Sin libertad, el ser humano deja de SER HUMANO: La felicidad como excusa | Jesús G. Maestro #LFDE
In a Nutshell
La felicidad ha reemplazado a la libertad como valor central del siglo XXI, pero sin libertad el ser humano se empobrece y deja de ser plenamente humano. El trabajo se presenta como confrontación directa con la realidad que obliga a madurar, aunque hoy se exige ser feliz en él tanto en democracias como en regímenes totalitarios, sin admitir la infelicidad. La salud, el dinero y el amor siguen siendo los ejes reales de la vida, y los modelos ideales de trabajo feliz (como los países nórdicos) son ilusiones que ignoran los conflictos inevitables entre individuo, Estado y mercado.
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El problema fundamental observado en el siglo XXI es que la palabra felicidad ha reemplazado a la palabra libertad. La palabra libertad aparece en muy pocas ocasiones, escrita en frases o lemas que pertenecen a épocas pasadas, a veces muy pasadas de moda. La palabra de moda hasta hace poco era felicidad, aunque ahora esa palabra se pone en duda y se atreven a hablar del fracaso de la felicidad.
Cuando la realidad destruye los sueños y se manifiesta de forma inesperada, la felicidad se desvanece y queda la realidad. La realidad sigue ahí y no siempre sonríe. Es más importante la libertad o la felicidad. Ambas son importantes, pero sin libertad resulta muy difícil llevar una vida feliz y satisfactoria.
La libertad permite llevar a cabo acciones que sin ella no se pueden realizar. Si se tiene salud se dispone de una libertad mayor que si no se tiene. La falta de salud se puede suplir porque otras personas acompañan, sirven de guía o apoyo. Sin libertad la vida se reduce y se empobrece tremendamente. Puede ser feliz sin libertad, pero resulta difícil. Si se es consciente de la libertad que se pierde o de la que se carece, es difícil ser feliz en ese punto.
Hay gente que consigue ser feliz en un convento de clausura. Hay personas que tienen vocación clara de que para ellas la felicidad está en una vida clausurada, alejada de la sociedad. Esto se puede interpretar como una consecución de felicidad al margen de la sociedad o como el fracaso de las capacidades sociales.
Se puede despreciar a la sociedad hasta el punto de vivir en un sucedáneo de sociedad, que es una vida enclaustrada. En una sociedad árida como la que ofrece la realidad hay más libertades que las que se pueden ejercer en un convento de clausura o en una cárcel. Sin libertad el ser humano deja de ser humano.
La felicidad está muy ligada a la salud. Los tres grandes temas de la vida son salud, dinero y amor. Donde hay salud hay de todo. Si la vida da salud, lo demás se busca uno mismo. Con ese pacto se acepta que la vida dé salud y lo demás se busca en la medida de las posibilidades y de las personas que rodean.
El dinero y el amor pueden ir más o menos bien, pero si la salud no va bien, todo lo otro se nubla. Todos tendremos una cita con la enfermedad y finalmente con la muerte, que no es necesariamente el fracaso de la vida, sino el punto final de la vida. El tiempo es la distancia que separa la vida de la muerte, el tiempo es la distancia que separa los recuerdos. Es una definición poética y metafórica del tiempo.
La cuestión del dinero suele estar asociada al trabajo más que al crimen organizado, que es otra forma de trabajar al margen de las leyes establecidas. Con salud y posibilidades de optar a un trabajo que no complique la salud ni la vida excesivamente, se puede avanzar. Trabajar hay que tomárselo con filosofía, con templanza, con una visión de la vida que permite hacerse compatible con el trabajo y a través del trabajo hacerse compatible con la realidad.
El trabajo permite al ser humano madurar. El que no trabaja no madura. El que no ha trabajado no madura, porque el trabajo implica un enfrentamiento con la realidad en crudo: tener colegas, tener clientes, tener alumnos, tener jefes.
Alguien decía que tenía una visión del trabajo muy curiosa y particular. Respondía que tenía un solo libro que ponía en duda todo lo que el otro tenía en su biblioteca. No dice que la biblioteca sea mala, pero si se dice que hay una biblioteca de libros que ponen en duda la tesis del libro, se puede dar la vuelta al argumento. Depende cómo se mire. No se dice que se acierte y el otro se equivoque, pero se habla con una seguridad que hay que darle una oportunidad a Carlino, que está tranquilo dándose cuenta de cómo la vida le está aplastando.
Hay una exigencia de ser feliz. Tienes que ser feliz a toda costa. ¿Y si tengo un mal día, qué pasa? El trabajo es una experiencia que hace madurar al ser humano porque te enfrenta a la realidad. En el trabajo no te puedes equivocar de la misma manera que cuando entrenas en el colegio, la escuela, el instituto o la universidad. En el trabajo un error puede ser excesivamente caro y los errores cuesten caros a quien los paga, no a quien los comete. A veces cuando trabajas te das cuenta de que otro ha cometido un error y lo pagas tú.
En el trabajo te exigen que seas feliz. No te exigen que cumplas tus derechos laborales. En el trabajo no se habla de derechos laborales, se habla de felicidad.
Se ponen como ejemplo los países nórdicos, países que apenas conoce el 10% de la población que nos rodea. Dicen que en determinados países la gente va feliz a trabajar. Puede ir de otra manera. Si tienes que hacer algo necesariamente, tómatelo con felicidad, tómatelo con filosofía. Si tienes que ir a pescar bacalao a Terranova o a picar carbón en la mina a 100 o 500 metros bajo tierra, ¿vas feliz? Se prefiere ir a la universidad.
Había una canción que se encuentra en internet, una exaltación al trabajo arriesgado en el régimen anterior, cantada por Antonio Molina: "soy minero". Era una exaltación en términos propios de lo que una sociedad fascista exige a su trabajador: que vaya feliz a trabajar. Del mismo modo que una sociedad marxista estalinista, donde nadie puede ir a trabajar infelizmente ni estar descontento en su trabajo.
En la película "Sonrisas y lágrimas" se visualizan escenas de personas felices de estar en su tierra, que es el sentimiento nacional. Es el narcisismo del grupo. Un grupo que se puede identificar con una geografía o con una clase social: élite, clase alta o el proletariado. El narcisismo de formar parte del proletariado en una sociedad soviética es lo que promueve un régimen, como el narcisismo de formar parte de un grupo de falange en la sociedad del régimen anterior.
Hay personas que se sienten muy desarrolladas al ser reconocidas por un grupo o simplemente al ser aceptadas en un convento de clausura. Sería terrible ser aceptado en un convento de clausura, sea de monjas o de monjes, porque no se sabe qué hacer allí dentro. Se comprende que puede haber personas a las que les resulte muy inquietante salir del convento de clausura.
En las sociedades totalitarias, sea del signo que sea, no se admite la infelicidad y menos en el trabajo. Lo que preocupa es que en la democracia tampoco se admita la infelicidad. Si en un régimen totalitario no se admite la infelicidad y en la democracia actual tampoco se admite la infelicidad, entonces se deduce que si A es B y B es C, entonces A es C también.
Se habla del régimen anterior, implícitamente significa que hay un régimen actual. Los totalitarismos exigen ser feliz en el trabajo y se vive en un mundo del siglo XXI donde el régimen político que tenemos en todo Occidente exige también ser feliz en el trabajo. Si se tiene un mal día laboral, ¿se puede decir o no? Se tiene derecho a quejarse si alguien falta a los derechos laborales o eso es incurrir en infelicidad laboral y por tanto se es un mal trabajador.
Si se tienen problemas laborales, si se es infeliz en el trabajo, se crea mal ambiente. Se ponen de ejemplo los países nórdicos. Si se dice que en los países nórdicos no hay problemas laborales, no se va a creer eso. Alguien puede hacer creer que existen paraísos terrenales en el mundo laboral. El trabajo es un terreno de fuertes conflictos.
Los autónomos tienen el peor de todos los jefes porque tienen dos: el estado y el mercado, los dos grandes enemigos del trabajo humano, porque son los que se alimentan de él. Uno mediante los impuestos fiscales y otro mediante unas exigencias de realidad que si no se pueden superar hay que cerrar.
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