El Yen puede colapsar el sistema financiero mundial
In a Nutshell
El yen se ha depreciado a niveles críticos por el carry trade y el repunte de inflación en Japón, forzando al Banco de Japón a subir tipos y poniendo en riesgo su deuda del 250% del PIB. Estados Unidos ha intervenido vendiendo euros para comprar yenes y protegiendo los bonos del Tesoro que Japón podría vender, para evitar un contagio financiero global. El mensaje final es que la inflación erosiona el ahorro y la única protección real está en activos reales como bolsa, oro o Bitcoin.
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Donald Trump ha anunciado hace unos días que ha iniciado una operación para salvar el yen, la moneda de Japón. El yen se ha depreciado en estas últimas semanas a un ritmo no visto en los últimos 40 años contra el dólar. No solo el yen está en jaque, sino también los bonos gubernamentales de Japón. En un país tan endeudado, esto ha puesto todo su sistema financiero y economía en jaque. El impacto no se limita a Japón, sino que afecta al resto del sistema financiero mundial.
El sistema financiero mundial está mucho más conectado de lo que la mayoría de la gente piensa. Donald Trump y Scott Bessen, el secretario del tesoro americano, han decidido intervenir para salvar la economía, los bonos y la divisa de Japón. El yen y los bonos japoneses no solo sostienen la economía de Japón, sino también la americana y la mayoría de las bolsas mundiales.
Japón es una de las economías más raras del planeta. Hasta finales de los años 80 se conocía como el milagro económico mundial. Su recuperación tras la Segunda Guerra Mundial fue increíble. Sus empresas eran líderes en tecnología y su real estate era el más caro del mundo. Se dice que solamente el suelo bajo el palacio imperial japonés valía lo mismo que todo el real estate del mercado canadiense entero. Su economía lideraba el mundo, muy por encima incluso de la europea y la americana.
A finales de los 1990 esta burbuja económica explotó. Se vivieron más de tres décadas donde los precios no subían, la bolsa se hundió, el real estate se hundió y prácticamente la economía entró en paro cardíaco. La bolsa de Japón no recuperó hasta el 2020 los máximos perdidos en 1990. Es decir, tres décadas sin recuperar el dinero invertido.
El Banco Central de Japón decidió dejar los tipos de interés al 0%. No fue prácticamente la primera vez en la historia donde un estado estuvo estas tres décadas con los tipos al 0%. Durante todo este tiempo, el gobierno utilizó los tipos de interés al 0% para financiarse sin límite prácticamente, y ha llegado a tener una de las deudas más grandes que hay en la historia, del 250% del PIB.
Una cantidad tan grande de deuda sobre el PIB de un estado en prácticamente cualquier otro lugar del mundo hubiera llegado a una hiperinflación. En cambio en Japón no se ha visto ni de lejos este escenario. El por qué Japón no entró en hiperinflación ni tampoco quebró como le pasó a Grecia en 2008 tras endeudarse tanto se debe fundamentalmente a dos motivos.
Increíblemente ha habido personas, familias, empresas y estados y también bancos y aseguradoras que han decidido prestar dinero al gobierno japonés al 0%. El coste de repagar la deuda, aunque tuviese una montaña inmensa de deuda, no ha sido demasiado alto, porque incluso ha habido periodos donde tenías que perder dinero para prestarle dinero a Japón.
El 90% de la deuda de Japón estaba en manos de sus ciudadanos, del Banco Central japonés que tenía más de la mitad de la deuda y de bancos y aseguradoras del propio país nipón. Entre ellos se prestaban el dinero, se lo devolvían sin intereses y hacen que esa burbuja no pinchase, pero han tenido tres décadas sin ningún tipo de crecimiento económico.
Esta situación ha llevado a Japón al problema actual. Tres décadas donde si eres japonés cobras con una moneda que se devalúa respecto al resto de divisas del mundo, no puedes ahorrar porque los tipos de interés están al 0% y no obtienes ningún tipo de remuneración. Aunque compres bolsa o compres real estate, apenas se revaloriza y durante tres décadas estuvieron en un drawdown histórico que no se recuperó hasta el 2020.
Esto hizo que todos los ciudadanos, empresas y inversores que quisiesen sacar algo de rendimiento a sus ahorros tuviesen que pensar bien en cambiar el yen por otras divisas y ahorrar en divisas que tuviesen más tipo de interés o bien comprar activos extranjeros denominados en otra divisa y así poder sacar rentabilidad. Los ciudadanos japoneses, los bancos, las aseguradoras, los fondos de pensiones decidieron en masa comprar deuda, entre otras cosas, del gobierno americano.
Japón es el mayor tenedor de deuda extranjera del tesoro americano. Esta jugada tenía todo el sentido del mundo para los japoneses. Las dos alternativas que tienes son: cobras en yenes, los depositas en el banco y te dan 0% y ves que como cada mes, año y década ese yen vale menos contra el dólar o contra el euro, o cambias tu yen por euros o dólares, te dan un 3 o 4% que te estaban dando en deuda americana sin ningún riesgo y encima el dólar pasa a valer el doble que los yenes.
En 1971 te daban 357 yenes por cada dólar y hoy solo te dan 157 yenes por cada dólar. Es decir, en este periodo has perdido la mitad de tu poder adquisitivo contra un americano.
Durante tres décadas hubo tipos de interés al 0%. Si coges prestada una divisa que se devalúa respecto a otra como el dólar, puedes pedir prestado en yenes, cambiarlos a dólares, apalancarte en dólares con bonos del tesoro americano al 4% o comprar el NASDAQ que revaloriza al 15% o el S&P 500 al 11%. Consigues muchísima rentabilidad con ese dinero que te han prestado y vas devolviéndolo cada año poco a poco al 0%.
Esta dinámica ha metido muchísima presión vendedora al yen, porque todo el mundo cogía yenes prestados, los cambiaba a otras divisas, es decir, vendía esos yenes y luego los iba devolviendo poco a poco con la rentabilidad que obtenía en dólares de una moneda mucho más fuerte.
El carry trade fue la razón por la que en agosto del 2024 las bolsas mundiales empezaron a hacer una corrección interesante, muy rápida. Se hablaba de que con el repunte de la inflación en Japón, el Banco Central iba a subir tipos, el yen se iba a apreciar y la gente se iba a desapalancar. Desde entonces esto está siendo poco a poco así ante el repunte de la inflación en Japón, que desde 1980 había estado en el 0%, prácticamente nada de inflación, desde el 2022 ha empezado a repuntar y llevan 2022 con un 2,5%, 2023 con un 3,3%, 2024 con un 2,8% y 2025 con un 3%.
Esta situación va a hacer que el Banco de Japón poco a poco tenga que ir subiendo tipos de interés y que por tanto ya no vaya a haber esta fuente de liquidez eterna para el mundo entero. El problema es que Japón se encuentra en una encrucijada enorme porque tiene dos opciones.
La primera opción sería subir tipos de interés agresivamente para combatir la inflación y también, por otra parte, salvar al yen y dotar de credibilidad a su divisa, pero con la contrapartida de que en un país endeudado en un 250% del PIB, si subes los costes de devolver el dinero que te han prestado, puedes tener mucho apuro económico porque vas a tener un coste de intereses de la deuda mucho mayor del que tenías ahora.
La segunda opción es aceptar la inflación, dejar que tus ciudadanos vean su poder adquisitivo erosionado por la inflación, permitir que tu divisa se devalúe y poder seguir repagando la deuda. Japón en estos últimos meses y este último año y medio ha optado por una decisión intermedia: subir tímidamente los tipos de interés e intentar intervenir el mercado de divisas para sostener el yen. Pero la realidad es que no les ha funcionado.
En este último mes, tras toda la intervención del Banco de Japón, el yen se ha hundido respecto al dólar marcando nuevos mínimos. Scott Bessen y Donald Trump han decidido meterse en el mercado. Mediante dos acciones muy bien pensadas han decidido dar el mensaje al mercado de que van a hacer todo lo posible para que el yen siga fuerte y que Japón pueda repagar su deuda sin demasiados problemas.
La primera acción ha sido vender euros que tenía la Reserva Federal para comprar yenes. Esto es muy interesante porque uno debería de preguntarse por qué el gobierno americano vende euros, que no es su divisa, para comprar yenes. Es decir, está favoreciendo el yen y entre comillas perjudicando al euro.
La segunda acción es aún más curiosa. Japón podría haber decidido intentar salvar su moneda vendiendo bonos del tesoro americano para recibir los dólares, cambiarlos por yenes y reforzar el yen. Pero esto hubiera puesto mucha presión vendedora en los bonos del tesoro americano y hubiera subido el interés que el gobierno americano tiene que pagar a los acreedores para poder financiarse en un mercado que, a 30 años ya está muy por encima del 5%.
Si uno mira en los últimos 10 años, el coste que está pagando por financiarse el gobierno americano a 30 años ha escalado hasta los 5,20 puntos porcentuales. Si esto lo llevas al máximo histórico, se ve como se ha roto la tendencia que se inició tras la hiperinflación de los años 1970 y 1980, donde el gobierno americano se estaba financiando a solo el 1,35% a 30 años.
Esto es relevante porque en un contexto en el que el gobierno americano está teniendo déficit del 5, 6 y 7% anuales, necesita poder financiarse barato para poder mantener este descalabro de deuda que está acumulando. La deuda americana ha tocado ya los 40 trillones, superando un 100% del PIB, estando por encima de lo que hubo en la Segunda Guerra Mundial. Se estima que si no hay cambios en el déficit o en la productividad que tienen en Estados Unidos, la deuda sobre el PIB en Estados Unidos podría llegar al 175% para 2056.
Si Japón se viese en apuros y tuviese que vender al mercado el trillón de dólares que tiene en deuda americana, subiría mucho el rendimiento que el mercado exigiría a los americanos y tendríamos un serio problema. El problema de la deuda, de los déficits altos y de la inflación no es solo algo de Europa o de Estados Unidos. Es algo lamentablemente de todo el mundo desarrollado y también emergente.
La inflación es el impuesto silencioso, permite a los estados endeudarse muchísimo y repagar esa deuda con inflación, silenciosamente erosionando la capacidad de ahorros y el ahorro total almacenado de los ciudadanos. Cuando dicen que la inflación está bajando, la gente se piensa que entonces los precios ya no suben. Pero esto no funciona así. Si tú acumulas unos años de inflación al 5% como los que hemos tenido, o al 7% post 2020, aunque luego baje al 2%, no quiere decir que los precios ya no suben, sino que suben a un poquito menos de velocidad.
Desde 1940 la evolución de los precios muestra que desde el 2020 se han disparado. Post pandemia subió la inflación al 6-7% y aunque ahora esté subiendo al 2-3% la curva sigue siendo muy acelerada. Desde 1940 nunca ha habido un periodo en el que los precios no suban.
Los gobiernos tienen que intentar todo tipo de triquiñuelas para intervenir el mercado de deuda, porque los ahorradores y los inversores se están dando cuenta que el sinsentido de prestar dinero a los japoneses, a los americanos, a los europeos a tipos cercanos al cero no tiene ningún sentido y solo hace que mermar tu capacidad de ahorro. A largo plazo no hay más manera de protegerse de la inflación que con activos que realmente te protejan contra la devaluación de la divisa: la bolsa, el oro, Bitcoin y algunos otros activos como el real estate apalancado.
Si te estás matando a trabajar para cobrar en una divisa que sufre esta inflación, realmente estás trabajando para nada. Da igual que sea el yen, que el dólar, que el euro, que todas van a sufrir devaluaciones, se van a ir pasando la pelota de la deuda unos a otros, unos estados intentando salvarse a sí mismos y salvando a los terceros porque todo está intraconectado, pero la realidad es que si tú no te salvas a ti mismo, nadie te va a salvar.
En la inflación aplica mucho el interés compuesto, pero donde más aplica el interés compuesto es en la buena inversión. No hay que tener miedo a la inflación si uno tiene buenos activos, porque si tienes 10.000 € para invertir y 400 € al mes para ir haciendo aportaciones, vas a poder conseguir en solo 25 años más de 655.000 € de los cuales 525.000 es revalorización, más que suficiente para batir a la inflación.
Se recomienda crear una cartera de inversión y empezar a planificarse y a entender qué activos necesitas y qué índices y qué acciones y qué activos concretos en tu cartera de inversión. Existe un programa llamado Método Linbest, donde te cogen de la mano durante llamadas individuales, sesiones grupales y la mejor formación para que puedas planificarte de la mano de expertos y personalmente para crear tu plan financiero y tu cartera de inversión que te permita batir la inflación, entender la economía y saber cómo protegerte para que el dinero nunca sea un problema en tu vida y puedas tener una vida libre, rica y feliz.
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