La Democracia Es más Frágil de lo que Creemos Frente a la Corrupción (Baltasar Garzón)
In a Nutshell
Baltasar Garzón afirma que la sentencia del caso Ávalos, con 24 años al exministro socialista, representa un grave quiebre del Estado de derecho por corrupción. Critica la doble moral de los partidos: el PSOE actuó con rapidez al apartar al condenado, mientras el PP nunca reconoció la trama Gürtel pese a 21 sentencias y más de 100 condenados. Denuncia la "privatización de la corrupción" cuando los votantes justifican los delitos de su propio partido y reclama transparencia, rendición de cuentas y protección real a quienes colaboran contra estas tramas.
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El Tribunal Supremo condena a Ávalos a 24 años de prisión, a Coldo a 19 años y 8 meses, y libra de la cárcel a Aldama. La sentencia, adoptada por unanimidad, concluye que los tres acusados formaron una organización criminal con reparto de funciones que cometió graves delitos de corrupción.
Baltasar Garzón expresa una enorme tristeza porque considera que se trata del quiebre del estado de derecho y la ejemplificación de lo que no debe ser. Menciona que en uno de los capítulos de su libro habla del virus de la corrupción como virus de la democracia. Cuando la corrupción política asociada con la corrupción privada se establece y se muestra de forma descarnada, le produce una grandísima frustración. Señala que toda su vida ha luchado contra mecanismos de corrupción, mafia y crimen organizado, y que volver a ver estos casos le produce la misma desazón que sintió en 2008-2009 cuando comenzó la investigación del caso Gürtel.
Garzón considera que ver esta ejemplificación en la esfera pública, donde debería haber transparencia, firmeza y responsabilidad, lleva a la conclusión de que algo se está haciendo muy mal, ya que de forma reiterada se vuelven a producir conductas similares. Destaca que ver a un ministro del gobierno de España, del Partido Socialista, condenado a 24 años por delitos relacionados con la corrupción es grave, independientemente de la adscripción política.
Garzón señala que si el caso afecta al sector progresista, que preconiza unos principios, debe haber coherencia para llevarlos adelante y justificar ante la ciudadanía lo que se ha hecho o dejado de hacer. Considera que ya no es solo por el tinte político (progresista o conservador), sino por el ejercicio público que se tiene delante de todos los ciudadanos. Afirma que un político que entra en una trama de corrupción es mucho peor que un empresario que lo hace, porque existe una trascendencia pública de confiabilidades.
Garzón explica que cuando se es representante popular, se tiene la obligación de rendir cuentas dobles: ante los votantes y ante la propia organización. Deben establecerse mecanismos de contención, repudio, rechazo, coherencia, transparencia y acciones inmediatas para corregir errores. Reconoce que los errores se pueden producir en toda organización, pero hay que analizar también las consecuencias.
Garzón expresa que le resulta muy difícil entender que, cuando hay un caso de corrupción, ciudadanos normales voten al partido que ha generado esa corrupción de forma paladina, como diciendo que la corrupción propia es mejor que la del contrario. Considera que esto es una privatización de la corrupción que es muy grave y que se ha visto y se sigue viendo.
Garzón aclara que, según la sentencia, aquí hay tres conductas individuales, especialmente la del ministro, que se desarrolla prevaliéndose de un cargo público y político, pero no hay indicios de que trascienda al partido. Señala que esto debe quedar claro. Contrasta este caso con el caso Gürtel, donde una sentencia estableció que hubo un aprovechamiento a título lucrativo de un partido político, con una acción sistémica desarrollada a lo largo de los años que afectó a estructuras políticas a nivel casi estatal.
Garzón menciona que habla de estos temas en su libro y señala que el rasgamiento de vestiduras de algunos líderes políticos contra la corrupción solo le vale si esos mismos líderes aceptan los casos que afectan a su formación política y a ellos mismos. Considera que si no hay reconocimiento propio, no hay verdad. Afirma que necesita que la política sea confiable, que se reconozcan los casos de corrupción y que se sumen esfuerzos porque se trata de pura ciudadanía y corresponsabilidad.
Garzón afirma que los ciudadanos tienen derecho a procedimientos limpios, a una política limpia y a estructuras económicas y corporativas limpias. Cuando esto no se produce, se está agrediendo de forma sistemática a la ciudadanía, y si no se es capaz de darse cuenta, algo perverso está corroiéndola.
Garzón menciona que actualmente hay en el Parlamento varias iniciativas en el ámbito de los lobbies, la lucha contra la corrupción y la transparencia. Cuando se le pregunta si apuesta a que no sale ninguna, responde afirmativamente.
Garzón explica que Aldama no va a entrar en prisión porque el Tribunal Supremo reconoce su colaboración en la averiguación de los hechos, y que por la posición política preeminente es muy difícil obtener información si no es a través de la colaboración. Señala que esto ocurre en todas las tramas de criminalidad organizada. Menciona que los colaboradores y alertadores contra la corrupción deben ser protegidos, y que su propia fundación ha desarrollado programas y proyectos con la Unión Europea sobre el particular.
Garzón señala que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, va a comparecer ante el Parlamento y el Congreso. Indica que ya ha dicho en más de una ocasión lo que pensaba respecto de la permanencia o no permanencia, la consulta o no consulta, o hacer un paso al lado o un paso al frente y tomar iniciativas. Afirma que lo que se exige ahora es una explicación razonable.
Garzón aclara que la sentencia solo dice que uno de los sujetos o la trama se prevalió de la posición que tenía el ministro de Transportes, que es al que le ponen pena mayor, pero no dice que trascendiera ni a la estructura de gobierno ni al Partido Socialista. Por tanto, hay que ser ecuánimes y justos.
Garzón señala que cuando se produjeron estos hechos, hubo una acción inmediata de apartar del gobierno o del partido socialista a la persona afectada. Sin embargo, compara esto con el caso Gürtel, donde en 2009 toda la plana mayor del Partido Popular con Rajoy al frente dijo que era una trama contra el PP y no del PP, a pesar de haber veintiuna sentencias y más de 100 condenados. Critica que no hay un acto de contrición y reconocimiento por parte del PP.
Garzón afirma que si se está criticando el hacer de otro, se da credibilidad si se reconoce el propio. Menciona un caso de escándalo de corrupción en el partido en Almería que algunos líderes ni mencionan, y señala que esta doble moral no le gusta.
Garzón recuerda que ha tenido investigaciones que afectaron a un sector y a otro: investigó la criminalidad y el terrorismo de estado (aunque el Tribunal Supremo dijo que no lo era, él sigue sosteniendo que lo era), los GAL, los crímenes franquistas y la corrupción del Partido Popular, y que ha pagado un altísimo precio por ello. Afirma que esa es la labor del juez y del servidor público.
Garzón reconoce que sí ha tenido miedo, pero que el miedo se deja colgado en el armario cuando se sale. Considera que es legítimo tener miedo, pero si el miedo determina o influye en las decisiones, ya se está corrompiendo. Afirma que en ese caso hay que abandonar, porque si no se es capaz de superar ese miedo humano, se está traicionando al ciudadano, a las víctimas y también a los perpetradores.
Garzón confirma que le han amenazado muchas veces, que ha estado en las listas de organizaciones terroristas, a veces incluso por delante de la jefatura del estado con una diana en la cabeza. También menciona amenazas de organizaciones mafiosas y de narcotraficantes.
Garzón relata que uno de los mayores narcotraficantes de heroína, Urfice Tincaya de Turquía, tras escapar del tribunal con una fianza, mandaba a sus hijos con heroína a España. Incluso había un cartel en la Comisaría de Canillas que decía: "Esto es mejor para la salud que Baltasar Garzón". El narcotraficante no le perdonaba que lo hubiera metido en la cárcel.
Garzón explica que duerme poco, solo 3 horas, pero que esto no se debe al miedo. Desde pequeño no dormía más de 6 horas. Señala que su paso por la política tuvo una consecuencia nefasta para su equilibrio: dejó de dormir siesta, se le fue el humor y empezó a dormir muy poco desde 1994.
Garzón indica que tanto en una etapa de su vida como en la siguiente ha tenido la suerte de que quienes han estado a su alrededor siempre han entendido lo que significaba su posición. Sabían que la unidad familiar tenía un precio que era la profesión. Desde antes de casarse había elegido ser juez.
Garzón relata que durante la investigación de los GAL entraron en su casa, encontró grabaciones suyas, envenenaron a su perro, encontró un plátano en la cama de matrimonio y recibió una llamada preguntando si lo había visto. Interpreta estos hechos como intentos de robarle el sumario de los GAL.
Dos periodistas de investigación, Antonio Rubio y Manuel Zataraín, le informaron de que había cáscaras de plátano en la cama. Su cuñada las encontró y pensó que eran de los niños. Garzón interpreta esto como un intento de advertencia o robo del sumario.
Garzón cuenta que, preparando el auto para elevar la exposición razonada al Tribunal Supremo en el caso de los GAL, la familia se había ido de vacaciones de Semana Santa. Él se quedó trabajando hasta el jueves santo y dejó el sumario en su guardilla. De camino a Jaén decidió volver, agarró toda la causa judicial y la llevó a la Audiencia Nacional. Dejó testigos en la puerta y, a la vuelta, encontraron la puerta abierta y huellas en el jardín húmedo. Habían intentado llevarse el sumario, que contenía un documento único e irrepetible escrito a máquina con correcciones a mano de los implicados, que había sido analizado por siete universidades y correspondía a un ciudadano concreto imputado en la causa.
Garzón menciona que a una de sus hijas le quemaron el coche y a otra le pintaron cruces gamadas. Durante el ejercicio de la abogacía, entraron buscando documentación relacionada con Julian Assange.
Garzón afirma que lo que procura es ser coherente, responder con ecuanimidad y rigor, y que hay gente que no le gusta esto. Menciona que algunos colegas de los medios de comunicación solo están a gusto si hablan de él. Recuerda las palabras de su madre: que tienen dos problemas, que no pueden soportar que sea guapo y que les duele el estómago sistemáticamente porque tienen que seguir hablando de él.
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