Manuel Antelo: cómo compró Renault Argentina a los 39 años
In a Nutshell
Manuel Antelo compró Renault Argentina a los 39 años gracias a su experiencia en autopartes y aplicando métodos de productividad japoneses que le permitieron alcanzar el 30% del mercado y fabricar más de 100.000 autos. Logró entrar en la licitación de privatización al convencer a Bern de incluirlo, superó a grandes grupos como Techint y Pérez Companc con una oferta que incluía seller finance, y llevó la empresa a valer 16.600 millones de dólares en 1994. El éxito dependió de la convertibilidad y el boom de activos argentinos, pero Antelo destaca que se jugó todo lo que tenía sin poder prever todos los riesgos.
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El conocimiento del negocio de autopartes ayudó a entender qué le estaba yendo mal a Renault. En esa época, Manuel Antelo había contratado a un japonés experto en manufactura y productividad que conoció en Estados Unidos. Este consultor ayudó a sus fábricas de autopartes a lograr gran competitividad.
Cuando compró la compañía, Antelo contrató al japonés que le acompañó a la planta. El consultor le indicó que el 40% de la gente no trabajaba. Antelo quedó impresionado y preguntó cómo era posible. El japonés explicó que la gente caminaba de un lado para otro sin producir, ya que una planta gigantesca hacía que todos se desplazaran constantemente. Cuando están caminando no están produciendo. El método consistía en acomodar la producción para que la gente no tuviera que desplazarse y no perdiera tiempo en movimiento. Ese era el método de Toyota.
Antelo compró la compañía y aplicó todos los métodos que le sugería el japonés. Durante los años que tuvo Renault, fue un éxito absoluto. Llegaron a tener el 30 y pico por ciento del mercado. Fabricaron más de 100,000 autos en esa época. La compañía estaba listada en la bolsa pero no tenía movimiento.
Durante los años de Menem hubo un interés tremendo por los activos argentinos. George Soros compró a través de Eduardo Elstein el 1% de la compañía y compraron las acciones. Las acciones volaron. Hicieron un road show en Estados Unidos. La compañía llegó a valer 16,600 millones de dólares en 1994, mientras que Renault Mundial valía 8,000 millones. Antelo considera que fue el primer unicornio.
No podía vender la empresa entera porque había un guarantee en la letra chica que no había visto al comprar: no podía perder el control de la compañía. Si vendía y perdía el control, Renault podía recomprar la empresa al precio que él la había comprado.
Como era una privatización, Renault le dio el mandato a Bern en New York. Bernensk hizo cinco carpetas para ofrecérselas a cinco grupos argentinos en los años 90: Techint, Amalia Fortabat, Grupo Royo, Pescarmona y Pérez Companc. Macri no podía participar porque tenía Sevel. Antelo no tenía el poder para pelear en esa liga, tenía 39 años.
Antelo se fue a New York y consiguió una entrevista en Bernensk. Logró que hicieran una sexta carpeta incluyéndolo en la lista, diciéndole que él era el único que sabía de esta industria. También hablaba francés, lo cual era una ventaja para los franceses. Se hizo la sexta lista y tuvo uno más para pelear en la especie de licitación.
María Fortabat dijo que no le interesaba. Pérez Companc tampoco se bajó. Techint sí le interesaba pero no podían porque estaban comprando Somisa, entonces no querían meterse en dos deals a la vez. Dijeron que verían si salía Somisa primero. Renault no quiso esperarlos y dijo que se vendía ahora. Se fueron cayendo. Quedaron Pescarmona y Rollo que no tenían nada que ver con el deal.
Hicieron una compulsa de precio entre los que quedaban. Antelo hizo la mejor oferta y pidió condiciones para pagar que le dieron. Renault le dio un seller finance. Se jugó todo lo que tenía porque ya le había ido bastante bien con sus cosas. A los 39 años se jugó entera y tomó el riesgo de tener que empezar de vuelta si le iba mal.
El resto se lo financiaron. Salió bien porque Menem y Cavallo giraron la economía, empezó la convertibilidad, los activos argentinos volaron, se listó en la bolsa, pagó la deuda y salió. Pero podía haber salido mal. Hay que jugar, está bien, pero no es tan común. Antelo es intuitivo y considera imposible analizar todas las variables y todas las cosas que pueden pasar. Siempre puede pasar el famoso cisne negro que no se esperaba.
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