La cartera 60/40 ha muerto: ¿Es el fin de la renta fija?
In a Nutshell
La renta fija ha sufrido su peor drawdown en 50 años tras las subidas de tipos, dejando a la cartera 60/40 con rentabilidades mediocres y sin recuperar desde 2017. Hoy los bonos ofrecen un yield to maturity del 4-4,7%, lo que permite retornos esperados cercanos a la inflación, pero no superarla de forma consistente. La alternativa más eficaz es la cartera 60/20/20 (60% renta variable, 20% renta fija y 20% oro), que en periodos largos genera mayor rentabilidad con un drawdown similar al 60/40.
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La renta fija ha ofrecido una rentabilidad muy mediocre en los últimos años y lleva el peor drawdown histórico de los últimos 50 años. El índice americano de renta fija lleva 69 meses sin ofrecer retornos positivos. Para una inversión que se supone conservadora y relativamente segura, es un periodo demasiado largo para haber puesto el dinero y no haber obtenido retornos, tanto en términos nominales como, mucho más aún, en términos reales en un escenario de inflación muy alta especialmente entre 2020 y 2023.
Esta sangría se debe principalmente a que, tras la crisis financiera de 2008, el mundo desarrollado decidió bajar tipos a cero tanto en el Banco Central Europeo como en la Fed y ofrecer artificialmente demasiado tiempo financiación al 0% o cercana tanto para gobiernos como empresas. Cuando en 2018 y 2022, post-COVID, la inflación se disparó y tocó subir los tipos de interés, el mercado de bonos sufrió dando lugar a los retornos mediocres que hemos visto.
Con esta realidad, muchos inversores se han visto en problemas para proteger su capital, reducir la volatilidad y encontrar carteras que ofrezcan un buen retorno en función al riesgo asumido. No todo el mundo invierte con un 100% en renta variable o en Bitcoin; la mayoría de las personas que más capital tienen, que son las que más avanzadas están en su vida, buscan carteras más conservadoras.
La cartera 60/40, nacida en Estados Unidos como la cartera histórica para jubilarse, donde se explicaba que debías tener un 60% en renta variable y un 40% en renta fija, ha funcionado bastante mal especialmente en la parte de la renta fija. En el vídeo se analizará qué va a pasar a medio y corto plazo con la renta fija, si es buen momento para tenerla o no en cartera, si la cartera 60/40 sigue viva y qué alternativas hay para invertir de manera conservadora obteniendo rentabilidades que vaten a la inflación pero con riesgo y drawdown controlado.
La renta fija funciona normalmente con la emisión de bonos. Estos bonos tienen una duración determinada, se emiten a x años y si se mantienen hasta vencimiento se recupera el total del dinero prestado mientras se van ganando los intereses. Sin embargo, la mayoría de la gente compra fondos de bonos, ya sean indexados o activos, y estos bonos cotizan en el mercado libremente en función de los tipos de interés.
A cuanto más duración tiene el bono o la cartera de bonos, más sensible a las bajadas y subidas de tipos va a ser. Un bono a 2 años, si hay una subida de tipos del 1%, va a subir un 2% en 2 años, pero si hay una bajada del 1%, se revalorizará un 5,8%. Cuando bajan los tipos de interés, se aprecia el bono porque se compró uno que garantiza un 2% y los nuevos se emiten al 1%, por lo que el nuevo comprador paga una plusvalía.
Cuanto más largo es el horizonte temporal del bono, mayor es el efecto. Un bono a 10 años, con una bajada del 1% en los tipos, se revalorizaría un 12,4%. La lógica es que cuanto más bajen los tipos, si el bono es a más largo plazo, en más tiempo se dará ese desajuste entre la rentabilidad del bono y la de los nuevos emitidos, generando más beneficio. Por el contrario, en bonos a largo plazo entre 10 y 30 años, si hay subidas de tipos de interés, un bono a 30 años genera un 10% de pérdidas por cada 1% de subida.
Entre 2017 y 2018 subieron tipos de interés, lo que provocó que en 2018 la rentabilidad de la renta fija fuera negativa. En 2018 bajaron tipos hasta el COVID, manteniéndolos al 0%, y en ese periodo de bajada subió la rentabilidad de la renta fija dando un 5% en 2019 y un 5% en 2020. Entre 2020 y 2021 se mantuvieron más o menos planos, pero luego vino la subida de tipos más agresiva vivida en la historia debido a la inflación. En 2022, al pasar los tipos del 0% a 4-5%, la renta fija bajó un 15% en un solo año, generando las caídas de los últimos años y que desde 2017 los índices de renta fija apenas hayan dado rentabilidad.
La Reserva Federal mantiene los tipos entre el 3% y el 4%, los bonos a 30 años están en el 5% y en Europa están entre el 2% a corto plazo y el 3-4% en duraciones más largas. JP Morgan establece que en un fondo de bonos la rentabilidad en un 88% de los casos va a ser igual al yield to maturity. En un fondo de bonos de Vanguard indexado a bonos globales en Europa, el yield to maturity es del 4,1% con una duración media de 6,2 años. Según la regla de Vanguard, este fondo retornará con un 88% de probabilidad un 4,1% durante los próximos 6 años, lo que anualizado daría una rentabilidad total del 30% al cabo de 6 años.
Se está en un escenario mucho mejor que el de 2018 porque ahora se parte de carteras de bonos con un yield to maturity del 4,7% y no de carteras con un 0-1% como ocurrió entonces.
Un 4,7% suena bien, pero la inflación oficial desde el año 2000 es de cerca de un 3%, por lo que solo se está sacando un adicional a la inflación oficial. La renta fija quizá todavía no tiene el mejor escenario para brillar en los próximos años en relación a otros activos.
En la década de 1980 a 1990, los tipos del tesoro americano bajaron del 15% al 7,8%, Estados Unidos tenía una deuda sobre PIB del 32% y la renta fija retornó más de un 12% anual sin riesgo. En los 90, los tipos se estabilizaron entre el 7% y el 6%, la deuda sobre PIB subió al 50% y la renta fija dio un 8% anualizado. En los 2000, los tipos bajaron del 6% al 3,8%, la deuda subió al 63% y la renta fija retornó un 6% anual.
A partir de 2010, los tipos bajaron del 4% al 2%, la deuda sobre PIB se multiplicó por 2 llegando al 100% y la renta fija dio un 4% anual. En la década de 2020, los tipos pasaron del 2% al 4,3%, generando retornos positivos por haber venido de tipos cercanos al 0% o 2%, pero viviendo la peor década de la historia en la renta fija con la mayor deuda sobre PIB.
El oro lleva con nosotros más de 5.000 años. Es el activo más rentable de inversión desde el año 2000 y funciona muy bien como complemento a la renta variable. Cuando estalló la burbuja de la crisis financiera, el oro subió un 37%. Cuando pasó el Brexit, subió un 9%. Cuando pasó la guerra de Ucrania, se disparó. En los momentos de inflación en 1970, multiplicó por mucho su valor en una década en un momento donde tanto la renta fija como la renta variable sufrieron bastante. Sirve como buen diversificador de la cartera de renta variable.
No se trata de cambiar toda la renta fija por el oro, pero sí de repensar la composición de una cartera clásica como la 60/40 porque los tiempos han cambiado. Los estados modernos se financian a mucho más ritmo, tienen déficits estructurales mucho más grandes y sus finanzas públicas están sostenidas más por la confianza en su ejército y en el propio imperio que por las reservas de oro. Como ciudadanos se debería exigir un premium más alto a la renta fija y no meterla con tanto porcentaje en las carteras.
Las carteras 60/40 han funcionado muy bien y consiguen reducir la volatilidad de las carteras 100% renta variable. Según JP Morgan, nunca en periodos de 5 años una cartera 60/40 acabó en negativo (99% de probabilidades de acabar en positivo) y en periodos de 10 años tuvieron un 100% de posibilidades de acabar en positivo contra un 93% de solamente renta variable.
En los últimos 25 años, una cartera 60/20/20 (60% renta variable, 20% renta fija y 20% oro) es la ganadora absoluta. Con una inversión de 10.000$ a principios del milenio se habrían convertido en 69.000$, una multiplicación de siete veces el dinero con una caída máxima en un año natural de solo el 19%. En comparación, una cartera 100% renta variable habría tenido una caída máxima del 40% y una cartera 60/40 del 17,8%. La 60/40 habría tenido una caída un poco menor, pero se habrían perdido prácticamente un 30% de los retornos.
En los últimos 10 años, la cartera más rentable ha sido la 100% renta variable porque no ha habido ninguna corrección grande. La 60/40 ha sido la que más ha sufrido y ha tenido más drawdown. En los últimos 55 años, la cartera 60/20/20 ha obtenido 20.000$ por cada 10.000$ invertidos hace 55 años con un drawdown de solo el 19% contra el 41% de la 100% renta variable y el 21% de la 60/40.
Para cualquier periodo histórico, el riesgo y volatilidad que se asume con una cartera 60/40 es parecido al de la 60/20/20, pero la rentabilidad suele ser más grande en la 60/20/20, reduciéndose bastante la rentabilidad entre cartera agresiva y moderada pero con el extra de diversificación de dos activos adicionales: renta fija y oro. El oro tiene la ventaja de no ser contraparte de nadie, es un activo totalmente limitado en un escenario donde la deuda es cada vez más abundante.
Es muy importante dominar y entender no solamente la renta variable y la renta fija, sino los principales activos de inversión. Combinándolos bien y rebalanceándolos se pueden conseguir carteras muy buenas con volatilidad controlada, rentabilidad alta y que permitan multiplicar el patrimonio a largo plazo muy por encima de la inflación.
En Método Linvest se enseña a crear carteras de inversión con formación y consultoría mediante tres llamadas individuales, llamadas grupales todas las semanas y acceso ilimitado a una formación donde se estudian oro, Bitcoin, renta fija, renta variable e inmuebles. Se ayuda a crear la cartera que más se ajusta a las necesidades para multiplicar el patrimonio con seguridad. Se puede agendar una llamada gratuita con el equipo de admisiones para ver el caso y, si procede, abrir una plaza en el servicio de pago.
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