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Portugal VS. Argentina ¿Quién Tiene La Mejor Alimentación? Te Revelo La Mejor Dieta De Estos Países

Dr. Carlos JaramilloJune 26, 202635m
In a Nutshell

El video compara la alimentación de Argentina y Portugal para concluir que ambas culturas comparten el problema de perder la mesa familiar y las comidas tradicionales frente al avance de los ultraprocesados. Destaca que la fuerza de estas dietas no está en los nutrientes aislados, sino en el ritual de comer juntos, despacio y con conexión social. El mensaje central es que todos los países enfrentan la misma amenaza industrial y que recuperar la cocina de la abuela es la única forma de preservar tanto la salud como la cultura.

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Mientras hay debates sobre quién es el mejor entre Cristiano y Messi, el video propone comparar qué comen los argentinos y los portugueses para determinar cuál de las dos alimentaciones es mejor. El objetivo no es que el espectador esté de acuerdo con una conclusión, sino que saque sus propias conclusiones.

La alimentación de un país habla de su geografía y de las posibilidades disponibles. No es un tema de identidad, genética o decisión personal. En Colombia, por ejemplo, la alimentación es muy variada porque el país está atravesado por tres cordilleras y viajar entre ciudades puede tomar 8 horas debido a la topografía, lo que cambia la cultura, el acento, las relaciones y las creencias.

En Argentina no se puede comparar a una persona de Tucumán con un porteño o alguien de Ushuaia. Portugal tiene 1000 km de costa continental y casi 3000 km sumando los archipiélagos, con 10 millones de habitantes. Cuando llegaron los romanos ya había gente comiendo pescado salado. Cuando los portugueses inventaron las rutas oceánicas en el siglo XV, el bacalao se convirtió en una moneda de cambio.

La Pampa son cientos de millones de hectáreas de pasto completamente natural. Cuando los conquistadores dejaron sueltas algunas vacas en el siglo XVI, esas vacas no encontraron depredador, ni un invierno duro, ni nadie que las matara activamente. En pocas generaciones había millones de cabezas de ganado pastando. Argentina no eligió ser el país de la carne; fue elegida por su geografía.

Cuando alguien dice "yo como así porque soy argentino" o "porque soy portugués", muchas veces lo dice sin mirar el contexto de que sus abuelos vivieron en un lugar donde la naturaleza decidió por ellos. La cocina es un acto cultural, pero también geográfico que se volvió cultural.

La primera pregunta que hay que hacerse es qué tan tuyo es lo que comes. Si es identidad o elección, o si se está repitiendo una decisión que tomó la abuela hace 100 años porque eso era lo único disponible.

El término correcto no es nutrición sino alimentación, porque la alimentación trae consigo entender la parte geográfica, cultural, la conexión, los horarios y cómo nos relacionamos con el alimento. El verdadero corazón de una cultura alimentaria no es qué hay en el plato, sino qué pasa alrededor del plato.

El asado argentino no es solamente comer, es un ritual de horas donde alguien empieza a preparar, prende el fuego mientras los demás conversan y toman algo, avanza con las achuras, sigue con la carne y termina con la sobremesa, el café y una discusión política o futbolística. Una encuesta en el área metropolitana de Buenos Aires muestra que el asado se hace siempre con la familia o amigos y es un ritual de reunión. El asado no es un plato, es la excusa para que la familia o amigos se sienten.

El bacalao no se prepara para una sola persona, se prepara para la mesa. Es comida completamente lenta que requiere 3 o 4 días desalando. Se acompaña de pan de panadería local, aceite de oliva, vino, conversaciones y miradas. El valor que se ha perdido es estar pegados comiendo frente a una pantalla.

Las generaciones jóvenes en ambos países están comiendo cada vez más solos, más rápido y más frente a una pantalla. La sobremesa familiar sigue siendo un valor cultural muy fuerte, pero para los abuelos. Para los nietos es un recuerdo lejano.

Lo que más se está perdiendo en las dos culturas no es necesariamente el bacalao y el asado, sino la mesa: sentarse, disfrutar de la mesa lenta, la mesa con gente donde alguien dice "pásame la sal" y el otro contesta "espera, termino de contarte lo que me pasó hoy".

Una cultura alimentaria no se mide en gramos de proteína, fibra u omega. Eso es nutrición. La cultura alimentaria se mide en conexiones, miradas, minutos compartidos, abrazos y risas.

Portugal tiene tres ingredientes que la ciencia lleva décadas estudiando: aceite de oliva, pescado y vegetales. En 2018, el New England Journal of Medicine publicó el estudio PREDIMED con 7000 personas en España. La conclusión fue que la dieta mediterránea basada en aceite de oliva extravirgen, pescado, frutos secos, vegetales y vino con moderación redujo cerca de un 30% los riesgos de evento cardiovascular comparado con el grupo de control que siguió la dieta tradicional de reducir la grasa.

Portugal consume 50 y pico kilos de pescado por persona al año, siendo el tercer país con mayor consumo de pescado en el mundo, y 7 kg de aceite de oliva por persona al año.

La Pampa entrega carne de pastoreo con un perfil de ácidos grasos muy distinto al de carnes que han comido cereales en Estados Unidos. El argentino promedio come alrededor de 45-50 kg de carne vacuna al año. La carne argentina se come con verduras en porciones humanas. Argentina está entre los primeros cinco países que más alimentos orgánicos tienen del mundo.

La literatura es clarísima: la carne no produce cáncer. Cuando se comparó entre personas con dieta tradicional alta en carne y dieta vegetariana, las vegetarianas tenían mejores indicadores de salud. Pero cuando se puso a personas a comer carnes animales naturales (carne, pollo, pescado, huevos) más mucha cantidad de vegetales, se descubrió que tenían mejor salud que las personas con alimentación estrictamente vegetal, porque tienen lo mejor de los dos mundos.

La carne se relaciona con mayor cáncer colorrectal si no se comen suficientes vegetales. La conversación de la carne no es la carne en sí, sino los procesados: salchichas, jamones, mortadelas industriales, fiambres, hamburguesas industriales precocidas llenas de conservantes.

La sal no es mala. El sodio no es malo. El sodio es necesario para el cuerpo. El exceso de sodio en el cuerpo lo elimina el riñón. El exceso de sodio puede elevar la presión arterial de manera transitoria. La cantidad que se puede comer en promedio un adulto es lo que cabe en una cucharada sopera: 5 g de sal, que equivale a aproximadamente 2000 mg de sodio al día.

Sin embargo, el exceso de sodio de manera crónica puede generar hipertensión porque el sodio se puede quedar atrapado en el glicocalix, el revestimiento interno de las arterias que es como un césped que las protege, y no alcanza al riñón para ser eliminado.

Si se tiene hipertensión arterial o insuficiencia cardíaca, no se debería comer bacalao hipersalado todos los días, pero eso no quiere decir que no se pueda comer ningún día.

Si se tuviera que enseñar didácticamente cómo se ve una dieta cardioprotectora a gran escala, se recomendaría el patrón portugués. Si se tuviera que enseñar cómo se ve una mesa con materia prima animal de altísima calidad, se usaría el patrón argentino. No son países que se enfrentan, son culturas que iluminan diferentes partes del mismo problema.

En Portugal, el 26% de lo que se consume viene de ultraprocesados, según un estudio de 2021 con una encuesta nacional de 5000 personas. En Argentina las cifras son más altas y preocupantes, superando el 30% dependiendo del grupo de edad y la ciudad. Más de un tercio de los requerimientos nutricionales vienen de galletas, snacks, gaseosas, panificados industriales y fiambres.

La basura está reemplazando al bacalao en Portugal y al asado en Argentina. No se está reemplazando una tradición con otra, sino con un paquete que no necesita nada, que no permite sentarse de frente, simplemente se abre y se come mirando el celular.

La obesidad infantil en Portugal ha venido aumentando. Tres de cada 10 niños portugueses menores de 8 años pueden tener sobrepeso u obesidad. En Argentina, cuatro de cada 10 niños y adolescentes tienen exceso de peso según la última encuesta nacional.

Ningún papá alimenta a sus hijos queriéndoles hacer daño. Todos alimentamos a nuestros hijos. El papá que le da Doritos, galletas Oreo y Coca-Cola a su hijo cree que le está dando un gusto. En muchos países la comida ultraprocesada es algo de mostrar poder adquisitivo.

Cuando se tiene la información y se sigue haciendo una alimentación que fomenta una enfermedad en los hijos siendo consciente, eso es maltrato. Es una injusticia social que ocurre en nuestras narices y de la que nadie habla. El maltrato físico y psicológico es castigado en cualquier parte del mundo, pero mal alimentar o malnutrir a un niño también debería considerarse maltrato. Que los colegios lo permitan y sean transparentes diciendo "eso es lo que hay" también es maltrato.

Los niños que estaban destinados a heredar la cocina de la abuela están heredando la herencia de las Oreo, los Doritos y la Coca-Cola. Mientras se sueña con que los hijos coman bacalao o asado y entiendan el proceso de la comida, se les está dando un paquete con un dibujito.

La pregunta no es cuál país gana. Argentina y Portugal no están compitiendo. Todos estamos compitiendo contra lo mismo: la industria de ultraprocesados, el supermercado, el paquete, el algoritmo del marketing alimentario y el tiempo que ya no tenemos.

El partido que estamos viviendo hoy nunca fue Argentina contra Portugal. El partido que tenemos que jugar todos juntos es la tradición contra la industrialización, contra una alimentación que no entendemos, una alimentación en automático, donde no nos conectamos, donde no hablamos, donde no sonreímos, donde no nos miramos, donde no tenemos tiempo ni por un segundo de conectarnos con nosotros mismos ni con nuestros sentidos. Ese es el partido que están perdiendo Argentina, Portugal, México, Colombia, Estados Unidos y cualquier parte del mundo.

Hay una imagen que gusta para cerrar: imaginar a la abuela o bisabuela que cocinaba en casa, la que cocinaba en la casa de los papás o de los tíos. Esa abuela que tenía un plato que le salía mejor que a nadie, que todos saboreábamos, ese plato que no estaba en ningún libro, que tenía el secreto que solamente tenía en sus dedos, esa receta que no estaba en internet, que no se había hecho viral. Esa receta vivía en su cabeza, en su corazón y vivía en sus manos.

Si esa abuela todavía vive, hay que ir a mirarla, visitarla y recordarle lo maravilloso que era eso. No el mes que viene, esta semana. Hay que pedirle que enseñe, no que dé la receta escrita, sino que la enseñe, que se cocine para ella o al lado de ella, que muestre cómo la hace mirándola. Porque el día que la abuela no esté, nadie aprendió ese plato, pero también nadie aprendió esa tradición. Nadie aprendió cuando ella decía que la magia está en cómo pone con sus dedos y con sus manos, cómo corta, cómo hace esto.

Cuando ese plato se va, se acaba un pedazo de la cultura, un pedazo de la historia, un pedazo de la tradición que habla de quién se es. Ningún TikTok, ningún reel, ninguna academia, ningún masterclass, ninguna clase va a poder devolver eso. Las abuelas están yendo y las nietas y los nietos no hemos aprendido. La cocina familiar está siendo completamente reemplazada por cocina industrial y al mismo tiempo está sepultando completamente una cultura.

Eso es un negocio, el negocio de la industrialización, de la ignorancia y de la industrialización de la enfermedad. La pregunta final no es si se come como un argentino o como un portugués. Esa pregunta es completamente indiferente. La pregunta final, la única que importa de verdad, es si todavía se come como una cultura o si hoy se come como una fábrica.

Si todavía se está a tiempo, esta semana hay que sentarse en la mesa, hacer un alto en la vida con quien sea con quien se viva o se comparta. Hay que hacer un alto en la vida para revisar la despensa, cocinar algo, bacalao, asado, la sopa de la mamá, la ensalada de la abuela, lo que sea. Poner el celular en silencio, conversar, demorarse, comer con la cabeza, con las manos, con el corazón, como lo hacía la abuela.

Ese para mí es el resultado final del partido. Ese partido, juntos, independientemente de dónde se sea y dónde se viva, juntos lo podemos ganar.

El propósito de este canal es que juntos aprendamos a construir salud. La tarea es traer la ciencia para entregarla de una manera simple, de una manera con libertad y con todo el amor del mundo para que se viva y se aprenda a ser el dueño de la propia salud. Cuando la información trasciende las fronteras, se está creando una sociedad mucho más sana, pero una sociedad donde no hay que estar dependiendo de que un ministerio del país gestione la enfermedad, sino que juntos se aprende a construir salud.

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