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El Juez que Desafió a Dictadores y Narcos: La Clave para Detectar la Corrupción (Baltasar Garzón)

Uri SabatJune 28, 20262h 7m
Topics70
Principios sobre la corrupción y la labor judicial0:00Amenazas y riesgos personales0:30Presentación y contexto del encuentro1:34Logros judiciales y concepción del servicio público3:31Trayectoria personal y decisión de ser juez8:00Significado de hacer bien las cosas9:02Coherencia profesional y precio personal11:00Importancia del lenguaje claro en las sentencias15:32Sentencia del caso Ávalos y corrupción19:00Corrupción sistémica vs. individual y rendición de cuentas24:30Iniciativas legislativas y responsabilidad política26:30Reflexión sobre la doble moral y la lucha contra la corrupción31:16El miedo como factor de corrupción32:16Amenazas recibidas durante su carrera33:00Hábitos de sueño y consecuencias de la política34:30Apoyo familiar y unidad familiar35:32Amenazas concretas durante la investigación de los GAL36:00El incidente del sumario de Semana Santa de 199539:00Amenazas contra su familia41:00Críticas de algunos medios de comunicación42:00Ingreso en la Audiencia Nacional y modelo de investigación43:00El asesinato de la fiscal Carmen Tagle45:30El secuestro de Ortega Lara47:00Investigación de los crímenes franquistas y advertencias recibidas48:00Las tres causas que enfrentó simultáneamente49:30Protección a la familia y canon de la función pública51:00Decisiones alternativas en casos de jóvenes vinculados a ETA52:30Ecuanimidad frente a la rabia y la venganza53:30Experiencia en Colombia y justicia transicional55:30Diferencia entre el caso Pinochet y la situación de Maduro57:00Principio de igualdad entre Estados y límites de la jurisdicción universal1:00:00El genocidio en Gaza y la ruptura del orden internacional1:02:00Genocidio en Gaza y la Corte Penal Internacional1:02:25Resistencia ciudadana y factores de la democracia amenazada1:04:00El poder político del Tribunal Supremo1:05:31La necesidad de la doble instancia1:07:00La lapidación mediática de José Luis Rodríguez Zapatero1:08:00El secreto de las causas penales y el artículo 3011:10:03El principio de oportunidad y la manipulación mediática1:11:00Las corporaciones mediáticas y la libertad de expresión1:12:30La extrema derecha y las fake news1:13:30La degradación de la justicia y las acciones políticas1:15:00La instrumentalización política del derecho1:17:30La investigación a José Luis Rodríguez Zapatero1:19:02La operación Tigris y la operación Dátil1:21:30El caso de Carles Puigdemont y la ley de amnistía1:23:33La energía y el compromiso vital1:27:00La familia y el equilibrio personal1:31:02Momentos personales difíciles1:34:44La presencia de la Guardia Civil1:36:01Idealización del tío y la Transición1:37:32La muerte de Carmen Tagle y el caso Ortega Lara1:39:01El juicio y la tristeza personal1:40:31Audiencias con el Rey Juan Carlos1:41:01La justicia emana del pueblo1:43:31Credibilidad de la justicia española1:44:00Propuestas de reforma1:45:30Confianza en la justicia y perfil político1:47:01La Operación Nécora1:49:03La obsesión por la inmediación1:51:00Las cuatro fases de la Operación Nécora1:52:32Riesgos y amenazas1:54:31Confrontaciones callejeras1:55:32El COVID persistente y la experiencia hospitalaria1:58:30La limpiadora peruana2:00:02La experiencia en Chile durante el estallido social2:01:30El libro y sus prologuistas2:03:30Predicción sobre el Mundial2:05:02Cierre de la entrevista2:06:13Reflexión sobre la memoria democrática en España2:07:00
In a Nutshell

Baltasar Garzón defiende que la justicia debe ser universal, coherente y valiente, sin dejarse intimidar por dictadores, narcos o poderes políticos. Destaca que el miedo corrompe al juez y que la corrupción política destruye el Estado de derecho, como prueban casos como Gürtel y Ávalos. Su mensaje central es que solo la resistencia ciudadana y la rendición de cuentas pueden frenar el avance del fascismo y la manipulación de la justicia.

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Si el miedo te determina o te influye en tu decisión, ya estás corrompiéndote. Baltasar Garzón ordenó detener al dictador Augusto Pinochet y fue el primer juez que se atrevió a llevar a Franco ante la justicia. Llevó al banquillo el entorno de Bin Laden en el mayor juicio antijihadista de Europa y desmontó la cúpula y la financiación de ETA. Estableció que ningún criminal está a salvo en ningún rincón del planeta y que los crímenes contra la humanidad no prescriben jamás. Cuando tuvo que investigar los crímenes franquistas y la corrupción del Partido Popular, lo hizo, pagando un altísimo precio.

El que no lo entiende así que no me venga a dar lecciones.

El Tribunal Supremo condenó a Ávalos a 24 años de prisión. Baltasar Garzón afirma que pase lo que pase con el expresidente del gobierno español está destruido civilmente, pero no va a cambiar aquello en lo que cree que tiene que trabajar.

Garzón recibió amenazas concretas: no podía ir de vacaciones a su casa porque había información de que 500 kg de dinamita podían colocarse para reventarla. A una de sus hijas le pintaron cruces gamadas en el coche. Estuvo en las listas de organizaciones terroristas, a veces incluso por delante de la jefatura del estado. Afirma que si hoy Puigdemont cruzara la frontera, acabaría en la cárcel.

El podcast se presenta con Baltasar Garzón para hablar de su historia, que ha cambiado la historia en múltiples ocasiones. Garzón es consciente de que ha tenido relevancia puntual en las dinámicas de convivencia, justicia y ámbitos sociopolíticos en España. Se menciona la presentación del libro La democracia amenazada, cuando el fascismo ataca la convivencia de Planeta.

Garzón ordenó detener a Augusto Pinochet en Londres, inventó en la práctica la jurisdicción universal, estableció que los crímenes contra la humanidad no prescriben jamás, llevó al banquillo el entorno de Bin Laden, desmontó la cúpula y financiación de ETA, metió en la cárcel al propio Estado destapando los GAL y fue el primer juez que llevó a Franco ante la justicia. Dirigió la defensa de Julián Sánchez, uno de los hombres más perseguidos por Estados Unidos. Ha recibido doctorados Honoris Causa de 22 universidades y tiene una película de Isabel Coixet.

Garzón afirma que siempre ha cumplido con su obligación de servidor público y que no se considera un funcionario que cobra y olvida sus obligaciones. Su concepción es vocacional: la titularidad de la justicia le corresponde al pueblo, no al poder judicial como administrador. Critica a jueces que exigen estar en un nivel superior, que usan tarimas para crear asimetría o que se niegan a recibir a las personas personalmente.

Desde los 17 años quiso hacer Derecho para ser juez, aunque inicialmente iba a estudiar Psicología. En 2012 fue condenado y expulsado de la carrera de forma arbitraria, parcial y sin fundamentación, según el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Nunca quiso ser abogado, notario ni registrador, solo juez. Su filosofía es: "ya que haces las cosas, las haces bien, y si no, no las haces".

Hacer bien las cosas no significa acertar siempre, ya que la infalibilidad no existe fuera de la figura del Papa para quienes lo creen. Significa hacer todo lo que debes hacer para que la función sea lo más beneficiosa y productiva para la sociedad, interpretando el derecho como mecanismo de armonía, equilibrio entre poderes y proyección beneficiosa para las víctimas. Garzón resalta que hizo todo lo que se podía hacer durante sus treinta y tantos años en la justicia.

La coherencia es fundamental. Garzón afirma que deja paz, familia, salud y tranquilidad por seguir el camino correcto. Menciona el caso del juez Peinado, que en una resolución sugirió que funcionarios de policía que cuidaban a la esposa del presidente Pedro Sánchez (Begoña Gómez) podrían ser instrumento para eludir la acción de la justicia. Garzón considera esto muy grave, ya que él vivió 30 años protegido por la Policía Nacional en la Audiencia Nacional por su lucha contra el terrorismo, narcotráfico y crimen organizado, y siempre comprobó su dedicación profesional.

Garzón tiene obsesión con el uso del lenguaje y ordena las palabras para que signifiquen lo que deben. En 1984-1985, siendo magistrado en Almería, dictó una sentencia de herencia de 80-100 páginas llena de citas del derecho romano y gerundios. Una señora mayor de 80 años que ganó el pleito lloró porque creyó que "fallo" significaba que había perdido. Esto le llevó a cambiar su estilo de redacción a párrafos cortos y comprensibles, estilo periodístico. Recibió un expediente disciplinario porque la ley exigía entonces empezar con "resultando" y "considerando", pero años después se cambió la ley para que las resoluciones fueran comprensibles para el ciudadano.

El Tribunal Supremo condenó a Ávalos a 24 años de prisión, a Koldo a 19 años y 8 meses, y libró de la cárcel a Aldama. La sentencia, adoptada por unanimidad, concluye que los tres formaron una organización criminal con reparto de funciones que cometió graves delitos de corrupción. Garzón expresa gran tristeza porque representa el quiebre del Estado de derecho. En su libro habla del virus de la corrupción como virus de la democracia.

Considera muy grave que un ministro del gobierno de España del Partido Socialista sea condenado a 24 años por corrupción. Aunque no hay indicios de que la trama trascendiera al partido (a diferencia del caso Gürtel, donde hubo aprovechamiento a título lucrativo del Partido Popular), un político que entra en corrupción es peor que un empresario, porque representa a la ciudadanía y debe rendir cuentas dobles.

En el caso Gürtel hubo acción sistémica desarrollada durante años que afectó estructuras políticas casi estatales, con más de 80 sentencias y más de 100 condenados. Garzón critica que algunos líderes políticos rasguen vestiduras contra la corrupción pero no acepten los casos que afectan a su propia formación política. Afirma que si permaneces silente y no exiges transparencia y rendición de cuentas, eres copartícipe de la situación.

Explica que cuando se descubrieron los hechos, el gobierno o el partido socialista actuó con rapidez apartando a la persona afectada. En cambio, otros siguen negando el caso Gürtel, que en 2009 toda la plana mayor del Partido Popular con Rajoy al frente calificó como "una trama contra el PP".

Existen varias iniciativas legislativas en el Parlamento en ámbitos de lobbies, lucha contra la corrupción y transparencia. Garzón apuesta a que ninguna saldrá adelante. Señala que Aldama no entrará en prisión porque el Tribunal Supremo reconoce su colaboración, algo habitual en tramas de criminalidad organizada. Menciona la necesidad de proteger a colaboradores y alertadores contra la corrupción, y que su propia fundación ha desarrollado programas con la Unión Europea sobre el particular.

Afirma que el presidente del gobierno debe dar explicaciones razonables ante el Congreso. La sentencia solo dice que la trama se prevalió de la posición del ministro de Transportes, pero no que trascendiera a la estructura de gobierno ni al Partido Socialista. Cuando se produjeron los hechos hubo acción inmediata de apartamiento, a diferencia de otros partidos que siguen sin reconocer sus casos de corrupción.

Garzón señala la hipocresía de quienes critican la corrupción ajena mientras ignoran escándalos dentro de su propio partido, como el caso de Almería. Afirma haber investigado a todos los sectores sin distinción: la criminalidad, el terrorismo de Estado de los GAL (pese a la negativa del Tribunal Supremo), los crímenes franquistas y la corrupción del Partido Popular. Reconoce que cada una de estas investigaciones le acarreó un alto coste personal y profesional, pero sostiene que esa es la labor del juez y del servidor público.

Garzón admite haber tenido miedo en múltiples ocasiones, pero afirma que "el miedo te lo dejas colgado en el armario cuando sales". Considera que si el miedo determina o influye en las decisiones, se produce una corrupción personal. En tal caso, el juez debe abandonar el cargo, porque de lo contrario estaría traicionando tanto a las víctimas como a los perpetradores al perder la ecuanimidad necesaria.

Ha recibido numerosas amenazas, figurando en listas de organizaciones terroristas, a veces por delante de la jefatura del Estado con una diana en la cabeza. Organizaciones mafiosas y narcotraficantes también lo amenazaron. Destaca el caso del narcotraficante turco de heroína Urfice Tincaya, a quien persiguió hasta lograr su detención en Turquía junto con la fiscal Delgado. Desde la cárcel, el narco mandó 200 kg de heroína a España con un cartel en la Jefatura de Policía de Canillas que decía: "Esto es mejor para la salud que Baltasar Garzón".

Duerme aproximadamente tres horas diarias desde 1994. Desde la infancia no dormía más de seis horas. Atribuye el empeoramiento de su insomnio a su paso por la política, que también le hizo abandonar las siestas y perder el sentido del humor. A cambio, dispone de más tiempo para leer.

Tanto su esposa como sus hijos comprendieron la importancia de su profesión. Antes de casarse ya había elegido ser juez. Su familia aceptó que la profesión tenía prioridad sobre otros aspectos de la vida.

Durante la investigación de los GAL, entraron en su casa y dejaron grabaciones. Envenenaron a su perro, colocaron una cáscara de plátano en la cama matrimonial y llamaron para preguntar si la había visto. Dos periodistas de investigación, Antonio Rubio y Manuelo Zatrán, le informaron del incidente. Garzón interpreta estos hechos como intentos de robar el sumario de los GAL.

Durante la Semana Santa de 1995, mientras preparaba el auto para elevar la exposición razonada al Tribunal Supremo en el caso de los GAL, la familia se fue de vacaciones. Él se quedó trabajando y dejó el sumario en su casa de Valdemoro. Al marcharse hacia Jaén, decidió volver, recogió toda la causa y la llevó a la Audiencia Nacional. A su regreso encontró la puerta abierta y huellas en el jardín húmedo. Alguien había intentado sustraer el sumario. El documento más valioso era un texto mecanografiado con correcciones manuscritas que identificaban a los implicados; Garzón lo mandó analizar a siete universidades distintas, que coincidieron en atribuirlo a un imputado concreto.

A una de sus hijas le quemaron el coche; a otra le pintaron cruces gamadas. Durante su etapa como abogado, irrumpieron en su despacho buscando documentación relacionada con Julian Assange.

Algunos periodistas de los medios de comunicación necesitan hablar de él para sentirse cómodos. Su madre le dijo que tenían dos problemas: no soportar que fuera guapo y que les doliera el estómago cada vez que tenían que mencionarlo.

Entró en la Audiencia Nacional en febrero de 1988 y permaneció hasta febrero de 2012, con interrupciones por su etapa política y como senior fellow en New York University. Quiso incorporarse a la Audiencia Nacional porque consideraba que los juzgados ordinarios no abordaban con suficiente dureza los casos de corrupción. Su modelo de referencia fueron el pool antimafia de Palermo y los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Desde 1989 hasta 2009 investigó de forma sistemática todo el entorno de ETA, analizando estructuras, documentación, mecanismos de financiación y conexiones.

El 12 de septiembre de 1989 fue asesinado la fiscal Carmen Tagle, compañera de juzgado y amiga de Garzón, en un atentado de ETA. Ese mismo año había tomado declaración en París a Josu Ternera y otros responsables de ETA en relación con el atentado contra la Dirección General de la Guardia Civil. Este hecho reforzó su convicción de investigar la organización en su globalidad y no limitarse al sistema de acción-reacción.

Cuando dos jueces titulares se negaron a asumir el riesgo, la Guardia Civil acudió a Garzón, que estaba de guardia. Ordenó la operación sabiendo que si fallaba cargaría con la muerte de la víctima. Considera que en determinados momentos hay que "jugársela" por las víctimas.

Al abrir la causa de los crímenes franquistas y la de Bárcenas, el entonces ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba le advirtió que cerrara la investigación porque le traería consecuencias. Garzón respondió que no podía negarse a investigar después de haber aplicado el principio de jurisdicción universal en casos de Argentina, Chile (detención de Pinochet), Sáhara, Guantánamo y torturas. Sabía que en España todavía no se había reparado judicialmente a las víctimas del franquismo.

Tras la causa de los crímenes franquistas, se abrieron tres procedimientos contra él de forma simultánea: uno que debía ser inexistente y que se archivó; otro iniciado en 2015 del que fue absuelto; y un tercero que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas declaró arbitrario y parcial. Ni el Gobierno, ni el Consejo General del Poder Judicial, ni el Tribunal Supremo han reparado la situación.

Tanto él como toda su familia contaron con protección policial. Su hija menor, de 10 años, tenía que ir protegida al colegio. Considera que esa era la "pleitesía" o canon que se pagaba por defender lo público.

En algunos casos de personas muy jóvenes vinculadas a ETA, optó por medidas cautelares alternativas a la prisión, arriesgando su propia posición profesional, porque creía que merecían una oportunidad.

Afirma que nunca se puede confundir justicia con venganza ni equipararse a quienes traspasaron la legalidad. Recuerda un incidente en Almería en el que un hombre le insultó en un bar; evitó que sus acompañantes reaccionaran y se identificó como juez de guardia. Posteriormente pidió al juez que no impusiera pena de prisión al agresor para no cargar con esa responsabilidad.

En Colombia, como parte de la misión de apoyo al proceso de paz, visitó cárceles y habló con paramilitares y guerrilleros. Considera que para establecer un equilibrio entre justicia, justicia transicional y reparación es necesario mantener la mente fría y no dejarse guiar por impulsos.

Respecto a la detención de Augusto Pinochet, explica que Pinochet gozaba de inmunidad como senador vitalicio en Chile, pero viajó al extranjero donde existía una investigación abierta. La policía británica informó de que Pinochet pretendía marcharse al día siguiente, por lo que Garzón dictó orden de detención. En cambio, califica la actuación contra Nicolás Maduro como un acto de agresión que quebrantó el principio de territorialidad, sin declaración de guerra ni orden judicial interna, causando 103 muertes y dinamitando lanchas. Considera que estos precedentes rompen la arquitectura internacional de derechos humanos y abren la puerta al fascismo o postfascismo.

Recuerda que en su momento rechazó investigar a jefes de Estado en ejercicio (Chávez, Castro, Suharto) porque la Carta de San Francisco y la Convención de Viena prohíben actuar contra ellos salvo por un tribunal internacional. La Corte Internacional de Justicia le dio la razón en el caso Yerodia Ndombasi. Señala que no se puede romper el derecho internacional humanitario ni tomar la justicia por mano propia.

Se han registrado 72.000 muertos en Gaza, en su mayoría civiles, incluyendo 20.000 niños. Baltasar Garzón considera que esto constituye un claro genocidio. La Autoridad Nacional Palestina es miembro del Estatuto de Roma, por lo que la Corte Penal Internacional tiene competencia para actuar. Estados Unidos, que no pertenece al Estatuto de Roma, ha impuesto sanciones contra nueve jueces y dos fiscales de la CPI, impidiéndoles utilizar tarjetas de crédito como American Express, Mastercard, Visa o Diners Club. Garzón cuestiona la posición de Europa, cuyos países miembros sí pertenecen al Estatuto de Roma, y denuncia esta situación en su libro La democracia amenazada.

La principal fórmula para contrarrestar las amenazas a la democracia es la fuerza de la resistencia ciudadana. Garzón afirma que no se puede aceptar que no hay solución. Vivir es estar de paso, y lo importante es no tener remordimientos al final. El discurso de los derechos humanos no debe considerarse un discurso político, ya que la justicia, el legislativo y el ejecutivo forman parte del sistema democrático con sus funciones y contrapesos.

Garzón sostiene que la Sala Segunda del Tribunal Supremo es el verdadero poder político en España, ya que carece de contrapesos en sus decisiones. Menciona su propia condena a 24 años en única instancia y cómo posteriormente el Comité de Derechos Humanos de la ONU, por unanimidad de 18 comisionados, determinó que la sentencia era parcial, arbitraria y carecía de previsibilidad penal, además de señalar la ausencia de doble instancia.

Garzón cuestiona por qué los partidos políticos no establecen la segunda instancia en el Tribunal Supremo para casos de aforados. Si una sentencia se dicta por 4-3 o 5-2, como en el caso del fiscal general del Estado, ¿a cuál de los bandos se debe creer? El sistema debería permitir que otro tribunal valore las pruebas, como ocurre en todos los demás ámbitos. La reticencia a establecer la doble instancia se debe a que nadie se atreve a contradecir al Tribunal Supremo, ya que cualquier crítica genera una reacción inmediata de defensa corporativa.

Garzón critica la destrucción mediática y civil del expresidente del gobierno español y de su familia, incluyendo la difusión de fotografías de joyas halladas casualmente. Se pregunta dónde queda el secreto de la causa y la preservación de los derechos de los investigados. Una cosa es la dinámica de información legítima y otra es que los medios y redes sociales valoren cuestiones jurídicas que tienen impacto social. Esto no es transparencia, sino manipulación de la justicia.

El artículo 301 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal establece que las causas penales durante la instrucción serán secretas, salvo para las partes (Ministerio Fiscal y acusaciones), hasta el momento del juicio oral. Garzón pregunta por qué no se cumple esta norma y por qué los jueces, que son responsables, no establecen mecanismos de corrección cuando se incumple. Cita el caso de Begoña Gómez, donde el abogado se enteró de las medidas cautelares por la prensa.

En España se está trasladando el principio de oportunidad del sistema estadounidense. Garzón critica que un indicio no puede basarse simplemente en lo que alguien diga; es necesario demostrar más cosas, contrastar y valorar por qué las valoraciones de la UCO o la UDEF deben aceptarse. El juez debe valorar los hechos, no los medios. El desarrollo de la inteligencia artificial y las plataformas está mezclando todo, haciendo que se pierda autonomía y derechos. Los derechos son "material biodegradable".

Garzón distingue entre libertad de expresión, que debe ser absoluta, y el uso de los medios como mecanismo de negocio por corporaciones mediáticas. Menciona el caso de Elon Musk y su lobby contra legislación protectora de derechos en Europa, aliado con el poder político estadounidense. Hoy en día una fake news es más creíble que una verdad, porque la verdad requiere argumentación mientras que la mentira apela a las tripas y las emociones.

Vox disfruta con las fake news y las emociones, utilizando narrativas como que los migrantes van en contra de los intereses nacionales y nos quitan todo. Garzón señala que si se quitan los migrantes que trabajan en la sanidad pública, los tiempos de espera para operaciones como las de espalda podrían extenderse a dos años. Vivimos en tiempos muy delicados y es necesario comprometerse en la defensa de los derechos adquiridos, que han costado mucho trabajo.

Garzón expresa dolor por la degradación de la justicia como servicio público, después de haber trabajado media vida en su favor. Critica que antes de incoarse las causas ya están las asociaciones como Manos Limpias, Hazte Oír, Vox, PP ejerciendo como prolongación de acciones políticas. Una asociación de fiscales ultraconservadora ejerce la acusación popular en el caso del fiscal general, y el Colegio de Abogados de Madrid, del que Garzón es miembro, no lo ha representado. Hay que preguntarse si la acusación popular busca la defensa de lo público o de intereses particulares y políticos.

Se discute la justicia como arma, que puede utilizarse en defensa del Estado de derecho con todas las garantías. Sin embargo, lo que no se puede hacer es alterar su composición y utilizarla como instrumento para fines corporativos, económicos, políticos o mediáticos. Garzón aclara que desde 2015 el término "imputación" ya no existe en la ley; se debe utilizar "investigado" para evitar la carga peyorativa. Reconoce que históricamente pudo contribuir a popularizar el término "imputación" en resoluciones de la Audiencia Nacional.

Garzón respeta la autoridad judicial pero señala aspectos que le chirrían por su propia experiencia con injusticias. Considera inaceptable la lapidación mediática y social del expresidente, especialmente con el tema de las joyas halladas casualmente. Critica el uso de un teléfono intervenido en 2021 por Homeland Security Investigation en Miami a un ciudadano venezolano, clonado y utilizado cinco años después en una investigación española. Como juez de instrucción, Garzón habría analizado la trazabilidad de esa prueba antes de utilizarla.

Garzón recuerda la operación Tigris sobre yihadismo, donde se utilizaron correos hallados en Irak por Estados Unidos. A pesar de la comisión rogatoria, el tribunal consideró que no se cumplían los estándares españoles y anuló parte de la investigación. En la operación Dátil, sobre la cédula de Al Qaeda en España, Garzón exigió la trazabilidad de un ordenador intervenido por los británicos en Afganistán: se llevó a Londres, el juez británico lo legalizó, y mediante comisión rogatoria se utilizó como elemento importante para condenar al líder de la organización en España, confirmada por el Tribunal Supremo.

El 16 de julio de 2026 se decidirá si Puigdemont puede volver a España sin ser detenido. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea se pronunciará sobre la acomodación legal de la ley de amnistía. Garzón mantiene desde 2017 que no hubo rebelión ni sedición, que el caso es político y debió resolverse políticamente. La instrucción fue iniciada por primera vez por un fiscal general del Estado, José Manuel Maza Martín. La sentencia fue confirmada por el Tribunal Supremo, se recurrió al Tribunal Constitucional y está pendiente en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La ley de amnistía fue criticada antes de nacer y hubo manifestaciones de togados, jueces y fiscales en puertas de tribunales, lo que Garzón considera una aberración porque contamina a quienes luego deben aplicarla.

Baltasar Garzón cumplirá 71 años el 26 de octubre. Su madre tiene 96 años y medio sin arrugas. No toma somníferos, lee, ve noticias, piensa y escribe por las noches. Actualmente trabaja en un nuevo libro. Su energía proviene de la fuerza de las convicciones y el compromiso con causas sociales y humanitarias. Tras su suspensión, trabajó en la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, pasó cinco años en Colombia, fue a la Universidad de Washington en Seattle, dirigió la reforma de la justicia en Ecuador, presidió el Centro de Promoción de Derechos Humanos de la UNESCO en Argentina durante tres años, constituyó un despacho de abogados en Madrid con 14-15 personas, y fundó la Fundación Internacional Baltasar Garzón por los derechos humanos y la jurisdicción universal, que ahora preside su hija y dirige Alia Esquivone.

Garzón reconoce que ha robado demasiado tiempo a la familia: tiene tres hijos (María, Aurora y Baltasar) y cuatro nietos (la mayor tiene 16 años, Héctor tiene 13, Mike tiene 2 años y medio, Jara cumple un año el 8 de julio). Aurora ha estudiado en Estados Unidos y ya ha regresado. Aunque es un hombre muy familiar, reconoce que ha hecho sufrir a su familia por las consecuencias de su compromiso. Sin embargo, siempre ha tratado de compensar con más intensidad cuando ha podido. Luchar por las convicciones es duro y desgasta, pero merece la pena porque permite mirarse al espejo cada día sin apartar la vista.

Garzón respondió a una pregunta personal sobre si había tenido momentos de depresión. Mencionó que lo pasó muy mal con la muerte de su padre. También se refirió a la historia de su tío Gabriel, quien luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil como comisario político del ejército republicano, aunque era un hombre de derechas respetuoso de la legalidad. Su tío tuvo la opción de pasarse a la zona nacional pero decidió cumplir con la ley vigente, lo que le supuso condenas y una vida de vigilancia hasta la muerte del dictador.

Cuando Garzón era niño, siempre había Guardia Civil en la casa. Durante los veranos en el pueblo, en la finca de sus abuelos en la sierra, los tíos y cuñados se juntaban para la recolección y los niños disfrutaban del campo, pero siempre había presencia de la Guardia Civil. A partir de los 11 o 12 años, Garzón empezó a preguntarle a su tío sobre su pasado, quien le contaba cómo había estado en el frente de Teruel, cómo lo detuvieron, cómo estuvo a punto de morir, cómo lo juzgaron y condenaron.

Su madre cerraba las ventanas porque en el pueblo se comentaba que hablaban hasta la madrugada. La única discrepancia entre ellos era que el tío era del Real Madrid y Garzón del Barça.

Garzón tenía idealizado a su tío. Lo llevó a ver el primer mitin de Santiago Carrillo en Dos Hermanas, en Sevilla. Su tío estaba asustado ante la democracia, pero Garzón le decía que ya tenían democracia. Cuando llegaron las primeras elecciones municipales del 79, Garzón vio que su tío se presentaba por la UCD, lo que le sorprendió. En ese momento, Garzón ya había terminado la carrera y estaba en segundo año de preparación de oposiciones, que presentó en 1980 y aprobó.

Su tío le explicó que siempre fue de derechas, católico, apostólico y romano, pero que la cultura de la legalidad era esencial para él, por lo que se jugó y fue coherente, sin arrepentirse. Le dijo que la dictadura y la supresión de derechos fueron una barbaridad y algo tremendo.

En lo profesional, la muerte de Carmen Tagle fue muy dura para Garzón. También hubo tensión y dureza con el caso de Ortega Lara. Sin embargo, lo más duro fue con las víctimas del franquismo cuando se cercenó la posibilidad de investigar los crímenes franquistas, se cerró la investigación y se investigó al juez.

Garzón pidió a su abogado Gonzalo Martínez Freneda que las víctimas tuvieran la oportunidad de declarar ante un tribunal, al menos ante el Tribunal Supremo, para que se oyera su historia por decencia humana. Las acusaciones populares, una organización de extrema derecha y Manos Limpias, preguntaron por qué las víctimas no declararon cuando murió Franco, durante el gobierno de Felipe González o de Zapatero. Las víctimas respondieron que siempre tuvieron miedo, y solo dejaron de tenerlo cuando la justicia tomó cartas en el asunto.

Garzón describió la tristeza de estar ante un tribunal de justicia, habiendo sido juzgado por el caso Gürtel, y que el juicio al juez por intentar investigar los crímenes franquistas fuera el único lugar donde se escuchara a las víctimas contar su historia de tropelías, restricciones y persecución.

Garzón mencionó que se le habían echado las horas encima y que quedaban temas pendientes como el rey y la memoria histórica. Se declaró republicano. Contó que la primera vez que fue a ver al rey emérito Juan Carlos, alrededor de 1990, fue invitado a una audiencia privada en Casa Real. Al entrar, le dijo al rey: "Majestad, lo primero que quiero decirle es que yo soy republicano". El rey le respondió: "Yo también si pudiera", rompiéndose el hielo a partir de ahí.

Tuvo varias audiencias posteriores, pero eso no impidió que criticara severamente lo que aconteció en 2014. Destacó la investigación que la entonces fiscal general del Estado, Dolores Delgado, realizó para que quedara constancia de lo ocurrido. El Tribunal Supremo consideró que no había responsabilidad penal según la interpretación de la Constitución, pero al menos el pueblo español supo lo que había acontecido.

Garzón citó el artículo primero de la Constitución, que establece que la justicia emana del pueblo. Criticó que se diga que se administra "en nombre del rey", algo que hubiera quitado, aunque reconoció que es la Constitución del 78. La justicia emana del pueblo y se administra por jueces y tribunales independientes e imparciales en favor del pueblo.

Garzón señaló que España no es el peor ejemplo del mundo en cuanto a justicia, aunque es una pena que esté a la cola de Europa en credibilidad según las últimas estadísticas. Siempre hay esperanza de mejorarlo. Respecto a qué sistema de justicia admira, mencionó que no le gustan las pelucas de la justicia británica.

Defendió el sistema de jurado porque, aunque no es perfecto, asume las contradicciones de la sociedad. La sociedad tiene defectos y virtudes, y la justicia también debe tenerlos. Criticó la idea de que la justicia es una cuestión puramente técnica de personas que prepararon oposiciones durante años, sin atender a elementos de vulnerabilidad, desigualdad y aplicación de las normas.

Garzón propuso que los delitos de prevaricación de los jueces se sometieran a jurado popular. En cuanto a la investigación de la mujer del presidente, señaló que no es materia puramente técnica y que el estado de cosas actual se presta a demasiadas manipulaciones, citando el ejemplo del hermano del presidente donde todos los testimonios fueron favorables, mientras que la UCO presentaba una versión diferente.

Insistió en que cuando hay condenas, lo importante es ver la argumentación y la motivación, de modo que quede clara la confiabilidad. La resolución debe ser justificada, motivada, transparente y entendible para que la ciudadanía pueda confiar en ella aunque no se le dé la razón.

Garzón mencionó que cuando no se trata de opinión política, ha tenido confianza de la sociedad española y de otros países donde han incidido sus actuaciones. Ha encontrado gente de extrema derecha y extrema izquierda que valoraba que alguien afrontara las cosas por derecho y enfrentara los desafíos de la sociedad, como el narcotráfico en Galicia o Andalucía, o las redes de heroína de Turquía en España.

Explicó que su libro es una exposición de planteamientos claramente políticos, un libro de combate que emerge de la necesidad de compartir y no quedarse callado, combatiendo la indiferencia como uno de los males más crueles de la democracia.

Garzón se refirió a la Operación Nécora del 12 de junio de 1990 en Galicia. Lo que no se podía permitir era que una parte del Estado se degradara hasta el punto de ser ingobernable, que las calles estuvieran controladas por la criminalidad organizada, o que se dijera que en España no existía crimen organizado. Hasta 1993 no se recogió la expresión "crimen organizado" en un programa electoral en España.

La operación se hizo con medios cuasi pedestres, sin los recursos actuales, recurriendo a repentidos y colaboradores con criterios exigentes. Se trataba de una sociedad muy degradada pero combativa, donde no se podía permitir que se la pisoteara, que las calles estuvieran tomadas por vehículos de gran cilindrada, que los restaurantes estuvieran acotados, o que hubiera zonas controladas por el narcotráfico con un impacto tremendo de la heroína.

Garzón mencionó que cuando empezó en la Audiencia Nacional y hubo un atentado en Madrid, fue a levantar el cadáver y hacerse cargo inmediatamente de las investigaciones. Algunos compañeros le preguntaban cómo hacía aquello, exponiéndolos a todos, ya que debían esperar en la retaguardia. Garzón respondió que si había una bomba en la Dirección General de la Guardia Civil, no se podía esperar.

Ha estado obsesionado con la inmediación porque así lo dice la ley. Criticó la falta de inmediación del juez instructor en el proceso del fiscal contra el fiscal general, donde se hacían copias de datos y ocho días después se decía que ya se sabía antes.

Respecto a las críticas de que la Operación Nécora tuvo una ascendencia leve y no fue un éxito, Garzón explicó que en su cabeza tuvo cuatro fases y era una estrategia desde el principio: establecer la base, no buscando un solo gramo de drogas sino las organizaciones. Las intervenciones e investigaciones eran simultáneas, y al final entre el 70 y el 80% de los investigados fueron condenados, el 75% en la primera operación y prácticamente la generalidad en las demás.

Fue la primera vez que se hicieron incautaciones en alta mar, aplicando junto con el fiscal y la policía la Convención de Viena. Garzón ordenó abordajes en alta mar de barcos que traían droga, mandando lanchas de vigilancia que saltaban aprovechando las olas a la proa del barco.

Garzón coordinaba operaciones contra la mafia en el sur de Portugal con la Guardia Civil, oyendo por teléfono los tiros cruzados entre la policía y los mafiosos. También le amenazaron con colocar 500 kilos de dinamita para reventar su casa, por lo que canceló vacaciones en la sierra y viajes de esquí.

En 2012, con el nuevo gobierno del Partido Popular, fue el primero al que le retiraron la escolta policial. Desde entonces no ha tenido protección y no la necesita. Lo hace porque cree que tiene que hacerlo.

Cuando alguien se le acerca por la calle llamándolo "rojo" o "comunista", Garzón responde: "Rojo, pues tú serás un fascista, ¿no?, por la forma en que lo dices". La mayoría de la gente no lo confronta, pero cuando lo hacen, él no se calla. Antes se ponía las manos atrás y aguantaba, pero ahora no se calla. Cree que es la persona con más coraje que el entrevistador ha tenido en el podcast.

Garzón mencionó que tiene COVID persistente. Contó que le cae gordo Donald Trump por muchas razones, especialmente por el negacionismo durante la pandemia. Estuvo 14 días en el hospital, con un pie más allá, salvándose porque había overbooking en la UCI. Tenía 88 de saturación y no podía respirar. Vio a dos personas perder la vida delante de él, y en el hospital solo se oía "Ay Dios mío" de un paciente, y al segundo día ya no se oía más.

Recordó la sensación de las pisadas por el suelo cuando las suelas estaban protegidas, y que cuando las palmas y el "Resistiré" de las 8 de la tarde era lo que le daba un respiro.

Durante su hospitalización, una mañana del tercer, cuarto o quinto día, una señora peruana que estaba limpiando con máscara le preguntó si era el juez. Al confirmar, ella le dijo que en Perú se le quiere mucho. Garzón respondió que también quiere mucho a los hermanos peruanos. Ella le dijo: "Qué honor", y él contestó: "No, el honor es mío hoy". La mujer le dijo que le iba a cuidar, y Garzón se agarró a eso.

Garzón clausuró un máster de gobernanza en la Universidad Autónoma donde una estudiante chilena le recordó su presencia en Chile durante el estallido social de 2019. Él estuvo en Santiago de Chile en enero de 2020, poco antes de la pandemia. Estando en el Parlamento, entraron jóvenes encapuchados de primera línea que confrontaban a los carabineros y sufrieron heridas por estallidos de balas de goma y discos de los ojos.

Los jóvenes le interpelaron: "Usted, señor Garzón, que detuvo a Pinochet, pero usted está aquí y no sabe lo que está pasando". Garzón respondió: "Pues entonces mostrádmelo". Fue con ellos y le generó problemas porque los jóvenes empezaron a protegerlo con escudos de madera frente a los carabineros que lanzaban chorros de agua. La estudiante le dijo que aquello sirvió mucho a los jóvenes por su apoyo y compromiso metiéndose en el lío.

Garzón recomendó su libro "Baltasar Garzón, la democracia amenazada, cuando el fascismo ataca la convivencia". Tiene dos referentes que aparecen en el libro: Raúl Zaffaroni, juez ya jubilado, magistrado de la Corte Suprema de Argentina y magistrado de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, quien prologa el libro; y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien pone el colofón. Ambos fueron objeto de persecución, especialmente Lula, quien estuvo en prisión y luego fue elegido de nuevo presidente.

Garzón conoció a Lula durante su primer mandato y fue a verlo cuando estaba en prisión. Destacó la calma que tenía después del lawfare del que fue objeto por la persecución judicial del juez Moro, lo que le llenaba de paz y esperanza. Hay gente que todavía es coherente con lo que dice, lo que hace y la entrega a la sociedad y defensa de los valores fundamentales.

Garzón, que es del Barça, hizo una predicción sobre el Mundial. Dijo que creía que España al menos jugaría la final, aunque hay muy buenos equipos: Argentina tiene muy buen equipo, Brasil está en crisis, Alemania y Francia tienen muy buen equipo. España, si funciona y se engrasa bien, es muy buena. Dijo que España es como que puede pasar de todo, pero si ganan el Mundial... También mencionó que ya está un poco harto del atracón de fútbol.

Menos mal que tenemos la ventaja de que son horas intempestivas y puedes escoger. El entrevistador agradece a Baltasar Garzón por su participación y expresa que ha sido un placer. Garzón responde agradeciendo igualmente la invitación y menciona que ha sido en persona una de las charlas y una de las percepciones de alguien valiente.

Garzón comenta que cuando da charlas de memoria democrática, siempre hay gente variopinta, pero casi todos son personas del ámbito de la memoria y víctimas. En esos momentos expresa su deseo de que alguna vez Vox le invite a dar una charla de memoria democrática, pidiendo únicamente que le permitan darla y debatir. Señala que ya estamos cansados de tanta mentira y que con la gente no se juega.

Garzón señala que en este país, 90 años después, todavía tengamos que aguantar la falta de respuestas para algunas cosas, como son la memoria democrática y la exigencia de responsabilidades. Aclara que no se trata ya de responsabilidad penal ni nada similar, sino simplemente de justicia restaurativa. Considera que es muy grave y que algo no nos funciona.

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