Experto en Productividad Japonesa: “Haz en 2 Horas más que el 97%” - Elimina tu Procrastinación Así
In a Nutshell
Alejandro Casuga explica que la productividad japonesa se basa en disciplina visible (5S, puntualidad y liderazgo ejemplar) y en la aceptación de la crisis como oportunidad (kiki). El mensaje central es que México necesita estabilizar procesos con orden, limpieza y congruencia de valores antes de mejorar, y que la disciplina personal —como hacer la cama o llegar 10 minutos antes— genera resultados superiores. La clave está en enfocarse en 2-3 valores medibles y vivirlos consistentemente en lugar de perseguir la armonía ilusoria o la diversión excesiva.
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Alejandro Casuga declaró ser autista y disléxico. No habló hasta los 5 años. A esa edad se vistió sin la presencia de su mamá y papá. Repitió el tercero de primaria. Enfatizó la posibilidad de mejorar estas condiciones para que no representen un obstáculo en las relaciones ni en el desarrollo profesional.
Alejandro Casuga es un empresario mexicano de raíces japonesas. Ha dedicado su carrera a fusionar lo mejor de ambas culturas en el mundo de los negocios. Es creador de Kitsukai, una metodología de mejora continua que ha transformado empresas en todo el mundo.
Las empresas japonesas contratan de por vida, similar a adoptar un hijo. El 56% de las empresas familiares con más de 200 años en el mundo son japonesas. En el sistema educativo japonés no existe orientación para elegir carrera a los 17 o 18 años. Al entrar a trabajar, las personas experimentan varias áreas y según sus fortalezas son asignadas. Las empresas invierten en el desarrollo de las personas porque trabajarán toda la vida.
La puntualidad es el único valor que se puede medir objetivamente: o se llega a tiempo o no. El reloj no se puede engañar. Para ser puntual se requiere disciplina.
Alejandro visitó Tokio hace tres años. Según encuestas y estudios, Tokio es la ciudad más poblada del mundo. Sin embargo, lo que observó fue una ciudad limpia, ordenada, silenciosa, pacífica, humilde y muy bien organizada.
Alejandro nació en México y trabajó 10 años en Japón. Japón enfrenta múltiples adversidades: cuatro estaciones climáticas extremas, es el país con más terremotos del mundo (diariamente hay sismos de magnitud 3-4 grados), tsunamis, ciclones, huracanes y tifones. Esta realidad ha generado una cultura muy resiliente.
En japonés, kiki significa crisis o adversidad. Está compuesto por dos caracteres: "kiken" (peligro) y "kikai" (oportunidad). Bajo la filosofía japonesa, la crisis es buena porque obliga a reflexionar sobre qué se hizo bien y qué se hizo mal. El peligro estimula la búsqueda de nuevas oportunidades de crecimiento.
Japón tiene 120 millones de habitantes con solo el 20% del territorio habitable. El gobierno promovió el valor de orden y limpieza en toda la sociedad. Los niños realizan limpieza de su salón y del baño. No hay basura en las calles.
Existe una teoría para enseñar valores llamada teoría de los vasos comunicantes. Si se echa líquido a un vaso, todos los demás se llenan porque están interconectados. La cultura japonesa eligió promover orden y limpieza porque es el único valor que se puede observar antes y después. Otros valores como respeto, honestidad y responsabilidad no son visibles directamente.
Para lograr orden y limpieza existe una metodología japonesa llamada cinco eses:
- Seleccionar: distinguir lo que se necesita de lo que no se necesita. En el escritorio no deben haber cosas personales. Una pluma es suficiente.
- Organizar: que sea fácil de encontrar, fácil de sacar y fácil de devolver. Los archiveros deben organizarse alfabéticamente.
- Limpiar: no solo se trata de que se vea como nuevo. El objetivo es revisar que todas las herramientas funcionen bien y pensar cómo mejorar.
- Estandarizar: repetir el mismo proceso consistentemente.
- Seguir: mantener la disciplina diaria de mantener el lugar limpio y ordenado.
En Japón no existe reloj checador ni huella digital en las empresas. Es obvio que se llega a tiempo. Los reportes se entregan a la hora indicada sin supervisión constante. El respeto a compañeros es fundamental: si no existe respeto, la gente deja de ser puntual. En México existe el bono de puntualidad, lo cual refleja una diferencia cultural significativa.
Alejandro visitó Hiroshima y quedó impactado por la rapidez con la que la ciudad se reconstruyó después de la bomba atómica. Una ciudad destruida por radiación y explosión fue reconstruida con edificios altos, rascacielos y comercio en tiempos récord.
Además de kiki, existe la palabra kataganai, que significa "ya no se puede hacer nada al respecto". Los latinos tienden a lamentarse y cuestionar por qué les pasa algo negativo. El japonés acepta que ya pasó y pregunta qué se va a hacer al respecto. Cualquier tragedia se supera con facilidad.
Japón es una isla sin contaminación de otras culturas. La sociedad actúa de manera similar. Existe una gran clase media con muy pocos ricos y muy pocos pobres. La mayoría de la población pertenece a este gran porcentaje intermedio.
Históricamente, para sobrevivir inviernos crudos era necesario trabajar en equipo con el cultivo de arroz. Esto forzó al japonés a convivir, trabajar en equipo, no hablar mal de los demás y ser respetuoso. Existe una palabra clave: wa, que significa armonía japonesa.
- Wasoku: comida japonesa (armonía + comida)
- Washi: papel japonés (armonía + papel)
- Wafuku: vestimenta japonesa (armonía + vestimenta)
La armonía es tan importante que la sociedad piensa en el bien del grupo, no en el individuo. En el tren nadie habla porque rompería la armonía.
En las escuelas kindergarten, cuando dos niños se pelean, la maestra los junta y pregunta: "¿Qué le dijiste a tu compañero?" y "¿Cómo te sentiste cuando te dijo eso?". Se enseña desde pequeños que ciertas conductas rompen la armonía. Cada niño tiene su itinerario de limpieza. Aunque un niño de 3 a 5 años no barra bien, se genera el hábito de disciplina y trabajo conjunto.
Como latino, Alejandro sintió mucha presión en Japón porque no se puede ser uno mismo sin romper la armonía. Es muy difícil hacer amigos japoneses de corazón porque cualquier fractura en la relación rompe la armonía.
El padre de Alejandro es de ascendencia japonesa, nacido en San Luis Potosí. Su madre nació y se educó en Japón. Sus abuelos querían que el padre se casara con una japonesa, por lo que lo enviaron a Japón. El sistema se llama matchmaking (casamenteros). El padre recibió fotos y currículums de 10 mujeres y entrevistó a varias. Su madre fue la séptima y hubo química. El compromiso es serio desde la entrevista.
La cultura japonesa prioriza el trabajo sobre la diversión. Cuando Alejandro era adolescente y pedía ir al cine, su abuela respondía: "Okay, ve al cine con tus amigos mientras todo el mundo está trabajando". Los japoneses realmente no saben divertirse. En México los cumpleaños se celebran, pero en Japón no se lleva a cabo tanto ese tipo de festejos.
Las cosas positivas de Japón son la disciplina. Las cosas positivas de México son la creatividad. En México no hay cuatro estaciones extremas, todo el año está verde, las ovejas engordan solas, hay frutas y verduras todo el año. No existe necesidad de planear a mediano y largo plazo para sobrevivir, por lo que los mexicanos viven el presente de manera intensa.
Cada año se realiza el concurso mundial de robótica. Entre los tres primeros lugares siempre están Japón y México. Jorge Orosco, presidente de la zona de Mecatrónica en México y compañero de secundaria de Alejandro, ha ganado múltiples veces. Los europeos y asiáticos planean con perfección milimétrica. Cuando algo no sale según el plan durante el combate, se quedan congelados. Los mexicanos, al no planear tanto, esperan que algo salga mal y lo resuelven sobre la marcha. Los mexicanos son creativos, chistosos, usan bromas y apodos constantemente.
Alejandro se considera mexicano. Vivió mucho tiempo la cultura japonesa pero no se adaptó completamente a su piel. Su objetivo es extraer lo bueno de la cultura japonesa.
La disciplina combinada con la mejora continua es lo que realmente le hace falta a México para avanzar. Alejandro comparte su experiencia personal al ser autista y disléxico, condiciones que desarrolló porque su madre contrajo tuberculosis durante el embarazo y solo pudo recibir vitaminas y proteínas. Es el más bajo de su familia y no habló hasta los cinco años. Repitió tercero de primaria, pero destacó en matemáticas por su razonamiento diferente, lo que lo llevó a participar en olimpiadas de matemáticas y experimentar el éxito por primera vez.
Para combatir su dislexia y autismo, Alejandro desarrolló el hábito de prepararse intensamente. Se encerraba en el clóset con un foco para estudiar, tomándose fotografías mentales de los libros en lugar de leerlos tradicionalmente, lo que le tomaba cuatro o cinco horas más que a otros estudiantes. De esta experiencia aprendió que entre más te esfuerces y te prepares, mejor te va en la vida. Esta mentalidad lo llevó a estudiar en Berkeley, que en ese entonces era la tercera mejor universidad del mundo.
Debido a su dislexia y menor vocabulario, Alejandro utiliza muchas diapositivas en sus conferencias: una por minuto, calculando 90 diapositivas para una conferencia de hora y media. No puede tener una diapositiva y hablar 10 o 15 minutos. Incluye videos y chistes para dinamismo, y menciona que dice muchas groserías porque no es disléxico y así habla la gente en México, lo que genera conexión con el público.
Para padres con hijos autistas o con dislexia, Alejandro recomienda encontrar la fortaleza del niño, ya sea ajedrez, pintura o música, y dedicarle tiempo, dinero y esfuerzo para desarrollar esa área. Esto genera autoestima que luego se puede replicar en otras áreas. La dislexia afecta también al hablar y se mejora con ejercicios de ojos y leyendo solo. El autismo puede generar dificultades para socializar, por lo que es importante encontrar nichos de confort donde la persona se sienta segura, como reuniones de empresarios en lugar de eventos sociales.
Hacer la cama todos los días genera disciplina y un cambio visual que activa emocionalmente para empezar el día con el pie derecho. Entrar a un lugar limpio y ordenado cambia la vibra completamente. En Japón existe la tradición del o soji o gran limpieza al final del año, donde se limpia todo a detalle para recibir el nuevo año con energía positiva, deshaciéndose de cosas que ya no se usan para dar espacio a nuevas oportunidades, tanto física como mentalmente.
La filosofía japonesa es minimalista por necesidad debido al espacio limitado en casas y departamentos. La pregunta clave es: si no lo compro, ¿qué pasaría? Si no pasa nada, entonces no es un gasto necesario. Los japoneses compran solo lo necesario, ocupan lo necesario y gastan lo necesario. Un profesor de Harvard mencionado como ejemplo compra ropa muy buena pero solo tiene dos trajes, dona los de la temporada anterior y se compra nuevos.
Los japoneses se enfocan en dos valores medibles: limpieza y puntualidad. La puntualidad es el único valor que se puede medir objetivamente porque el reloj no se puede engañar. Para ser puntual se requiere disciplina en la planeación: calcular tiempos de levantarse, bañarse, desayunar y transporte. Alejandro implementó la "regla de oro de la puntualidad japonesa" en su empresa mexicana: llegar 10 minutos antes de la hora acordada. Llegar exactamente a la hora acordada significa llegar tarde. En la primera junta con ocho gerentes, solo two llegaron a tiempo y cerró la puerta. La segunda vez todos llegaron puntuales. El liderazgo ejemplar es fundamental: el líder debe cumplir lo que predica.
Se menciona la hoja brújula, una herramienta creada para el autoconocimiento que más de 50,000 personas han descargado. Permite identificar qué es lo que más molesta o hace sufrir a una persona para saber cuál es el punto de partida en el desarrollo personal. La versión mejorada incluye un manual con los siguientes pasos y una hoja de ruta para plantear cambios en el próximo año. Es completamente gratuita y está disponible en la descripción del episodio y mediante código QR.
Alejandro decidió ir a trabajar a Japón después de estudiar en Berkeley para entender por qué los japoneses son puntuales, honrados, respetuosos, trabajadores, ahorradores, buenos padres y esposos, mientras que en México existen percepciones negativas relacionadas con corrupción y narcotráfico. Llegó a Tokio en 1993. Descubrió que ambos pueblos tienen los mismos objetivos de vida: educarse, conseguir trabajo, formar familia, mejorar materialmente. La diferencia está en el entorno y la cultura, no en la biología humana.
Las empresas japonesas contratan de por vida, una tradición que viene de cuando eran comerciantes que adoptaban aprendices. Un empleado debe demostrar interés durante tres años sin paga antes de que le empiecen a enseñar. Un chef de sushi pasa tres años solo haciendo arroz. Alejandro fue contratado por Yakult y pasó tres años vendiendo de casa en casa, tocando 120 timbres diarios. Inicialmente fue el peor vendedor por su actitud negativa, sintiéndose desaprovechado con su título de Berkeley. Su mentor le explicó que para ser buen líder hay que aprender desde abajo cómo se siente un vendedor cuando le cierran la puerta en la cara. Después de cambiar su actitud, subió en el ranking.
Después de tres años vendiendo, pasan tres años en área administrativa y rotan puestos durante 20 años antes de ser gerente, generando conocimiento integral de la empresa. Sin embargo, en un mundo dinámico se requieren especialistas, no generalistas. Alejandro renunció y pasó a consultoría en Loy Consulting, donde había 43,000 consultores a nivel mundial. Ahí cometió un error y lo despidieron, contrastando con la seguridad laboral de Yakult donde sabía exactamente cuánto ganaría a los 3, 5, 10 y 15 años, y cuánto recibiría al retirarse.
El sistema paternalista de empleo de por vida ha hecho que Japón pierda competitividad ante chinos y coreanos. Las decisiones requieren consenso por la armonía grupal, lo que las hace muy lentas. En su última posición en Yakult, una minuta de una junta de media hora con el director general de Danone tardaba dos semanas por cuatro niveles de revisión. En Deloitte, la minuta debía enviarse a Nueva York en media hora sin revisiones adicionales. Esta falta de improvisación y velocidad en decisiones explica por qué Japón llega tarde a innovaciones como los carros eléctricos y por qué las marcas italianas de motos superaron a las japonesas después de la pandemia.
China combina disciplina con improvisación y creatividad. El sistema educativo chino es muy disciplinado, mientras que la competencia y la ejecución son excepcionales. China pasó de fabricar electrodomésticos a producir automóviles, computadoras e inteligencia artificial, apoyada por el gobierno en el crecimiento empresarial.
Un gran líder debe enfocarse primero en crear un entorno de disciplina a través de las 5Es, que sea visual. Se marca con cinta adhesiva azul dónde debe ir cada objeto: calculadora, mouse, keyboard, y hasta el piso para la silla. Se quitaron todas las cosas personales para que visualmente la gente se eduque a ser disciplinada.
Después del cambio visual viene el ordenamiento de procesos. La visión y misión son iguales en cualquier país, el problema es aterrizarlas. El organigrama se considera un "egograma" porque genera cotos de poder, grietas y políticas donde la prioridad es el jefe y no el cliente. En cambio, se propone usar flujogramas: si se entrega un reporte a cobranza, se define que debe entregarse antes de las 5 de la tarde y ese es el indicador de desempeño.
Una vez ordenados los procesos, viene la mejora reactiva y proactiva. La mejora reactiva consiste en que cada vez que alguien comete un error, levanta la mano y propone una idea para que no vuelva a pasar. Esto es corresponsabilidad o accountability. El concepto se relaciona con el Kaizen, pero se menciona que en la cultura latina primero hay que estabilizar los procesos antes de mejorarlos, como un médico estabiliza signos vitales antes de operar.
Muchas empresas intentan promover Kaizen pero cometen el error de ir al método sin trabajar la conciencia. La gente no da ideas de mejora porque se expone emocionalmente a críticas. Hay que hacer entender que el empleado que hace el trabajo diario es el experto. Ejemplo: para cambiar los basureros de un edificio, se consulta a la gente de limpieza, no a gerentes, porque ellos saben cuántos se necesitan, de qué tipo, dónde colocarlos y a qué hora.
Las mejoras pueden ser tan sencillas como entregar una taza con el asa del lado correcto según si la persona es diestra o zurda. El conjunto de pequeñas mejoras fortalece todo el proceso y aplica tanto en la vida profesional como personal.
Para empresas de 3, 5, 15 empleados no se recomienda documentar porque los procesos cambian muy rápido y mantener la documentación actualizada cuesta tiempo, dinero y esfuerzo. En empresas grandes los manuales de perfiles de puesto suelen tener 3 años de antigüedad porque recursos humanos delega a gerentes que no tienen tiempo ni ganas de actualizarlos.
Para empresas pequeñas se recomienda liderazgo ejemplar: que la gente te siga por convicción y no porque eres el jefe. Se menciona el modelo de Daniel Goleman con seis tipos de liderazgo que se pueden aprender:
- Liderazgo coercitivo: la gente obedece sin preguntar cuando se demuestra ser experto, como un bombero en un incendio.
- Liderazgo de storytelling: como Steve Jobs, que exponía ideas de manera muy digerible y lograba que la gente lo siguiera a pesar de su trato difícil.
- Liderazgo afiliativo: preocuparse por las emociones de la gente, como enviar geles, cubrebocas y apoyo para transporte durante el COVID.
- Liderazgo de paso: marcar el ritmo.
- Liderazgo de coaching: mentoría.
Lo más importante es ser congruente. Aplicando la teoría de los vasos, enfocarse en dos o tres valores donde se pueda ser congruente. Ejemplos del propio caso: puntualidad (vivió 10 años en Japón), trabajo en equipo (uniforme igual para todos), y ser servicial (el director general sirviendo comida cuando se cumplen objetivos). Los valores deben vivirse, no solo escribirse en un papel.
Una forma práctica es contratar estudiantes a través de prácticas profesionales para detectar quién sí y quién no. Durante la entrevista se preguntan dos cosas clave: si trabajó mientras estudiaba (indica resiliencia y "madera") y si vio la página de internet de la empresa (indica interés e investigación).
En Japón se ficha para toda la vida. El término karoshi significa morir por trabajar. Existe una gran presión: no se ve bien regresar antes que el jefe, si el jefe trabaja 80 horas semanales, el empleado también. Hay casos de suicidio y paros cardíacos por la presión. En las estaciones de tren hay gente durmiendo en mesas con traje a las 8 de la mañana. Las tiendas de conveniencia venden ropa interior porque la gente no tiene tiempo de regresar a casa.
Muchos empleados japoneses en México solo regresan una o dos veces al año a ver a sus hijos. En lugares como Kabukicho en Shinjuku hay muchas jóvenes que se prostituyen debido al esquema de presión. La figura parental falta para la gente joven.
El término Ikigai ha sido tergiversado. No es ilusorio pensar que es un trabajo que aporta a la sociedad y da de comer. Surgió en un entorno de alta presión: es una actividad del fin de semana que recarga energía para soportar la semana laboral, como pescar, hacer bonsái, arreglo floral o correr. El lunes se vuelve a nacer gracias al Ikigai.
En abril se realizan rotaciones a otros países o departamentos. Si el 15 de marzo llaman de recursos humanos, todos saben que será para reasignar. No hay orientación vocacional en el sistema educativo. La empresa invierte en la formación porque el empleado trabajará toda la vida allí. Si alguien es bueno en contabilidad, le pagan la carrera para que sea contador público.
No es blanco y negro: puede haber de las dos formas. Lo que se hace bien se refuerza con feedback positivo, mejor autoestima y se sigue haciendo. Pero también puede haber alguien que es bueno en algo, recibe alabanzas por ese camino y cree que es su Ikigai sin haber experimentado otras cosas. Cuando el japonés encuentra su hobby, le dedica todo el esfuerzo; por eso hay muchos campeones mundiales en pastelería, café y pizza en Tokio.
Se considera una de las culturas más infelices del mundo por la cantidad de suicidios. Los padres quieren que sus hijos entren a Toyota, Nissan, Mazda o bancos para tener vida financiera asegurada. Para entrar a una buena empresa hay que entrar a una buena universidad, y para eso a una buena preparatoria. El examen de admisión a la Universidad de Tokio es anual; si falla, se va a una universidad de menor nivel y luego a una empresa de menor nivel. Muchos jóvenes se suicidan por la presión.
La única diversión real es el karaoke. Surgió el concepto de karaoke box: cuartitos pequeños que se rentan por horas entre amigos, donde no da pena cantar o hacer tonterías, y se puede destrampar con comida y alcohol. Hay edificios de ocho pisos llenos de karaoke box.
El karaoke en Japón funciona como mecanismo de compensación para la tensión acumulada durante la jornada laboral. Lo que realmente triunfa no es la actividad de cantar, sino la posibilidad de descargar todo lo que se ha tenido que soportar en el trabajo antes de volver al día siguiente.
El sistema policiaco japonés, llamado Covan, consiste en pequeñas casetas con tres o cuatro guardias por zona. Los agentes realizan rondines en bicicleta, conversando con los vecinos para verificar que todo esté bien. Este sistema ha resultado muy eficiente: no hay prácticamente consumo de drogas y no existen armas de fuego. Si alguien es sorprendido con drogas, las consecuencias son muy graves.
Una de las características más valoradas de la cultura japonesa es su orientación al largo plazo. Las empresas japonesas elaboran planes estratégicos de 30, 40 o incluso 50 años. Un ejemplo claro es el plan que Japón diseñó tras el Mundial de Fútbol de 2002 (celebrado en Japón y Corea): crearon una estructura completa desde primaria hasta la liga profesional con el objetivo de que el país se convirtiera en campeón mundial en el futuro. Actualmente el plan apunta a que Japón llegue a cuartos de final o semifinales en el próximo mundial.
La cultura japonesa es agrícola por naturaleza. Pensar en la agricultura implica necesariamente una perspectiva de mediano y largo plazo. Cuando se toman decisiones a largo plazo, todo se ordena mejor: no se contrata para resolver un problema inmediato, sino para encontrar a la persona correcta, lo que termina beneficiando también al corto plazo.
Las empresas familiares con más de 200 años en el mundo corresponden en un 56% a Japón. Alemania ocupa el segundo lugar con 15%. El hotel más antiguo del mundo según el Récord Guinness se fundó en el año 705 y lleva 1.320 años en operación, gestionado por la misma familia a lo largo de 55 generaciones.
En Japón los impuestos de herencia alcanzan una tasa máxima del 55%. Para mantener un hotel valorado en 10 millones de dólares dentro de la familia, la 55ª generación debe pagar al menos 5,5 millones de dólares en impuestos. Esta presión fiscal obliga a las familias a mantener altos niveles de eficiencia, servicio al cliente y mejora continua.
El concepto japonés de empresa familiar es: "Mis ancestros me prestaron la empresa para que yo la entregue mejorada a la siguiente generación". No se busca sacar la empresa a bolsa, hacer un IPO y enriquecerse rápidamente; la tradición es mantenerla dentro de la familia.
La armonía (llamada en mitología Kisukai) es el valor más importante. Consiste en estar consciente de los demás y priorizar a la persona que está delante antes que a uno mismo. Por eso los japoneses son muy amables aunque por dentro puedan estar enfadados: evitan romper la armonía.
En Japón el sueldo del director general es en promedio ocho veces lo que gana un empleado. En Estados Unidos esta proporción puede llegar a 100 veces. La filosofía japonesa prioriza la longevidad de la empresa y el mantenimiento del empleo de todos los trabajadores por encima del enriquecimiento personal del directivo.
En los hogares japoneses tradicionales, el esposo entrega todo el dinero a la esposa, quien administra las finanzas y elabora el presupuesto. Cada semana le entrega al marido una cantidad fija (llamada "domingo" en México) para sus gastos personales. Cuando los hijos entran a la universidad, esta cantidad suele reducirse.
Los patrones de consumo cambian según la etapa de vida. Antes del matrimonio, el dinero se destina a compras personales (relojes Cartier, ropa Gucci, etc.). Después del matrimonio, el dinero pasa a ser de la sociedad conyugal y la prioridad son los hijos. Los japoneses evitan compras que llamen excesivamente la atención (como un Ferrari) porque rompen la armonía; prefieren opciones más discretas como un Lexus.
Durante décadas el interés que ofrecían los bancos japoneses era del 0% y no existía inflación. Como el ahorro en el banco no generaba rendimientos y las comisiones podían generar pérdidas, los japoneses se volvieron muy conservadores y invierten muy poco en bolsa. Esta tendencia está cambiando con las nuevas generaciones, pero las personas de 50, 60 y 70 años siguen siendo muy cautelosas con las inversiones bursátiles.
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