Cómo Superar lo que Mató la Chispa en tu Relación y Qué Viene Después (Cecilia Martin)
In a Nutshell
Una infidelidad destruye la confianza y la narrativa de la relación, dejando a la víctima en un estado similar al estrés postraumático. Para decidir si perdonar y continuar, es crucial evaluar cómo era la relación antes, el tipo de infidelidad y la reacción del infiel al ser descubierto: la asunción de responsabilidad y empatía son clave. El perdón es necesario para sanar, pero no obliga a seguir juntos; la decisión debe tomarse en calma, no en el momento impulsivo.
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Una infidelidad es una de las experiencias más devastadoras que puede sufrir una pareja porque rompe la estabilidad del vínculo, la confianza y el hogar emocional construido. Una vez que ha habido una infidelidad, la pareja ya nunca vuelve a ser la misma, aunque sigan juntos. Podrá ser una nueva pareja que se crea, pero nunca va a ser lo de antes.
La persona a la que le han sido infiel entra en una fase con muchos síntomas parecidos al trastorno de estrés postraumático: mucha ansiedad, miedo a perder a la pareja, pero por otro lado rabia. "Le quiero, pero no quiero estar con él. No sé si fiarme. ¿Qué hago? ¿Perdono o no perdono?".
Justo en el momento que se ha descubierto la infidelidad no es el momento de tomar una decisión de si seguir o no. La decisión de si dejar una pareja tras una infidelidad es una decisión que se tiene que tomar desde la calma una vez que haya pasado el momento impulsivo.
Cuando ocurre una infidelidad, el que es víctima entra en un rol castigador hacia el otro: le pregunta, le interroga, le hace pagar lo que ha hecho. El infiel entra en una posición de expiación, intentando hipercomplacer al otro. Hay un desequilibrio en la relación enorme que se tiene que resolver.
A nivel sexual pueden ocurrir dos cosas: una inhibición sexual o una hiperactivación sexual. La inhibición sexual se da cuando a la persona infiel le vienen imágenes a la cabeza y tiene rechazo hacia el contacto físico con su pareja, incluso se compara con esa tercera persona y tiene sensación de asco o contaminación.
Otras personas experimentan lo contrario: un deseo insaciable hacia su pareja con conductas sexuales exageradamente frecuentes, como una búsqueda de que el vínculo sigue vivo y de que la pareja no va a dejarle.
Hay muchas más infidelidades de las que la gente ve porque existe mucha cultura del juicio hacia el infiel. El entorno dice "Le tienes que dejar" o "No hay perdón para el infiel". Por eso la gente se calla y no lo cuenta a su entorno, aunque sí lo cuenta en consulta.
Para tomar la decisión de si seguir o soltar, hay que evaluar primero cómo estaba la relación antes. Si era una relación que merecía la pena, que aportaba felicidad, con respeto, cuidado mutuo y apoyo, entonces quizás merece la pena perdonar y seguir luchando. Si era una relación que ya estaba rota con otras mentiras o falta de respeto, quizás no.
Otro elemento clave es el tipo de infidelidad: no es lo mismo algo puntual que un patrón repetido o una doble relación.
Cómo actúa el infiel cuando es descubierto es clave para perdonar o no. Si la persona asume su responsabilidad, dice que cometió un error, asume su culpa y pregunta qué puede hacer para repararlo, está teniendo empatía. Si por el contrario saca más mentiras, minimiza el hecho, no empatiza e incluso culpa a la otra persona, está demostrando cómo trata a esa persona.
Pensar en otra persona mientras se tiene sexo con la pareja es algo que sucede mucho más frecuentemente de lo que se piensa. Hay personas que tienen recuerdos de experiencias sexuales muy potentes con otras personas y esos recuerdos les activan. Cuanto más intenta la persona no pensar en su ex, más le viene a la cabeza por el efecto rebote del pensamiento.
El consejo es aceptar que eso es así y vivirlo con normalidad y sin culpa, porque así el pensamiento dejará de ser tan repetitivo. No tiene que decírselo a la pareja porque puede preocuparle, bajarle la autoestima y no aporta nada.
El perdón es clave en la terapia, pero el perdón no implica seguir con esa persona. Se puede perdonar y decidir no seguir. El perdón da calma y permite superar la experiencia.
Hay tres vías por las que las personas son infieles:
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Progreso gradual: cuando la relación de pareja está mal (distancia, reproches, discusiones, falta de pasión), es fácil que surjan terceras personas. La infidelidad ha sido una consecuencia de que la pareja estaba rota.
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Factores personales: personas que buscan mucha validación externa, seducir, subir su autoestima a través del ligoteo, o que en su escala de valores la fidelidad no es tan importante. Pueden tener una relación maravillosa pero son infieles por cuestiones personales o por estar pasando por un mal momento.
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Impulso más oportunidad: una persona que está bien en su relación, nunca se ha planteado ser infiel, pero de repente en un viaje de trabajo, una noche, siente una conexión especial con alguien y hay alcohol de por medio que quita las barreras del autocontrol.
Cuando hay una infidelidad no solamente es lo que ha pasado, sino que se rompe la narrativa previa de la pareja. La pareja tiene recuerdos que aparentemente eran bonitos y valiosos, y ahora duda de si esos recuerdos eran ciertos. Se rompen muchas cosas a nivel psicológico.
En casos de disfunción física como tetraplejia o cualquier situación en la que no se siente nada de cintura para abajo, la mente es lo más importante. El componente de excitación a nivel mental es clave para disfrutar del encuentro, además de los besos y las manos.
Aunque físicamente haya limitaciones, se pueden utilizar los demás sentidos: la boca, los ojos, el olor. En una persona con paraplejia se puede provocar erecciones farmacológicamente para poder satisfacer a la pareja.
Las personas con limitaciones físicas aprenden a disfrutar la sexualidad de otro modo y pueden tener parejas muy satisfechas sexualmente.
Una mujer que ha tenido un cáncer y le han quitado una mama o ambas, eso daña mucho la percepción de feminidad. Muchas veces se asocia el valor como mujer sexual femenina a ciertos rasgos físicos como el pecho o el pelo (cuando la quimioterapia hace perder el pelo).
Es un trabajo duro que hay que hacer en terapia porque es difícil hacerle frente a esos bloqueos que afectan a nivel físico y psicológico.
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