculcando valores, creencias, principios dentro de la estructuración del carácter. Los hábitos que inculcamos a los niños, o les dejamos la máquina y que ellos miren cosas que no están preparados ni a punto para ver. Están viendo cosas en las máquinas que no están preparados y están condicionando unos hábitos que les alejan de su realidad existencial, hipertrofiando e inflando el ego.

Esto es lo que quieren la sociedad actual, los poderes fácticos, políticos, económicos: no quieren gente despierta. El que se conoce a sí mismo tiene autocrítica y puede ir en contra de lo que digan los poderes fácticos. En cambio, el dominado por el ego tiene miedo, se pone en un grupo, ideología o líder que le protege de la soledad y el miedo.

Lo que quiere el poder fáctico es el rebaño que no le irá en contra. Los políticos nos están engañando de manera ridícula, pero vamos todos a votarlos.

Bonhoeffer, teólogo alemán de la época de Hitler, decía: "El pueblo alemán ha entrado en la estupidez total". Estúpido es aquel que entrega su voluntad, manera de pensar a una ideología, grupo o líder. El pueblo alemán entregó su voluntad, criterio, personalidad y autenticidad a Hitler, sabiendo que hacía barbaridades y callándose.

La gente llega un momento que se da cuenta de que es un autoengaño, que es falso, y entonces se produce la crisis. La crisis tiene el sufrimiento que comporta desestructurar el andamio psicológico, pero tiene la ventaja de que a partir de ese momento se estructurará un nuevo andamio psicológico siempre mejor, con menos autoengaño.

Lo que hacemos actualmente en la formación es precisamente desarrollar el ego y el ego pone las barreras a la supraconciencia y entonces la desconecta totalmente.

Hay países donde los niños en el colegio meditan como asignatura, enseñándoles a tener una mente tranquila, sin ruido, sin bombardeo continuo, evitando el exceso de máquinas.

Los niños a veces ven cosas que no vemos nosotros porque son supraconciencia. Los pequeñitos aún no están moldeados por el ego. No les hemos introducido a la fuerza al ego. Si tenemos conciencia de esta realidad, hay que educar a los niños enseñándoles la realidad de la vida: que es un cuerpito que tienen que cuidar, que piensan y que se morirán, pero que tienen algo dentro que perdura, su auténtica identidad.

Cuando se muere el abuelo, hay que ponerlo allí y decir: "Ves, deja el cuerpo, pero el abuelito se ha ido, está en otra dimensión y nosotros haremos todos lo mismo". No hay que esconder la verdad. Solo podemos cambiar la humanidad, el planeta, salvar el planeta y la civilización con la supraconciencia, nunca con la dinámica del ego.

Byung-Chul Han, filósofo de Taiwán, describe que nos autoexplotamos. Lo más importante es producir, vender. Destrozamos nuestra vida personal para poder producir que nos digan que somos lo mejor, que nuestro trabajo es el mejor, que producimos más que nadie.

La sociedad quiere rapidez, ruido, superficialidad, competitividad. Esto es puro ego. Estamos dominados por el ego y esto cada vez va peor hasta que llegará un punto que hay que salir.

La supraconciencia es única y exclusiva, es el holograma total, es la conciencia primera. Está formada por múltiples fracciones, de aquí viene el nombre de fractal. Nuestra supraconciencia es holística con la conciencia primera, forma parte de ella y tiene sus propiedades: es eterna, omnipresente, omnisciente.

La intuición es una forma de precognición gracias a la omnisciencia y omnipresencia de la supraconciencia. Cuando alquilamos un piso y decimos "esto no, no sé por qué", es intuición, lo sabemos sin razonamiento lógico.

Hay coherencia cuántica de nuestras auras y campos biofotónicos. Somos pura energía y cuando hay coherencia, hay sincronicidad. Se nota cuando se está a gusto con una persona, cuando otra es superficial, cuando estresa, cuando roba energía.

Cuando se toca la supraconciencia, todos la tenemos y llega un momento que la tuya sincroniza. Hay coherencia con las dos supraconciencias porque todos formamos el holograma total.

En cirugía o medicina compleja se está muy próximo al sufrimiento profundo y a la muerte. Se ve gente que luchó toda su vida por el ego y en un momento se deteriora todo y se muere. Se viene sin nada y se va sin nada.

El médico se impregna de todo esto y llega un momento que dice "la vida tiene que tener algo más". Las experiencias cercanas a la muerte motivaron la investigación y el contacto con la supraconciencia.

Sócrates dijo: "El que se conoce a sí mismo conoce el universo". Él contactó con su supraconciencia y se dio cuenta de que formamos parte de este holograma total, que estamos todos conectados. El vínculo de unión es el amor.

La finalidad de la vida es controlar al ego, el tener y el hacer, y abrir la puerta que lleva al dar, al ser, a la supraconciencia. Hitler y los individuos que hacen daño están totalmente dominados por el ego. El ego si se deja llega a ser salvaje, poder implacable.

La Madre Teresa de Calcuta vivía para dar, para ofrecer, para ayudar. Era más importante dar. Vivía de su supraconciencia. Santa Teresa decía "Todo se pasa, todo se pasa". Los místicos son personas que contactan con su supraconciencia y tienen sensación de paz, armonía, gozo, pierden totalmente el miedo.

La espiritualidad es introspección, mirarse dentro uno mismo y con técnicas como la meditación se llega a contactar con la auténtica esencia que forma parte del holograma total, origen de las religiones. Según la idiosincrasia de cada pueblo se le llama Dios, Jehová, Alá, brahman, tao.

Max Planck decía que detrás de todo hay una inteligencia, una conciencia primera que lo ha hecho todo y mantiene un orden. Einstein también lo decía. Tesla decía que nos conectábamos, que éramos una baja.

Jesús decía: "Sois hijos de Abba" (Abba en arameo es Dios). "Estáis hechos a imagen y semejanza de Abba". Tenemos Abba dentro. Cuando le preguntaban cómo encontrarlo, decía "pobres de vosotros, si lo tenéis dentro, no sabéis ver, el ego lo tapa".

Cada mañana tenemos un proyecto vital: "Tengo que hacer esto, lo otro", todo esto es ego, pero es mi servidor para actuar en la dimensión humana. No tiene que pasar el plano y ser el rector de mi vida, que es lo que ha pasado en nuestra sociedad y nos ha abocado a la crisis de la humanidad.

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