Jesús G. Maestro: La felicidad REEMPLAZÓ a la libertad | El pueblo cree que es libre, pero no lo es
In a Nutshell
Jesús G. Maestro sostiene que la felicidad ha fracasado como promesa social y ha reemplazado a la libertad, dejando a la generación cervantina heredando desengaños como el fracaso de la paz, el Estado de bienestar y la democracia. Critica cómo se anestesia la conciencia del pueblo con conformismo, consumo y consignas que limitan la autonomía real, mientras las élites persiguen inmortalidad y control global. El mensaje central es que la felicidad funciona como un anzuelo envenenado que mantiene a las personas en la ignorancia, y que solo el conocimiento permite distinguir la apariencia de la realidad y recuperar la libertad.
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Estamos en una sociedad donde la autoayuda, los mensajes a través de Instagram, la anécdota y el fragmento están muy por encima del relato y la profundidad. Se habla del fracaso de la felicidad porque realmente ha fracasado en muchos aspectos de lo prometido. Hay promesas que han fracasado y eso se ve especialmente en el tránsito de la generación de los milenaristas a la generación cervantina.
La generación cervantina se refiere a los nacidos ya en el siglo XXI, a partir del año 2000, 2001, 2002. Esta generación se enfrenta a muchos fracasos heredados de generaciones anteriores. Lo que se denomina la triple D —el desengaño, la decepción, el desencanto— ha caracterizado especialmente a quienes hoy tienen entre 20 y 26 años. Ya no creen en las promesas en las que se podía creer aún en la década de 1990, ni en la promesa de la democracia de 1970-1975.
¿Dónde están los resultados de todas esas promesas? ¿Se han cumplido? Es un mundo en el que la gente estudia una carrera universitaria y no encuentra trabajo cualificado, sino por debajo de sus posibilidades. Es un mundo en el que se cosechan muchos fracasos, sobre todo por parte de una generación que no los ha causado. Hay una generación que recibe como herencia un fracaso debido a las falsas promesas, promesas incumplidas, entre ellas las de la felicidad.
En este libro, "el fracaso de la felicidad" es un término eufémico que evita mencionar otros términos tabúes como el fracaso de la paz. Hay mucha gente joven que parece tener una cita con la guerra según las políticas europeas de los últimos tiempos. Se dice que hay que prepararse para la guerra. Se les dice eso a una generación de chavales a los que se ha educado leyendo La paz perpetua de Kant, y ahora les dicen que tienen que ir a una guerra que ni saben dónde está ni han hecho nada para promoverla.
Es una contradicción tremenda prometer la paz y declarar la guerra, prometer un Estado de bienestar y ofrecer el fracaso de esa felicidad, el fracaso de una economía, el fracaso de un sistema democrático, el fracaso del Estado, el fracaso de un mercado que solo alimenta a los más poderosos a costa de sacrificar económicamente la vida de mucha gente, especialmente joven, que es la más vulnerable.
Este no es un libro de autoayuda. Si la vida fuera simplemente una cuestión de emociones, sería una visión muy plana de la vida, porque hay días buenos y días malos. Pero la vida no es solo cuestión de emociones: es cuestión de economía, de salud, de asegurarse un sistema que sanitariamente cuide la salud, de paz, porque en tiempos de paz se pueden hacer cosas que en tiempos de guerra no se pueden hacer.
Hay que preservar una serie de logros que nuestra civilización tardó muchos siglos en conseguir y que a veces parece que vamos a perder en cuestión de pocos años. Es una reflexión que pone ante los fracasos de la vida, porque el siglo XXI es un siglo de muchos fracasos. Es un libro fácil de leer, con muchas imágenes muy potentes, frases y referencias.
Nos conformamos con las cosas que nos dan. El concepto de conformarse con no poder comprar un piso, porque es lo que se está viendo, conformarse con las migajas. Esto consiste en anestesiar la conciencia de las necesidades. El ser humano puede ser consciente de lo que necesita o ser inconsciente de lo que necesita.
Se le puede decir al ser humano: "Tú ya tienes bastante, tú ya tienes suficiente. No es necesario que exijas más, no es necesario que pidas más. Confórmate con lo que tienes". Esto no sirve para todo el mundo porque Diógenes era muy feliz en un tonel, pero eso no significa que todos sean felices viviendo en un tonel.
Se comenta la regla de los 3 m: uno tiene que asegurarse una capacidad de movimiento, una autonomía en torno a 3 metros, un diámetro de 3 metros. Los grandes mandatarios de las grandes superpotencias no limitan su libertad a 3 metros, sino que controlan todo el planeta. Por un lado se habla de limitar la vida cuando se dan determinadas condiciones extremas promoviendo la eutanasia, y paralelamente determinados mandatarios investigan acerca de la inmortalidad y de cómo no morirse nunca.
Al pueblo se le vende la eutanasia y a los grandes mandatarios se les rodea de una visión milenaria del mundo, la inmortalidad. Para unos la inmortalidad y para otros la eutanasia. Si se promoviera la eutanasia entre los mandatarios de las grandes potencias y la inmortalidad entre el pueblo, resultaría ridículo, pero la tendencia dominante es la contraria.
No comas carne. Si tú dejas de comer carne, evidentemente comeré más. En los tiempos de las antiguas religiones había preceptos que limitaban el consumo de productos cárnicos. Se evitaba el consumo de la carne. Desde determinadas teorías antropológicas se ha dicho que, dado que determinados animales no resultaban productivos en un sistema agrícola, se impedía su consumo para evitar invertir en esos animales considerados improductivos.
Hoy día no se proscribe el consumo de la carne en nombre de la religión porque no se puede decir de forma convincente que Dios no permite comer carne tal día. Hoy el Dios ya no es el Dios teológico: hoy el Dios es el Dios animal. Antes se recomendaba no comer carne para no ofender a Dios y hoy se recomienda no comer carne para no ofender al nuevo Dios, que es el animal. De un modo u otro se acaba en el mismo sitio: sin comer carne.
El momento de las grandes narrativas: lo que los medios de comunicación dicen, lo que la religión dice, lo que las redes sociales enseñan, como si estuviéramos con una máscara delante que nos impide ver lo que realmente es. Ha sido el tradicional juego entre la apariencia y la realidad. La lucha constante del ser humano por adquirir conocimientos frente a la ignorancia implica separar el trigo de la paja para quedarse con el trigo.
Los editores separan el trigo de la paja y publican la paja. La lucha de la supervivencia humana implica superar la ignorancia, separar la ignorancia del conocimiento y quedarse con el conocimiento.
Vivir en un tercer mundo semántico, lo que Platón llamaba la caverna, supone vivir en la ignorancia. Vivir en la ignorancia supone vivir con unas limitaciones muy poderosas. Para superar la ignorancia se han creado los sistemas educativos, desde los más básicos hasta la universidad.
¿Qué ocurre cuando fracasa la felicidad del conocimiento? Cuando el conocimiento se sustituye por ideologías, preceptos, creencias, imperativos sentimentales y emocionales, se hipoteca lo que se puede conseguir con conocimiento. Si se ignorara lo que la meteorología es, cada vez que hay una tormenta se pensaría que se ha hecho algo malo y que los dioses se enfurecen, como en los tiempos primitivos. El conocimiento de la meteorología permite separar cualquier enfado de una posible divinidad de las consecuencias de una tormenta.
Evitar el error y sobre todo evitar las consecuencias a las que el error puede conducir. Creer en referentes falsos supone hipotecar completamente todo lo que se hace. Si se organiza la vida para cumplir con objetivos que son falsos, se equivoca uno de antemano.
¿Quién genera expectativas falsas en nuestras sociedades? ¿Quién crea anzuelos envenenados? La felicidad es uno de ellos. Se promete la felicidad allí donde no se consigue, en el consumo. Cuando se promete la felicidad en el mercado, la gente consume productos creyendo que al adquirirlos va a ser feliz y resulta que no es feliz adquiriendo esos productos.
La tendencia contraria consiste en no consumas, familiarízate con la miseria, familiarízate con la escasez, vete a vivir al tonel de Diógenes. Tampoco es eso. No es necesario vivir en un palacio de 1000 km² ni habitar un tonel. Hay términos medios para organizar la vida proporcionada con todos. Para llegar a esos objetivos es necesario disponer de conocimientos y trabajar el conocimiento.
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